Una de las ideas más audaces de la bioeconomía argentina empezó en Rafaela

Molitor nació hace pocos años en la incubadora del INTA Rafaela, y hoy es una de las iniciativas innovadoras más prometedoras, en una industria que casi no existe en Sudamérica: la producción de proteínas a partir de insectos. Los concejales Juan Senn, María Paz Caruso, Valeria Soltermam y Maximiliano Postovit conocieron de cerca el desarrollo de esta Startup de la mano de sus fundadores, los ingenieros Matías Becherini e Ignacio Sola.

Si hay una ciudad donde una idea puede convertirse en industria, es Rafaela. Así lo enseña su pasado y su presente.

Molitor es un ejemplo de esa potencia que caracteriza a nuestra ciudad, una startup que cría a gran escala el llamado “gusano de la harina” (tenebrio molitor), y lo transforma en ingredientes de alto valor: harina proteica para alimento de mascotas, aceites para nutrición animal y fertilizante natural para el agro. Nada se desperdicia: los insectos se alimentan con subproductos del campo y hasta el residuo que generan se aprovecha. Es la economía circular contada sin manual: lo que para otros es descarte, acá es materia prima.

Los números que manejan sus fundadores impresionan: producir estas proteínas requiere menos superficie, por eso esta industria crece fuerte en Europa y Asia, donde Becherini y Sola la conocieron trabajando, antes de tomar una decisión que lo cambió todo: en lugar de quedarse allá, volvieron a desarrollarla acá, en Rafaela.


Durante la recorrida, los concejales dialogaron con los emprendedores sobre la proyección de la planta industrial, las necesidades de la empresa, y el vínculo con el ecosistema productivo local. También estuvo presente la especialista Dra. Romina Manfrino, del INTA y CONICET.

«Escuchar a Matías e Ignacio emociona: podrían estar desarrollando esto en cualquier lugar del mundo, pero eligieron hacerlo acá. Queda clarísimo que en Rafaela necesitamos generar las condiciones para que más empresas se animen, poner a la ciudad a la altura de los que se animan”, manifestó María Paz Caruso luego de la visita.

Por su parte, Juan Senn destacó: “Rafaela se hizo grande así: con emprendedores que desde lo pequeño se animaron a saltar hacia la industria: talleres que se convirtieron en metalúrgicas, tambos que se convirtieron en lácteas, artesanos de embutidos caseros que terminaron fundando frigoríficos, y acá podemos apreciar a Molitor, que tiene esa misma potencia, la de crecer, creer, renovar, reinventarse siempre”.

Porque si algo quedó claro durante la visita es que Molitor no es una rareza: es la continuidad de una historia. Rafaela tiene la potencia que tiene porque nunca esperó que el futuro llegara de afuera; lo fue construyendo con lo que tenía a mano, con trabajo y con audacia.

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