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Enfoques

¿Quién se hará cargo de las consecuencias

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Por Rogelio Alaniz. Se llama Hugo Carvajal, pero los amigos y los enemigos lo conocen como «Pollo». Venezolano y chavista de la primera hora. Especialidad: inteligencia, contrainteligencia y suciedades afines. Temas: guerrilla, narcotráfico y corrupción a granel. Lo que se dice una joyita. De esas diademas que enternecen hasta las lágrimas a nuestros populistas criollos. Al señor Pollo le gustan los autos de alta gama, vive en pisos de lujo, a sus amantes les obsequia joyas y departamentos y se traslada en aviones privados. Un populista clásico del siglo XXI. Con su relato enternecedor a favor de los humildes y los explotados y su vida real digna de un jeque árabe o un playboy caribeño estilo Porfirio Rubirosa. En estos días el hombre ha adquirido singular notoriedad porque apremiado por las circunstancias e indiferente a cualquier comportamiento heroico, se decidió a hablar con la elocuencia y el entusiasmo de a quienes luego hay que pegarles para que se callen. El Pollo canta. Y en sus improvisadas estrofas adquieren un protagonismo central las relaciones carnales con Néstor y Cristina. De esa película nosotros conocimos apenas unos fotogramas o «la cola». El episodio lo interpretaron dos señores. Uno se llama Antonini Wilson; el otro Claudio Uberti. De Antonini perdimos la pista, pero seguro que andará, como corresponde a todo exponente de la boliburguesía venezolana, por Miami o por alguno de esos países tropicales pregonando las bondades del socialismo chavista. De Uberti sabemos que, como el Pollo, se decidió a hablar en un país como el nuestro, donde se pueden realizar las confesiones más escabrosas con la seguridad de que la justicia hará poco y nada y los seguidores de los imputados atribuirán esas confesiones a maniobras solapadas de Macri y Magnetto. Este culebrón recién empieza. Por ahora sabemos que el viaje de Antonini con su correspondiente maletín cargado de dólares era el número veinte. Y que la suma transferida del compañero Chávez a los compañeros Néstor y Cristina sumaban alrededor de 20 millones de dólares. Así da gusto ser nacional y popular.
El embajador argentino en Chile, señor Rafael Bielsa, muy preocupado por el destino presidiario de Jones Huala, condenado a nueve años de cárcel por los tribunales chilenos. Convengamos que Bielsa administra muy bien su destino político. La escritura de un libro acerca de los estragos del Lawfare le permitió ganar una embajada; una firma reivindicando la trayectoria de Montoneros es posible que le haya permitido levantar o por lo menos suavizar la imputación de colaborador de la dictadura militar realizada por sus queridos compañeros. Jones Huala no es Toro Sentado, Gerónimo y mucho menos Tupac Amarú. Para ello le falta coraje, épica y causa. Es un lumpen, un oportunista y, entre otras curiosidades, a mí me gustaría preguntarle acerca de sus relaciones con Cristóbal López, porque bueno es saberlo, más allá de la retórica indigenista, los jefes kirchneristas en materia de negocios nunca dan puntada sin hilo. Al respecto, el destino de los mapuches presumo que a los tiburones K no les hace perder el sueño, pero sabemos que su debilidad, lo que los excita y erotiza hasta el borde del orgasmo, son los negocios inmobiliarios. De todos modos, no deja de ser entre asombroso y patético que un embajador argentino se interese por el destino de Jones Huala, mientras que nuestro representante en la OEA se lava las manos acerca del destino de los presos políticos de la dictadura presidida por Daniel Ortega y su amantísima esposa, Rosario Murillo. Asombroso. El gobierno argentino promueve un conflicto diplomático con un país vecino para proteger a un lumpen condenado por tribunales constitucionales, mientras calla la boca y mira para otro lado en Nicaragua.
Mientras tanto en el sur, el malón mapuche quema hoteles y ocupa tierras. La Gobernadora de Río Negro solicita la ayuda del Gobierno Nacional y los dos Fernández, Aníbal y Alberto, compiten entre ellos para elaborar argumentos acerca de la incompetencia en la materia. «No es nuestra tarea», dicen ambos sin disimular su regocijo. Con su torpeza habitual de barrabrava, el Morsa nos recuerda la tragedia de Santiago Maldonado. La persona de quien alrededor de cincuenta peritos probaron que no fue víctima de la represión. El Presidente de la Nación, por su parte, le envía a la gobernadora Arabela Carreras una cartita en la que, para asombro de estilistas y copistas, se las ingenia para cometer más de diez errores de puntuación en un texto de no más de cuatro renglones. Comas criminales, dicen los que saben. ¿Cómo lograrlo? Muy sencillo: no mande a los chicos a la escuela y condene la meritocracia. Alberto lo hizo. Y además, como frutilla privilegiada del postre, en esa suma de galimatías, pleonasmos, barbarismos y cacofonías, graba para la historia una frase memorable, un proverbio digno de ser estampado en el bronce: «No es función del Gobierno Nacional brindar seguridad en la Nación». Cáspita y recórcholis. Como diría con lenguaje más prosaico mi tío Colacho: «¿Entonces para qué mierda están?». Buena pregunta, aunque sospecho que no será respondida. También sospecho que el señor Presidente ha olvidado o tal vez no ha leído el Preámbulo de la Constitución Nacional, el mismo que en memorables jornadas cívicas recitaba Alfonsín en la campaña electoral de 1983: «Nos, los representantes del pueblo de la Nación Argentina, reunidos en Congreso General Constituyente por voluntad y elección de las provincias que la componen, en cumplimiento de pactos preexistentes, con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino: invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia: ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitución, para la Nación Argentina». Dos frases reitero y destaco: «Consolidar la paz interior, proveer a la defensa común». ¿Para qué las destaco? De puro cipayo nomás.
Y todo esto sucede mientras faltan veinte días para las elecciones. El panorama no alienta precisamente el optimismo. El dólar blue a 191 pesos y con ganas de seguir subiendo con lo que ello significa; cepos para todos los gustos; control de precios; inflación; pobreza; indigencia, inseguridad. Comparado con nuestro vía crucis, las plagas de Egipto son apenas un par de mosquitos zumbones. Mientras tanto, el Gobierno pareciera que está decidido a cometer un error tras otro. Para el 17 de octubre los muchachos se superaron a ellos mismos. Entre la reunión de la Señora con sus fieles en la ESMA, la marcha liderada por Boudou, D’Elia y Bonafini en Plaza de Mayo con profanaciones incluidas y el acto de la CGT, los compañeros demostraron que en materia de torpezas son unos maestros. No pretendo ser adivino, y por lo tanto no estoy en condiciones de anticipar los resultados del 14 de noviembre, pero tal como se presentan las cosas todo parece indicar que el peronismo debería festejar y darse por bien pagado si repitiese los resultados de septiembre. Números más, números menos, están haciendo los méritos necesarios para que ganando o perdiendo las consecuencias siempre sean malas para los argentinos. ¿Puedo explicarme un poco mejor? Tal vez, pero por ahora preferiría el final abierto, un final con puntos suspensivos, un final que no sea final. Ya habrá tiempo para las explicaciones y, sobre todo, ya habrá tiempo para hacerse cargo de las inevitables consecuencias.

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Objetivo: la clase media

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13.31 Por Rogelio Alaniz. La prohibición de financiar en cuotas los viajes al exterior responde a varias causas pero a un exclusivo objetivo: agraviar, sancionar y humillar a las clases medias. Los señores del gobiernos se dan sus gustos. Los chetos no podrán viajar; los gorilas deberán quedarse en casa. Así lo piensan, así lo sienten, así lo disfrutan. Reitero en lo del ataque a la clase media. Porque a decir verdad, la disposición es a los únicos que afecta. Los pobres, esa sórdida y lastimosa fábrica de pobres en la que se ha transformado la Argentina peronista, no se les ocurre viajar ni al extranjero ni a la ciudad del lado. Por su parte, a los millonarios esta disposición por razones obvias no los afecta, y muy en particular a los millonarios K, que sino viajan recurriendo a sus rentas, viajan financiados por el estado nacional como pudimos verificarlo en la reciente gira presidencial a Europa, una verdadera invasión de vividores K paseando por el mundo con plata de los contribuyentes. A no llamarse a engaño: los disparos son contra la clase a media, la maldita clase media. El paisaje idílico de una Argentina transformada en un gigantesco y lastimosos Conurbano continua siendo la acuarela preferida del populismo.

Volvamos a los viajes al extranjero. A la prohibición de financiar viajes. El descalabro económico y financiero y la crisis del Banco Central explican estas disposiciones. Pero no solo ello. Hay que pagar los desbordes del “Plan Platita”. Los miles de millones despilfarrados para comprar votos. Pero insisto una vez más en la obsesión “cultural” del populismo contra las clases medias. Obsesión alentada por ese nacionalismo ramplón, reaccionario y resentido. La Argentina encerrada en si misma. El populismo de chiripá y mate cosido. El mundo es peligroso, el mundo corrompe las esencias nacionales, el mundo contamina. Alguna vez un pensador dijo que viajar por el mundo era el mejor aprendizaje nacional. Viajar nos permite comparar, evaluar, observar otros modos de vida, conocer la condición humana. Belgrano, Sarmiento y Alberdi reconocen que su decisiva escuela política fueron los viajes. Si algo distingue a las dictaduras y los regímenes totalitarios que han infectado el mundo es su decisión de encerrar a sus habitantes. El gobierno argentino no ha llegado a tanto, aunque habría que preguntarse si lo hicieron por convicción o simplemente porque la opinión pública no se lo permite. Mientras tanto, a joderse.

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Clase media empobrecida

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En Argentina la pobreza se calcula utilizando el método del ingreso. La metodología busca establecer si los hogares cuentan con dinero suficiente para cubrir una canasta de alimentos capaz de satisfacer un umbral mínimo de necesidades energéticas y proteicas. Los hogares que no superan esa línea son considerados indigentes. Asimismo, la línea de pobreza extiende el umbral para incluir no sólo los consumos alimenticios mínimos sino también otros consumos básicos. La suma de ambos conforma la línea de pobreza.
La valorización de esta canasta depende de los integrantes del hogar, pero también de sus características etarias y de su composición de género. Un hombre adulto necesita consumir más calorías que una mujer y ésta más que un niño. Cada hogar necesita cubrir una canasta distinta y por lo tanto, enfrenta una línea de pobreza propia. Para calcular el porcentaje de personas pobres el Indec contrasta la línea de cada hogar con su respectivo nivel de ingresos y, si estos superan el referido umbral, el hogar no se considera pobre. Si, por el contrario, los ingresos son inferiores a la línea de pobreza de ese hogar, todos sus integrantes sí lo serán.
Sabemos que durante el primer semestre del año el 41% de las personas eran pobres, pero en términos de su capacidad de consumo es relevante saber si su ingreso está cerca de la línea de pobreza o lejos. Para analizar cuál es la distancia entre ambas variables calculamos la distribución de personas de acuerdo al diferencial entre ingresos y línea de pobreza del hogar en el que habitan. De esta manera, sabemos que el 2.4% de las personas viven en hogares que apenas tienen un ingreso 5% superior a su línea de pobreza.
Observamos que un aumento de los precios de 10% aumentaría la pobreza en 6%. Por el contrario, un incremento de los ingresos 10 puntos superior al de los precios reduciría la pobreza en 6%. Los riesgos no son simétricos y, dada la cantidad de precios que mantienen hoy un valor artificial producto de imposiciones del Gobierno (productos de consumo masivo, bienes transables que siguen la evolución de un tipo de cambio apreciado, servicios privados cuyo precio está controlado por el gobierno, servicios públicos congelados, etc.), es probable que el diferencial entre ingresos y precios sea negativo una vez que estos controles se levanten.
Entender la situación de los hogares argentinos respecto a su cercanía con la línea de pobreza es importante porque habla de su capacidad de consumo, pero nada dice respecto a sus pautas y deseos. Un hogar puede no ser pobre y tener ingresos para consumir bienes no esenciales, pero en qué los gastará depende de su nivel socioeconómico (NSE).
La mirada que hace foco sobre la línea de pobreza y la que se concentra en los niveles socioeconómicos son complementarias. La primera habla de las capacidades materiales de un hogar, la otra de sus pautas de consumo y su capital humano. En el uso de ambos enfoques al mismo tiempo es que encontramos análisis que nos pueden ayudar en el proceso de toma de decisiones.
El NSE es un proxy del tipo de consumidor y una variable a seguir por parte de las empresas. Un hogar ABC1 es típicamente un hogar con un alto nivel educativo, cuyo principal sostén es un empleado en relación de dependencia en un puesto jerárquico que vive solo o en un hogar en el que hay un segundo individuo con ingresos y, en algunos casos, un menor. En el otro extremo del espectro aparecen los hogares D2E, cuyas características son diametralmente opuestas. Hogares con un solo aportante de ingresos, cuyo principal sostén tiene un bajo nivel educativo y su fuente de ingresos es informal e intermitente. Típicamente los hogares C2, C3 y D1 son considerados clase media alta, típica e inferior respectivamente.
Lo normal es que un hogar D2E sea pobre y uno ABC1 no lo sea, pero en la clase media es donde encontramos un mix interesante. Durante el cuarto trimestre de 2017, previo a la crisis del gobierno anterior, solo el 14% de los hogares de clase media era pobre. Ese número más que se duplicó con las crisis de 2018, la de 2019 y la cuarentena de 2020 y, para el primer trimestre, de 2021 (últimos datos disponibles), el 33% de hogares de clase media fueron pobres.

Conclusión

Hay una nueva tensión entre lo que una buena parte de la clase media quiere y está acostumbrada (enfoque NSE) y lo que puede (enfoque línea de pobreza). Los cambios en precios relativos (ingresos versus línea de pobreza) determinarán la dirección que tome la pobreza de las distintas clases sociales, pero el riesgo de que el 40% de pobreza de la población general, y el 33% de clase media, no sea el techo es alto. Una situación delicada como la expuesta sólo es reversible en la medida que se adopten las políticas económicas, sociales, demográficas y sanitarias de largo plazo necesarias para una reducción sostenida – y sostenible – de la pobreza. Ecolatina.

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Dorita y Elda

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Dorita

Por el extremo sur de la ciudad hay una avenida, como disimulando su importancia; mide sólo 155 metros de largo y su nombre evoca a una mujer que en su sencilla humildad fue luminosa: avenida Dorita Villarreal. Dora Araceli Pía Bautista, esposa del Dr. Villarreal, nació en 1917 en Rosario, obtuvo el título de maestra en 1935 y el de profesora de letras en 1943. Allí ejerció la docencia y tuvo una renovadora experiencia junto a Olga y Leticia Cossettini en la escuela Dr. Gabriel Carrasco. Llegó a Rafaela en 1947, donde ejerció su docencia hasta la jubilación en 1968. Elaboró una vida que superó al anonimato sin siquiera proponérselo, hasta una mañana de 1998 en que dejó que sus cuentos hablen por ella.
Los hijos de Dorita fueron todos los niños de la escuela; su voz algo cascada pero con un dejo de autoridad que fluía de sus convicciones, era la herramienta que la distinguió como contadora de cuentos en las escuelas de la ciudad y poblaciones vecinas. Un día se puso a escribir cuentos, relatos, poesía y canciones para que los grandes amen a los chicos como ella. Publicó trabajos en los diarios locales y tuvo su propio programa radial. Recuerdo la vez que conversamos en su casa sobre los juegos infantiles. Decía: «Me quedaba contemplando en el patio de la escuela para ver a qué jugaban los chicos; las nenas venían desde sus casas con muñecas y algunos otros juegos, como el dominó, en algunos casos armaban rondas con prendas para las que iban perdiendo; los varones -continuaba revisando apuntes- fabricaban pelotitas de papel u otros juegos que iban entrando y saliendo de su imaginación. Para mí era fascinante verlos inventar objetos y situaciones con el solo hecho de estar allí en grupo, en libertad».
Dorita escribió mucho más que lo publicado; aún así, su obra es recordada con respeto y admiración. En el 2015 la Municipalidad local publicó una selección de sus cuentos realizada por la profesora Claudia Manera en base a las obras «Dorita Cuenta Cuentos» (1981) y «Andando Andando Yo Te Voy Contando» (1983).

Elda

Cuando la encontraba frente a su máquina de escribir, el cabello largo fuertemente recogido hacia los costados, invariablemente levantaba la vista con una sonrisa, como si fuera un solo gesto. Nunca escuché de Elda Massoni una frase altisonante ni una palabra que sonara a agravio; el concepto vigoroso, favorable o adverso, surgía en el estilo sensible y elíptico de su poesía.
Elda nació en Ataliva en agosto de 1938; fue maestra egresada del Instituto Ntra. Sra. De la Misericordia en 1956 y profesora de piano en el Liceo de Bellas Artes de Rosario en 1957. Nunca la vi como maestra ni escuché interpretación alguna en el piano; acaso reservaba esas virtudes para sus amores cercanos: Higinio Beccaría, su esposo con quien tuvieron tres hijos: Alejandro, Renato y Sebastián. Más tarde supe que, antes de conocer a Higinio («mi amigo el gordo», como le decía en los entretenidos ensayos y funciones de teatro, porque llamándose Higinio no pudimos menos que llamarlo «el gordo»), había dado clases en Yorquincó, Río Negro. Compartí con ella, sí, actos culturales y educativos por la función periodística que abrazó con gusto y perseverancia durante dos décadas. Aunque hablaba muy bajo, su voz era escuchada; aunque no vestía con colores altisonantes, su presencia se notaba.
Cuando decidió que la literatura y la poesía eran algo más que una inclinación por gusto personal, empezó a producir. Así nació la delicada armonía de «La Piel del Siglo» en 1973, «Los Límites de la Memoria» 1981, «La Llanura tiene Dioses» 1987, «Señorita Magdalena» 1988, «Leyendas de la Llanura» 1992, «Frutita Verde» 1993, «Huellas en el Llano» 1995, «Susurros» 1997, «Señales… en la Tierra y en el Cielo» 2002.
Habiendo cultivado géneros como la poesía, el ensayo y la narración, Elda puso su nombre en el palmarés personal de la literatura regional y en algunos casos con alcance nacional. Tuvo su propio taller literario para compartir inquietudes y conocimientos; amó la naturaleza y prefirió la profundidad antes que la superficie, por eso planea en sus contenidos un aire bucólico que ella trasforma en palabras.
La vecinal de su barrio San Martín tiene una biblioteca con su nombre, que perdura entre páginas. Hacia el Oeste de la ciudad, en la Villa Los Álamos, una plaza redonda, sin aristas ni caras enfrentadas, con espacio abierto para la libertad de tiempos, lleva el nombre de Elda Massoni.
En mis manos, dedicado, «Los Límites de la Memoria» y en una de sus páginas dice: «Ah, la pulpa madura /de los duraznos de enero /revive un latido adormecido, /inunda los ojos un espejismo/ de cotorras abatiéndose sobre los sembrados. /La memoria dilata la llanura / y atraviesa el tiempo, estremecida /en su reinado perdurable. /Hay una caricia sutil /que anida entre el romerillo,/ para aguardar el alba que asoma /una y otra vez sobre el horizonte /uniforme de paraísos (…)».

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