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Editorial

Sobrevivir hasta 2023

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Tras la derrota el Gobierno se embarcó en una estrategia de dos fases para sobrevivir hasta 2023. La primera la despliega en la interna y apunta a que la coalición panperonista no se fragmente. Para eso hoy habrá un acto promovido por sindicalistas y piqueteros al que se sumó La Cámpora, brazo ejecutor de la voluntad de la vicepresidente.
Es una movilización para consumo de la dirigencia y de los medios, porque la consigna de que el «peronismo unido jamás será vencido» demostró ser doblemente falaz. En las PASO y en las generales perdieron todos juntos. Pero la gravedad de la situación es tanta que Cristina Kirchner no criticó esta vez a Fernández, ni volteó funcionarios. Cuando lo hizo en septiembre el Presidente sintió el impacto y empezó a deambular «groggy» por el ring. Todavía le dura el mareo.
Conciente de su poder de daño, parece haber optado por esperar y ver cómo se desarrolla la segunda fase de la estrategia de Fernández que consiste en más de la misma retórica ambigua e inconducente de los últimos dos años. Sarasa.
No se sabe si la vice la aprueba o quiere que el Presidente pague el costo del ajuste de una vez. Más bien parece haberle dado un «waiver», una dispensa, como las que suele conceder el FMI a deudores morosos y contumaces, por ejemplo, la Argentina.
Además, no está en condiciones de señalar a nadie porque lo que fracasó fue su invento electoral y si no perdió por paliza en la provincia de Buenos Aires debe agradecérselo al aparato de punteros e intendentes del PJ que funcionó como un reloj.
­La segunda fase de la estrategia de Fernández incluye un ensayo de acuerdo con el FMI en el que pretende enredar a la oposición. La propuesta tiene sus inconvenientes porque la crisis se agravó por su mala praxis, el «diálogo» con el Fondo sigue en el mismo punto de hace dos años y parece difícil encontrar socios para un ajuste de seguro costo político.»
Por eso Fernández habla de voluntad de acuerdo, pero al mismo tiempo promete mandar al Congreso un «programa económico plurianual para el desarrollo sustentable», olvidándose de que su mismo gobierno dijo que no era necesario un programa o que el programa era el presupuesto 2021 o que jamás ajustará al pueblo, cuando cualquier entendimiento con el FMI pasa por lo obvio: generar superávit y dólares para empezar a pagar la deuda, achicar el gasto público y devaluar porque con la actual brecha cambiaria y la pérdida de reservas se corre el riesgo de que se reduzcan al mínimo los dólares necesarios para que la economía funcione.
Esa incongruencia económica es tan evidente como la de la convocatoria a la oposición a la que se le exige patriotismo al mismo tiempo que se la responsabiliza del «enorme daño» que llevó al país a la presente situación. Pero sería ilógico pedir coherencia a una estrategia que empieza por desconocer el resultado electoral, que es refractaria a los hechos y que intenta reanimar a un gobierno prematuramente agotado con un «relato» de política ficción.
editorial@diariocastellanos.net

Editorial

Vivir en otros

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Con frecuencia, nos sentimos obligados desde este espacio a incentivar la donación de órganos. La difusión es clave para apoyar la labor del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai), que impulsa, normatiza, coordina y fiscaliza las actividades de donación y trasplante de órganos, tejidos y células en nuestro país. Los casos de pedidos de órganos no son solo una estadística. Son personas, son familias con desesperación, jaqueadas por una situación que compromete la respuesta de toda la sociedad.
Quien ha saltado hoy a la notoriedad es un niño, Isidro, de apenas tres años, con diagnóstico de miocarditis, quien necesita un corazón para seguir viviendo. Isidro está en emergencia nacional. Requiere un órgano que precisamente se asocia con la bondad y el amor. Isidro necesita que los corazones de todos nosotros puedan latir al ritmo de este dramático pedido de su familia, quebrada por el dolor y la incertidumbre, pero capaz de hacer extensivo su pedido para tantos otros niños que también aguardan en lista de espera.
La ex arquera de las Leonas, Laura Aladro, mamá de Isidro, insta a que podamos pensar en la lista de chicos que esperan órganos para vivir. Desde las redes, @uncorazonparaisi, con el apoyo de destacadas personalidades que se hacen eco, buscan llegar a más y más gente con su mensaje y nos recuerdan que donar los órganos de una persona fallecida puede salvar hasta siete vidas. Los órganos no van al cielo, repiten, con una mirada amorosa, pero también cruda y realista.
El Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai) informó sobre los trasplantes realizados durante el año 2021, y reportó que 1.543 pacientes recibieron una ablación de donantes fallecidos y 246 de donantes vivos, un 40% más que en 2020, y que, además, se realizaron 1.392 trasplantes de córneas, que, junto con el de órganos, arroja un total de 3.181 operaciones.
Además, a través de un comunicado informaron que, también en 2021, se realizaron 1.164 trasplantes renales, 418 hepáticos, 107 cardíacos, 36 renopancreáticos, 35 pulmonares, 16 hepatorrenales, 5 cardiorrenales, 3 pancreáticos, 2 hepatointestinales, 2 cardiopulmonares y 1 intestinal y 1.392 trasplantes de córneas. Del total de trasplantes, 203 fueron pediátricos (menores de 18 años). Los trasplantes fueron posibles gracias a 1.004 procesos de donación, 629 de órganos y 375 de córneas, realizados en todo el territorio nacional: Buenos Aires (302), Misiones (98), Mendoza (96), Santa Fe (88), Córdoba (75), Ciudad Autónoma de Buenos Aires (68), Corrientes (53), Entre Ríos (41), Tucumán (39), Neuquén (23), Jujuy (23), Santiago del Estero (20), Salta (18), Río Negro (16), San Juan (8), Tierra del Fuego (7), Chaco (6), La Rioja (5), Formosa (5), Chubut (4), La Pampa (4), San Luis (2), Catamarca (2) y Santa Cruz (1).
Hoy, 7.087 personas necesitan un órgano para salvar sus vidas y cada año se realizan apenas 1.500 trasplantes. Gracias a la denominada «ley Justina», todos los mayores de 18 años somos donantes si no expresamos lo contrario, pero en menores de edad la decisión depende exclusivamente de los padres. Es tiempo de concientizar. Que sean los familiares, los amigos, los médicos, los que acompañen estos tan difíciles transes quienes asuman la generosa responsabilidad de interponer una palabra, un gesto que facilite que algo de aquellos ángeles pueda vivir en otros.
editorial@diariocastellanos.net

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Editorial

Prendamos velas y recemos

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La semana anterior se vivió una de las olas de calor más severas en el país que batió todo tipo de récords, esta semana llegaron las lluvias pero no logran aún sofocar suficientemente los caldeados espíritus. El país exuda desde el asfalto recalentado un insoportable sopor que agobia a quienes sin más remedio deben moverse por el distrito. La falta de precipitaciones, la bajante de los ríos y los incendios en pastizales en distintos puntos del país, también complican el tórrido escenario y activan el desesperado trabajo de los comités de emergencia.
Por marcar las cifras que se conocen desde Buenos Aires, el primer corte masivo del año que afectó a más de 700.000 usuarios por varias horas -incluso días para muchos- inauguró la temporada el pasado martes. Varios le siguieron, intermitentes o prolongados, al compás de una demanda récord. En Buenos Aires, privilegiada metrópoli con servicios subsidiados, nadie quiere pagar por la luz lo que la luz vale, pero todos se sienten con derecho a reclamarla. Los especialistas confirman que hacia el final de la era Macri, luego de aquel resistido ajuste tarifario, los porteños pagaban alrededor del 80% del valor real del servicio. Dados el tiempo transcurrido y la inflación rampante, actualmente se estima que lo abonado por el servicio apenas cubriría el 20% de su costo.
No está de más recordar que lo que el habitante de la ciudad de Buenos Aires ahorra a la hora de pagar la factura de luz es aquello que no se destinará a las necesarias inversiones y al mantenimiento de una red con muchos metros de cable de más de 85 años de antigüedad. Tampoco debe olvidar que lo que pagan sus conciudadanos de cualquier otro punto del interior del país supera, en mucho, las irrisorias tarifas del AMBA. Los ajustes tarifarios se pagan en pesos y en costos políticos. Mientras, las proveedoras de energía optan por costear las multas por ser menos oneroso que realizar las inversiones.
Hasta allí hablamos de los privilegiados de la provincia de Buenos Aires, que parecería que pertenecieran a otro país. Santa Fe paga el doble, por la luz, por el combustible, y hasta por los propios productos que en nuestra región se fabrican. Aún pagando el doble, nos dejan sin luz largas horas, se queman los electrodomésticos, y solo poder remitirte a completar una planilla y esperar que la EPE quiera reconocer el daño.
Pasar revista a los barrios afectados o detenernos en la enorme lista de perjuicios de todo tipo que los cortes de suministro acarrean sería reiterativo. Sí podemos señalar que la delicada crisis económica y sanitaria que atravesamos agrava seriamente la situación y que contribuye a azuzar el creciente malestar y la incomodidad ciudadana.
«Ya no sé qué más nos va a pasar en la Argentina», fue el «sesudo» comentario del Presidente en referencia a la ola de calor propia de la temporada estival. Aplicando la misma lógica que conduce a aumentar los impuestos para cubrir los gastos, en lugar de bajar estos últimos, el Gobierno pide la colaboración de la población para reducir el consumo energético. En ese contexto, explicó que el reclamo de moderar el consumo que realizó a las industrias, lo cual obliga a «parar un poquito la producción», persigue «que los hogares no sufran cortes».
No conformes con la medida para pretender adaptar una sábana -a todas luces- corta, el Gobierno mandó a su casa a todos los agentes de la administración pública nacional en estos días de temperaturas pico para que los organismos que los albergan en sus jornadas laborales puedan reducir el consumo. Otro desafío a la sensatez de quienes entendemos que diez personas en un recinto consumirán menos luz y menos aire acondicionado que esas mismas diez personas teletrabajando cada una en su hogar. No es esta la primera vez que se autoriza un asueto de estas características para ahorrar luz: en 1989 se apelaba al mismo recurso, con cortes programados de cuatro horas diarias. Cualquier excusa es válida para relajar las exigencias sobre quienes tienen garantizados sus sueldos gracias al esfuerzo ciudadano.
Afortunadamente, puede también reconocer el Presidente que los problemas con el suministro energético no están resueltos. Sin embargo, desde estas columnas estamos en condiciones de anticipar que la ola de calor pasará, que el verano quedará atrás, una vez más, y que los cortes masivos, si Dios quiere, serán un mal recuerdo desactivado solo hasta la próxima temporada estival. Alternaremos con los problemas y costos del suministro de gas en invierno.
Así vivimos, atacando los problemas con parches en la emergencia y dejándolos recurrentemente engordar en tiempos de calma. Mientras tanto, prendamos velas y recemos.
editorial@diariocastellanos.net

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Editorial

La agenda que desplazó al FMI

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En 1906 Frente al Arco del Triunfo Julio Roca le dio una clase de estrategia política a Leopoldo Lugones al que se había encontrado caminando por París. «Es una necesidad -le comentó- querer gobernar los acontecimientos. En política nunca se sabe lo que va a suceder. Yo he gobernado con los acontecimientos y creo que en esto consiste la habilidad del político».
Según esta visión pragmática del arte de gobernar, hay políticos que quieren transformar la realidad y que en la mayoría de los casos fracasan. En cambio, hay otros que se adaptan y la reconducen con mayor probabilidad de éxito. La generación del 80 en general y Roca en particular son prueba de esto último.
Alberto Fernández es un caso rarísimo de presidente que no entra en ninguna de las dos categorías. No intentó transformar y tampoco reconducir la realidad con la que se encontró.
Fue puesto en el cargo por Cristina Kirchner para que hiciera el ajuste macroeconómico que ella y Mauricio Macri habían eludido y supuso que disponía de la astucia suficiente para eludirlo él también. Ignoró o pretendió ignorar que el modelo populista lo exige de manera periódica y que no puede ser evitado.
En los 90 la cumplió Menem, en 2001, Duhalde, y en 2019 le tocaba a él, pero imaginó que podría transferírsela a su sucesor. De manera incomprensible dio por cierto el relato «K» de que el «modelo» de subsidios infinitos, déficit crónico y emisión descontrolada puede durar para siempre. No quiso pagar el costo del trabajo que se le había asignado y terminó paralizado, a la defensiva y a las puertas de una crisis de proyecciones alarmantes.
Esa es la explicación más general de por qué comenzó su tercer año de mandato con reveses cotidianos. Con el colapso del servicio eléctrico en el núcleo electoral del país, con la inflación en el 50% anual y expectativas de 60% para el año en curso, con un rebrote de Covid al que sólo atinó a responder mandando a los empleados públicos a sus casas, y con el embajador argentino en Managua confraternizando con el iraní acusado de ser el autor intelectual de la voladura de la AMIA.
Este último traspié no es atribuible, sin embargo, a ninguna herencia ni a ninguna estrategia de hacerse el distraído. Es producto de una disparatada política exterior con la que cree satisfacer las extravagancias ideológicas de su mandante.
Lo único «positivo» que derivó de tantos errores y dislates fue el desplazamiento de la agenda del problema más acuciante: la negociación por los vencimientos con el FMI que sigue en el mismo callejón sin salida de hace dos años (ver VISTO Y OÍDO).
El resultado de los parches y el vamos viendo quedó a la vista: los problemas no resueltos se agravaron y el colapso parece más cerca. Coquetea con el «default» y la inflación adquirió una dinámica que se ríe de los precios máximos, los cepos a las exportaciones y las tablitas cambiarias.
Mientras se aferre a la ya agotada receta de sus mentores, Néstor y Cristina, sólo le quedará admitir como hizo el miércoles con tono de pesadumbre: «Yo no sé que más nos va a pasar en la Argentina». Lo dijo como un espectador inocente de toda gestión. Fue el equivalente del «estamos en manos de Dios» de Duhalde. Una confesión de impotencia y fracaso.
Sería sin embargo erróneo suponer que su única estrategia consiste en victimizarse. También intenta involucrar a la oposición, apelando a la colaboración de dirigentes como el radical Gerardo Morales. Insólitamente les pide respaldo para presentar un frente unido ante el FMI, mientras el kirchnerismo socava cualquier posible acuerdo. En ese plano Axel Kicillof le dijo claro el miércoles pasado que «no se puede aceptar el ajuste».
Esa es la otra gran consecuencia de la «no gestión». Perdió las elecciones y su aislamiento se acelera cuando faltan todavía dos años para el fin de su mandato.
Cristina Kirchner se mantiene a distancia y un peronismo balcanizado y sin conducción lo descartó como alternativa. Hay encuestas que ya muestran que su imagen negativa supera a la de la vicepresidente lo que ha vuelto nula su utilidad electoral.
En este marco complejo, sólo cuenta con dos circunstancias favorables: la pasividad o complicidad de las corporaciones -sindicatos, empresarios, Iglesia, medios- y una oposición en estado deliberativo. En Juntos por el Cambio cuenta con el apoyo explícito de Morales y el tácito de Horacio Rodríguez Larreta que tomó distancia del presidente, pero menor a la que tomó Cristina Kirchner. El sector confrontativo de Macri y Patricia Bullrich es de todos modos mayoritario.
Este es el escenario en que las expectativas de poder se van modelando al ritmo de una crisis de pronóstico de incertidumbre creciente.
editorial@diariocastellanos.net

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