Ángel Villarroel y una lucha que va más allá de su puesto de trabajo: “Esta fábrica no puede quedar tapera”

Después de diez meses sin cobrar, los trabajadores de Lácteos Verónica en Lehmann acordaron respaldar la posible reactivación de la planta, aunque muchos podrían quedar afuera. En diálogo exclusivo con Diario CASTELLANOS, Villarroel habló de la angustia, las diferencias entre compañeros y el deseo de que la fábrica siga produciendo para las próximas generaciones.

Detrás de la crisis de Lácteos Verónica hay trabajadores que llevan meses sin cobrar, familias que esperan respuestas y una comunidad que mira con preocupación el futuro de una fábrica ligada a la historia productiva de Lehmann. En ese escenario, Ángel Villarroel volvió a poner en palabras lo que atraviesan quienes todavía esperan una salida, incluso cuando la posibilidad de volver a producir no garantice que todos puedan recuperar sus puestos de trabajo.

Este martes por la noche, después de una reunión del lunes que terminó en medio de tensiones, los empleados se autoconvocaron para intentar dejar atrás las diferencias y ponerse de acuerdo en una cuestión central, que es que la planta tiene que volver a funcionar.

“Estamos todos enojados, estamos todos con bronca, estamos todos dolidos, estamos todos en una situación horrible”, expresó Villarroel en diálogo exclusivo con Diario CASTELLANOS. La frase resume el desgaste de un conflicto que se prolonga desde hace meses y que, según relató, llevó a los trabajadores a un límite emocional.


Verónica reactivaría su planta de Lehmann y los trabajadores respaldaron la puesta en marcha

Son alrededor de diez meses sin percibir los salarios. En ese tiempo, la incertidumbre se volvió parte de la vida cotidiana y las diferencias comenzaron a aparecer entre compañeros que atraviesan la misma situación, pero que no necesariamente comparten las mismas expectativas sobre cómo debe avanzar el conflicto.

Por eso, la reunión de este martes tuvo un objetivo que iba más allá de resolver una discusión puntual. “Decidimos ir organizándonos para evitar que vuelva a pasar una cosa de esas y que nos pongamos de acuerdo en puntos básicos, sin pelearnos, sin que nadie tenga la verdad”, explicó.

Para Villarroel, el riesgo más grande es que la angustia termine enfrentando a quienes necesitan permanecer unidos para reclamar respuestas. “Lo peor que podemos hacer es pelearnos entre nosotros”, advirtió.

Volver a producir, aunque él quede afuera

La posible reactivación de la planta aparece como una señal de esperanza, pero también plantea un escenario difícil, de acuerdo con las versiones que manejan los trabajadores, podrían ingresar entre 40 y 60 personas, mientras que el plantel actual ronda los 105 empleados.

Eso significa que una parte importante podría quedar afuera de esta primera etapa. El propio Villarroel reconoció que podría ser uno de ellos. Aun así, respaldó la decisión mayoritaria de permitir que la fábrica vuelva a funcionar.

Su postura tiene una explicación que va más allá de una expectativa personal de recuperar el empleo. Está relacionada con la historia de la planta y con el temor de que un cierre definitivo termine borrando una fuente de trabajo que durante décadas ofreció oportunidades a distintas generaciones.

“Nosotros tenemos una historia triste en Lehmann, que fue Campagnolli en sus años y que era mucho más grande que Verónica Lehmann y cerró”, recordó. Aquella experiencia permanece como una advertencia de lo que puede ocurrir cuando una fábrica deja de producir y ya no vuelve a abrir sus puertas.

En esa línea, desde un lado sensible, consideró que “Verónica no puede quedar tapera, tiene que seguir produciendo para que un chico hoy o mañana tenga la misma posibilidad que tuve yo hace 30 años”.

Villarroel lleva esa preocupación al terreno personal, pero no la limita a su propio destino. “Independientemente de que me tenga que quedar fuera”, aclaró, al explicar por qué considera necesario respaldar el reinicio de la actividad.

La posibilidad de que la planta vuelva a producir leche en polvo mediante un acuerdo con la firma Santa Clara de Córdoba todavía necesita precisiones de la empresa. Tampoco está definido cómo se resolverá la situación de quienes no ingresen ni qué ocurrirá con los salarios que se adeudan. Sin embargo, para los trabajadores, cualquier avance representa una oportunidad que no quieren perder. “Nosotros pedíamos que hagan algo, bueno, esto es algo, no sabemos todavía porque no hay nadie responsable que nos diga, pero por lo menos algo hay, y eso es la esperanza que tenemos nosotros”, sostuvo.

La fábrica como parte de la comunidad

La crisis no afecta solamente a quienes trabajan dentro del establecimiento. También golpea a sus familias y repercute en la actividad comercial de Lehmann, donde la posibilidad de que la planta vuelva a producir genera expectativas.

Villarroel contó que algunos comerciantes recibieron con entusiasmo las versiones sobre la reactivación. Esa reacción refuerza su convicción de que el futuro de la fábrica excede la discusión sobre cuántos empleados podrán ingresar en una primera etapa.

Detrás de cada puesto hay una familia, pero también una historia de trabajo, de años compartidos y de pertenencia a una actividad productiva que forma parte de la identidad de la localidad.

Por eso, el trabajador insiste en que el acuerdo entre sus compañeros debe servir para abrir una negociación más amplia. La intención es conocer las condiciones en las que se retomaría la actividad y buscar alternativas para quienes queden afuera, sin perder de vista la necesidad de que la fábrica vuelva a funcionar.

No hay certezas de que eso sea posible. El propio Villarroel reconoce que desconocen los números y las condiciones que maneja la empresa. Pero considera que la organización colectiva puede darles una oportunidad para ser escuchados.

“La única forma que tenemos de defendernos es unidos y organizados”

Al final de la entrevista, Villarroel insistió en la necesidad de dejar de lado las diferencias personales para concentrarse en un objetivo común y se dirigió a sus compañeros, consciente de que el cansancio y la bronca pueden llevar a reacciones que terminen perjudicándolos. “Sabemos que nos equivocamos y mucho, pero no lo hacemos de mala fe”, expresó. Y pidió que cada trabajador pueda escuchar al otro, aun cuando existan opiniones distintas sobre el camino a seguir. “Todos tienen derecho a opinar, todos tienen derecho a exigir, pero siempre con respeto y buena voluntad”, remarcó.

Siguiendo esa línea, dejó un último mensaje para quienes comparten la incertidumbre sobre el futuro de Verónica. “Ojalá mis compañeros hoy lo analicen, lo piensen y sepan que la única forma que tenemos nosotros de defendernos es unidos y organizados”, concluyó.

 

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