Mujeres empresarias que encienden una nueva energía productiva en Santa Fe 

En tiempos donde la incertidumbre parece marcar el pulso de la economía, hay señales que invitan a mirar distinto. No vienen de grandes anuncios, sino de algo más profundo: del entramado productivo real. De las pymes. Y, cada vez con más fuerza, del liderazgo de las mujeres. 

Esa energía se sintió con claridad en el encuentro de la Mesa de Mujeres de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (MECAME), donde Santa Fe volvió a decir presente con una identidad que combina trabajo, innovación y vocación de futuro. 

Como referente provincial en la Mesa de Empresarias Mujeres de CAME, tuve el honor de representar a CCIRR, FECECO y, sobre todo, a cada empresaria que sostiene la actividad en su territorio. 


Porque Santa Fe no es un punto en el mapa. Es una red viva. 

Una red que empieza en mi caso por los orígenes entre Sunchales y Rafaela —con su ADN agroindustrial y tecnológico—, se expande en Esperanza con su historia institucional, se fortalece en Venado Tuerto con mirada exportadora, se proyecta desde Santa Fe capital como nodo político y estratégico, crece en Avellaneda y Reconquista con ecosistemas emprendedores dinámicos, y desafía límites en el norte profundo, en Tostado y Ceres, donde producir también es resistir y sostener. 

Esa capilaridad no es un dato: es una ventaja competitiva. Nuestros desafíos se convierten en oportunidades. 

Directora del Centro Rossi ganó el premio Mujer Empresaria 2026 que entrega CAME

Hoy sabemos que más del 30% de las pymes santafesinas tienen liderazgo femenino, y  también sabemos que el verdadero potencial está todavía en desarrollo. Hay talento, hay decisión, hay capacidad. Lo que falta —y ahí está el desafío— es escala, financiamiento, formación ejecutiva y, sobre todo, más mujeres en espacios de decisión. 

Las empresarias no pedimos lugar, lo estamos construyendo y co construyendo en red, y muchas veces lo hacemos de modo diferente.  

En cada encuentro, en cada mesa de trabajo, aparece una constante que redefine el concepto clásico de liderazgo: no se trata solo de crecer, sino de hacer crecer a otras. 

Y ahí aparece algo que, en lo personal, me moviliza profundamente y es mi propósito, esto de ser puente: cuando una mujer brilla, no opaca a otra. La potencia. Ese efecto multiplicador se ve en toda la provincia. 

Se ve en las mentorías, caminatas, la red industrial y comercial de Venado Tuerto. 

En las redes institucionales de Esperanza que marcan historia.  

En la innovación de Rafaela y el gran trabajo institucional en red. 

En el empuje emprendedor de Sunchales y la resciliencia poderosa del norte. 

Se ve en mujeres que, incluso en contextos adversos, siguen apostando. 

Ahora bien, el diagnóstico también es claro y no admite maquillajes: 

  • Hay que focalizar en el acceso al financiamiento. 
  • Persisten barreras para llegar a espacios de decisión. 
  • Incrementar la presencia en sectores de alto valor agregado como tecnología e industria. 
  • Y el norte provincial todavía enfrenta desafíos estructurales de conectividad y formalización. 

Esto es una hoja de ruta. Porque si algo caracteriza al empresariado santafesino es su capacidad de transformar problemas en oportunidades. 

Desde mi recorrido, en la gremial empresaria, en FisFe, en Fundación FLOR y en la construcción de espacios institucioanes como la Comisión de Empresarias de Sunchales y el CCIRR en distintas comisiones incluida la Directiva, hay una certeza que se reafirma: el desarrollo que viene es en red. 

Y en esa red, el rol nuestro es estratégico. 

  • Necesitamos más articulación entre localidades. 
  • Más puentes entre experiencia y nuevas generaciones. 
  • Más formación de calidad con mirada ejecutiva y participación en espacios gremiales empresariales. 
  • Y más decisión política e institucional para sostener estos procesos en el tiempo. 

Porque lo que está es la competitividad. 

Santa Fe tiene todo para ser protagonista de esta nueva etapa productiva del país. Tiene historia, tiene estructura, tiene talento. Y tiene algo más: empresarias comprometidas que no estamos esperando condiciones ideales, sino que están creando futuro con lo que hay. 

Lo que vivimos en MECAME fue esperanzador, una luz en el camino.  

Una señal de que, incluso en escenarios complejos, hay una Argentina que se organiza, que genera valor y que encuentra en el otro —y en la otra— una oportunidad, no una amenaza. 

Y si algo me llevo de este encuentro es esto: liderar hoy es ser puente. Es animarse a encender la luz para que otras puedan avanzar. 

Las 24 provincias nos reunimos y planteamos objetivos en común, nos nutrimos de las experiencias de cada una y acompañamos a las premiadas. En mi caso estar junto a empresarias como Maria Elena Biassoni, reconocida y en el escenario brillando e iluminando, y Jorgelina Pfening, quien me ha precedido en el cargo, es un honor y una gran responsabilidad. El CCIRR es una entidad que crea valor y nos genera esto, ponernos la camiseta para salir a la provincia y generar espacios comunes y en equipo. Porque cuando una avanza sola, llega. Cuando avanzamos en red, transformamos. 

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