«Cuando pasan los 40 o 50 milímetros, la psicosis de El Niño empieza otra vez a transformarse en miedo»

Las imágenes de anegamientos y evacuaciones en distintas zonas del Litoral volvieron a poner en primer plano la preocupación por el fenómeno de El Niño y sus posibles consecuencias en la provincia de Santa Fe. En un territorio donde el exceso de lluvias puede comprometer caminos rurales, campos, infraestructura y localidades enteras, la preparación anticipada resulta fundamental para reducir los riesgos.

Sin embargo, la situación presenta una particularidad para el centro-oeste santafesino. Mientras en otras regiones las precipitaciones abundantes ya generan complicaciones, en el entorno de Rafaela todavía existen sectores que necesitan agua para sus actividades productivas. Esa combinación entre la necesidad de lluvias y el temor a los excesos resume la incertidumbre con la que productores y comunidades atraviesan este período.

Leonardo Alassia, presidente de la Sociedad Rural de Rafaela, describió esa sensación al analizar el escenario climático y las medidas que se vienen adoptando en la provincia. «Hoy, en nuestra zona, en Rafaela, y sobre todo hacia el norte, el sur y el oeste de Rafaela, parece mentira, estamos necesitando agua», señaló.


Pero esa necesidad convive con el recuerdo de episodios anteriores de inundaciones y con la posibilidad de que las precipitaciones superen la capacidad de absorción de los suelos y de escurrimiento de los sistemas hídricos.
«Cuando empieza a llover, como llovió la semana anterior, ya cuando pasan los 40 o 50 milímetros, esa psicosis de El Niño empieza otra vez a transformarse en miedo», expresó Alassia. Y resumió la contradicción que atraviesa a la región: «Es rara la sensación».

Obras hídricas y trabajos preventivos

Frente a la posibilidad de un período de lluvias intensas, Alassia destacó que desde el ámbito gubernamental se vienen realizando trabajos vinculados con el escurrimiento del agua. Según explicó, durante el segundo trimestre del año y los meses posteriores se avanzó en distintas intervenciones a lo largo de la provincia.

«Uno recorriendo la provincia, no solamente la zona, vio muchas obras, lo que se llaman obras secundarias y terciarias. Hay muchas obras hechas y también se trabaja en obras primarias, que son las más importantes», afirmó.

Las intervenciones sobre los sistemas de drenaje cumplen un papel relevante para facilitar el desplazamiento del agua y reducir las posibilidades de anegamientos. No obstante, su efectividad también depende del mantenimiento de la infraestructura y de la articulación entre los distintos niveles de gobierno.

En ese sentido, el titular de la Sociedad Rural valoró las tareas que comenzaron a desarrollar municipios y comunas, particularmente en caminos y jurisdicciones rurales.

«Debido a lo que empezó a hacer la provincia y por el pedido de muchas instituciones como la nuestra, que lo venimos haciendo, también se llevó adelante la limpieza de cunetas y alcantarillas en todo lo que refiere a la jurisdicción rural de estas localidades», explicó.

La limpieza de estos canales y conductos resulta importante para evitar obstrucciones que dificulten el drenaje, especialmente cuando se registran precipitaciones abundantes en períodos cortos. En las zonas rurales, además, el estado de los caminos y de las alcantarillas condiciona la circulación de productores, trabajadores, transportistas y vecinos.

Aunque las obras y tareas preventivas representan avances, el comportamiento del clima sigue siendo una variable determinante. La magnitud de las precipitaciones, su distribución geográfica y la capacidad de los sistemas de drenaje para evacuar el agua son factores que pueden modificar rápidamente el escenario.

El clima también condiciona las decisiones del productor

La posibilidad de un período marcado por lluvias abundantes no solamente genera preocupación por las consecuencias que podría tener sobre la infraestructura. También influye en las decisiones que los productores toman antes de iniciar cada campaña agrícola.

Alassia explicó que durante este año algunos establecimientos optaron por modificar sus planteos productivos ante el temor de que se registren excesos de precipitaciones.

«Este año se hicieron trabajos diferentes, tal vez, a los de otros años. Algún cultivo, por miedo al exceso de lluvias, tal vez se reemplazó por otro», señaló, aunque aclaró que esas decisiones dependen de cada productor y de las características particulares de cada establecimiento.

La planificación agrícola requiere anticipar escenarios posibles, pero los fenómenos climáticos de gran escala agregan un componente de incertidumbre que no siempre permite determinar con precisión qué condiciones se presentarán en cada zona.
En ese contexto, las decisiones sobre qué sembrar, cómo organizar las labores y qué riesgos asumir pueden estar condicionadas tanto por la falta de agua como por la posibilidad de precipitaciones excesivas.

Para los productores, el desafío consiste en encontrar un equilibrio entre las necesidades actuales de los cultivos y la prevención frente a un escenario climático que podría cambiar en pocos meses.

Diciembre, el período de mayor atención 

Durante la entrevista, Alassia señaló que, de acuerdo con las previsiones que manejaba en ese momento, el fenómeno de El Niño llegaría hacia diciembre y su período de mayor intensidad se esperaba para esa etapa.

«El Niño llegaría en diciembre y ahí esperaríamos el pico. Esperemos que sea así y puede que nuestra región no se vea tan afectada como lamentablemente se está viendo en otras regiones», expresó.
La expectativa de que el centro-oeste santafesino pueda atravesar el período con menores consecuencias que otras zonas convive, de todos modos, con la necesidad de continuar los trabajos preventivos y observar la evolución de las condiciones meteorológicas.

Las situaciones registradas en sectores del Litoral, junto con las advertencias sobre posibles evacuaciones en localidades expuestas a las crecidas y a las lluvias, reforzaron la atención sobre la capacidad de respuesta de las autoridades. En Santa Fe, la preparación ante eventuales emergencias también comenzó a ocupar un lugar más importante en la agenda pública.
Para la región de Rafaela, el comportamiento de las precipitaciones será determinante no solo para la producción agropecuaria, sino también para el funcionamiento de los caminos rurales, el drenaje de las localidades y la actividad cotidiana de las comunidades.

La experiencia de episodios anteriores demuestra que las lluvias intensas pueden generar consecuencias que van mucho más allá de los campos. Cuando el agua supera la capacidad de escurrimiento, pueden verse comprometidos caminos, accesos, viviendas, servicios y actividades económicas, con efectos que se prolongan incluso después de que las precipitaciones disminuyen.

Por eso, las obras hídricas, el mantenimiento de cunetas y alcantarillas y la coordinación entre los gobiernos y las instituciones locales forman parte de una estrategia que necesita continuidad. La preparación también requiere que cada productor evalúe sus condiciones particulares y contemple alternativas frente a posibles cambios en el clima.
Alassia destacó los avances realizados, pero sus declaraciones reflejan que la preocupación persiste. En una zona que necesita lluvias para sostener su producción, el temor a que el agua llegue en exceso vuelve a instalarse con cada precipitación importante.

La incertidumbre de cara a los próximos meses plantea así un doble desafío: aprovechar las lluvias que necesita el campo y, al mismo tiempo, estar preparados para responder si las precipitaciones superan lo esperado. Porque ante un fenómeno climático de estas características, la prevención y la planificación pueden marcar una diferencia decisiva para los productores y para toda la comunidad.

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