Hace apenas unos días atrás, fue noticia la realización de un operativo de limpieza de terrenos baldíos, récord en la ciudad. Luego de meses donde el abandono de los espacios verdes, calles y veredas resultó un escenario diario y constante para los vecinos, las cuadrillas del municipio salieron a intervenir más de 1.300.000 metros cuadrados de terrenos públicos y privados. Con una inversión aproximada de $ 173.900.000, el municipio comenzó a atender uno de los problemas que vienen siendo postergados e ignorados desde hace meses.
En medio de un contexto de comicios recientes, estas acciones nos hacen pensar en lo beneficioso que sería para la ciudad, poder contar con elecciones más frecuentes. Aparentemente, esa sería la forma para que los vecinos de los barrios, dejen de padecer los terrenos con pastos altos, las veredas mal pintadas, la acumulación de autos abandonados, la falta de atención de árboles secos, entre otros problemas. Estas acciones, aparecen como uno de esos fenómenos predecibles del calendario electoral: pasadas las elecciones, los problemas que venían siendo ignorados durante meses se abordan rápidamente. Lo que no se atendió por convicción, se repara por conveniencia, en un gesto reflejo de lo ocurrido en los comicios.
Aparentemente, no hay gestión más eficiente que la que se activa posterior a las urnas, donde lo que urge es mostrar actividad rápidamente. Como si un operativo pudiera compensar meses de indiferencia; actuando sobre la coyuntura para generar una reacción momentánea en la gente.
Así, la pasada elección nos deja un espejismo de acción del municipio, que busca el efecto inmediato por encima de la continuidad y planificación sostenida de una política de mantenimiento del espacio urbano. Quizás de eso se trate, el poder de los votos.



