El Ministerio de Salud de la provincia de Santa Fe encaró una de las tareas logísticas y sanitarias más ambiciosas de la región y que compete directamente a la migración del antiguo Hospital «Dr. Jaime Ferré» a la moderna estructura del Hospital Regional de Rafaela.
César Pauloni, secretario de Tercer Nivel de Salud, dependencia que coordinó la respuesta sanitaria para los hospitales de alta complejidad, relató a Diario CASTELLANOS los pormenores de la planificación que se puso en marcha para asegurar que el traslado de los servicios y pacientes a las nuevas instalaciones, de más de 21.000 metros cuadrados, se desarrollara sin interrupciones.
Pauloni explicó que su área asumió la responsabilidad sanitaria del operativo, aunque el Proyecto involucró a múltiples carteras, desde el Ministerio de Obra, para la inauguración, hasta el Ministerio de Cultura. El Funcionario reconoció que un cambio de tal magnitud genera un «gran estrés» en el sistema, por lo que el objetivo principal ha sido reducir al máximo la magnitud del impacto de la migración. La misma se tiene pensado efectuar a mediados de diciembre y que la fecha tentativa podría ser el 13 de diciembre, justamente un sábado para no entorpecer la vida cotidiana de la ciudad y sobre todo del funcionamiento del nosocomio.
Ordenar la productividad para mitigar el riesgo
La estrategia para lograr que un hospital en funcionamiento, con pacientes internados, se mude a otro sin suspender la atención se basó en varios ejes. El primer paso consistió en trabajar sobre la reducción de la productividad del Hospital «Jaime Ferré», focalizándose en las atenciones y procedimientos programados.
«Para las fechas que rondaban la semana anterior y la semana posterior seguro vamos a returnar, ya que lógicamente no queríamos tener una complejidad mayor con un hospital al 100% de su utilización», detalló Pauloni. Esta decisión implica reordenar cirugías e internaciones para estudios programados, para lo cual se diagramó para las dos semanas, una previa y otra posterior a la migración, para evitar tener una alta ocupación en el momento clave del traslado.
Pauloni destacó el compromiso de los equipos del hospital, con quienes ha trabajando intensamente desde el inicio de la gestión. El cambio es especialmente trascendental para el personal con décadas de servicio en una estructura con más de 120 años de antigüedad. «Veíamos empleados que tenían 20, 25, 26 años de trabajo en una misma estructura, cambiar hacia el final de su carrera a un nuevo hospital. Entendimos todo eso y por eso el trabajo que llevamos adelante estuvo muy vinculado a los equipos de trabajo durante todo el año», afirmó.
Un paso crucial en la planificación pre-migración será la evaluación y ordenamiento de los pacientes más críticos. Este proceso, que se intensificará cerca de la fecha tentativa de traslado -que, según Pauloni, se preveía para un sábado, posiblemente el 13 de diciembre-, busca identificar a aquellos pacientes cuya complejidad pudiese suponer un riesgo adicional por el movimiento. En caso de ser necesario, se buscará una derivación oportuna a hospitales de mayor complejidad de Santa Fe, como el «Cullen», el «Iturraspe» o el «Alassia». Este ordenamiento se concretará en las dos semanas previas al día cero.
La superposición de guardias: un operativo en simultáneo
El Plan para el día de la migración se diseñó para ser ejecutado en simultáneo por dos equipos de trabajo distintos. Pauloni puso como ejemplo que, si el traslado ocurre un sábado, la atención se mantendrá normal en el viejo SAMCo hasta ese mismo sábado incluso. Sin embargo, durante esa misma semana, un equipo ya se encontrará en el nuevo Hospital Regional acondicionando insumos, reubicando equipamiento y ambientándose a las amplias magnitudes del edificio.
El día del traslado, la logística de la guardia será fundamental para evitar la desatención a la comunidad. «El día sábado a partir de las 8:00 de la mañana ya hay un equipo constituido de guardia, el equipo que toma la guardia la toma en el sector nuevo y el equipo que sale se queda en el sector, hasta que se cierre o se termine con todo el proceso de migración», explicó. De esta manera, el nuevo hospital empezará a funcionar plenamente a las 8:00 de la mañana y cualquier persona que cuente con una urgencia deberá dirigirse a las nuevas instalaciones.
Pauloni aclaró que, por experiencia en migraciones anteriores de otros hospitales, como el Iturraspe o el de Reconquista, el proceso de traslado se planificó en un lapso de entre seis y ocho horas, aunque generalmente podría concretarse en menos tiempo.
En cuanto al movimiento de los pacientes que permanecen internados, la coordinación con el SIES 107 resultará primordial. Para esto se elaborará un listado general el viernes a última hora, y el sábado se clasificarán a los pacientes por complejidad para iniciar el traslado, evacuando las áreas en forma simultánea. Pauloni insistió en la necesidad de la coordinación con el municipio para el operativo conjunto en el tránsito de la ciudad, que se verá afectada por el movimiento de ambulancias, Policía y Bomberos.
El respaldo privado y la logística de las emergencias
El Secretario de Tercer Nivel de Salud reconoció que la fortaleza del sector privado de salud de Rafaela podría significar un respaldo adicional al momento de planificar la migración. Este sector se convirtió en un aliado, pues ofrece la posibilidad de derivar pacientes que pudieran requerir atención especializada y no pudiesen ser movidos en el transcurso del operativo.
Las experiencias previas de migración en otros hospitales de la provincia, como el Iturraspe y el de Reconquista, habían brindado lecciones valiosas. El mayor desafío, según reconoció el propio Pauloni, no estará dado principalmente por la parte sanitaria del traslado de los pacientes, que el SIES dominaba con personal técnico calificado, sino la logística en el tránsito y el impacto emocional y urbano. «La verdad es que ese día estaba cargado de emotividad, cargado de incertidumbre por parte de los trabajadores para que todo salga bien», recordó.
Finalmente, Pauloni se refirió a la emoción que inundaba al personal. El día de la migración representó el cierre de un ciclo de más de 12 años, que abarcó la construcción, el equipamiento, y la planificación de los nuevos procesos sanitarios. La expectativa se centró en la respuesta a escenarios críticos, como la atención a un parto o el ingreso de un niño, los cuales fueron meticulosamente trabajados con cada servicio. «Ese día claramente lo vivimos con muchísima intensidad y también con muchísima felicidad», concluyó, enfatizando que el paso al Nuevo Hospital abría un nuevo camino de mayor complejidad y especialidades para la salud regional.



