Roberto Palmer: Esa voz, del bolero a la zamba romántica

La salida estaba programada con anterioridad por lo que significaba para la familia. Un verano de los años setenta nos encontró con mis padres en Mar del Plata y esa noche fuimos al Teatro Auditorium donde se presentaban Carlos Torres Vila con sus músicos inigualables, y el conjunto folklórico Los Cantores de Quilla Huasi. El acontecimiento venía precedido por nuestro interés en ir incorporando los discos vinilo larga duración del grupo en los últimos tiempos siendo admirado el proyecto que ofrecían.

Emotiva noche que pasó a ser inolvidabe hasta nuestros días, donde prevalece el detalle por excelencia como fue el comienzo del recital del cuarteto, ya que con la sala a oscuras comenzamos a escuchar los rasguidos de las guitarras y el inicio de la zamba Balderrama sin saber de dónde venían las voces, hasta que fueron pasando al lado de nuestra butaca que orillaba la fila al pasillo y todo se transformó en un latido cada vez más intenso en nuestro pecho.

Terminado el espectáculo, al día siguiente mis padres fueron al Casino y por mi edad adolescente no los podía acompañar, por lo que decidí asistir nuevamente al mismo teatro para volver a escuchar a esos artistas tan vigentes. Y sabiendo que ingresaban por el fondo de la sala, pude acercarme a ellos mientras preparaban el inicio desde la antesala.


Recargando emociones a la salida no dudé en ir a esperarlos en su retirada y pude saludar en la vereda a Oscar Valles hasta que su esposa lo pasó a buscar en auto, pero el último en aparecer y debido a la espera de quien lo asistía fue Roberto Palmer con quien pude departir largo rato y entregarle la foto del trío rafaelino Los Changos que integramos con Esteban Panero y Daniel Colasso esos años. Fue ahí mismo cuando Roberto sugirió al respecto de lo que decía en la foto, que no identifiquemos a nuestro conjunto con la ciudad y así presentarlo más amplio en la geografía, lo que agradecimos y tuvimos en cuenta en las próximas impresiones de las imágenes.

Volvimos a Rafaela y escribimos la primera carta a Los Quilla Huasi, y al tiempo llegó la respuesta generosa que firmaba Oscar Valles. Desde ahí la correspondencia con Cacho fue ininterrumpida hasta su partida, transcurriendo treinta años de comunicación afectiva cargada de gestos, que llegó a involucrar a ambas familias hasta el presente.

Pasadas varias décadas, y continuando con la colección de discos aunque nunca se podría completar la misma por la cantidad que supone, ya en este siglo, caminando por la vereda del Congreso Nacional nos cruzamos con un señor cuyo rostro nos pareció conocido, volvimos sobre nuestros pasos y lo identificamos. Era Roberto Palmer, a quien saludamos, nos presentamos, y cordialmente recibió nuestras palabras. No pudimos entrevistarlo debido a que al día siguiente partía a su General Pico natal y después regresaba a España donde estaba radicado desde hacía tiempo. Pero quedó el contacto y el correo electrónico nos permitió iniciar así un acercamiento tan fructífero como profundo en contenidos que se mantuvo hasta estos días.

Con el paso de los años fuimos intercambiando noticias, inquietudes, y nunca dudó en responder tantas consultas que le íbamos haciendo acerca de los temas que compuso, las versiones, los recuerdos de las casi cuatro décadas en Los Quilla Huasi, pero fundamentalmente su generosidad, que al igual había sucedido con Valles, permitió que nuestro archivo pueda disponer de valioso material que nos iba remitiendo en entregas con sus debidas explicaciones que resultaron conformar un apéndide de la historia del conjunto asi como de su vida artística personal.

Como ejemplo recibir inesperadamente la interminable discografía del prestigioso cuarteto que integró con Lastra, Valles y Núñez (después reemplazado por Navarro) digitalizada detallando aspectos de cada repertorio o anécdotas de la ocasión.

En alguna oportunidad recordamos y atesoramos grabaciones de temas y versiones de Pedro de Ciervi que fue uno con quien compartió la titularidad de los temas propios. Material inédito para nosotros.

Relatar situaciones de viajes internacionales o reuniones con colegas destacando aspectos que nos permitieron contar con verdaderas historias de primera mano debido a que lo avalaba su presencia en cada caso.

En algún momento y por dificultades en su visión se disculpaba por demorar en responder por escrito pero oportunamente nos participó de su número de contacto desde donde le resultaba más accesible utilizar el sistema de mensajes por audios. Así fue que aun habiendo superado los 90 años seguía activo y lúcido en cada intercambio desde donde siempre se manifestó respetuoso, agradecido y valorando su vida dedicada al arte.

A partir de allí su compañera lo ayudó en sostener el contacto y poder saber noticias y novedades de sus días, lo que valoramos y agradecimos en cada oportunidad de escucharlo.

Hasta que el sábado 24 de octubre, coincidiendo con el día del santo patrono de Rafaela, un llamado a media mañana desde Madrid nos ponía en la dolorosa realidad cuando la voz de su esposa confirmaba que Roberto Palmer desde las primeras horas del día es estrella brillante y desde el plano diferente será siempre la voz destacada, para interpretar las mejores versiones de cada tema de un repertorio que no podrá ser superado y cada instante lo sostendrá como de culto.

Nos hemos sentido acompañados tantos años con su presencia a pesar de la distancia física, aunque el abrazo que nos debimos nunca podrá opacar esta historia de cercanía.

Es en estos momentos donde a la calidad artística y el talento recibidos para ejercer su profesión con tanta trascendencia se suma la dignidad, el don de gentes, y la integridad de su persona para asegurar la eternidad de Roberto Palmer, “Señor del canto popular”.

Para muestra… Cómo nació Chaya de los Pobres

“A fines del año 71, se me ocurrió la idea de que compusiéramos un tema para presentar en el concurso de la Canción en el Festival de Cosquín, se lo comenté a Ramón Navarro y le pareció una buena idea, a mí me brotó la melodía casi sin proponérmelo, lo llamé para invitarlo a mi casa para que escuchara lo que había hecho. Y esa noche, después de un asadito y unos vinos, también a él le brotaron los versos como si los estuviera leyendo, así que esa chaya salió como por una varita mágica. La mandamos con los seudónimos de Chuqueño y Tabaco, por su siempre nostalgia de su Chuquis de la infancia, y mi apodo, también de la infancia. Fue elegida y la hicieron participar entre la diez finalistas cantada por Las Voces de Orán. La última noche le tocó competir con la zamba de Tejada Gómez y César Isella titulada Canción de lejos. Ganó la chaya por votación popular, recuerdo que esa noche, Los Quillas estábamos cantando en Chazón, cerca de Río Cuarto y Cacho Valles escuchó en la radio de su coche que Hernán Figueroa Reyes lo anunciaba por una radio de Córdoba , te imaginarás qué alegría, al día siguiente aparecieron los amigos riojanos, entre ellos el hermano de Ramón, llevaron una damajuanita de aloja y con ella festejamos debidamente. Y siempre anda sonando en alguna parte, hasta la grabó el tenor del Colón Fernando Chalabe con gran orquesta, la cantan y la han grabado muchos, se me escapan cuántos…”.

Roberto Palmer, cuyo nombre es Jorge Roberto Paglia, nació en General Pico, La Pampa, el 24 de setiembre de 1931 y falleció en Pozuelo de Alarcón, Madrid, España, el 24 de octubre de 2026.

Raúl Vigini – 25-10-26

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