Durante años, el Sim Racing fue asociado casi exclusivamente a un videojuego. Sin embargo, esa percepción quedó atrás hace tiempo. Hoy, la simulación es una herramienta de trabajo utilizada por las principales categorías del automovilismo mundial para desarrollar autos, preparar pilotos y diseñar estrategias antes de que los vehículos salgan a pista. En ese escenario, un proyecto nacido en Rafaela comenzó a ganar protagonismo internacional.
Se trata de Byte.Collino, una iniciativa que combina la experiencia del equipo de Sim Racing Byte 500 con la capacidad tecnológica de la empresa sunchalense Collino. El proyecto dio recientemente un nuevo paso al comenzar a colaborar con MCM Racing Development, estructura que compite en la ARCA Menards Series de Estados Unidos, la categoría que funciona como antesala de NASCAR.
«Hoy el automovilismo de altísimo rendimiento no contempla trabajar sin simuladores», explicó Ramiro Rodríguez, referente de Byte. En diálogo con Diario CASTELLANOS, sostuvo que equipos de Fórmula 1, IndyCar o el Mundial de Resistencia utilizan estas herramientas para analizar el comportamiento del auto, probar configuraciones, estudiar estrategias de carrera y anticipar diferentes escenarios antes de un fin de semana de competencia.
Esa misma lógica es la que Byte aplica junto al equipo estadounidense. Gracias a plataformas como iRacing, es posible recrear con gran precisión el estado del asfalto, las condiciones climáticas o el desgaste de los neumáticos. «Cuando llega el fin de semana de carrera, los ingenieros ya tienen gran parte del trabajo hecho. Ganan muchísimo tiempo porque todo el análisis previo se realizó en la simulación», explicó Rodríguez.
Mucho más que manejar un simulador
La experiencia de Octavio Rondoletto, uno de los principales pilotos de Byte, ayuda a comprender el nivel de exigencia que alcanzó esta disciplina. Comenzó en 2013 impulsado por su pasión por el automovilismo y con una idea clara: utilizar el simulador como el camino más cercano posible hacia un auto de competición.
Según contó a CASTELLANOS, el verdadero cambio se produce cuando deja de ser un entretenimiento y pasa a convertirse en un trabajo de alto rendimiento. «El nivel de competencia exige la misma disciplina que cualquier otro deporte. Se analiza telemetría curva por curva, se estudian los datos y se trabaja constantemente en la puesta a punto del auto», explicó.
Esa preparación va mucho más allá de conducir. Una jornada de entrenamiento puede extenderse entre seis y siete horas, aunque gran parte de ese tiempo transcurre comparando datos, revisando telemetrías y evaluando configuraciones junto al resto del equipo. «Las carreras se definen por milésimas y esas diferencias aparecen después de miles de vueltas y muchas horas de análisis», señaló.
Ingeniería antes de salir a pista
El vínculo entre Byte.Collino y el automovilismo real también cambió el rol del piloto virtual. Ya no se trata únicamente de buscar el mejor tiempo, sino de aportar información útil para los ingenieros de un equipo profesional.
Rondoletto explicó que los simuladores actuales utilizan circuitos escaneados con tecnología láser y modelos aerodinámicos extremadamente precisos, lo que permite ensayar diferentes configuraciones del auto, medir el desgaste de los neumáticos o anticipar cómo responderá el vehículo ante cambios de temperatura o condiciones de pista.
«El piloto virtual ayuda a un equipo real a cortar caminos. Llega al circuito con un mapa mental de los puntos de frenada y con una base de configuración ya probada. Después habrá ajustes, pero gran parte del trabajo ya está hecho», resumió.
Rodríguez coincide con esa visión y entiende que este tipo de proyectos representan un paso hacia un objetivo mayor. «Cada vez que logramos participar más del automovilismo real estamos más cerca de cumplir nuestro sueño, que algún día puede ser tener un auto propio compitiendo en una categoría importante», afirmó.
Un camino que también abre oportunidades
Más allá del desarrollo tecnológico, ambos coinciden en que la simulación también democratiza el acceso al automovilismo. Mientras competir en karting o en categorías formativas requiere inversiones muy elevadas, un simulador permite entrenar durante horas, adquirir experiencia y desarrollar habilidades que hoy ya son valoradas por equipos profesionales.
Rondoletto, incluso, reconoce que ese sigue siendo su gran sueño. «Me encantaría subirme a un auto de carrera. Hoy no puedo por una cuestión económica, pero ojalá cada vez haya más posibilidades para que pilotos del simulador puedan dar ese salto», expresó.
Así, lo que comenzó como un proyecto de Sim Racing en Rafaela hoy trasciende las pantallas. A través de la ingeniería, el análisis de datos y la simulación, Byte.Collino demuestra que el futuro del automovilismo también se construye antes de que el semáforo se ponga en verde.




