El automovilismo suele asociarse con la velocidad, la adrenalina y la destreza al volante. Sin embargo, detrás de cada piloto existe una exigencia física y médica que muchas veces pasa desapercibida para el público. Sobre ese aspecto dialogaron la cardióloga Cecilia Boccardo y el expiloto profesional Martín Basso durante una entrevista en REC Rafaela.
Basso recordó que a lo largo de su carrera fue sometido a numerosos controles cardiológicos y destacó la rigurosidad de los estudios exigidos por las categorías nacionales. “Cuando algo no estaba tan claro me hicieron pruebas de mucha más exigencia. A uno le da tranquilidad saber que buscan cualquier posible problema antes de que aparezca una situación grave”, explicó.
La médica señaló que los controles cardiovasculares constituyen la base de toda evaluación deportiva, especialmente en disciplinas de alta exigencia como el automovilismo. “Lo fundamental es el chequeo cardiovascular. A partir de ahí se determina si el deportista puede competir o si es necesario profundizar los estudios”, indicó Boccardo.
La especialista explicó que cuando se detecta alguna anomalía se trabaja de manera conjunta con el deportista y su entorno para evaluar riesgos y alternativas. Sin embargo, remarcó que existe un límite innegociable. “Siempre está primero la vida del deportista. Cuando hay que contraindicar una actividad es difícil, pero la prioridad es la salud”, sostuvo.
Durante la entrevista también se abordó el impacto que tiene la edad en los controles médicos. Boccardo explicó que las evaluaciones varían según la etapa de la vida y relató casos de deportistas mayores que descubrieron enfermedades cardiovasculares gracias a estudios preventivos realizados antes de competir. “El diagnóstico precoz permite actuar a tiempo y, en muchos casos, volver a la actividad después del tratamiento y la rehabilitación correspondiente”, señaló.
Por su parte, Basso aportó la mirada de quien pasó años compitiendo al máximo nivel y describió las condiciones extremas que enfrentan los pilotos durante una carrera. “En verano, dentro del auto se alcanzan temperaturas muy altas. Si te sacás un guante, muchas veces no podés tocar la palanca de cambios por el calor. El desgaste físico es enorme”, comentó.
Boccardo detalló que un piloto puede perder entre tres y cuatro kilos durante una competencia debido a la deshidratación y que las pulsaciones suelen mantenerse entre 170 y 190 latidos por minuto durante largos períodos. “La combinación de temperatura, esfuerzo físico y pérdida de líquidos exige un monitoreo permanente. Hoy existen dispositivos que permiten controlar frecuencia cardíaca, temperatura corporal y pérdida de electrolitos para reducir riesgos”, explicó.
La especialista agregó que el automovilismo moderno requiere un trabajo multidisciplinario en el que intervienen médicos, nutricionistas, kinesiólogos y preparadores físicos. “Sin ese acompañamiento sería imposible sostener el rendimiento que exige una competencia de alto nivel”, afirmó.
Basso coincidió con ese diagnóstico y destacó la evolución que experimentó la preparación de los pilotos en las últimas décadas. “Antes era impensado ver deportistas de más de 40 años compitiendo al máximo nivel. Hoy la medicina, la alimentación y el entrenamiento permiten extender mucho más la carrera deportiva”, concluyó.



