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Culto Católico

«Para la Iglesia diocesana son tiempos de jubileo y gran gozo»

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Expresó el obispo Fernández. Participaron 335 personas en los 5 decanatos y vinculados por zoom. En Rafaela fue en el Colegio de la Misericordia. Se votaron los 4 objetivos específicos para 2021-2027. Emotiva carta del Papa Francisco.

Con motivo de festejar los 60 años de vida con espíritu gozoso, ayer se realizó la asamblea diocesana Rafaela 2021, participando 335 personas (160 de nuestra ciudad) entre sacerdotes, religiosas, vírgenes consagradas, diáconos, seminaristas, laicos de las 36 parroquias de la extensa geografía diocesana (abarca los departamentos Castellanos, San Cristóbal y 9 de Julio) y de los movimientos.
Por la pandemia, se hizo en forma bimodal: presencial en cada uno de los 5 decanatos y vinculados por Zoom. En Rafaela (decanato 4) la sede fue el Colegio de la Misericordia y en las localidades de Tostado (decanato 1), Suardi (decanato 2), Sunchales (decanato 3) y María Juana (decanato 5), donde se reunieron los representantes de las parroquias de cada uno. A continuación, se comparte el mensaje del obispo Luis Fernández:
«Con gozo, alegría y paz deseo llegar al corazón de cada familia y persona para invitarlos a compartir unos pensamientos que anhelan crear el tiempo y el clima propicio para celebrar como Iglesia diocesana 60 años de vida.
«Hacemos memoria agradecida, que es el alma de los pueblos que no quieren perder su historia, como decía el querido papa San Juan Pablo II: historia que siempre conlleva sus luces y sombras, como es la realidad de cada día, si no se la esconde o se la ideologiza.
«Las asambleas diocesanas esperadas con muchísimas ansias porque son el culmen de un proceso que llevó cerca de 4 años, donde con la participación de las distintas comunidades parroquiales de toda la Diócesis y de los movimientos y áreas pastorales se ha podido vivir lo hermoso de la participación de todo el pueblo de Dios.
«Hoy podemos gozar de esta gracia inmensa del amor de Dios, que nos ha concedido superar momentos difíciles pero que ayudó a mantener la confianza y la esperanza con un trabajo de unidad, con una pastoral de conjunto y hoy es la novedad de lo sinodal, con lo cual ayer (por anteayer) el Santo Padre inauguró el nuevo sínodo sobre la sinodalidad en toda la Iglesia.
«Para la Iglesia diocesana de Rafaela son tiempos de jubileo y de gran gozo en la celebración de los 60 años y de estar viviendo la asamblea diocesana, con el objetivo general surgido de la participación del pueblo de Dios, de la extensa geografía de más de 400 km desde Gato Colorado y Villa Minetti hasta el sur en la ciudad de Frontera.
«El proceso de la asamblea nos llevó a vivir la cultura del encuentro, dejándonos interpelar por las inquietudes del otro, posibilitando momentos fuertes de oración para enfocarnos en el rostro y la palabra del otro, dejándonos alcanzar por las preguntas de los hermanos.
«Hoy llegamos a estos objetivos específicos para cada hecho significativo surgido del pueblo a las acciones pastorales, que de aquí en adelante nos proponemos comprometidamente a servir a la humanidad para hacer algo nuevo.
«Nos sigue impactando y llenando de gozo evangelizar, no es ninguna carga, sino por el contrario es haber encontrado lo único capaz de dar vida plena y para siempre, y no lo podemos guardar sólo para nosotros, hay que darlo y compartirlo, esto es lo que nos proponemos trabajar ahora y que será el próximo paso cuando lleguen la síntesis y primeras propuestas surgidas de esa asamblea diocesana. Estemos atentos porque ésto como es Dios, siempre comienza algo nuevo, capaz de hacer nuevas todas las cosas, que es lo que está esperando la humanidad de la Iglesia.
«Agradecidos por este regalo grande que hoy nos hace Dios con el envío de un sacerdote misionero a la Prelatura de Deán Funes (provincia de Córdoba) nuestro querido padre Miguel Cerminato (párroco de Sagrado Corazón)».
El Papa Francisco se asoció a este festejo, enviando una carta a Fernández, expresando que «agradezco tu amable carta del 26 de julio en la que me haces partícipe de la celebración del 60 aniversario de la erección de la diócesis de Rafaela y del camino sinodal que con este motivo están realizando y que culminará el 11 de octubre con la asamblea diocesana.
«Son momentos significativos para el santo pueblo fiel de Dios y para sus pastores, momentos que pueden servir para llamar a la reflexión, promover diálogos y unir voluntades, pero sobre todo es un tiempo propicio para abrir los oídos a la voz del Espíritu Santo, acogiendo la semilla que el Señor va sembrando cada día en los corazones, mostrándoles la infinita ternura de su misericordia y dándoles la fuerza para transmitirla con la alegría del evangelio. Sólo esa gracia nos convoca, une y envía.
«Que Jesús los bendiga y la Virgen santa y San José los cuiden y los fortalezcan en este camino. Y no se olviden de rezar por mí».

Objetivos específicos

El programa incluyó momentos destacados: oración, iluminación pastoral de la teóloga Carolina Bacher desde Buenos Aires por Zoom, trabajo en grupos, plenario, conexión entre decanatos y saludos, votación y presentación de los objetivos específicos para el período 2021-2027, mensaje del obispo Luis Fernández y celebración eucarística.
Los objetivos específicos votados están relacionados con los 4 hechos significativos trabajados durante el año:
• Malestar y vulnerabilidad social: ir al encuentro de los hermanos, escuchar sin juzgar, acompañar sin cuestionar, amar sin preguntar y transmitir la alegría de la fe.
• Búsqueda de Dios fuera de la Iglesia: renovar la pastoral de misión y acogida para reconocer y promover el encuentro con Dios en las diversas realidades humanas.
• Vida de fe poco profunda: cultivar la formación de los agentes de pastoral y renovar el fervor misionero para vivir la alegría del evangelio mediante la oración personal y comunitaria.
• La familia y la Iglesia no acompañan a las nuevas generaciones en su crecimiento humano y espiritual: generar espacios de acompañamiento a las familias y a los jóvenes para encontrar en Jesús respuestas a sus problemas e inquietudes.
El objetivo general diocesano 2021-2027 es el siguiente: «Como Iglesia evangelizadora, reavivar la fe, redescubrir la alegría del servicio y promover la cultura del encuentro, acogiendo a los más vulnerables, mediante la misión, la formación, la espiritualidad popular y generando espacios de escucha y contención».
Conviene recordar que el 10 de abril de 1961, el papa Juan XXIII creó la diócesis de Rafaela y el 12 de octubre de ese año tomó posesión el primer obispo Vicente Zazpe. Luego le sucedieron los obispos Antonio Brasca, Jorge Casaretto, Héctor Romero, Carlos Franzini y Fernández, quien el 26 de octubre presentará su renuncia al Papa Francisco al cumplir 75 años.

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«El Espíritu Santo me inspiró a invocar a Juan Pablo I»

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El sacerdote porteño que propuso a la mamá de Candela invocar la intercesión del papa Luciani, afirma que «desde chico me impresionó la alegría y profunda humildad» del futuro beato.

«Yo siempre digo que el Espíritu me inspiró», afirma el presbítero José Dabusti, que propuso a Roxana, la mamá de Candela Giarda, invocar a Juan Pablo I por la salud de su hija, el 22 de julio de 2011, la noche que, según los médicos, la niña se moría. La sanación milagrosa de Candela, reconocida por el Papa Francisco el 13 de octubre, permitirá que Albino Luciani sea beatificado.
El padre Dabusti, hoy párroco de Nuestra Señora de las Mercedes en el barrio porteño de Belgrano, contó que su devoción por Juan Pablo I le viene de lejos.
«Desde mis 13 años -recuerda-, cuando Albino Luciani fue elegido Papa en agosto del 78, a mí me impresionó su figura, su persona, sobre todo por su alegría, por la sonrisa que transmitía. Esa alegría interior suya tan especial».
«Y sobre todo -destacó Dabusti- su humildad. Me impresionaba mucho su humildad, la sencillez de su personalidad. Y desde ese momento siempre le recé».
El párroco de las Mercedes contó que a todas las personas que viajaban a Roma, antes y después de ser sacerdote, les pedía que rezaran sobre la tumba del papa Luciani «para que yo fuera buen cura».
De ahí que el padre José no duda en reconocer que Juan Pablo I «me ayudó mucho en el camino de mi discernimiento vocacional y siempre lo tuve muy interiormente».
Sin embargo, Dabusti reconoce que más allá de eso «son contadas las veces que yo le haya pedido a alguien que invoque a Juan Pablo I, aún cuando ya estaban en proceso de estudio sus virtudes heroicas».
«Pero en esa oportunidad sentí muy claramente proponerle a Roxana rezar juntos y pedir por la intercesión de Juan Pablo la sanación de Candela».
«Dios fue preparando el camino»
El padre José evocó cómo se fueron sucediendo los acontecimientos en aquel 2011. «Cuando Candela estaba internada en la Fundación Favaloro con un cuadro de salud muy grave, su mamá se acercó a la parroquia Nuestra Señora de la Rábida, de la que yo era párroco en aquel entonces, y me pidió que visitara a su hija que estaba en terapia intensiva de Pediatría».
«A partir de ahí yo iba a visitarla de vez en cuando y le administré el sacramento de la Unción de los Enfermos. Por su parte Roxana iba periódicamente a la parroquia para rezar, asistía a misa, charlábamos y rezábamos por Candela».
«El 22 de julio de 2011 después de la misa me comunicó que Candela había contraído un virus intrahospitalario, una neumonía, y que los médicos le dijeron que no había mucho más que hacer y que por la gravedad que tenía, era muy difícil que pasara esa noche», recuerda el padre José.
«Entonces -continuó contando el sacerdote- fuimos una vez más a la Fundación Favaloro, y al rezar junto a Candela propuse invocar la intercesión de Juan Pablo I. Roxana no sabía quién era, así que le expliqué brevemente por qué yo quería invocar al papa Luciani, y junto con dos enfermeras, rezamos». Roxana y yo pusimos nuestras manos sobre el cuerpito de Candela que teniendo 11 años pesaba 19 kilos».
El padre Dabusti recuerda que a partir de ese momento, en los días siguientes «Roxana me iba comunicando las mejorías de su hija. Tras aquella noche dramática fue evolucionando día tras día, semana tras semana, hasta que salió de terapia intensiva. Luego perdí contacto con ellas».
«A fines de 2014 -relató el padre José-, estando yo confesando en la parroquia de la Rábida veo acercarse a Candela con su mamá. A Roxana la reconocí enseguida, a Candela no. Y fue una emoción enorme el reencontrarnos y ver milagrosamente curada a Candela».
Dabusti recuerda que en esa oportunidad le dijo a la mamá de Candela: «Yo creo que en algún momento, vamos a tener que informar a Roma de lo que pasó. Y ella asintió porque se acordaba perfectamente a quién le habían rezado esa noche».
En estos días de emoción y alegría, en los que el padre José es requerido por muchos medios que quieren escuchar de primera mano los relatos de la curación milagrosa de Candela por intercesión del Papa de la sonrisa, el sacerdote mira para atrás y confiesa a AICA que «es maravilloso ver cómo Dios fue preparando este camino, muy silencioso, con sus idas y sus vueltas, pero con tantas personas que fueron poniendo su corazón en todo este proceso que llegó a su punto culminante el 13 de octubre».
Dabusti se emociona al señalar «cómo una figura que tuvo tan breve presencia como Papa, en su silenciosa y fugaz presencia es un signo profético que Dios nos fue revelando en los pontificados siguientes hasta el papa Francisco».
Y por último, el párroco de las Mercedes reflexiona que «para nosotros los argentinos, que sea un milagro ‘entre los pequeños’, -resalta la figura de ambas mujeres, Candela y Roxana, de una fe impresionante- creo que es un signo de esperanza, que nos invita a renovar nuestra fe y sobre todo a creer que Dios sigue siendo el Señor de la historia y que nos enseña a ser como Juan Pablo I, alegres y humildes servidores, cada uno en nuestro lugar».

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Papa Francisco: «No se puede vivir de subsidios»

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18.01 El Sumo Pontífice participó este jueves de la segunda jornada del Coloquio de IDEA y rescató la importancia de «la dignidad del trabajo».

El Papa Francisco sostuvo este jueves que «no se puede vivir de subsidios», ya que se trata de una «ayuda provisoria», por lo cual rescató la importancia de «la dignidad del trabajo».

«No se puede vivir de subsidios, porque el gran objetivo es brindar fuentes de trabajo diversificadas que permitan a todos construir el futuro con el esfuerzo y el ingenio», enfatizó.

En un videomensaje que envió al Coloquio de IDEA, el Sumo Pontífice señaló que esas fuentes, «por ser diversificadas, abren el camino para que las distintas personas encuentren el contexto más adecuado para desarrollar sus propios dones, ya que no todos tienen las mismas capacidades e inclinaciones».

Además, se quejó: «Algunos me han hecho decir cosas que yo no sostengo: que propongo una vida sin esfuerzo, o que desprecio la cultura del trabajo».

«Imagínense si se puede decir eso de un descendiente de piamonteses, que no vinieron a nuestro país con ganas de ser mantenidos sino con un enorme deseo de arremangarse para construir un futuro para sus familias», señaló Francisco.

Y añadió: «Es curioso, no ponían la plata en el banco los migrantes, sino en ladrillos y terreno. La casa, lo primero. Miraban adelante hacia la familia. Inversión de familia».

Con relación al Coloquio, que este jueves transita por su segunda jornada, dijo: «Deseo de corazón que sea un momento de verdadero intercambio que pueda recoger el aporte innovador de los empresarios y el de los trabajadores que luchan por su dignidad y por sus familias».

El Papa recordó que durante su pontificado se refirió varias veces «a la noble vocación del empresario que busca con creatividad producir riqueza y diversificar la producción, haciendo posible al mismo tiempo la generación de puestos de trabajo».

«Porque no me cansaré de referirme a la dignidad del trabajo. Lo que da dignidad es el trabajo. El que no tiene trabajo, siente que le falta algo, le falta esa dignidad que da propiamente el trabajo, que unge de dignidad», añadió.

Francisco insistió con que el trabajo «expresa y alimenta la dignidad del ser humano, le permite desarrollar las capacidades que Dios le regaló, le ayuda a tejer relaciones de intercambio y ayuda mutua, le permite sentirse colaborador de Dios para cuidar y desarrollar este mundo, le hace sentirse útil a la sociedad y solidario con sus seres queridos».

«Por eso, el trabajo, más allá de los cansancios y dificultades, es el camino de maduración, de realización de la persona, que da alas a los mejores sueños. Siendo esto así, queda claro que los subsidios sólo pueden ser una ayuda provisoria», destacó.

Y concluyó: «Por esta senda, creo que el diálogo entre los empresarios y los trabajadores es no sólo indispensable sino también fecundo y prometedor».

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El papa Juan Pablo I será beatificado

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18.17 El Vaticano reconoció como un milagro el caso de una niña argentina que hace 10 años estaba en estado vegetativo pero que se curó de forma inexplicable tras el rezo de su madre a Albino Luciani.

El Papa Francisco autorizó esta mañana promulgar el decreto para la beatificación de Juan Pablo I, el Santo Padre que duró solo 33 días como máxima autoridad eclesiástica hasta que en la madrugada del 28 de septiembre de 1978 fue encontrado sin vida en su cama. Su muerte estuvo bajo un manto de sospecha y teorías conspirativas. El Vaticano reconoció como un milagro el caso de una niña argentina que hace 10 años estaba en estado vegetativo y sin esperanzas de sobrevivir pero que se curó de forma inexplicable tras el rezo de su madre a Albino Luciani, aquél que por su cordialidad llegó a ser conocido como “La Sonrisa de Dios”.

Se abre así el camino para la beatificación del Pontífice veneciano y ahora sólo se espera la fecha, que será fijada por el Papa Francisco.

Albino Luciani nació el 17 de octubre de 1912 en Forno di Canale, Italia. Luego de una infancia marcada por el hambre y la pobreza, a los 12 años ingresó en el seminario. En 1937 fue ordenado sacerdote. Se doctoró en teología y su trabajo con los más necesitado llamó la atención entre sus colegas. De esta forma fue ascendiendo en la jerarquía eclesiástica: Obispo, Patriarca de Venecia, Cardenal. También integró el Concilio Vaticano II. Tras la muerte de Paulo VI, a los 66 años Luciani asumió como Sumo Pontífice en 1978.

Solo duró 33 días como máxima autoridad eclesiástica. No llegó a dejar un legado palpable ni en la Iglesia ni en el mundo, pero sí sus gestos repetidos a diario fueron símbolos de un intento por dejar de lado el lujo habitual del Vaticano, de mostrar una imagen de mayor humildad. De hecho en su corto lapso descubrió que las finanzas y otros asuntos internos estaban desacomodados. El largo período de Pablo VI y su avanzada edad habían servido para que varios hicieran negocios espurios. En este contexto se llegó a afirmar que Juan Pablo I estaba preparando una serie de cambios entre obispos y cardenales de mayor poder con el objetivo de combatir la corrupción.

La versión oficial del Vaticano indicó que murió de un ataque al corazón en la madrugada del 28 de septiembre de 1978. Pero su fallecimiento se tiñó de sospechas y teorías conspirativas con diversas tesis que sostenían que había sido asesinado.

Luciani fue el primero en usar un doble nombre en reconocimiento a sus más inmediatos antecesores, Juan XXIII y Pablo VI. Además fue el último de los papas italianos luego de cuatro siglos. Tras su muerte se acabó la hegemonía italiana. Los siguientes serían un polaco, un alemán y Francisco, un argentino. Fue también el último Papa en morir en el Siglo XX.

En 2003, su sucesor, Juan Pablo II, lo declaró Siervo de Dios, iniciando el camino a la santidad. En 2017 el Papa Francisco lo proclamó Venerable. Ahora el Vaticano aprobó un milagro vinculado a Luciani y que tiene que ver con la historia de una niña argentina.

En 2011, Candela Giarda comenzó con dolores de cabeza que luego derivaron en vómitos y fiebre. En Paraná, su ciudad natal, nadie podía explicarla a su madre cómo curar a la niña, solo le informaron que estaba incubando un virus. Su cuadro se fue agravando hasta terminar internada en terapia, en coma y con respirador. “Tenía convulsiones y probaban con distintos anticonvulsivos, pero nada funcionaba”, recuerda Roxana Sosa, la mamá de Candela.

La niña de 10 años fue trasladada a la Fundación Favaloro donde tampoco pudieron dar un diagnóstico preciso. Años después, los especialistas concluyeron que la patología era FIRES (síndrome epiléptico por infección febril), una enfermedad de las consideradas raras, que afecta a una persona en un millón, casi siempre sin posibilidad de sobrevida.

No había esperanzas para Candela. Incluso los médicos le recomendaron a la madre que volver a Paraná para que muriera en su casa. De llegar a sobrevivir el pronóstico era desalentador: especialistas decían que iba a quedar en estado vegetativo, ciega. La noche del 22 de julio de 2011 una médica le dijo a Roxana que no podían hacer más nada: “Cande se muere esta noche”. Desesperada, entre lágrimas, acudió a la iglesia a la que siempre iba a rezar, la parroquia Nuestra Señora de la Rábida, ubicada a metros de la clínica.

Allí se encontraba el Padre José Dabusti quien luego se acercó a la cama donde se encontraba y encomendó el destino de la niña a Juan Pablo I. Roxana no sabía nada de la historia de ese Papa, pero rezó y se quedó junto a su hija esperando que transcurrieran las horas. Se aferró a la posibilidad de un milagro que finalmente ocurrió. Al menos no hay explicación para sostener cómo a las pocas horas de invocar a Juan Pablo I, Candela empezó a evolucionar de manera favorable hasta abandonar definitivamente el hospital. Hoy, a sus 21 años, Candela es una joven que vive una vida normal, estudia Seguridad e Higiene animal en la universidad, tiene un emprendimiento de venta de mil, pero lo más importante: está sana, sin secuelas de los días dramáticos que vivió hace una década.

Fue el Padre José quien le escribió una carta al Papa Francisco contándole lo sucedido. El milagro de Candela fue estudiado por la Comisión Médica del Vaticano que, en este caso, dio una sentencia positiva unánime. Los teólogos también dieron su veredicto positivo. Finalmente los cardenales reafirmaron que se trató de un milagro.

¿Cómo es el proceso de beatificación y canonización?

El camino para que un candidato sea reconocido como beato y santo es riguroso, de muchas exigencias y hasta oneroso. Es un proceso que no solo puede llevar a durar años, sino décadas y hasta siglos, como el caso de la beata argentina Mama Antula, que tras la apertura de la causa en 1905 todavía no ha sido declarada santa.

Para que una persona sea candidata al libro de los santos, el primer paso es que en vida ya tuviera una fama de santidad y que continúe después de la muerte. Otro requisito es que después del fallecimiento las personas pidan su intercesión para obtener gracias. Una vez cumplida estas condiciones, el obispo de la diócesis, donde ha nacido el candidato, pide la apertura del proceso a la Congregación para la Causas de los Santos. Una vez aceptada la apertura de la causa, el candidato pasa a llamarse Siervo de Dios. Una vez que comienza la causa se llaman a declarar a los testigos que han conocido a la persona, o han escuchado hablar de ella. Entre ellos también puede haber testimonios en contra. El relator de la causa prepara el documento llamado Positio, que consta de una exhaustiva investigación. Si la Congregación de la Causa de los santos aprueba la Positio, el Papa emite el decreto de heroicidad de las virtudes que convierte el Siervo de Dios en Venerable. Una vez que se comprueba que los datos enviados son correctos comienza la Fase Romana.

Cuando la causa llega a Roma, el postulador tiene que demostrar que ha habido un milagro por intercesión del candidato: tiene que ser una sanación científicamente inexplicable y permanente. Una comisión médica compuesta por hasta 50 profesionales estudia que cumpla estas características y después los obispos y cardenales deben dar un veredicto positivo sobre el milagro. Luego, el Prefecto elabora un decreto que será confirmado por el Papa. Cuando este lo aprueba, ya se puede fijar fecha para la beatificación y así el Venerable es declarado beato. El siguiente paso será la canonización, que requiere de otro milagro realizado después de la beatificación y, obviamente, atribuible a la intercesión del nuevo beato. Y de esta manera se declara santo. (Infobae)

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