Pullaro visitó a la familia de Ian Cabrera en una San Cristóbal atravesada por el dolor

Sin anuncios ni cámaras, el gobernador Maximiliano Pullaro llegó a la ciudad para acompañar a los padres del niño asesinado y avanzar en medidas para la vuelta a clases. El gesto íntimo convive con la presión política por dar respuestas ante una tragedia sin precedentes.

Aún sacudida por el brutal tiroteo ocurrido en la Escuela Mariano Moreno, la ciudad de San Cristóbal atraviesa días de duelo, desconcierto y una profunda herida social. En ese contexto, y lejos de los flashes, el gobernador Maximiliano Pullaro arribó este sábado en absoluto hermetismo, en una visita que combinó contención emocional y definiciones políticas. 

El primer destino del mandatario fue la casa de la familia Cabrera. Allí, en un encuentro marcado por el dolor, Pullaro se reunió con los padres de Ian, el niño cuya vida fue arrebatada en el ataque que conmocionó a toda la provincia. No hubo discursos ni formalidades: hubo abrazos, silencios y lágrimas. Un gesto humano que buscó acercar al Estado a una tragedia que desbordó cualquier protocolo. 

Luego, el gobernador mantuvo un encuentro con Fabio Barreto, el portero de la institución que logró reducir al agresor en medio del caos. Pullaro destacó su intervención como decisiva para evitar una masacre aún mayor, en un reconocimiento que también pone en valor el rol de quienes, sin preparación específica para este tipo de situaciones, terminan siendo la última línea de contención. 


La agenda continuó con una reunión institucional en la sede de la Regional de Educación, donde el gobernador estuvo acompañado por el ministro José Goity, la secretaria de Gestión Territorial y el senador Felipe Michlig. Allí se abordaron los pasos a seguir tras el ataque, con especial atención en el regreso a clases y en la reconstrucción del entramado escolar. 

Uno de los ejes centrales fue la implementación de equipos interdisciplinarios que trabajarán dentro de la comunidad educativa para contener a alumnos, docentes y familias. La escena dejó en claro que el desafío no es sólo reabrir las puertas de la escuela, sino hacerlo en condiciones que permitan procesar el trauma colectivo. 

Del encuentro también participaron autoridades educativas, como el delegado regional Maximiliano Rodríguez, directivos del establecimiento y familiares de alumnos heridos, quienes aportaron su mirada sobre una realidad atravesada por el miedo y la incertidumbre. 

La visita de Pullaro, aunque reservada, no está exenta de lectura política. En una provincia donde la seguridad y la convivencia social ocupan el centro del debate público, el caso de San Cristóbal interpela directamente a la gestión. El equilibrio entre el acompañamiento humano y la respuesta institucional aparece hoy como una demanda urgente, la cual el Gobierno de la Provincia supo entender y, por eso, desde el mismo día del hecho se encuentra trabajando en el territorio.  

Mientras tanto, la comunidad intenta recomponerse. Entre el silencio, los gestos y las decisiones que vendrán, San Cristóbal enfrenta el desafío de volver a la normalidad sin olvidar y reconstruirse. 

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