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Culto Católico

«Muchos políticos estaban en otro mundo»

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El obispo de Río Gallegos consideró que ese fue el motivo por el que la dirigencia política se sorprendió de los resultados y llamó a escuchar más al pueblo y reaccionar con humildad y sin enojarse.

El obispo de Río Gallegos, monseñor Jorge García Cuerva, afirmó que después del «cachetazo» de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), lo que debería hacer la dirigencia política es tener humildad, escuchar, no enojarse por el resultado electoral, y opinó que «los políticos no sufrieron las restricciones de la pandemia y por eso no entendieron lo que le pasaba a la gente».
El prelado consideró que en las recientes elecciones primarias «la gente expresó lo que le pasa en realidad, y muchos políticos se sorprendieron porque estaban en otro mundo».
«Cuando no podíamos reunirnos, ni vacunar a nuestros abuelos, ellos estaban vacunados y se encontraban», cuestionó en una entrevista a FM del Rosario (103.9 Mhz) realizada por Virginia Bonard y Denis Cardozo durante el programa Onda de Radio.
«Cuando uno recibe un cachetazo como pudo haber significado –si me permiten decirlo– el resultado de las PASO, creo que habrá que utilizar el hisopo de la humildad: qué escuchamos, qué podemos aprender de esto y cómo podemos salir adelante. Bien o mal, más allá de las peleas entre dirigentes políticos, en el medio está la gente. Y a la gente hay que cuidarla. Por otro lado, estas son las reglas de la democracia donde se gana y se pierde. No podemos caer en una postura pseudo infantil o caprichosa en la que, como no salieron las cosas como yo quería, entonces me enojo. Me parece que no corresponde», sostuvo.
– Nos siguen impactando las ondas expansivas de los resultados de las PASO del domingo pasado… ¿Qué nos pasa a los argentinos?
– Hace dos semanas leímos el Evangelio de Marcos 7, cuando Jesús cura al sordomudo. Lo primero que recordé es que una persona sordomuda primero es sorda y por serlo no puede hablar y no aprende a hablar. Pensé en ponerle mucha atención a la escucha. Y en el caso nuestro, como sociedad argentina, así como a veces tenemos problemas para escuchar y utilizamos un hisopo para sacarnos un tapón de cera y limpiarnos el oído, también creo que tenemos tapones de cera ligados a la intolerancia, la falta de respeto por la opinión del distinto, el tapón de cera del relato: yo hago las preguntas, doy las respuestas y todo pasa por un análisis personal e individual. Distintos tapones de cera que como sociedad tenemos, que no nos permiten escucharnos. Como no nos escuchamos, tampoco sabemos dialogar. Por eso ejercemos mucho maltrato a la hora de decir algo, y si está el otro hablando estoy esperando que termine e inmediatamente darle mi respuesta, o nos comunicamos a los gritos, o ignorando al otro haciendo profundo silencio.
Por no tener esta capacidad de escucha -ligada a estos simbólicos tapones de cera- no hemos aprendido lo que es el diálogo. En esta línea es que tenía un hisopo como recurso pastoral, que hizo mi secretaria del obispado de Río Gallegos, y allí lo presenté en misa. ¿Qué nombre le pondríamos a estos hisopos hoy? El hisopo de la humildad, aceptar que no tengo toda la razón y toda la verdad; el hisopo del respeto por la opinión del distinto; el hisopo de la apertura a la diversidad; el hisopo de escuchar la realidad que es verbal y nos habla, como decía Romano Guardini. ¡Cuántos hisopos tenemos que usar para sacarnos estos tapones de cera que nos han hecho una sociedad intolerante y que se comunica a los gritos!
– Reflexionemos sobre este acto eleccionario y las consecuencias que han traído los resultados, las peleas, relacionándolo con la falta de escucha de lo que estaba demandando el pueblo, el gran dolor de la gente, las enormes necesidades, la distancia con la agenda de los más vulnerables. ¿Cómo vivió usted estos días?
– Justamente, acompañando este recurso pastoral del hisopo y los tapones de cera de los argentinos, recordaba una frase de Albert Camus, quien escribió la novela «La peste» a mediados del siglo XX: «Esa enfermedad de porquería que aún a los que no contagió terminó enfermando». Yo creo que todos, aún los que no contrajeron Covid-19, nos terminamos enfermando con lo que significó la pandemia. Y hablo de dos pandemias: la de Covid-19 y otra pandemia de emociones ligadas al miedo, la incertidumbre, la angustia, a la pérdida de un ser querido. Creo que muchos políticos, muchos dirigentes, no vivieron esta segunda pandemia porque cuando nosotros teníamos muchas ganas de ver seres queridos y no podíamos, ellos viajaban; cuando nosotros no podíamos vacunar a nuestros abuelos, ellos ya estaban vacunados; cuando nosotros no podíamos encontrarnos, ellos se encontraban; incluso ya no solamente inventando el concepto de personal «esencial» sino también el de «estratégico» con lo cual siempre quedaban cubiertos. Por no haber vivido esta segunda pandemia, no entendieron lo que le pasaba a la gente. Y eso fue lo que se expresó en las elecciones. La gente expresó lo que le pasa de verdad y por eso algunos quedaron sorprendidos porque vivían en otro mundo y porque no escuchaban.
– Usted marca la incapacidad para hacer un buen diagnóstico y seguir planificando hacia el futuro. Esto sigue siendo una deuda. Sin embargo, veo una deuda aún mayor: la intolerancia hacia la incomprensión de la realidad. ¿Hisopo para los políticos? ¿Cómo evalúa estas reacciones tan intemperantes frente al mensaje de las urnas?
– Justamente, lo que sucedió y lo expresaba muy bien monseñor Víctor Fernández, el arzobispo de La Plata: estuvieron durante un tiempo muy entretenidos con otros temas que a la gente, y especialmente a los sectores más pobres y vulnerables, no les importaban y que no tenían nada que ver con ellos, ligado a que si el Documento podía tener la identidad binaria, ligado al tema del aborto, a la legalización de la marihuana, e incluso a la eutanasia, mientras a la gente le pasaba otra cosa. Creo que lo que sucedió es que, de manera impactante, recibieron la noticia de que precisamente a la gente le pasaba otra cosa, que la realidad de los sectores más pobres, de la clase media laburante que trata de salir adelante y ve que no le alcanza, toda esa realidad tan compleja los dejó impactados. Cuando uno recibe un cachetazo como pudo haber significado –si me permiten decirlo– el resultado de las PASO, creo que habrá que utilizar el hisopo de la humildad: qué escuchamos, qué podemos aprender de esto y cómo podemos salir adelante. Bien o mal, más allá de las peleas entre dirigentes políticos, en el medio está la gente. Y a la gente hay que cuidarla. Por otro lado, estas son las reglas de la democracia donde se gana y se pierde. No podemos caer en una postura pseudo infantil o caprichosa en la que, como no salieron las cosas como yo quería, entonces me enojo. Me parece que no corresponde.

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«El Espíritu Santo me inspiró a invocar a Juan Pablo I»

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El sacerdote porteño que propuso a la mamá de Candela invocar la intercesión del papa Luciani, afirma que «desde chico me impresionó la alegría y profunda humildad» del futuro beato.

«Yo siempre digo que el Espíritu me inspiró», afirma el presbítero José Dabusti, que propuso a Roxana, la mamá de Candela Giarda, invocar a Juan Pablo I por la salud de su hija, el 22 de julio de 2011, la noche que, según los médicos, la niña se moría. La sanación milagrosa de Candela, reconocida por el Papa Francisco el 13 de octubre, permitirá que Albino Luciani sea beatificado.
El padre Dabusti, hoy párroco de Nuestra Señora de las Mercedes en el barrio porteño de Belgrano, contó que su devoción por Juan Pablo I le viene de lejos.
«Desde mis 13 años -recuerda-, cuando Albino Luciani fue elegido Papa en agosto del 78, a mí me impresionó su figura, su persona, sobre todo por su alegría, por la sonrisa que transmitía. Esa alegría interior suya tan especial».
«Y sobre todo -destacó Dabusti- su humildad. Me impresionaba mucho su humildad, la sencillez de su personalidad. Y desde ese momento siempre le recé».
El párroco de las Mercedes contó que a todas las personas que viajaban a Roma, antes y después de ser sacerdote, les pedía que rezaran sobre la tumba del papa Luciani «para que yo fuera buen cura».
De ahí que el padre José no duda en reconocer que Juan Pablo I «me ayudó mucho en el camino de mi discernimiento vocacional y siempre lo tuve muy interiormente».
Sin embargo, Dabusti reconoce que más allá de eso «son contadas las veces que yo le haya pedido a alguien que invoque a Juan Pablo I, aún cuando ya estaban en proceso de estudio sus virtudes heroicas».
«Pero en esa oportunidad sentí muy claramente proponerle a Roxana rezar juntos y pedir por la intercesión de Juan Pablo la sanación de Candela».
«Dios fue preparando el camino»
El padre José evocó cómo se fueron sucediendo los acontecimientos en aquel 2011. «Cuando Candela estaba internada en la Fundación Favaloro con un cuadro de salud muy grave, su mamá se acercó a la parroquia Nuestra Señora de la Rábida, de la que yo era párroco en aquel entonces, y me pidió que visitara a su hija que estaba en terapia intensiva de Pediatría».
«A partir de ahí yo iba a visitarla de vez en cuando y le administré el sacramento de la Unción de los Enfermos. Por su parte Roxana iba periódicamente a la parroquia para rezar, asistía a misa, charlábamos y rezábamos por Candela».
«El 22 de julio de 2011 después de la misa me comunicó que Candela había contraído un virus intrahospitalario, una neumonía, y que los médicos le dijeron que no había mucho más que hacer y que por la gravedad que tenía, era muy difícil que pasara esa noche», recuerda el padre José.
«Entonces -continuó contando el sacerdote- fuimos una vez más a la Fundación Favaloro, y al rezar junto a Candela propuse invocar la intercesión de Juan Pablo I. Roxana no sabía quién era, así que le expliqué brevemente por qué yo quería invocar al papa Luciani, y junto con dos enfermeras, rezamos». Roxana y yo pusimos nuestras manos sobre el cuerpito de Candela que teniendo 11 años pesaba 19 kilos».
El padre Dabusti recuerda que a partir de ese momento, en los días siguientes «Roxana me iba comunicando las mejorías de su hija. Tras aquella noche dramática fue evolucionando día tras día, semana tras semana, hasta que salió de terapia intensiva. Luego perdí contacto con ellas».
«A fines de 2014 -relató el padre José-, estando yo confesando en la parroquia de la Rábida veo acercarse a Candela con su mamá. A Roxana la reconocí enseguida, a Candela no. Y fue una emoción enorme el reencontrarnos y ver milagrosamente curada a Candela».
Dabusti recuerda que en esa oportunidad le dijo a la mamá de Candela: «Yo creo que en algún momento, vamos a tener que informar a Roma de lo que pasó. Y ella asintió porque se acordaba perfectamente a quién le habían rezado esa noche».
En estos días de emoción y alegría, en los que el padre José es requerido por muchos medios que quieren escuchar de primera mano los relatos de la curación milagrosa de Candela por intercesión del Papa de la sonrisa, el sacerdote mira para atrás y confiesa a AICA que «es maravilloso ver cómo Dios fue preparando este camino, muy silencioso, con sus idas y sus vueltas, pero con tantas personas que fueron poniendo su corazón en todo este proceso que llegó a su punto culminante el 13 de octubre».
Dabusti se emociona al señalar «cómo una figura que tuvo tan breve presencia como Papa, en su silenciosa y fugaz presencia es un signo profético que Dios nos fue revelando en los pontificados siguientes hasta el papa Francisco».
Y por último, el párroco de las Mercedes reflexiona que «para nosotros los argentinos, que sea un milagro ‘entre los pequeños’, -resalta la figura de ambas mujeres, Candela y Roxana, de una fe impresionante- creo que es un signo de esperanza, que nos invita a renovar nuestra fe y sobre todo a creer que Dios sigue siendo el Señor de la historia y que nos enseña a ser como Juan Pablo I, alegres y humildes servidores, cada uno en nuestro lugar».

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Papa Francisco: «No se puede vivir de subsidios»

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18.01 El Sumo Pontífice participó este jueves de la segunda jornada del Coloquio de IDEA y rescató la importancia de «la dignidad del trabajo».

El Papa Francisco sostuvo este jueves que «no se puede vivir de subsidios», ya que se trata de una «ayuda provisoria», por lo cual rescató la importancia de «la dignidad del trabajo».

«No se puede vivir de subsidios, porque el gran objetivo es brindar fuentes de trabajo diversificadas que permitan a todos construir el futuro con el esfuerzo y el ingenio», enfatizó.

En un videomensaje que envió al Coloquio de IDEA, el Sumo Pontífice señaló que esas fuentes, «por ser diversificadas, abren el camino para que las distintas personas encuentren el contexto más adecuado para desarrollar sus propios dones, ya que no todos tienen las mismas capacidades e inclinaciones».

Además, se quejó: «Algunos me han hecho decir cosas que yo no sostengo: que propongo una vida sin esfuerzo, o que desprecio la cultura del trabajo».

«Imagínense si se puede decir eso de un descendiente de piamonteses, que no vinieron a nuestro país con ganas de ser mantenidos sino con un enorme deseo de arremangarse para construir un futuro para sus familias», señaló Francisco.

Y añadió: «Es curioso, no ponían la plata en el banco los migrantes, sino en ladrillos y terreno. La casa, lo primero. Miraban adelante hacia la familia. Inversión de familia».

Con relación al Coloquio, que este jueves transita por su segunda jornada, dijo: «Deseo de corazón que sea un momento de verdadero intercambio que pueda recoger el aporte innovador de los empresarios y el de los trabajadores que luchan por su dignidad y por sus familias».

El Papa recordó que durante su pontificado se refirió varias veces «a la noble vocación del empresario que busca con creatividad producir riqueza y diversificar la producción, haciendo posible al mismo tiempo la generación de puestos de trabajo».

«Porque no me cansaré de referirme a la dignidad del trabajo. Lo que da dignidad es el trabajo. El que no tiene trabajo, siente que le falta algo, le falta esa dignidad que da propiamente el trabajo, que unge de dignidad», añadió.

Francisco insistió con que el trabajo «expresa y alimenta la dignidad del ser humano, le permite desarrollar las capacidades que Dios le regaló, le ayuda a tejer relaciones de intercambio y ayuda mutua, le permite sentirse colaborador de Dios para cuidar y desarrollar este mundo, le hace sentirse útil a la sociedad y solidario con sus seres queridos».

«Por eso, el trabajo, más allá de los cansancios y dificultades, es el camino de maduración, de realización de la persona, que da alas a los mejores sueños. Siendo esto así, queda claro que los subsidios sólo pueden ser una ayuda provisoria», destacó.

Y concluyó: «Por esta senda, creo que el diálogo entre los empresarios y los trabajadores es no sólo indispensable sino también fecundo y prometedor».

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El papa Juan Pablo I será beatificado

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18.17 El Vaticano reconoció como un milagro el caso de una niña argentina que hace 10 años estaba en estado vegetativo pero que se curó de forma inexplicable tras el rezo de su madre a Albino Luciani.

El Papa Francisco autorizó esta mañana promulgar el decreto para la beatificación de Juan Pablo I, el Santo Padre que duró solo 33 días como máxima autoridad eclesiástica hasta que en la madrugada del 28 de septiembre de 1978 fue encontrado sin vida en su cama. Su muerte estuvo bajo un manto de sospecha y teorías conspirativas. El Vaticano reconoció como un milagro el caso de una niña argentina que hace 10 años estaba en estado vegetativo y sin esperanzas de sobrevivir pero que se curó de forma inexplicable tras el rezo de su madre a Albino Luciani, aquél que por su cordialidad llegó a ser conocido como “La Sonrisa de Dios”.

Se abre así el camino para la beatificación del Pontífice veneciano y ahora sólo se espera la fecha, que será fijada por el Papa Francisco.

Albino Luciani nació el 17 de octubre de 1912 en Forno di Canale, Italia. Luego de una infancia marcada por el hambre y la pobreza, a los 12 años ingresó en el seminario. En 1937 fue ordenado sacerdote. Se doctoró en teología y su trabajo con los más necesitado llamó la atención entre sus colegas. De esta forma fue ascendiendo en la jerarquía eclesiástica: Obispo, Patriarca de Venecia, Cardenal. También integró el Concilio Vaticano II. Tras la muerte de Paulo VI, a los 66 años Luciani asumió como Sumo Pontífice en 1978.

Solo duró 33 días como máxima autoridad eclesiástica. No llegó a dejar un legado palpable ni en la Iglesia ni en el mundo, pero sí sus gestos repetidos a diario fueron símbolos de un intento por dejar de lado el lujo habitual del Vaticano, de mostrar una imagen de mayor humildad. De hecho en su corto lapso descubrió que las finanzas y otros asuntos internos estaban desacomodados. El largo período de Pablo VI y su avanzada edad habían servido para que varios hicieran negocios espurios. En este contexto se llegó a afirmar que Juan Pablo I estaba preparando una serie de cambios entre obispos y cardenales de mayor poder con el objetivo de combatir la corrupción.

La versión oficial del Vaticano indicó que murió de un ataque al corazón en la madrugada del 28 de septiembre de 1978. Pero su fallecimiento se tiñó de sospechas y teorías conspirativas con diversas tesis que sostenían que había sido asesinado.

Luciani fue el primero en usar un doble nombre en reconocimiento a sus más inmediatos antecesores, Juan XXIII y Pablo VI. Además fue el último de los papas italianos luego de cuatro siglos. Tras su muerte se acabó la hegemonía italiana. Los siguientes serían un polaco, un alemán y Francisco, un argentino. Fue también el último Papa en morir en el Siglo XX.

En 2003, su sucesor, Juan Pablo II, lo declaró Siervo de Dios, iniciando el camino a la santidad. En 2017 el Papa Francisco lo proclamó Venerable. Ahora el Vaticano aprobó un milagro vinculado a Luciani y que tiene que ver con la historia de una niña argentina.

En 2011, Candela Giarda comenzó con dolores de cabeza que luego derivaron en vómitos y fiebre. En Paraná, su ciudad natal, nadie podía explicarla a su madre cómo curar a la niña, solo le informaron que estaba incubando un virus. Su cuadro se fue agravando hasta terminar internada en terapia, en coma y con respirador. “Tenía convulsiones y probaban con distintos anticonvulsivos, pero nada funcionaba”, recuerda Roxana Sosa, la mamá de Candela.

La niña de 10 años fue trasladada a la Fundación Favaloro donde tampoco pudieron dar un diagnóstico preciso. Años después, los especialistas concluyeron que la patología era FIRES (síndrome epiléptico por infección febril), una enfermedad de las consideradas raras, que afecta a una persona en un millón, casi siempre sin posibilidad de sobrevida.

No había esperanzas para Candela. Incluso los médicos le recomendaron a la madre que volver a Paraná para que muriera en su casa. De llegar a sobrevivir el pronóstico era desalentador: especialistas decían que iba a quedar en estado vegetativo, ciega. La noche del 22 de julio de 2011 una médica le dijo a Roxana que no podían hacer más nada: “Cande se muere esta noche”. Desesperada, entre lágrimas, acudió a la iglesia a la que siempre iba a rezar, la parroquia Nuestra Señora de la Rábida, ubicada a metros de la clínica.

Allí se encontraba el Padre José Dabusti quien luego se acercó a la cama donde se encontraba y encomendó el destino de la niña a Juan Pablo I. Roxana no sabía nada de la historia de ese Papa, pero rezó y se quedó junto a su hija esperando que transcurrieran las horas. Se aferró a la posibilidad de un milagro que finalmente ocurrió. Al menos no hay explicación para sostener cómo a las pocas horas de invocar a Juan Pablo I, Candela empezó a evolucionar de manera favorable hasta abandonar definitivamente el hospital. Hoy, a sus 21 años, Candela es una joven que vive una vida normal, estudia Seguridad e Higiene animal en la universidad, tiene un emprendimiento de venta de mil, pero lo más importante: está sana, sin secuelas de los días dramáticos que vivió hace una década.

Fue el Padre José quien le escribió una carta al Papa Francisco contándole lo sucedido. El milagro de Candela fue estudiado por la Comisión Médica del Vaticano que, en este caso, dio una sentencia positiva unánime. Los teólogos también dieron su veredicto positivo. Finalmente los cardenales reafirmaron que se trató de un milagro.

¿Cómo es el proceso de beatificación y canonización?

El camino para que un candidato sea reconocido como beato y santo es riguroso, de muchas exigencias y hasta oneroso. Es un proceso que no solo puede llevar a durar años, sino décadas y hasta siglos, como el caso de la beata argentina Mama Antula, que tras la apertura de la causa en 1905 todavía no ha sido declarada santa.

Para que una persona sea candidata al libro de los santos, el primer paso es que en vida ya tuviera una fama de santidad y que continúe después de la muerte. Otro requisito es que después del fallecimiento las personas pidan su intercesión para obtener gracias. Una vez cumplida estas condiciones, el obispo de la diócesis, donde ha nacido el candidato, pide la apertura del proceso a la Congregación para la Causas de los Santos. Una vez aceptada la apertura de la causa, el candidato pasa a llamarse Siervo de Dios. Una vez que comienza la causa se llaman a declarar a los testigos que han conocido a la persona, o han escuchado hablar de ella. Entre ellos también puede haber testimonios en contra. El relator de la causa prepara el documento llamado Positio, que consta de una exhaustiva investigación. Si la Congregación de la Causa de los santos aprueba la Positio, el Papa emite el decreto de heroicidad de las virtudes que convierte el Siervo de Dios en Venerable. Una vez que se comprueba que los datos enviados son correctos comienza la Fase Romana.

Cuando la causa llega a Roma, el postulador tiene que demostrar que ha habido un milagro por intercesión del candidato: tiene que ser una sanación científicamente inexplicable y permanente. Una comisión médica compuesta por hasta 50 profesionales estudia que cumpla estas características y después los obispos y cardenales deben dar un veredicto positivo sobre el milagro. Luego, el Prefecto elabora un decreto que será confirmado por el Papa. Cuando este lo aprueba, ya se puede fijar fecha para la beatificación y así el Venerable es declarado beato. El siguiente paso será la canonización, que requiere de otro milagro realizado después de la beatificación y, obviamente, atribuible a la intercesión del nuevo beato. Y de esta manera se declara santo. (Infobae)

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