Por Nicolás Bordón- Desde que tomó las riendas de la tradicional librería «Pura Letra», Marisol no sólo vende libros sino que también, propone distintas experiencias. Es frecuente enterarse de las distintas actividades gratuitas para niños y niñas, encuentros con autores, talleres creativos, presentaciones de libros, charlas, conferencias, viajes a distintos eventos y también, una agenda cultural que le dio al espacio una identidad única en la ciudad. En relación al lugar que fue ganando el libro en el mundo del juguete, Marisol sostuvo: «Hace tiempo que venimos notando que comienza a romperse la prenoción de que las infancias sólo se entretienen con el juguete; por el contrario, vemos que en muchos casos, juegan mucho más con un libro. Como dice la editorial Penguin Random House, un libro es un regalo para siempre. El libro trasciende, requiere tiempo para leerlo, para que me lo cuenten; y además, resulta un objeto cuyo contenido puede tener distintos sentidos a lo largo de la vida personal. Para hablar sólo de los libros de cuentos, sucede que esa misma historia puede tener un significado u otro depende la etapa de la vida donde nos encontremos. Esto hace que el libro sea mucho más que un juguete del presente, del instante. Nos deja y nos invita a involucrarnos dentro de su contenido y allí reside su magia».
Por otra parte, en cuanto a cómo se ha transformado la vinculación de las familias que eligen el libro como regalo para las infancias, Marisol nos contó: «Desde ‘Pura Letra’ queremos celebrar a las infancias que leen y a las familias que eligen el libro para sus hijos. Tenemos una comunidad gigante que viene creciendo día a día. En estos cinco años que me toca estar al frente de ‘Pura Letra’, no sólo he visto niños que antes leían poco y ahora leen un montón, sino también familias que acompañan, que invierten tiempo en estas experiencias. Uno ve al abuelo, al papá y a la mamá, sentados en el piso escuchando un cuento, disfrutando de un malabar. Este año vamos a incorporar canto y coro como actividades artísticas que también requieren de la atención de chicos y familia, y estamos muy ansiosos por ver todo lo que resulta de ello».
En lo referente a como se ha transformado el libro como juguete en términos comerciales, Marisol expresó la influencia de ciertos aspectos generacionales: «Muchas veces nos sucede que personas mayores vienen a pedirnos libro para niños o para niñas, y la verdad que eso ya se transformó completamente. Hoy los libros no se diferencian de esas maneras, las historias son de todas las infancias, sin importar género o ideología. Actualmente, el lobo le gusta a todos, igual que el superhéroe o la princesa. Creo que actualmente las familias buscan muchos libros que contengan moraleja, que apuesten a la construcción de una crianza positiva. Mensajes que generen apoyo para las distintas circunstancias de la vida como puede ser el bullying, la cuestión alimentaria, la discapacidad, entre otras. Para todo ello, es fundamental la curaduría».
Por último, su vínculo con la maternidad también aparece como un elemento que resignifica su mirada sobre el día de las infancias. «Además de librera soy madre y a mi niño siempre le he propuesto libros para que podamos jugar juntos. Tengo mi casa llena de cuentos y a pesar de que mi hijo ya es grande, disfrutamos mucho de leer distintas cosas. Cada vez que llega un cuento lindo me lo tengo que llevar porque creo mucho en la potencia que tiene para contar historias; no sólo a niños sino también a adultos. En particular, creo que el cuento nos pone en un lugar infantil lindo, nos hace ver la vida desde otro ángulo, cambiar el prisma de la mirada. Contar un cuento es algo mágico y escuchar uno es algo hermoso».
Cuidar lo que no siempre se ve
Desde el espacio terapéutico GLIA, María Eugenia Olivera acompaña a infancias en procesos de desarrollo, aprendizaje y cuidado emocional. Como psicopedagoga y mamá, su mirada se detiene en aquello que muchas veces pasa desapercibido como los gestos, los tiempos, las emociones no dichas. En el «Día de las Infancias», su palabra nos invita a pensar cómo se construye el bienestar desde lo cotidiano y por qué el juego, el vínculo y la escucha siguen siendo los verdaderos regalos que los chicos y chicas necesitan.

En relación a lo que representa este «Día de las Infancias» desde una mirada terapéutica, Maria Eugenia sostuvo: «El día de las infancias es una oportunidad para estar con nuestros niños, para mimarlos, demostrarle nuestro afecto generando así recuerdos felices y darnos a nosotros los adultos la oportunidad de recrear momentos de nuestra propia infancia con juegos, historias y diversión. Hoy los niños como siempre necesitan nuestro tiempo, que podamos relacionarlos con ellos, estar disponibles para ellos desde la mirada, la escucha y la dedicación. Muchas veces creemos que con llevarlos al parque o al cine estamos dedicándoles tiempo, por supuesto que sí, pero ellos también necesitan nuestro tiempo de relacionarlos y vincularnos, la presencia indiscutible del amor de todo papá a un hijo o de cualquier adulto hacia un niño, esa mirada amorosa y cuidadosa hacia el infante es esencial. Actualmente, la demanda en el espacio terapéutico suele aparecer por problemas de conducta, problemas atencionales, problemas de adaptación escolar, problemas de lenguaje. Hoy en día, las infancias y las adolescencias atraviesan tiempos difíciles: acceso temprano a la tecnología y aplicaciones sociales, la falta de presencia, la ausencia de espacios seguros para mostrarse tal cual son. Tanto las familias como los niños expresan que hay malos tratos en los grupos de pares, dificultades en la convivencia escolar, competencia y problemas de conducta. Se percibe falta de límites, no son claros y firmes».
Por otro lado, en lo que refiere al dilema en el que nos coloca la era de la hiperconectividad, Olivera expresó: «Los tiempos son breves o apurados, por eso siempre es importante disponer en el día de momentos que me permitan conectar con los niños; ellos no necesitan que estemos horas sentadas jugando, pero sí que los momentos que compartimos sean de calidad, de respeto, de armonía, de escucha, de aprendizaje, y que generemos ese espacio sólo para ellos. Hace falta que nosotros, lo adultos, desconectemos un poco del mundo que nos rodea para estar disponibles».
Por último, en lo que refiere a su rol de madre, Olivera nos contó: «El rol se evalúa de forma continua. Las vivencias como mamá me generan aprendizajes para desarrollar como profesional y también, me permiten generar comunicación con las familias desde una mirada de par; nos ubica en el mismo lugar porque muchas veces, las cosas que le pasan a ellos también me pasan a mí. Creo que es genial poder acompañar y colaborar en la crianza y los desafíos de sus hijos.
En este sentido, para acompañar a las infancias de una forma respetuosa y amorosa es importante utilizar palabras alentadoras, disfrutar sus particularidades, mostrarle confianza, respetar su privacidad, expresar nuestros límites, escuchar sin juzgar, controlar el propio comportamiento, compartir nuestros sentimientos, promover aprendizaje a partir de los errores y estimularlos, para de ese modo proporcionarles oportunidades que les permitan desarrollar la conciencia de lo que son capaces».



