El Derecho es de la gente: Marcelo Molina y el desafío de acercar la Justicia a la comunidad

El juez Marcelo Molina encabezó este viernes en Rafaela el encuentro «Tu pregunta no molesta», una propuesta abierta que buscó acercar el derecho de familia a la vida cotidiana. Adopción, alimentos, cuidados, violencia y derechos de la niñez formaron parte de una conversación atravesada por una idea central: para ejercer un derecho, primero hay que conocerlo.

La distancia entre aquello que establece una ley y lo que efectivamente conoce una persona puede convertirse, muchas veces, en una barrera tan concreta como cualquier otra. Sobre esa premisa, se desarrolló este viernes en la Biblioteca del Centro Empleados de Comercio de Rafaela el encuentro «Tu pregunta no molesta», encabezado por el juez Marcelo Molina y pensado como un espacio de intercambio directo con la comunidad.

Más que una conferencia tradicional, la propuesta buscó construir una conversación alrededor de las inquietudes que atraviesan cotidianamente al fuero de familia. «Fue un encuentro con las personas que integran la comunidad para hacer una suerte de ping-pong de preguntas y respuestas», explicó Molina, quien enmarcó la actividad en el Proyecto del Tiempito, una iniciativa que lleva adelante desde Rosario desde hace más de una década.

Detrás de ese formato aparece una concepción que el magistrado considera fundamental. «El derecho es de la gente. El derecho no es de los jueces, de los abogados, de los estudiosos ni de los funcionarios públicos. Si el derecho es de la gente, lo primero que tiene que pasar es que conozca cuáles son sus derechos, se apropie de ellos y los sepa ejercer», sostuvo.


Entre la ley y lo que creemos que dice

Las consultas que llegan a estos encuentros permiten advertir hasta qué punto existen dudas alrededor de situaciones habituales. Molina identificó entre los temas recurrentes a la adopción, las obligaciones alimentarias, el cálculo y extensión de las cuotas, la violencia familiar y de género, los divorcios, la administración de los bienes matrimoniales y problemáticas vinculadas con consumos y salud mental.

El problema no reside únicamente en desconocer una norma, sino también en la persistencia de creencias instaladas socialmente que no tienen correspondencia con el ordenamiento jurídico. El juez puso como ejemplo la extendida idea de que una convivencia de cinco años se transforma automáticamente en matrimonio, algo que, remarcó, nunca estuvo contemplado de esa manera en la legislación argentina.

«Hay una norma que dice que el derecho se presume conocido por todos, pero es una ficción necesaria para poder trabajar. Uno tiene que reconocer que, en gran medida, es una ficción», señaló. Esa dificultad también aparece en materia alimentaria y alcanza incluso a empresas encargadas de aplicar retenciones judiciales.

Por eso, para Molina, la divulgación jurídica no constituye un aspecto accesorio. Los encuentros cara a cara permiten «ir entre todos construyendo algún tipo de conocimiento común» que reduzca la distancia entre las normas y quienes necesitan recurrir a ellas.

La niñez como sujeto de derechos

Uno de los ejes centrales de la conversación estuvo puesto en los derechos de niños y adolescentes. Allí, Molina planteó que el cambio normativo de las últimas décadas todavía convive con prácticas culturales heredadas del antiguo paradigma del patronato, bajo el cual el niño quedaba subordinado a las decisiones adultas.

La jurista argentina Mary Beloff, en «Los derechos del niño en el sistema interamericano» (2004), analiza esta transformación a partir del contraste entre el viejo modelo tutelar y el paradigma de protección integral de derechos consolidado con la Convención sobre los Derechos del Niño. Un cambio jurídico y conceptual que reconoce a niños y adolescentes como titulares de derechos, aunque su traducción efectiva en las prácticas sociales e institucionales continúa siendo un desafío.( ( Molina lo expresó desde su experiencia judicial: «Se dice ahora que el niño es sujeto de derecho, pero en la ley. De allí a que eso pase en la realidad, hay una distancia bastante importante». Según el especialista, escucharlos tampoco significa trasladarles decisiones que corresponden a los adultos, sino comprender sus edades, desarrollo, contexto social, cultura y sistema de creencias.

Ese criterio también obliga al Poder Judicial a revisar su propia mirada. El magistrado advirtió sobre el riesgo de analizar la realidad de un niño desde la propia experiencia social del juez. Esa mirada, sostuvo, puede llevar a desconocer contextos familiares y culturales diferentes.

Al mismo tiempo, la complejidad se profundiza cuando las disputas entre adultos terminan afectando precisamente a quienes dicen intentar proteger. Frente a esas situaciones, Molina consideró insuficiente una respuesta exclusivamente jurídica. «Con el derecho no alcanza», resumió al señalar la necesidad de intervenciones provenientes de la psicología, la psicopedagogía, la psiquiatría y la antropología.

El encuentro realizado en Rafaela dejó así una discusión que excede a los tribunales. Si los derechos pertenecen a las personas, conocerlos y comprenderlos forma parte de la posibilidad concreta de ejercerlos. En materia de familia y, especialmente, cuando están involucrados niños y adolescentes, esa construcción requiere además que la Justicia sea capaz de dialogar con realidades que ninguna ley puede explicar por sí sola.

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