Las tribunas llenas, las familias desplazándose de una competencia a otra, chicos descubriendo disciplinas que hasta hace pocos días apenas conocían y los escenarios culturales funcionando alrededor del deporte construyeron una postal que Rafaela hizo propia. Los Juegos Suramericanos llegaron con obras y atletas internacionales, pero encontraron algo que ninguna infraestructura podía garantizar de antemano: una ciudad dispuesta a acompañarlos.
La respuesta atravesó competencias y Fan Fest. Desde el comienzo de los Juegos, la presencia de familias, jóvenes y visitantes fue una constante en las tres sedes, mientras Rafaela concentró actividades deportivas y culturales en el Microestadio y el Velódromo.
Esa apropiación de los Juegos tuvo el pasado miércoles una nueva postal en el Velódromo de Rafaela. Allí estuvo la ministra de Cultura de Santa Fe, Susana Rueda, quien participó de la entrega de medallas del ciclismo en pista y puso en palabras un fenómeno que ya se percibe en las competencias, las calles y los escenarios de la ciudad. «La gente se apropió tanto de los Juegos que la construcción se sigue alimentando todos los días. Es la sinergia que esperábamos, es la potencia del encuentro. Cuando la gente se encuentra, pasan cosas», resumió.
Cuando dos mundos se encuentran
Para Rueda, la decisión de vincular desde el comienzo cultura y deporte, explica gran parte de este fenómeno. Los Fan Fest fueron concebidos precisamente bajo esa lógica: cinco espacios distribuidos entre las tres ciudades sede, siete escenarios simultáneos y alrededor de 90 bandas locales y nacionales; además de gastronomía, actividades recreativas, propuestas para las infancias y diferentes intervenciones artísticas.
Para Rueda, la articulación entre ambas dimensiones permitió ampliar los públicos y generar cruces que difícilmente se hubieran producido por separado. Personas que nunca habían pensado en acercarse a una competencia de ciclismo encontraron en los Juegos la oportunidad de hacerlo, mientras que otras, convocadas inicialmente por el deporte, pudieron descubrir una propuesta artística. «Ha sido un acierto enorme combinar en este Fan Fest cultura y deporte, porque una cosa alimenta a la otra. Se genera una sinergia donde mucha gente que nunca en su vida soñó ir a ver una competencia de ciclismo viene a verla, y donde mucha gente que nunca imaginó ir a ver un show artístico lo puede hacer», explicó.
Esa capacidad de reunir públicos diferentes alrededor de una experiencia compartida, permite pensar los Juegos también desde la noción de efervescencia colectiva desarrollada por Émile Durkheim en «Las formas elementales de la vida religiosa» (1912).
El sociólogo francés utilizó el concepto para explicar aquellos momentos en los que una comunidad reunida produce emociones y sentidos que trascienden la experiencia individual. Salvando las distancias históricas y conceptuales, algo de esa dinámica puede reconocerse en Rafaela, donde miles de experiencias particulares confluyen durante estos días alrededor del deporte, la música, la celebración y la ocupación compartida de los espacios.
Esa dimensión colectiva es la que Rueda define como una «cultura del encuentro» y que, a su entender, terminó superando incluso las expectativas iniciales de la organización. «La familia se volcó entera a disfrutar estos Juegos y se apropió, en las tres sedes, de los Juegos Suramericanos», sostuvo. Una apropiación que no se limita a acompañar las competencias, sino que se expresa también en la permanencia de las familias en los Fan Fest, la circulación entre propuestas y la posibilidad de encontrarse alrededor de experiencias que, en otras circunstancias, podrían transcurrir por separado.
Construir comunidad y dejar una red
La cuestión adquiere otra profundidad cuando la mirada abandona el presente y se pregunta qué ocurrirá después del 26 de septiembre. Porque el legado no estará compuesto solamente por obras sino que también, dependerá de los vínculos que sobrevivan al acontecimiento. «Una comunidad que se encuentra, que se construye en red, tiene muchísimo más potencial que cualquier salida individual. Justamente eso es lo que queremos alimentar: la salida es colectiva, siempre», sostuvo Rueda.
La idea de una comunidad que se encuentra y se construye en red, encuentra un correlato en el concepto de capital social desarrollado por Robert Putnam en «Making Democracy Work: Civic Traditions in Modern Italy» (1993), donde las redes de participación, la confianza y la reciprocidad aparecen como recursos capaces de fortalecer la cooperación dentro de una sociedad. Desde esa perspectiva, el acompañamiento que tuvieron los Juegos adquiere un significado que excede la cantidad de personas en una tribuna o frente a un escenario: importa también por los vínculos que esos espacios compartidos pueden generar entre ciudadanía, deporte, cultura e instituciones.
Ese desafío comienza, paradójicamente, cuando termine la competencia. Rueda anticipó que el Ministerio de Cultura proyecta aprovechar las nuevas infraestructuras para espectáculos, ferias e iniciativas vinculadas con las industrias culturales. El objetivo es que espacios concebidos alrededor de los Juegos continúen convocando ciudadanos y al mismo tiempo, permitan desarrollar actividades masivas bajo techo.
Rafaela tendrá entonces una oportunidad que excede ampliamente estas dos semanas. Porque las obras permanecerán, pero su verdadero sentido dependerá de aquello que ocurra dentro de ellas. Los Juegos, demostraron que el deporte puede llevar público hacia la cultura y que la cultura puede acercar nuevas miradas al deporte. Pero revelaron, sobre todo, otra posibilidad: cuando una ciudad ocupa sus espacios, comparte experiencias y construye redes, el legado deja de ser solamente infraestructura y comienza a convertirse en comunidad.



