Desde la central obrera advirtieron que este tipo de gestos no son inocentes, ya que niegan las condiciones de desigualdad, pobreza, marginalidad y coerción económica que empujan a niñas y niños al trabajo, ocultando además los daños físicos, emocionales y educativos que esta práctica provoca.
La CGT recordó que la Argentina asumió compromisos internacionales claros para la erradicación del trabajo infantil, a través de convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Convención sobre los Derechos del Niño y la propia legislación nacional. En ese marco, consideraron que esta señal política busca naturalizar la vulneración de derechos básicos, desplazando la responsabilidad del Estado y de los empleadores, y atacando la legislación laboral, los convenios colectivos y la organización sindical, presentándolos como obstáculos para el mercado.
Asimismo, señalaron que esta postura se inscribe en una ofensiva más amplia que intenta justificar una reforma laboral regresiva, erosionando la protección social y habilitando condiciones de explotación que se creían superadas. Reivindicar textos que relativizan estas prácticas y consideran a las conquistas históricas de los trabajadores como privilegios a eliminar, fue calificado como un retroceso inadmisible y una provocación institucional de extrema gravedad.
Finalmente, desde la CGT reafirmaron que no existe libertad posible cuando se vulneran derechos y que ningún proyecto de país puede construirse sobre el hambre, la explotación infantil y la precarización del trabajo. En ese sentido, remarcaron que defender a las niñas y los niños es una responsabilidad indelegable del Estado y de toda la sociedad, y aseguraron que el movimiento obrero organizado continuará alzando la voz y actuando con firmeza para proteger a quienes más lo necesitan.



