Cada vez que una familia firma la escritura de su primer hogar, cuando dos emprendedores formalizan una sociedad o cuando un vecino decide volcar su última voluntad en un documento, hay una figura clave que aporta serenidad y certeza. Detrás de la solemnidad del sello y de la lectura minuciosa de cada cláusula, se encuentra el escribano público, un profesional del derecho en quien el Estado delega la facultad de otorgar autenticidad y fe pública a los actos que moldean la vida civil y comercial de nuestra comunidad.
La celebración del Día del Escribano en nuestro país hunde sus raíces en un hecho histórico de trascendencia internacional que tuvo a Buenos Aires como escenario principal. Un día como hoy en 1948 concluyó el Primer Encuentro Internacional del Notariado Latino, una multitudinaria asamblea impulsada y liderada por el escribano argentino José Adrián Negri, quien en ese entonces presidía el Colegio de Escribanos.
Aquel congreso histórico reunió a más de setecientos participantes provenientes de más de dieciocho países con la visión compartida de unificar criterios y fortalecer la profesión. El gran fruto de esa histórica jornada fue la fundación de la Unión Internacional del Notariado Latino, una organización destinada a nuclear, defender e impulsar la función notarial en todo el mundo. Desde aquella gesta liderada por el notariado argentino, el 2 de octubre se consolidó no solo en nuestras provincias como la fecha de homenaje local, sino también en el mapa global como el Día del Notariado Latino.
En el tejido social de ciudades como Rafaela y de toda la región, el escribano cumple una misión que va mucho más allá del mero trámite burocrático. Es un asesor imparcial, un mediador preventivo que escucha a las partes, interpreta sus intenciones y encauza los acuerdos dentro del marco legal para prevenir futuros litigios. Su firma es garantía de paz jurídica y estabilidad patrimonial.
El camino para ejercer el notariado
Alcanzar la función notarial en la Argentina exige un riguroso recorrido de formación y el cumplimiento de estrictos requisitos legales y éticos.
El título de grado y la especialización
El primer paso indispensable consiste en cursar la carrera de Abogacía en una universidad reconocida. Una vez obtenido el título universitario de abogado, el profesional debe realizar una especialización de posgrado o cursar la carrera de Notariado que dictan diversas facultades del país para profundizar conocimientos en derecho registral y técnica notarial.
Con el título notarial en mano, el aspirante debe inscribirse en el Registro de Aspirantes a Notario ante el Colegio de Escribanos de la jurisdicción correspondiente, como el Colegio de Escribanos de la Provincia de Santa Fe. Asimismo, la normativa exige acreditar un período de práctica profesional supervisada en un registro notarial en funciones para adquirir la destreza técnica de la profesión.
Para acceder a la titularidad o adscripción de un registro notarial —dado que los registros son limitados y otorgados por el Estado provincial— el profesional debe rendir y aprobar oposiciones o exámenes de idoneidad. Tras superar la evaluación, cumplir los controles de antecedentes morales y prestar juramento formal ante las autoridades institucionales, se le otorga la matrícula que lo habilita para ejercer la fe pública.
Nuestro reconocimiento en su día
A cada uno de los escribanos de Rafaela y del departamento Castellanos que con rigor ético, imparcialidad y constante vocación de servicio custodian los compromisos de nuestros vecinos, desde Diario CASTELLANOS les brindamos un afectuoso reconocimiento en este día tan especial. ¡Muy feliz Día del Escribano!



