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Culto Católico

Retos y esperanzas del itinerario pastoral en el continente

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En su mensaje final, la Asamblea Eclesial de la Iglesia en América Latina y el Caribe destacó que la sinodalidad «no es una moda pasajera», pertenece a «la esencia de la Iglesia».

Después de una semana de trabajo, la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe dio a conocer su Mensaje Final con una lista de doce puntos con los principales desafíos que enfrenta la Iglesia del continente.
El documento fue elaborado por dos grupos, el primero sintetizó y redactó las propuestas de los participantes y el segundo enfocó su análisis con mayor discernimiento.
Los participantes destacaron el deseo de reavivar el espíritu de Aparecida y en el horizonte del Jubileo Guadalupano en 2031 y el Jubileo de la Redención en el 2033.
La Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe se realizó del 21 al 28 de noviembre en la sede de la Conferencia del Episcopado Mexicano conocida como «Casa Lago» en Cuautitlán Izcalli, a unos 30 kilómetros al norte de Ciudad de México.
Monseñor Miguel Cabrejos, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), leyó el mensaje que comienza confesando que es «Jesucristo Resucitado quien nos ha convocado una vez más» para así «comunicar por desborde de alegría el gozo del encuentro con Él, para que todos tengamos en Él vida plena», como nos dice Aparecida.
Sintiendo la compañía de Jesús en «la tarea emprendida de repensar y relanzar la misión evangelizadora», el mensaje reconoce la necesidad de «un camino de conversión decididamente misionero», que tiene como presupuesto la necesidad «de mayor responsabilidad pastoral».

Una verdadera experiencia de sinodalidad

La Asamblea ha sido vivida, recoge el escrito, como «una verdadera experiencia de sinodalidad, en la escucha mutua y en el discernimiento comunitario de lo que el Espíritu quiere decir a su Iglesia». Desde la «poliédrica diversidad», los participantes de la Asamblea se han «vuelto hacia las realidades que vive el continente, en sus dolores y esperanzas».
El texto destaca la urgencia de «la promoción de la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural» y constata y denuncia dolores «de los más pobres y vulnerables que sufren el flagelo de la miseria y las injusticias»; también «el grito de la destrucción de la casa común» y la «’cultura del descarte’ que afecta sobre todo a las mujeres, los migrantes y refugiados, los ancianos, los pueblos originarios y afrodescendientes». 
A la Asamblea le duele «el impacto y las consecuencias de la pandemia que incrementa más las desigualdades sociales, comprometiendo incluso la seguridad alimentaria de gran parte de nuestra población».

Pecados y esperanzas

También duelen los pecados intraeclesiales, como «el clericalismo y el autoritarismo en las relaciones, que lleva a la exclusión de los laicos, de manera especial a las mujeres en las instancias de discernimiento y toma de decisiones sobre la misión de la Iglesia, constituyendo un gran obstáculo para la sinodalidad». Junto con ello, se muestra la preocupación ante «la falta de profetismo y la solidaridad efectiva con los más pobres y vulnerables».
Pero también hay esperanzas, nacidas de «la presencia de los signos del Reino de Dios, que llevan por caminos nuevos a la escucha y al discernimiento». 
El mensaje muestra el camino sinodal como «un significativo espacio de encuentro y apertura para la transformación de estructuras eclesiales y sociales que permitan renovar el impulso misionero y la cercanía con los más pobres y excluidos». 
También es motivo de esperanza la Vida Religiosa, «mujeres y hombres que viviendo contracorriente dan testimonio de la buena nueva del Evangelio», y la piedad popular.

Tiempo de kairós

Vivida como «un Kairós, un tiempo propicio para la escucha y el discernimiento» que conecta con el Magisterio e «impulsa a abrir nuevos caminos misioneros hacia las periferias geográficas y existenciales y lugares propios de una Iglesia en salida».
Desde ahí se pregunta por los desafíos y orientaciones pastorales a ser asumidos, diciendo que «la voz del Espíritu ha resonado en medio del diálogo y el discernimiento», llamando a una mayor encarnación, acompañamiento y promoción de los jóvenes, atención a las víctimas de los abusos, participación activa de las mujeres en los ministerios y en los espacios de discernimiento y decisión eclesial.

Formar en sinodalidad

También la promoción de la vida en su totalidad, formar en sinodalidad para erradicar el clericalismo, participación laical en espacios de transformación, escuchar y acompañar el clamor de los pobres, excluidos y descartados. Se ha señalado la necesidad de nuevos programas de formación en los seminarios, de dar valor a los pueblos originarios, de la inculturación e interculturalidad, abordar temas sociales y formar en sinodalidad.
En la larga lista de elementos a tener en cuenta, no es fácil resumir las aportaciones de tanta gente, se recordó la importancia de la experiencia de Pueblo de Dios, de vivir los sueños de Querida Amazonía, de acompañar a los pueblos originarios y afrodescendientes en la defensa de la vida, tierra y sus culturas.
La sinodalidad es el camino, algo que pertenece a la esencia de la Iglesia, por lo que se insiste en que «no es una moda pasajera o un lema vacío». Es algo que ha hecho aprender a caminar juntos, involucrando a todos.
Ahora se trata de llevarlo a las comunidades, a las bases, por lo que se muestra el compromiso a seguir el camino, aprendiendo y creando, en un itinerario pastoral que busca la conversión misionera y sinodal. Podemos decir que la ruta está marcada, ahora queda la valentía para enfrentarla, sin olvidar algo que es innegociable: tiene que ser juntos.

Culto Católico

«Imitar a Brochero para ser una Iglesia libre de halagos y miedos»

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Una gran fiesta, con 3.700 asistentes, vivió la diócesis de Cruz del Eje al conmemorar el 26 de enero al Santo Cura Brochero, en un nuevo aniversario de su pascua.

Con una misa presidida por el obispo de Cruz del Eje, monseñor Ricardo Araya, y un musical dedicado al Santo Cura Brochero, la diócesis conmemoró un nuevo aniversario del fallecimiento del «Cura Gaucho».
La Eucaristía tuvo lugar en el atrio del Santuario de Nuestra Señora del Tránsito y Santo Cura Brochero, y estuvo concelebrada por el obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, el obispo emérito del Alto Valle de Río Negro, monseñor Marcelo Cuenca Revuelta, y más de 50 sacerdotes provenientes de distintas diócesis del país, entre ellas las arquidiócesis de Bahía Blanca, Córdoba, Mercedes-Luján, Santa Fe de la Vera Cruz, y las diócesis de Villa María, Villa de la Concepción del Río Cuarto, Morón, San Isidro, Azul, Rafaela, Gualeguaychú, y de la comunidad Orionita.
En su homilía, monseñor Araya destacó que Brochero «indicó con su vida que es preciso entrar en el Evangelio», y recordó: «¿Hacía falta un camino? Brochero iba. ¿Hacía falta una escuela? Brochero iba. Iba con su mula, golpeando puertas, dando el ejemplo. No buscaba que le devuelvan, no buscaba escalar en el poder, no buscaba dinero para él, no andaba persiguiendo fama. Buscaba el bien de su pueblo ¿Y quién le iba a negar ayuda?».
«Iba con el Evangelio, encarnando el Evangelio en la cultura criolla serrana de una periferia de Córdoba, olvidada e incomunicada», valoró.
«Va con el Evangelio, lo lee, hace silencio y lo medita y habla del Evangelio. Se deja iluminar con el Evangelio e ilumina la vida de otros. Va con el Evangelio, simbolizado en el crucifijo que lleva en el pecho y que toma en mano y lo muestra en los momentos más desafiantes del camino», agregó.
«El Evangelio es Jesús que salva, que perdona, que alienta, que da vida, que llama, que invita, que envía, que se acerca, que abraza, que señala el camino, que va en busca de todos y sobre todo del más pecador, del más pobre y del más sufrido», afirmó el obispo. «Y el Evangelio lo libra de andar buscando que halaguen su vanidad, que lo aplaudan y lo condicionen».
Monseñor Araya destacó la fortaleza de Brochero, sostenida por la providencia de Dios, por la Virgen y San José. «Se percibía en la vida como un soldado en medio del combate. Sabía discernir y seguir la bandera de Cristo y apartarse de la bandera del diablo», dijo, según expresión de San Ignacio de Loyola.
«Venció en el combate porque no se dejó seducir por los halagos, ni atemorizar por las dificultades», sostuvo, porque «sólo le interesaba la mayor gloria de Dios», a decir de un testigo cercano.
Finalmente, el obispo pidió, a imagen de Brochero, «llegar a ser Iglesia libre de los halagos y los miedos. Que no seamos Iglesia vanidosa, ni temerosa; que con la libertad de los hijos de Dios hagamos el camino de una vida más fraterna. Iglesia que no se deja seducir por los halagos, ni paralizar por las críticas, vengan de donde vengan».
Y dirigiéndose tanto a sacerdotes, como a obispos y a todos los bautizados, llamó a ser «libres del halago y libres de temores», a ser «Iglesia que libre de los aplausos y los ‘me gusta’, rece y trabaje por una sociedad fraterna, recibiendo las diferencias con la alegría de ser hermanos, con el gusto espiritual de ser pueblo».
A los festejos asistieron 3.700 personas, entre ellas los intendentes de Mina Clavero, Villa Cura Brochero y jefes comunales de pueblos vecinos. Quienes no pudieron asistir, tuvieron la posibilidad de seguir la transmisión por Facebook y YouTube de Canal Brochero.
Luego de la misa, se desarrolló en la plaza un musical dedicado a Brochero, obra que se presenta todos los miércoles en el parque temático, de manera gratuita, con la coordinación del parque y la agencia Córdoba Turismo.

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Culto Católico

«Que los padres imiten a San José: rezar, trabajar y amar»

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Durante la audiencia general de este miércoles 26 de enero, el Papa puso como ejemplo a San José para todos los padres y madres que enfrentan situaciones difíciles con sus hijos.

«Pienso en este momento en muchas personas que están aplastadas por el peso de la vida y ya no logran ni esperar ni rezar», dijo el Papa Francisco este miércoles 26 de enero de 2021 durante la tradicional audiencia general en el aula Pablo VI del Vaticano, continuando con su ciclo de catequesis sobre San José. En esta ocasión reflexionó sobre la figura de San José como hombre que sueña.
«Que San José pueda ayudarlos a abrirse al diálogo con Dios, para reencontrar luz, fuerza y ayuda», expresó el pontífice.
«En la vida todos nosotros experimentamos peligros que amenazan nuestra existencia o la de los que amamos. En estas situaciones, rezar quiere decir escuchar la voz que puede hacer nacer en nosotros la misma valentía de José, para afrontar las dificultades sin sucumbir», indicó el Santo Padre.
En esta línea, el Papa reconoció que «también el miedo forma parte de la vida y también este necesita de nuestra oración» y añadió que «Dios no nos promete que nunca tendremos miedo, sino que, con su ayuda, este no será el criterio de nuestras decisiones».
«José siente el miedo, pero Dios lo guía también a través de él. El poder de la oración hace entrar la luz en las situaciones de oscuridad», señaló.
Al dedicar su catequesis a la «figura del San José como hombre que sueña», Francisco recordó que «en la Biblia, como en las culturas de los pueblos antiguos, los sueños eran considerados un medio a través del cual Dios se revelaba». «El sueño simboliza la vida espiritual de cada uno de nosotros, ese espacio interior, que cada uno está llamado a cultivar y custodiar, donde Dios se manifiesta y a menudo nos habla».
Sin embargo, el Santo Padre advirtió que «dentro de cada uno de nosotros no está solo la voz de Dios», sino que hay muchas otras voces, como por ejemplo, «las voces de nuestros miedos, de las experiencias pasadas, las voces de las esperanzas; y está también la voz del maligno que quiere engañarnos y confundirnos».
Por ello, el Papa destacó la importancia de «lograr reconocer la voz de Dios en medio de las otras voces» y subrayó el testimonio de San José que «demuestra que sabe cultivar el silencio necesario y, sobre todo, tomar las decisiones justas delante de la Palabra que el Señor le dirige interiormente».
En este sentido, el Santo Padre reflexionó sobre los cuatro sueños de San José narrados en el Evangelio que ayudan a «entender cómo situarnos ante la revelación de Dios».
«Muchas veces la vida nos pone delante de situaciones que no comprendemos y parece que no tienen solución. Rezar, en esos momentos, significa dejar que el Señor nos indique cuál es la cosa justa para hacer. De hecho, muy a menudo es la oración la que hace nacer en nosotros la intuición de la salida, cómo resolver esa situación», afirmó.
Luego, el Papa explicó que «el Señor nunca permite un problema sin darnos también la ayuda necesaria para afrontarlo» y agregó improvisando que Dios «no nos arroja allí en el horno solos, no nos arroja entre las bestias. No. Cuando el Señor nos deja ver un problema nos da siempre la intuición, la ayuda, su presencia para salir, para resolverlo».
«Pienso en este momento en muchas personas que están aplastadas por el peso de la vida y ya no logran ni esperar ni rezar. Que San José pueda ayudarles a abrirse al diálogo con Dios, para reencontrar luz, fuerza y paz», y recordó también a los padres que padecen por los sufrimientos de los hijos.
El Papa también improvisó algunas palabras dirigidas a los padres con hijos enfermos, incluso que padecen daños permanentes. «¡Cuánto dolor ahí!», expresó.
Sucesivamente, reflexionó sobre diversas situaciones: «Padres que ven en los hijos orientaciones sexuales diversas. ¿Cómo enfrentar esto? Acompañar a los hijos y no esconderse en una actitud condenatoria», expresó mirando a los fieles y peregrinos presentes.
«Padres que ven partir a sus hijos debido a una enfermedad. Es más triste, lo vemos todos los días en el periódico, jóvenes que hacen locuras, y terminan en un accidente en auto. Los padres que ven a los hijos que no estudian».
«Pensemos a los tantos problemas de los padres, pensemos en cómo ayudarles. A estos padres, les digo no se asusten. Piensen en cómo San José ha solucionado los problemas». En definitiva, el Papa insistió a «jamás condenar a un hijo».
Antes de concluir su catequesis en italiano, el Santo Padre subrayó que San José «rezaba, trabajaba y amaba» y, para esto, «recibió siempre lo necesario para afrontar las pruebas de la vida» por lo que alentó a encomendarnos a él y su intercesión con esta oración: «San José, tú eres el hombre que sueña, enséñanos a recuperar la vida espiritual como el lugar interior en el que Dios se manifiesta y nos salva. Quita de nosotros el pensamiento de que rezar es inútil; ayuda a cada uno de nosotros a corresponder a lo que el Señor nos indica. Que nuestros razonamientos estén irradiados por la luz del Espíritu, nuestro corazón alentado por Su fuerza y nuestros miedos salvados por Su misericordia. Amén».

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Culto Católico

Clausuran la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

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«La unidad plena también para nosotros, en la misma casa, sólo puede venir a través de la adoración del Señor», aseveró el Papa Francisco en la tarde de este martes 25 de enero, solemnidad de la conversión de san Pablo, al presidir la clausura de la 55ª Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, en la basílica romana de San Pablo Extramuros.
«La etapa decisiva del camino hacia la plena comunión requiere una oración más intensa, la adoración de Dios».
En su homilía, Francisco comparó el camino de los Reyes Magos con el del diálogo ecuménico. Y exhortó a seguir la luz del Evangelio para acoger «el deseo vivo de Jesús, que sólo requiere una cosa».
El Papa explicó que la peregrinación de los Reyes Magos y el camino del ecumenismo son caminos separados por más de dos milenios de historia, pero están orientados por la misma estrella: la luz de Jesús.
Ante la presencia del metropolita Polykarpos, representante del Patriarcado Ecuménico, Ian Ernest, representante personal del arzobispo de Canterbury en Roma y representantes de las demás comunidades cristianas el Santo Padre recordó que el viaje de los Reyes Magos comienza en Oriente porque «desde allí ven aparecer la estrella». Luego pasa por Jerusalén, donde experimentan «la resistencia de las fuerzas oscuras del mundo», y termina en Belén: «Allí se postran y adoran al Niño».

Nosotros también seguimos la estrella de Jesús

Queridos hermanos y hermanas, ¡sigamos también nosotros la estrella de Jesús! No nos dejemos distraer por el resplandor del mundo, estrellas brillantes, pero estrellas fugaces. No seguimos las modas del momento, meteoros que se van; no persigamos la tentación de brillar con luz propia, es decir, de cerrarnos en nuestro grupo y preservarnos. Que nuestra mirada esté fija en Cristo, en el Cielo, en la estrella de Jesús, sigámoslo a él, a su Evangelio, a su invitación a la unidad, sin preocuparnos de lo largo y fatigoso que será el camino para llegar a ella plenamente. No olvidemos que, mirando a la luz, la Iglesia, nuestra Iglesia, en el camino de la unidad, sigue siendo el «mysterium lunae». Deseamos y caminamos juntos, apoyándonos unos a otros, como lo hicieron los Reyes Magos.
El pontífice destacó que «la tradición representa a los Reyes Magos a menudo con ropas abigarradas, para representar diferentes poblaciones».
En ellos podemos ver reflejada nuestra diversidad, las diversas tradiciones y experiencias cristianas, pero también nuestra unidad, que surge del mismo deseo: mirar al Cielo y caminar juntos por la tierra. Andar. Oriente también nos hace pensar en los cristianos que viven en diversas regiones asoladas por la guerra y la violencia. 
Esos hermanos y hermanas nuestros tienen muchos desafíos difíciles que afrontar, pero con su testimonio nos dan esperanza: nos recuerdan que la estrella de Cristo brilla en las tinieblas y no se pone; que el Señor desde lo alto acompañe y aliente nuestros pasos. A su alrededor, en el Cielo, resplandecen juntos muchos mártires, sin distinción de confesión: ¡nos muestran en la tierra un camino preciso, el de la unidad!

El disturbio de Jerusalén

Después de dejar Oriente, los Magos llevan en el corazón «el deseo de Dios» y llegan a Jerusalén diciendo: «Vimos salir su estrella y vinimos a adorarlo». «Al oír esto –dice el Evangelio– se turbó el rey Herodes y con él toda Jerusalén». 
«En la ciudad santa – explicó- los Reyes Magos experimentan la resistencia de las fuerzas oscuras del mundo». «No sólo está Herodes que se siente amenazado por la novedad de una realeza distinta a la corrompida por el poder mundano, está toda Jerusalén que está turbada por el anuncio de los Reyes Magos».
Incluso en nuestro camino hacia la unidad, puede suceder que nos detengamos por la misma razón que paralizó a aquellas personas: perturbación, miedo. Es el miedo a la novedad lo que hace temblar los hábitos y las certezas adquiridas; es el miedo a que el otro desestabilice mis tradiciones y mis esquemas consolidados. Pero, en su raíz, es el miedo que habita en el corazón del hombre, del que el Señor Resucitado quiere librarnos. 
Dejemos resonar en nuestro camino de comunión su exhortación pascual: «No tengan miedo». El Señor quiere que confiemos unos en otros y caminemos juntos, a pesar de nuestras debilidades y pecados, a pesar de los errores del pasado y las heridas mutuas.
«Hermanos y hermanas, exhortó el Papa, la unidad plena también para nosotros, en la misma casa, sólo puede venir a través de la adoración al Señor. Queridas hermanas y queridos hermanos, la etapa decisiva del camino hacia la plena comunión requiere una oración más intensa, requiere adoración, requiere adoración a Dios».

En el centro sólo el Señor

Los Reyes Magos nos recuerdan que para adorar «primero hay que postrarse». «Este es el camino», afirmó el Santo Padre, subrayando que hay que «dejar de lado las propias exigencias para dejar sólo al Señor en el centro».
¡Cuántas veces el orgullo ha sido el verdadero obstáculo para la comunión! Los Magos tuvieron el valor de dejar en casa el prestigio y la reputación, para rebajarse a la pobre casita de Belén; así descubrieron «una alegría muy grande». «Esta noche pidamos a Dios este coraje, el coraje de la humildad, el único camino para llegar a adorar a Dios en la misma casa, alrededor del mismo altar».

Regalos para compartir

En Belén, después de postrarse en adoración, los Reyes Magos abren sus cofres con oro, incienso y mirra en su interior. «Esto nos recuerda que, sólo después de haber rezado juntos, sólo ante Dios, en su luz -afirma finalmente el Papa- nos damos cuenta realmente de los tesoros que cada uno posee». «Pero son tesoros que son de todos, que hay que ofrecer y compartir. Son en realidad dones que el Espíritu destina al bien común».
Los regalos de los Reyes Magos simbolizan lo que el Señor desea recibir de nosotros. El oro, el elemento más preciado, hay que darle a Dios, porque Dios está en primer lugar. Es a él a quien debemos mirar, no a nosotros; a su voluntad, no a la nuestra; a sus caminos, no a los nuestros. 
Y luego está el incienso, para recordar la importancia de la oración, que se eleva a Dios como perfume aceptable. No nos cansemos de orar unos por otros y unos por otros. 
Finalmente, la mirra, que será utilizada para honrar el cuerpo de Jesús bajado de la cruz, nos remite al cuidado de la carne sufriente del Señor, desgarrada en los miembros de los pobres. ¡Sirvamos a los necesitados, sirvamos a Jesús que sufre junto a ellos!
El camino hacia la unidad plena, como el de los Reyes Magos, debe seguir la estrella de Jesús y pasar por los caminos «de la humildad, de la fraternidad, de la adoración».
«Danos, Señor – concluyó el Papa – la valentía de cambiar de rumbo, de convertirnos, de seguir tu voluntad y no nuestras oportunidades; para ir juntos hacia adelante, hacia Ti, que con tu Espíritu nos quieres hacer uno».

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