En la última visita de un Papa a estas geografías -Juan Pablo II-, Argentina inauguraba su última etapa democrática, pero la acechaba el recuerdo de guerras internas, fratricidas. Atrás había quedado el conflicto por el Beagle de 1978 con Chile y la guerra con Inglaterra por Malvinas de 1982 donde vino 2 días antes de su finalización.
Hace 40 años Argentina ni siquiera duelaba a sus desaparecidos, aún los esperaba, y había mucho silencio sobre los héroes de Malvinas destratados a su regreso por años. Pero las instituciones y los partidos políticos tenían una presencia clara. Ya se había celebrado el Juicio a las Juntas militares. Pero aún la democracia vivía los levantamientos Carapintada. Justamente el primero de ellos se produjo durante la Semana Santa de 1987, a días que el Papa celebrara en la 9 de julio el Domingo de Ramos. En aquella visita el Pontífice sorprendió con una afirmación «la salvación del mundo partirá de la Argentina»
Hoy León XIV encuentra otra Argentina, acechada por otras «guerras» y otros dolores sobre los cuales intentará influir para ponerles fin. La guerra de los odios con un protagonismo principal del Presidente de este país. La guerra de los pobres ignorados sobre quienes -por su número- , no alcanzan las alfombras para esconderlos. La guerra de los discapacitados, ninguneados en sus necesidades. La guerra contra los jubilados condenados a sobrevivir sin haberes posibilitadores de mínima dignidad y con recortes brutales en remedios y asistencia. La guerra contra la educación, el conocimiento, la ciencia y la tecnología, cuyos recortes resulta injusto y mortal para un futuro de nación. También la guerra sobre el trabajo -dignidad del Hombre- con un marcado industricidio por falta de planes productivos y aperturas irrestrictas. La Argentina de hoy padece de otras enfermedades. El individualismo, tal vez, es el principal problema para vencer para restañar tanto dolor, tantas heridas: las viejas y las nuevas.
El papa Leòn XIV viene con la serenidad de un hombre de paz a quien no lo tembló la palabra para enfrentarse a cualquier poder. Al presidente Trump le ha dicho -antes de las elecciones de esta semana- «no le tengo miedo». Este Papa de sonrisa buena hablará de las bondades de la Doctrina Social de la Iglesia. De la importancia del nosotros sobre el yo. De los desafíos de la IA y la necesidad de subordinarla al Hombre. Es verdad que hoy hay una sociedad desperfilada, será su misión que los valores la reconfiguren.
Algo está pasando en la ultraderecha en el mundo de la democracia iliberal. Su revés comenzó con Orban, Bolsonaro, Trump, Netanyahu, incluido Santiago Peña.
Con el declive de estos actores políticos todo indica que gana una escala de valores que hacen al mundo más vivible. Quizás con la esperanza de terminar con las guerras. Quizás con la expectativa de aceptar al otro más allá de su condición religiosa, de piel, sexual o ideológica. También es cierto que por ejemplo en Estados Unidos no solo ganaron los demócratas por ser demócratas, sino y principalmente por haber presentado buenos candidatos.
La gran pregunta es cuánto, de todo esto, influye en Argentina. El presidente Milei ha gobernado hasta aquí sobreprotegido. Primero, porque en nombre de la gobernabilidad a pesar del desprecio que manifestó desde la hora cero por el Parlamento argentino, èste le aceptó el DNU 70/23 y hasta el día de hoy los diputados se niegan a votar para eliminarlo. Es decir, aceptan todo priorizando sus intereses personales primero y luego los de sus gobernadores. Y en el ámbito internacional, Milei fue sobreprotegido por Trump principalmente, en todo sentido. Quizás este revés mundial en Brasil y en EEUU, le genere un deterioro lo suficientemente grande como para que Patricia Bullrich se le anime -como pareció anunciarlo esta semana- con apoyo del círculo rojo. La oposición principalmente el peronismo, sigue enredado en sus internas. Todo indicaría que Kicillof está decidido a competir. Y Massa, ¿también? Las encuestas señalan espacios vacíos entre el mileismo y el peronismo ¿alguien lo ocupará?
El presidente Milei antes este cuadro sufre un tremendo golpe de confianza evidenciado en la suba del riesgo país. Seguramente la reunión próxima de Lula y Trump, tendrá armonía. Xi Xinping mira con suma atención lo que está ocurriendo.
Como cierre, quiero citar a James Talarico hoy senador por Texas, quien al bolsillo abultadísimo de Elon Musk le ganó diciendo cosas como «el odio no puede enseñar a un niño a leer. El odio no puede construir futuro. Pero lo que el odio no puede hacer, el amor sí»



