Los alquileres se disparan y modifican la vida de miles de hogares de la ciudad

El último informe sobre el relevamiento socioeconómico Rafaela 2025, que llevó adelante el ICEDeL, reveló un aumento significativo de los hogares de inquilinos en la ciudad, alcanzando un 29,8% durante este año, en comparación al 14,2% de 1998. Desde CASTELLANOS, analizamos el impacto de este fenómeno y exploramos sus consecuencias en la vida cotidiana de los rafaelinos.

Por Nicolás Bordón- En las últimas décadas, la ciudad duplicó la cantidad de familias inquilinas y enfrenta un mercado de viviendas cada vez más costoso y restringido. El aumento de los alquileres golpea especialmente a estudiantes, jóvenes trabajadores y jubilados, en un escenario marcado por ingresos que no alcanzan y empleos inestables.

Según el Relevamiento Socioeconómico de Rafaela 2025, recientemente publicado, se consolida una tendencia sostenida: cada vez más rafaelinos se ven forzados a alquilar ante la imposibilidad de acceder a una vivienda propia. Lejos de ser una elección, el alquiler se impone como única alternativa en un contexto de desigualdad habitacional que interpela el futuro de la ciudad y la calidad de vida de quienes la habitan.

Aumento de alquileres como tendencia sostenida

La vivienda, lejos de ser sólo un bien material, es un pilar en la construcción de la vida y la integración social. En su obra «La miseria del mundo» (1993) el sociólogo francés Pierre Bourdieu plantea que la casa no es únicamente un espacio físico, sino un espacio social donde se juegan relaciones de poder y de pertenencia. En este sentido, lo que allí se pone en juego refiere a una dualidad determinante en la construcción de la vida social: estar integrado o estar excluído del mercado de vivienda propia. En este caso, el crecimiento del peso de los inquilinos en Rafaela se da en paralelo a la dificultad de acceso a la propiedad; consolidando incrementos significativos en los costos de los alquileres, según advierte el informe local.


En esta dirección, el alcance de la problemática está claro. Según los datos revelados, los últimos años muestran que el mercado de alquileres experimentó incrementos significativos en los costos, afectando de manera determinante a quienes no cuentan con una vivienda propia. A la par, el acceso a la propiedad se vuelve cada vez más difícil para amplios sectores de la población lo que se traduce en un leve retroceso del porcentaje de propietarios y en una creciente presión sobre el gasto destinado a vivienda.

Además, el relevamiento señala una limitación importante para aquellos que no son propietarios, cuando refiere que entre los hogares no propietarios, sólo el 12,6% cuenta con un terreno propio, lo que acota las posibilidades de proyectar soluciones habitacionales por la vía de créditos hipotecarios para la construcción. Esta falta de acceso a terrenos propios reduce las alternativas para quienes buscan acceder a una vivienda.

Estos hechos, dan cuenta de un fenómeno cuyo impacto se presenta como transversal; debido a que afecta a familias jóvenes que buscan independizarse, a estudiantes que llegan a la ciudad en el marco de su consolidación como polo universitario (el 37,8% de la población inactiva son estudiantes), y a jubilados que deben destinar una porción creciente de haberes depreciados por la inflación. Como sostenía Robert Castel en su obra «La inseguridad social: ¿qué es estar protegido?» (2003), la inseguridad habitacional es hoy una de las formas más extendidas de vulnerabilidad social porque desestabiliza proyectos vitales y multiplica la incertidumbre. En este caso, las estrategias de los hogares confirman ese cuadro cuando observamos que: el 17% debió recurrir a créditos para cubrir gastos básicos; el 6,7% vendió pertenencias para sostenerse y un 4,2% recibió ayuda en mercadería, ropa o alimentos. Para muchos, pagar el alquiler implica sacrificar otros aspectos de la vida cotidiana.

Miradas hacia el futuro

El aumento de los alquileres en Rafaela plantea desafíos importantes para el futuro de la ciudad, y según el relevamiento «revela la necesidad de comprender las condiciones materiales en las que vive la población y dar cuenta de los modos en que las familias enfrentan las tensiones económicas cotidianas». En este sentido, es necesario un debate profundo y una acción coordinada entre el gobierno, el sector privado y la sociedad civil para encontrar soluciones innovadoras y sostenibles, ya que en un mundo cada vez más incierto y desigual, la vivienda se convierte en un factor fundamental para la proyección social de la ciudad. Sin acciones coordinadas que regulen el acceso y amplíen la oferta, la ciudad corre el riesgo de profundizar desigualdades territoriales y sociales que pueden consolidarse en el mediano plazo.

Tal como sostiene Zygmunt Bauman en «Modernidad Liquida» (2002), «la fragilidad del presente impide la planificación del futuro». Si el acceso al hogar (ese espacio sólido por excelencia) se vuelve inestable, lo que está en juego es mucho más que un contrato: es la posibilidad de proyectar la vida en comunidad

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