La presencia de caballos sueltos en diferentes sectores de Rafaela ya no es una novedad. Es una imagen habitual que se repite en barrios periféricos, pero también en zonas más transitadas de la ciudad, generando un grave riesgo tanto como para las personas que transitan por las calles como para los propios animales.
Al inicio de la actual gestión se trabajó bastante en este sentido, controlando y trasladando a los caballos sueltos a los corrales con los que cuenta la ciudad, específicamente para esta problemática, alojando a los equinos hasta que sus propietarios regularicen su situación. La medida, en su momento, fue bien recibida por gran parte de la ciudadanía, que veía en esa decisión un paso hacia la solución definitiva del conflicto.

Sin embargo, esos días parecen haber quedado atrás, hoy los resultados están a la vista: los caballos siguen sueltos, sin control ni seguimiento aparente. En ese contexto, las preguntas son inevitables: ¿qué pasó con los corrales? ¿Se están utilizando? ¿Quién se encarga de controlar su cumplimiento? ¿Hay falta de recursos? ¿Falta de voluntad política? ¿O simplemente es desinterés?
La falta de respuestas por parte del Ejecutivo local alimenta la indignación de los vecinos que, molestos por esta situación, ya no saben a quién recurrir. El peligro de algún accidente está latente todos los días, pero también lo está el maltrato hacia los animales, que deambulan sin agua, sin comida -por lo que rompen las bolsas de basura de las casas- y expuestos a todo tipo de peligros.



