GAMA convocó a una charla sobre la importancia y eficacia de la detección precoz del cáncer

Como parte de las actividades tradicionales del Grupo de Ayuda a Mujeres Agropecuarias, este jueves se hizo una interesante convocatoria. “Detectar a tiempo marca la diferencia” fue el título de la charla que cierra este mes de octubre, en el que se celebran a las mujeres agropecuarias, pero donde también se activan las campañas de prevención del cáncer de mamas.

Con una mirada más abarcativa, la convocatoria ofreció un espacio de charla e intercambio, donde también tuvieron lugar los hombres.

En su 120° aniversario, la Sociedad Rural de Rafaela, recibió a todos con las palabras de la presidente de GAMA, Nancy Peiretti. Con la generosidad de compartir sus testimonios y acercarnos a una experiencia de vida. Y cada uno de ustedes por estar acá y sumarse a esta propuesta. Desde Gama creemos que el valor de encontrarnos, de aprender unos de otros y de impulsar iniciativas que puedan adoptar algo positivo a nuestra comunidad, “siendo esta una charla que nos ayuda a despejar dudas, a perder algunos temores y sobre todo a recordar que cuidarnos también es una forma de cuidar a quienes nos quieren”.

La ginecóloga especializada en mastología, Magali Martino, explicó que la prevención secundaria, basada en los controles ginecológicos regulares y el autoexamen mamario, permite detectar la enfermedad en etapas iniciales. “Lo ideal es que las pacientes se conozcan, se toquen y puedan acudir más rápido al médico”, afirmó.

Según indicó, las mujeres en general tienen una mayor conciencia sobre la importancia de los controles anuales, aunque todavía existen casos en los que las consultas se postergan durante uno o dos años por cuestiones personales. Esa demora puede impactar en los tiempos de diagnóstico.

Martino señaló que actualmente existe una elevada proporción de detecciones tempranas, aunque todavía llegan a la consulta pacientes con cuadros más avanzados después de haber pasado cuatro o cinco años sin controles. En esos casos, suelen consultar recién al notar un bulto o algún nódulo.

Respecto de la edad de las pacientes, sostuvo que el cáncer de mama puede presentarse en mujeres desde los 30 años, aunque la mayor incidencia se registra entre los 60 y los 70 años. Sin embargo, advirtió sobre el aumento de diagnósticos en mujeres más jóvenes. “Estoy viendo muchas pacientes entre 40 y 50 años con cáncer de mama y eso es un poco alarmante”, siendo fundamental reforzar la concientización en ese grupo etario.

La especialista recordó además que los avances terapéuticos han cambiado radicalmente el pronóstico de la enfermedad. Explicó que cuando el cáncer se detecta en estadios iniciales la posibilidad de curación alcanza alrededor del 90 por ciento. A ello se suman tratamientos cada vez más eficaces, que incluyen no sólo quimioterapia sino también inmunoterapia y otras alternativas específicas según cada caso.

Martino insistió en que el miedo no debe convertirse en una barrera para la consulta. “Lo que hacen es demorar el inicio del tratamiento y eso después nos complica el pronóstico”, señaló. También destacó la existencia de equipos multidisciplinarios, grupos de apoyo y acompañamiento psicológico que permiten atravesar el proceso de una mejor manera.

Por su parte, el oncólogo clínico Francisco Ortiz propuso establecer un paralelismo entre el cáncer de mama y el cáncer de próstata para promover entre los hombres una mayor cultura del control preventivo. Según explicó, la intención es lograr que los hombres incorporen los chequeos de salud con la misma naturalidad con la que las mujeres realizan sus consultas ginecológicas.

“El hombre tiene una cuestión cultural de ocultar o minimizar los problemas de salud”, afirmó. Mientras la consulta ginecológica forma parte de la rutina femenina desde hace décadas, los controles urológicos todavía enfrentan prejuicios y resistencias.
Ortiz sostuvo que esa falta de hábito se observa también en otros tumores frecuentes en la población masculina, como los cánceres de testículo y de colon. “Al hombre en general no le gusta ir al médico, no quiere, y eso empeora a medida que pasan los años”, resumió.

En cuanto a la detección del cáncer de próstata, señaló que la recomendación general es iniciar los controles a partir de los 50 años, aunque en personas con antecedentes familiares la evaluación puede comenzar desde los 45. Asimismo, remarcó que acudir al urólogo no implica necesariamente la realización de un tacto rectal, uno de los principales temores asociados a la consulta.

“Ir al urólogo es conocerlo, hacerse el PSA y una evaluación clínica. Hay muchas cosas que se pueden hacer sin llegar a un tacto rectal”, explicó.

Consultado sobre la situación de las poblaciones rurales, el oncólogo consideró que el nivel de información sigue siendo insuficiente tanto en el campo como en las ciudades. Atribuyó esta situación a una combinación de factores culturales, tabúes, temores y falta de educación sanitaria.

Finalmente, recomendó que los hombres incorporen controles periódicos, idealmente una vez al año, de manera similar a lo que ocurre con las mujeres. “Controlarse tiene que ser tan natural como ir al cardiólogo, al clínico o al traumatólogo”, concluyó.
Entendiendo que la detección precoz continúa siendo la herramienta más eficaz para mejorar las posibilidades de tratamiento, reducir la agresividad de las intervenciones y aumentar las probabilidades de curación. Algo de esto es lo que se percibió con los valientes y valiosos testimonios que en el encuentro ofrecieron María del Carmen Rufino y Héctor Rubiolo, que permitieron entender el proceso de una enfermedad que se trata y se cura.

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