Daniel Tosone: «El Teatro Lasserre es un ejemplo de bien común»

Fue uno de los impulsores de la campaña que reunió a empresarios rafaelinos para concretar la remodelación integral de la Sala Luis Remonda del Teatro Lasserre, inaugurada en octubre de 2024. Sin embargo, para el empresario, el verdadero valor de aquella experiencia trasciende la obra. En diálogo con CASTELLANOS, reflexionó sobre la responsabilidad social, el compromiso comunitario y el papel que pueden asumir quienes deciden invertir en espacios que pertenecen a todos.

Hay obras que pueden medirse en metros cuadrados, en presupuesto o en el tiempo que demandó su ejecución. Otras, en cambio, encuentran su verdadera dimensión mucho después del desarme de los andamios. La remodelación de la Sala Luis Remonda del Teatro Lasserre pertenece a esa segunda categoría. Porque detrás del nuevo escenario, las mejoras técnicas y la recuperación integral del espacio quedó al descubierto algo mucho más valioso: la capacidad de una comunidad para reunirse alrededor de un objetivo compartido. 

Daniel Tosone fue uno de los empresarios que impulsó ese proceso. Convocó a colegas, promovió reuniones, buscó adhesiones y ayudó a construir una red de aportes privados que terminó haciendo posible una de las intervenciones más importantes que recibió el histórico teatro rafaelino en los últimos años. Sin embargo, cuando habla de aquella experiencia, rara vez se detiene en la obra. Prefiere hacerlo sobre una idea que atraviesa toda su mirada: la diferencia entre el bien público y el bien común. 

Mucho más que un edificio 

Para Tosone, un edificio público adquiere un valor completamente distinto cuando la sociedad siente que también participó de su construcción. 


«La diferencia está en el bien común», resume. Y enseguida desarrolla una idea que atraviesa toda la entrevista. «Un bien público, por sí solo, no dice demasiado. Lo que realmente le da sentido es saber quiénes estuvieron detrás, quienes trabajaron para hacerlo posible. Cuando una comunidad conoce esa historia, cuando descubre que hubo vecinos, empresarios, instituciones y ciudadanos que decidieron involucrarse, deja de ser solamente un edificio para transformarse en un bien común.» 

Para explicar ese concepto recurre a una imagen sencilla. Menciona la existencia de otros emblemáticos edificios de la ciudad, como por ejemplo, la catedral, y recuerda que lo que las vuelve extraordinaria no es únicamente su arquitectura, sino saber que fueron levantadas durante generaciones gracias al esfuerzo de un grupo de personas que decidieron organizarse. En su mirada, el Teatro Lasserre representa exactamente esa misma lógica: el resultado visible de décadas de compromiso colectivo. La remodelación de la Sala Luis Remonda vino, de alguna manera, a prolongar esa historia. 

La remodelación de la Sala Luis Remonda y un legado cultural para Rafaela.

La confianza como punto de partida  

Cuando comenzó a imaginar la recuperación de la sala, Tosone sabía que el proyecto necesitaba del aporte privado. Pero también sabía que ninguna convocatoria prospera únicamente por el dinero. Necesita confianza. «Nosotros llegamos al Municipio y al Senado, por medio de nuestro representante departamental, después de haber trabajado y de haber pensado todo el proyecto. Primero hay que hacer la tarea. Después sí pedir el acompañamiento. Lo importante es que el Estado vea que hay una comunidad comprometida detrás de la idea», sostiene.  

Fue entonces cuando comenzó a hablar con empresarios de la ciudad. Los primeros en acompañar la iniciativa fueron Eduardo Drubich y Fernando Carlos Szewc, dos colegas y amigos en quienes encontró rápidamente la misma convicción sobre el valor del proyecto. A partir de ese núcleo inicial, la convocatoria comenzó a ampliarse hasta reunir a un grupo de empresarios dispuestos a aportar para hacer realidad la remodelación de la sala. «Gracias al Teatro fue simple pedir. ¿Por qué? Porque todos tienen algo con ese lugar. Todos pasaron alguna vez por esa sala. Fueron a ver a un hijo, a un nieto, actuaron ellos mismos o simplemente guardan un recuerdo. Es un lugar que caló muy hondo en la sociedad». 

Empresas que también construyen ciudadanía 

Uno de los pasajes más interesantes de la conversación aparece cuando Tosone reflexiona sobre el vínculo entre las empresas y la comunidad. Lejos de entender los aportes como un gesto filantrópico o una acción aislada de responsabilidad social empresaria, propone otra mirada. 

Una empresa, dice, también construye su identidad cuando ayuda a mejorar los espacios que pertenecen a todos. «Muchas veces una empresa obtiene mucho más reconocimiento ayudando a construir una plaza, un teatro o un espacio donde la gente vive, disfruta y genera recuerdos que invirtiendo enormes sumas en publicidad. Porque esos lugares permanecen. La comunidad los hace propios y también recuerda quiénes hicieron posible que existieran.» No se trata de buscar protagonismo. Se trata de formar parte de una historia compartida. En definitiva, de comprender que una empresa no solamente produce bienes o genera empleo. También puede insertarse socialmente dejando una huella tangible en el patrimonio colectivo de la ciudad.  

Una forma de entender Rafaela

Durante toda la entrevista aparece una palabra una y otra vez: participación. Daniel está convencido de que los grandes proyectos comunitarios nunca deberían comenzar preguntando cuánto puede aportar el Estado, sino cuánto están dispuestos a comprometerse quienes impulsan la iniciativa. «Primero trabajemos nosotros. Cuando ya hicimos una parte importante del camino, recién ahí vayamos a pedir ayuda. El Estado tiene que ver que hay compromiso detrás del proyecto», insiste. No plantea una competencia entre lo público y lo privado. Todo lo contrario. Habla de complementariedad. De construir confianza. 

Quizás por eso la remodelación de la Sala Luis Remonda trasciende ampliamente la renovación de un espacio teatral. Se convirtió en una nueva demostración de aquella tradición asociativa que, desde hace más de nueve décadas, acompaña la historia del Teatro Lasserre y que permitió que distintas generaciones sostuvieran una institución fundamental para la cultura rafaelina. 

Al final de la conversación, casi sin proponérselo, Tosone resume la filosofía que parece orientar cada uno de esos proyectos. «Trato siempre de militar el bien común. De alguna manera, encontrar una forma de participar en la sociedad haciendo cosas para los demás e invitando a otros a descubrir que también pueden hacerlo». 

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