La resistencia de las estructuras, los cálculos y la creatividad volvieron a ponerse a prueba en una nueva edición del Concurso de Puentes de Fideos, una propuesta que desafía a los estudiantes a aplicar conocimientos de ingeniería en una experiencia práctica. Pero, además de la competencia y los resultados, la actividad realizada en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) Facultad Regional Rafaela dejó un balance positivo para sus organizadores, que también encontraron en el encuentro una oportunidad para acercar la ingeniería a los más jóvenes.
Daniel Andereggen y Tomás Galimberto, estudiantes de la carrera de Ingeniería Civil y responsables de la organización junto al docente Sergio Pairone, destacaron la convocatoria alcanzada, el acompañamiento recibido y las posibilidades de crecimiento que se abren a partir de esta experiencia. “Estamos súper orgullosos los dos por cómo salió todo”, manifestaron, en diálogo con Diario CASTELLANOS.
Siguiendo esa línea, Andereggen aseguró que “fue un éxito rotundo porque logramos conseguir la mayor cantidad de participantes y de puentes inscriptos”. Además de las pruebas realizadas en el Salón de Usos Múltiples de la Facultad, la actividad se proyectó en una carpa exterior, donde se armó una especie de grada para que más personas pudieran seguir el desarrollo del certamen. “Se sumaron chicos de otras carreras o gente que no estaba, que no fue a ver el concurso. En el tiempo libre que tenían, iban a verlo”, contó.

Galimberto coincidió con el balance y reconoció que el proceso de organización no estuvo exento de dificultades. “La organización, por un montón de cuestiones, fue bastante caótica. La verdad que el hecho de que haya salido todo tan bien y toda la cantidad de gente que fue a ver, los chicos que participaron, todo, te pone súper contento porque se notó todo el esfuerzo que les venimos poniendo hace un par de meses”, expresó.
Una organización a pulmón y el apoyo de la comunidad
La iniciativa surgió después de que el docente Sergio Pairone les comentara que necesitaba ayuda para sacar adelante distintos aspectos de la organización. Aunque inicialmente no tenían previsto asumir esa responsabilidad, ambos conocían el concurso desde el lugar de participantes y consideraban que era una propuesta valiosa para los estudiantes. Esta vez, el desafío fue distinto. Debieron coordinar inscripciones, convocar a las instituciones educativas, contactar a empresas y comercios, gestionar premios y articular los distintos aspectos necesarios para llevar adelante un evento de estas características. “Nos pareció un evento que está muy bueno, es muy útil para todos los chicos que son estudiantes, y la verdad que es divertido. Entonces nos pareció buena idea meternos de nuestra parte para que sea lo mejor posible para los chicos y que puedan tener esa experiencia que tuvimos nosotros”, explicó Galimberto.
La búsqueda de patrocinadores fue uno de los desafíos más importantes. Los estudiantes recorrieron empresas y comercios para presentar la propuesta, explicar de qué se trataba el concurso y conseguir aportes que permitieran entregar premios a los participantes. En total, lograron reunir el acompañamiento de más de 25 patrocinadores, que colaboraron con productos, órdenes de compra, herramientas, servicios, catering y aportes económicos. “Los sponsors nos dieron una mano terrible. Fue recontra agradable ir a hablar con ellos, contarles y, de todos lados, la verdad que nos recibieron recontra bien”, destacó Andereggen. También valoró la predisposición de pequeños comercios locales que, más allá de su actividad cotidiana, se interesaron por apoyar una iniciativa impulsada por estudiantes.

En la misma línea, Galimberto reconoció que la respuesta de las empresas superó sus expectativas, especialmente por el contexto económico. “Nos sorprendió mucho la cantidad de empresas, tanto chicas como grandes, que se coparon con esta iniciativa, teniendo en cuenta la situación que estamos viviendo últimamente en el país, que muchas veces la plata no alcanza y están complicados los negocios”, sostuvo.
El estudiante consideró que este tipo de colaboraciones genera beneficios para ambas partes. Por un lado, permite concretar actividades académicas y ofrecer premios a los concursantes; por otro, acerca a las empresas a jóvenes que en el futuro podrían incorporarse al mercado laboral o convertirse en clientes y colaboradores.
El resultado fue una competencia que logró reunir a estudiantes de diferentes procedencias y despertar el interés de personas que no necesariamente pertenecían al ámbito de la ingeniería. La participación de un presentador y la dinámica de las pruebas también contribuyeron a que el encuentro tuviera un carácter abierto y entretenido, sin perder de vista el componente técnico.
La ingeniería, más allá de la resistencia
El concurso propone trasladar conceptos de la ingeniería a una construcción concreta: diseñar y elaborar un puente utilizando fideos, con el objetivo de poner a prueba su resistencia y eficiencia estructural. Sin embargo, las condiciones no son iguales para todas las categorías.
En la competencia universitaria, el desafío consiste en lograr que la estructura se aproxime a una carga de rotura de 50 kilogramos. No se trata simplemente de soportar el mayor peso posible, sino de demostrar que los cálculos y el diseño fueron adecuados para alcanzar el resultado previsto. En la categoría de escuelas secundarias, en cambio, la consigna apunta a resistir la mayor carga posible en relación con las características de cada puente.
De esta manera, la actividad permite poner en práctica conocimientos vinculados con el diseño, los materiales y el comportamiento de las estructuras, al mismo tiempo que promueve el trabajo en equipo y la búsqueda de soluciones. La experiencia también permite comprender que, en ingeniería, no siempre alcanza con construir algo resistente, resulta fundamental proyectar, calcular y optimizar los recursos disponibles de acuerdo con el objetivo planteado.
En esta edición participaron alrededor de 34 equipos y unas 150 personas, en una jornada que combinó el desafío técnico con un clima de intercambio y participación.
Acercar la ingeniería a los futuros estudiantes
Más allá de la competencia, los organizadores destacaron la importancia de generar espacios de encuentro entre quienes ya transitan la universidad y aquellos que todavía están cursando la escuela secundaria. En ese sentido, la participación de alumnos de la Escuela Técnica N°460 “Guillermo Lehmann” y de otras instituciones técnicas de otras localidades fue una parte significativa de la experiencia. “Genera un nexo entre los chicos de secundaria y la universidad, porque el día de mañana todos los chicos que se están por recibir y participan de este concurso pueden ir a la Facultad”, explicó Galimberto, haciendo hincapié en la importancia de este intercambio.

Ambos organizadores son egresados de la escuela Guillermo Lehmann y, desde ese lugar, también impulsaron instancias de acercamiento con los estudiantes secundarios. A través de charlas y actividades, compartieron conocimientos vinculados con la construcción de puentes y explicaron aspectos de la carrera de Ingeniería Civil, además de responder preguntas sobre la vida universitaria. “Cuando te ven a vos, que sos un estudiante como ellos, que sos un par, te tienen un poco más de confianza y te tienden a escuchar más. Capaz si va un profesor de la Facultad no tienen la misma reacción que si vamos nosotros, que estuvimos en su lugar hace poco”, consideró el alumno.
La intención es que ese vínculo no se limite a una actividad puntual. Ambos vienen desarrollando desde hace alrededor de dos años distintas acciones para acercarse a los estudiantes secundarios y acompañar a quienes recién ingresan a la carrera, con charlas y encuentros que les permitan conocer el ámbito universitario desde una perspectiva más cercana. “Queremos motivar y que esto no quede en una carrera vacía”, expresó Andereggen al referirse a la importancia de acompañar a quienes están pensando en continuar sus estudios.
Para los organizadores, el contacto con estudiantes que ya transitan la universidad puede ayudar a despejar inquietudes, compartir experiencias y mostrar que detrás de una carrera exigente también existe una comunidad dispuesta a acompañar. Así, aunque el propósito central del concurso es poner a prueba los conocimientos y las habilidades de sus participantes, la jornada también funciona como una puerta de entrada para quienes comienzan a explorar sus posibilidades de formación.
Una competencia más dinámica y abierta
La organización también introdujo cambios en la dinámica del certamen. Uno de ellos fue la incorporación de Matías “Chino” Windey como presentador, una decisión que buscó hacer más entretenida la jornada y facilitar la participación del público, incluso de quienes no tenían conocimientos específicos de ingeniería.
Galimberto valoró especialmente ese aspecto, porque permitió que personas de otras carreras y docentes que no estaban familiarizados con la temática se interesaran por las pruebas. “Este año vimos que, en distintas partes de la Facultad, donde se iba proyectando, había mucha gente de otras carreras totalmente distintas que se quedaba a verlo. Muchos profesores de otras cátedras nos decían que les había parecido muy interesante”, relató. Y agregó: “Cualquiera que no esté familiarizado con todo esto de la Ingeniería Civil lo puede ver tranquilamente y le parece muy interesante. Eso también es algo que destaco mucho, que fue muy bueno”.
Para Andereggen, esa respuesta demostró que una actividad académica puede mantener su rigor sin perder espontaneidad. Durante la jornada, los participantes alentaron a sus equipos, festejaron los resultados y generaron un clima que los organizadores consideraron distinto al de ediciones anteriores. “Estaría muy bueno que vean que los alumnos somos pibes responsables, que queremos a la Facultad, que queremos dejar bien parada la ciudad. Por ahí existe ese miedo o ese estigma sobre la juventud, pero realmente la juventud está logrando cosas increíbles y hay futuro; solo hay que motivar y seguir metiéndole pila”, afirmó.
El organizador señaló que la satisfacción más importante no estuvo en obtener un beneficio personal, sino en comprobar que podían llevar adelante un evento de estas características. “Nosotros no nos llevamos nada material. Creo que la satisfacción fue saber que somos capaces de esto, entonces podemos con muchas cosas más”, expresó Andereggen. También destacó las felicitaciones recibidas de docentes y representantes de distintas instituciones, que valoraron el esfuerzo realizado.
El desafío de seguir creciendo
El concurso, que tuvo sus orígenes en la UTN Facultad Regional San Francisco hace doce años, fue creciendo hasta incorporar a Rafaela y consolidarse como una propuesta de alcance nacional. La edición actual representó una nueva oportunidad para fortalecer ese recorrido y pensar en futuras instancias que permitan sumar equipos, instituciones y sedes.
En ese camino, los organizadores mencionaron el interés que existe en otras facultades por recibir próximas ediciones y la intención de ampliar progresivamente la participación. El objetivo es que la iniciativa siga creciendo sin perder aquello que la distingue, que es la posibilidad de aprender haciendo, compartir conocimientos y generar vínculos entre estudiantes de distintos lugares.



