«Estamos volviendo a las primeras luchas gremiales»

Tras el último acuerdo paritario, el secretario general del Centro Empleados de Comercio, Juan Berca, advirtió sobre el rol disciplinador del Gobierno y los desafíos del sindicalismo frente a posibles reformas laborales. “El trabajador sabe que el sindicato es la única herramienta para defenderse”, remarcó.

En un escenario de aparente desaceleración inflacionaria, el último acuerdo paritario de los empleados de comercio dejó sabor a poco para sus protagonistas. Juan Berca, secretario general del Centro Empleados de Comercio, no esquiva la crítica: “La presión para cerrar por debajo de la inflación es constante, y el Gobierno ya te pone un techo antes de sentarte a negociar”. Mientras el Ministerio de Economía celebra la baja de los índices mensuales, los sindicatos advierten que ese dato, aislado, no refleja la pérdida acumulada del poder adquisitivo.

Con una mejora del 5,4% en tres tramos y una suma fija de $115.000 también escalonada, el salario inicial de un empleado de comercio pasará a ser de $1.123.000, según detalló Berca. “Pero cuando ves que en un mes la inflación fue de 3,7% y el siguiente estiman más de tres puntos, te das cuenta que no hay recuperación del poder de compra, apenas resistencia”, apuntó el dirigente.

Un acuerdo bajo presión

El acuerdo sellado recientemente incluye aumentos del 1,9% en abril, 1,8% en mayo y 1,7% en junio, además del pago de una suma fija en tres tramos: $35.000 con los haberes de abril, $40.000 en mayo y $40.000 en junio, de los cuales los últimos se incorporarán al básico desde julio. Un esquema que, para Berca, apenas acompaña la inflación esperada, sin revertir la pérdida acumulada de los últimos años.


“El discurso oficial dice que los salarios están ganándole a la inflación, pero los números no lo sostienen. Solo estábamos pidiendo empatar, recuperar lo perdido en el último trimestre y proyectar una inflación del 7%. Ni eso fue posible”, expresó el dirigente. Y agregó: “Hay una presión fuerte, no solo sobre nosotros, también sobre la parte empresarial. El objetivo es claro: bajar el poder adquisitivo para que lo que ellos llaman ‘costo laboral’ no pese en los precios”.

Reforma laboral en el horizonte

El sindicalista también advirtió sobre un contexto político que anticipa cambios profundos. “Estamos viendo señales de épocas remotas, cuando comenzaban las primeras luchas gremiales. Se habla de ampliar la jornada laboral, eliminar las horas extras, implementar un banco de horas. Todo esto nos prepara para discutir reformas laborales y previsionales que ya vienen atadas a los acuerdos con el FMI”, sostuvo Berca.

El temor de los gremios no es nuevo, pero en el actual contexto adquiere otra dimensión. Según Berca, lo que está en juego no es solo el salario, sino el sistema de derechos laborales que la Argentina fue construyendo a lo largo del siglo XX. “Estamos frente a una embestida ideológica que busca debilitar la organización sindical. Pero el sindicato no va a desaparecer. Por más que eliminen la cuota obligatoria o ataquen nuestro rol, el trabajador siempre va a recurrir a la organización colectiva para defender sus derechos”, aseguró.

Más allá del salario

Berca defendió también el aporte sindical como estructura de contención social, frente al discurso que tilda a los gremios de obsoletos o corruptos. “Estamos mostrando con hechos a dónde va cada aporte de los afiliados. Nuestra sede tiene farmacia sindical, jardín materno infantil, centro de salud con atención médica, radiología, odontología, laboratorio, kinesiología. También un predio recreativo, biblioteca. Esto no es retórica, es lo que el trabajador usa todos los días”, enumeró.

En ese sentido, denunció una campaña de desprestigio que, a su entender, busca allanar el camino para un modelo laboral regresivo. “Hay gente malintencionada que se prende en críticas estériles. Eso lleva a una desprotección total del trabajador, y de ahí a la explotación laboral hay un solo paso”, afirmó.

Una pérdida difícil de cuantificar

Al hablar de la pérdida del poder adquisitivo en los últimos años, Berca fue cauto pero firme: “Es difícil de medir. ¿La medís en un año, en tres, en diez? Ha habido épocas mejores y peores, pero la tendencia es siempre la misma: mantener al salario quieto mientras todo lo demás sube”.

Lo que sí tienen claro desde el sindicato es que el desafío es doble: resistir la pérdida actual y prepararse para la ofensiva política que vendrá. “Estamos en una campaña junto a otros gremios para visibilizar el rol del sindicato, no solo como negociador salarial sino como soporte social. Y vamos a seguir en la calle y en las mesas de discusión. Esta lucha recién empieza”, concluyó.

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