El ministro de Economía, Luis Caputo, ha defendido en los últimos días la posición oficial respecto del tipo de cambio, asegurando que «el dólar no está atrasado, sino que los precios están adelantados». La frase, aunque llamativa, encierra una discusión clave sobre la economía argentina: el equilibrio entre el tipo de cambio y la inflación.
Desde la devaluación del 118% de diciembre pasado, el Gobierno ha mantenido un esquema de ajuste del dólar oficial a razón del 2% mensual. Sin embargo, recientemente el Banco Central decidió reducir el ritmo de ajuste del crawling peg al 1% mensual, lo que implica una política más contractiva del tipo de cambio. Mientras tanto, la inflación ha seguido un ritmo más acelerado, lo que ha generado una apreciación del peso en términos reales. En otras palabras, si bien el dólar sube, lo hace a una velocidad inferior a la de los precios internos.
El planteo de Caputo es que el tipo de cambio no está bajo en términos relativos, sino que la inflación ha sido impulsada por una combinación de factores: la inercia inflacionaria, la indexación de contratos y la remarcación preventiva de precios por parte de las empresas. En este sentido, el Gobierno apuesta a que el anclaje cambiario ayude a frenar las expectativas inflacionarias y evite una nueva espiralización.
Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha advertido en sus últimos informes que un tipo de cambio apreciado podría afectar la competitividad de la economía argentina, reduciendo la capacidad exportadora del país y afectando el crecimiento. El organismo también ha remarcado que la continuidad del ajuste fiscal, incluyendo la reducción de subsidios y el incremento en las tarifas de servicios públicos, podría generar un impacto adicional en la inflación y el poder adquisitivo de los hogares.
Varios economistas advierten que si el tipo de cambio real se sigue apreciando, Argentina podría perder competitividad en sus exportaciones, lo que podría afectar el superávit comercial que el Gobierno busca consolidar. Además, un dólar relativamente barato podría incentivar el crecimiento de las importaciones, generando presión sobre las reservas del Banco Central. Pero nosotros entendemos que es lógica la apreciación cambiaria, ya que ordenada la economía, y frenada la emisión monetaria, el efecto del crecimiento de la economía, ya sea por ingreso de inversiones o por mayores exportaciones (agro, minería, gas, litio, etc.) aumenta las reservas del BCRA y como consecuencia fortalece el peso frente al dólar.
El desafío radica en lograr una desinflación sin necesidad de un nuevo salto devaluatorio que vuelva a generar incertidumbre y presión sobre los precios. Por ahora, el Gobierno confía en su estrategia, de fijar el tipo de cambio, pero sobre todo en anclar el gasto público y aniquilar la emisión monetaria. En este año eleccionario es muy probable que se demore la salida del cepo hasta que pase el comicio, pero luego de este, con la unificación cambiaria veremos el tipo de cambio adaptarse a las verdades del mercado.
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