Observatorio político. Por Rafael Barreiro- Hay dos maneras de interpretar la actividad vecinal.
Una podría definirse como «naif», o inocente, donde los vecinalistas entienden que su tarea es organizar festejos, celebraciones populares, beneficios de bajo presupuesto para financiar a la Vecinal incluídos los eventuales alquileres de los salones (aquellas que los tienen), y atender los talleres y actividades vecinales de esa característica.
Otra, sin excluir lo descripto, ni mucho menos desmerecerlo porque es muy importante también, pretende avanzar más sobre las necesidades concretas de los vecinos en términos más comprometidos de participación, gestión y planificación ante las autoridades municipales, tal cual lo establecen las ordenanzas vigentes.
En resumen, algunas piensan en actividades sociales, y otras en gestión y planificación estratégica. No es que las primeras sean malas, todo lo contrario, pero sí son muy limitadas en el compromiso de gestión inteligente y comprometido -valiente- de las necesidades de los vecinos. Las segundas, sin descuidar ni desmerecer las actividades sociales -porque las desarrollan- tratan de identificar las necesidades barriales, de obras, planificación de las tareas, falta de establecimientos educativos, de la atención de la salud, de la seguridad. Terrenos donde las primeras sólo se limitan a trasladar pedidos a las autoridades por presión de los vecinos ante alguna circunstancia particular. Y lo hacen sin insistir ni gestionar a posteriori, sabiendo que las autoridades harán lo que quieran o lo que puedan -la mayor parte de las veces nada- y siempre sin el seguimiento de la Vecinal.
Establezcamos por arbitrariedad, para el desarrollo y mejor comprensión del tema, que hay entonces VECINALES NAIF -o PASIVAS (celebraciones, complacencia ante las autoridades, y actividades sociales)- y VECINALES de GESTIÓN o COMPROMETIDAS (planificadoras, demandantes, y gestoras).
Hay un aspecto que no es privativo de unas u otras, es una deformación que puede darse por igual más allá de su tipicidad.
Y es que suele haber dirigentes vecinales en particular que se benefician políticamente, o con privilegios, o económicamente en lo personal. Y automáticamente dejan a la vecinal alineada con tendencias políticas partidarias definidas, ante la pasividad o complicidad de algún o algunos compañeros de Comisión y vecinos del barrio.
Este mix de realidades y condicionantes genera la autoexclusión de algunas vecinales de la gestión de la entidad de segundo grado que las nuclea, que es la Federación de Vecinales. Y digo de la gestión porque no las excluye de su pertenencia a Federación -la integran por Ordenanza- , ni le da existencia o no a Federación porque ellas sientan o digan que «están» o «no están». Todas esas incongruencias son generadas por la ignorancia y falta de preparación de algunos dirigentes, o directamente son dolosas y malintencionadas por intereses personales o políticos. Por caso, hay pequeños grupos de dirigentes que frustradas sus expectativas de acceder a la conducción de la FEV por resentimiento o por intereses espurios militan la consigna que «Federación no existe», lo cual es totalmente funcional a los gobiernos de turno como el actual, que no quiere saber nada con el diálogo, la ecuanimidad y la atención en general al vecinalismo cuando no le es funcional, condescendiente o simplemente les es incómodo a sus pretensiones autoritarias. Un Gobierno que aplica para el vecinalismo la falta de institucionalidad, de diálogo, la discrecionalidad en los favores a amigos o alineados y la indiferencia a los demás. Y hasta realiza operaciones políticas de baja estofa contra ellos. Estos dirigentes, abanderados contra FEV, denuncian violencia verbal en un chat informal y a la postre de chismes cuando se les explican estas cosas sin pelos en la lengua, de manera directa y clara. Así justifican su ausencia a las reuniones institucionales de FEV. Nunca participan, nunca fundamentan, nunca explican algunas cosas. Nunca utilizan las garantías que les da el sistema para participar y expresarse, lo hacen solo informal y/o periodísticamente y pretenden que por ello el sistema no exista. Para que se entienda bien esto, y ser más claros la última dirigente vecinal que se expresó así en televisión (Programa Bien Despiertos de principios de Julio), forma parte de un grupo resentido políticamente que no pudo concretar sus expectativas electorales en la FEV porque nunca llegaron a formar lista. Una persona sentada en primera fila en todos los actos del Gobierno, cuya vecinal apareció beneficiada con la discrecionalidad antes mencionada del gobierno que le asignaba a su Comisión $25 millones en el presupuesto oficial. Menos de la mitad (12.5) para otras dos vecinales, y nada para los otros 38 barrios. Preguntadas las razones de un tratamiento tan desigual, nada dijo la beneficiada, y nada pudo explicar el Gobierno, simplemente se limitaron a borrar las imputaciones aduciendo un error de persistencia de algo anterior, pero que en realidad nunca existió. No aclares que oscurece, dice el refrán. Luego aparece de gestora en los novedosos emprendimientos de los «Puntos», así denominados programas de reuniones públicas con espectáculos y ferias con alto presupuesto de las arcas oficiales no salido del área de vecinales sino de desarrollo económico -otra situación jamás explicada ni justificada- planificados como un Caballo de Troya para quitar espacios y transcendencia a las organizaciones tradicionales de la Vecinales de todos los barrios. A las Vecinales poco y nada, a los Puntos controlados por algunos dirigentes afines un montón de plata del presupuesto.
No hay suficiente seguridad, no hay suficientes escuelas, hay problemas y muchos en los SAMCo’s periféricos, pero estos dirigentes bailan al son de los responsables mientras entretienen a los vecinos con fiestitas. Si los vecinos se quejan mucho por temas de seguridad cuando los asaltan, o peor, los lastiman en el intento, van a las reuniones con la Policía y la Secretaría de Seguridad a posar para la foto y apurarse a aclarar que todo se va a arreglar. Para que todo siga igual. Ah, pero si FEV pide por las necesidades de los vecinos, y no transa, es MALA. Incomoda a los jefes. Y no debería existir. Lo sugirió brutal y textualmente la actual Encargada de Vecinales en presencia de integrantes de la Comisión Directiva de FEV y del Secretario de Gobierno. Y bueno, tenemos a los buey corneta de hoy, diciéndolo directamente: «Federación no existe».
Contrastes muy significativos, en la misma semana periodística, en la que otro dirigente barrial -del sur de la ciudad esta vez- explica cómo gestionan los espacios sociales, la copa de leche, siguen pidiendo públicamente por el control del narcotráfico y narcomenudeo, inaugura una nueva iluminación del playón deportivo del barrio valorando y agradeciendo la tarea del Gobierno Municipal en ese sentido…. Me consta que no comulga en cambio con la conducción de FEV. Mantenemos el diálogo y reflexionamos sobre las diferencias, pero nadie está dedicado ni se presta a boicotear al otro ni mucho menos a las instituciones. Y coincidimos en resaltar los aciertos de la administración, obras son amores.
El conflicto entre el Gobierno Municipal y la FEV deriva de la no aceptación del Intendente de un interlocutor que a su equivocado criterio y preso de los fantasmas por sus incapacidades cree que le disputa poder, cuando la FEV en realidad entiende que su misión es doble: ayudar a gobernar por un lado, y representar a TODAS las vecinales solicitando una política oficial que no sea discrecional entre los que a su criterio son amigos y enemigos. Una política clara y no confusa en el manejo de ayuda y fondos asignados a o necesitados desde el vecinalismo. Y fundamentalmente ecuánime con todos, no manipuladora del toma y daca de favores políticos y personales.
FEV ha manifestado de mil maneras su predisposición al diálogo, y lo ha solicitado muchas veces expresamente. La respuesta del Intendente es el ostracismo y la soberbia. Y el armado desde el Área de Vecinales de un comisariato político que opera en favor o en contra de los vecinalistas y las vecinales según su paladar político partidario. Todo disfrazado del conveniente discurso público. En ese contexto, aparecen los dirigentes vecinales, debiendo optar por soluciones de compromiso en un espectro que va desde la obsecuencia y el interés personal a la gestión objetiva de las necesidades de los vecinos, y de ser necesario, el enfrentamiento con quien debe atenderlas y no lo hace.
No hay que ser zonzos. Las personas pasan, y las instituciones quedan. Los dirigentes vecinales deben defender su agremiación, que es su verdadera fuerza para gestionar ante la política. Deben participar de la vida de las instituciones, de sus discusiones y los problemas internos que se planteen y resolverlos, no acomodar su participación y su discurso a su antojo.
Y la política partidaria debe respetar a las instituciones. No hacer una y otra vez operaciones políticas de baja estofa. No embarrar la cancha cuando el partido no les gusta, porque se convierten en los responsables de un chiquero.
Este período es enormemente activo en Federación de Vecinales.
Federación lo informa, y si hay dirigentes que no lo saben es porque nunca van a las reuniones, ni leen las actas, y ni siquiera se tomaron la molestia de informar a la FEV de un correo electrónico para recibir formalmente todas las comunicaciones y novedades. La conducción de la FEV aspira a terminar un año histórico en logros, a concretar en diciembre.
La FEV está más activa que nunca, y si eso les preocupa, no deberían evitarla, ni boicotearla. Sus integrantes prueben acercarse, hasta participar en minoría como se le ofreció a la lista relegada en las elecciones. Y el Gobierno pruebe en cambio dialogar y aprovechar la oportunidad de establecer verdaderas políticas de estado con el vecinalismo, en beneficio de los vecinos a quienes se deben. «Con la FEV (o con Fulano, con Mengano) no se puede dialogar», es el latiguillo. Deberían dejarla en evidencia entonces, pero haciendo público el diálogo, no orquestando conspiraciones palaciegas. Quedan invitados.



