Con un emotivo discurso de apertura a cargo de Marcela Ternavasio quedó inaugurada una nueva edición de la Feria Internacional del Libro de Rosario. La historiadora rosarina abordó el vínculo entre la historia y los libros, las transformaciones de la industria editorial y su impacto cultural. «La nuestra es una literatura que exige siempre ser legitimada en el marco de la saludable coacción que ejercen los documentos del pasado, las reglas de la investigación científica y el compromiso con la verdad», planteó. También analizó la realidad política y cultural del país, con críticas a las «batallas culturales» y su impacto en la conversación pública: «Ante tanto griterío, prepotencia y desmesura nuestro mayor desafío en tanto trabajadores de la cultura es saber administrar la palabra».
Desde este jueves, y durante once días, el Cultural Fontanarrosa será la sede de una nueva edición de la Feria del Libro, con más de 350 actividades que abarcan presentaciones de libros, charlas y talleres, entre otras propuestas. La apertura oficial contó con el discurso de Ternavasio, con un acto que tuvo lugar este jueves por la tarde sobre la explanada del lugar. También participaron el intendente Pablo Javkin; la presidenta del Concejo, María Eugenia Schmuck; la ministra de Cultura de la provincia de Santa Fe, Susana Rueda; y el consejero de la Fundación El Libro, Jorge García Abdelnur.
A partir del interrogante ¿para qué sirve la historia? Ternavasio analizó los límites entre la ficción y la realidad, analizando las tensiones y disputas que se dan en torno a la verdad y la memoria y que atraviesan el oficio del historiador: «La nuestra es una literatura que exige siempre ser legitimada en el marco de la saludable coacción que ejercen los documentos del pasado, las reglas de la investigación científica y el compromiso con la verdad».
Uno de los pasajes del discurso estuvo centrado en el escenario político y cultural argentino «en una coyuntura en la que el libro y la lectura se ven amenazados por el imperativo desregulatorio de las leyes del mercado y por la beligerancia de batallas culturales que dañan desde sus cimientos el arte de la conversación pública».
En ese sentido, remarcó que ese contexto atenta contra el sostenimiento y la pluralidad de la educación, la ciencia y la cultura: «Vale la pena insistir en que la metáfora bélica que encuadra el actual hostigamiento y desfinanciamiento que sufre cada una de estas áreas por parte de las máximas autoridades del Estado Nacional, pone en evidencia la asimétrica correlación de fuerzas de la supuesta batalla que promueven».
Sobre el final, Ternavasio remarcó que el lenguaje «es la facultad necesaria para instituir las mínimas condiciones de existencia de una comunidad» y, citando a la filósofa Hanna Arendt, llamó a recuperar el don de la palabra para recomponer la condición humana.
«Ante tanto griterío, prepotencia y desmesura nuestro mayor desafío en tanto trabajadores de la cultura es saber administrar la palabra y capitalizar la pausa creativa en pos de construir un porvenir que ponga en valor el idioma de la democracia, el pluralismo, la igualdad y la justicia», finalizó.
Se presenta «Laguna Melincué»
En el marco de la Feria del libro de Rosario 2026, el sábado 10 de octubre, a las 16, se presentará la novela Laguna Melincué (Q Ediciones), de la poeta y narradora Mariana Miranda, en el espacio del entrepiso bar del Centro Cultural Fontanarrosa (San Martín 1080) donde se desarrollará el evento. En la ocasión, la autora estará acompañada de Paola Chinazzo (directora de Q Ediciones) y el poeta y narrador Pablo Crash Solomonoff.
En la gacetilla de presentación de Laguna Melincué puede leerse: «En estas páginas no estaremos frente a una sola Melincué. En cada fragmento de esta obra hay un retazo de Melincué, unas postales mínimas que se desplazan a lo largo del tiempo, para fijar algunas vivencias propias y otras comunes a una población. Cada una de las piezas que construyen este texto tiene un destello singular que le es propio, ya sea desde lo autobiográfico, desde lo histórico, desde lo vivencial comunitario o desde las leyendas que componen la memoria viva del pueblo. La laguna aparece como un lugar atestado de lo fantasmal, desbordado en exuberancia de flora y fauna y también, un testigo invaluable de la historia de la llanura». «La voz del viento se arremolina, sube, se trepa, baja desde las alturas más recónditas que iluminan las estrellas del cielo, conmueve, ensordece, aúlla», escribe la autora en uno de los pasajes de su novela.



