Por Nicolás Bordón- En el contexto actual, donde la inflación ya no marca el pulso cotidiano de las decisiones, el consumo se está reconfigurando. Lejos del frenesí especulativo que dominó los últimos meses de 2023, hoy prevalece una lógica más calculada, donde cada peso busca rendir más. Esta transformación no implica necesariamente un repunte del consumo, pero sí abre un terreno fértil para que empresas y consumidores redefinan su vínculo desde la confianza, la estrategia y el cuidado mutuo.
En este artículo, analizamos cómo impacta la estabilidad macroeconómica de precios en el consumo cotidiano de las familias y cómo esa relación, lejos de ser lineal, requiere de estrategias comerciales creativas por parte de los sectores empresarios locales.
Más allá de la inflación: los distintos factores que interpelan el consumo
Tal como plantea el sociólogo francés Jean Baudrillard en «La sociedad de consumo» (1970), el acto de consumir excede la mera satisfacción de necesidades materiales ya que, de alguna manera, consumir es comunicar. En esta línea, el consumo es también un lenguaje social que permite marcar diferencias, construir identidades y expresar pertenencias. Por eso, incluso en contextos de estabilidad nominal, los modos de consumir pueden permanecer restringidos si persiste la incertidumbre o si los salarios reales siguen deprimidos. Este último aspecto, resulta central para entender los movimientos de consumo cotidiano, sobre todo en contextos donde el trabajo formal (que durante muchos años sostuvo la demanda de consumo de familias enteras), ya no es suficiente para abastecer las necesidades diarias de los sectores trabajadores. Esta depresión del consumo en gran parte del sector asalariado del país, también se observa en la aparición del pluriempleo como fenómeno común y trasversal a todos los sectores de la economía. Actualmente, resulta totalmente cotidiano encontrarnos con personas que necesitan, al menos, dos trabajos para sostener las condiciones básicas de vida y a su vez, afloran distintas formas de trabajo informal y precarizado que se ven agrupadas en el universo de las plataformas de delivery y transporte de pasajeros (tan comunes en estos tiempos).
En relación a ello, el sociólogo argentino Julio Neffa, en sus trabajos sobre condiciones de vida y trabajo denominado «Los caminos de la precariedad» (2008), advierte que el consumo es una práctica atravesada por el ingreso disponible, pero también por las formas de inserción laboral y la previsibilidad del futuro inmediato. En este sentido, aunque la inflación baje, si las condiciones de empleo son inestables o los ingresos siguen retrasados, el consumo no repunta. Al mismo tiempo, Maristella Svampa en «Debates latinoamericanos. Indianismo, desarrollo, dependencia y populismo» (2016), analiza cómo la economía popular se adapta a contextos de restricción y cambio constante; plantea que la reconfiguración del consumo no depende sólo del ingreso en términos nominales, sino también de las redes de contención, los vínculos sociales, la confianza en el porvenir y los alcances del poder adquisitivo real de los salarios.
Por todo ello, hablar de consumo en tiempos de baja inflación exige mirar más allá del índice: implica observar cómo las familias reorganizan sus prioridades, reconfiguran estrategias, adaptan rutinas; y también, cómo afectan otras variables como la incertidumbre, la precariedad de los salarios y el pluriempleo. En este sentido, implica preguntarse no sólo cuánto compran, sino que consumen, cómo lo hacen, y sobre todo, con qué horizonte lo hacen.
Estrategias comerciales que alivianan el día a día
A pesar de que el freno de la inflación no se traduce automáticamente en un auge del consumo, lo que comienza a verse es una forma de compra más racional, planificada y atenta a las verdaderas necesidades. En este sentido, el nuevo escenario no sólo plantea desafíos, sino también oportunidades: las empresas que logren interpretar esta lógica más reflexiva podrán construir vínculos más sólidos con sus clientes, apostando a la fidelización, la confianza y el valor agregado. Para empresas como Supermercados Pingüino, este tiempo representa una posibilidad de afianzar su rol en la comunidad y ofrecer herramientas concretas (como promociones inteligentes y una experiencia de compra cuidada) que hagan sentir al consumidor acompañado y escuchado.
Dentro de las estrategias comerciales más notables de la compañía, López destaca el uso de la tarjeta particular. «En relación a ello, diría que entre el 80 y 90 por ciento de la gente que consume dentro del local, utiliza la tarjeta particular. Esta tarjeta, es una herramienta no sólo de acceso a precios diferenciales, sino también a la participación en sorteos, al ingreso a ciertas promociones, entre otros beneficios. En este sentido, su uso está tan internalizado que la gente directamente pasa por la caja y si no tiene la tarjeta física, dice su número de documento y accede a ser parte de la familia pingüino. Todo esto, junto con otros recursos como las fechas especiales de descuentos y promociones (‘Día del Amigo’, ‘Semana de Dulzura’, entre otras), constituye parte de las estrategias que vamos diseñando para que nuestros clientes tengan la mejor experiencia posible. Según nuestras mediciones, una familia promedio visita once veces en el mes un supermercado; con lo cual, nos obliga a estar todo el tiempo renovando nuestras góndolas, nuestras ofertas y novedades, para seguir mostrando el dinamismo que nos caracteriza. Generalmente, nosotros hacemos foco en hacer ofertas en productos de alto consumo, de alta rotación, independientemente de la categoría; es decir, nosotros proveemos cosas para la diaria de todas las casas. A lo largo de nuestras góndolas, tenemos desde alimentos hasta productos de limpieza; desde bazar hasta blanco y ropa interior. Dentro de las ofertas, también tratamos de cruzar categorías como por ejemplo una oferta de asado con una oferta de vino, apelando a un juego permanente que permita a la gente llevar productos que se encuentran directamente relacionados, de forma prácticamente intuitiva. A su vez, nuestra tarea también implica estar permanentemente conectados con proveedores e industrias nuevas; observar novedades sobre lo que la gente consume y estar atentos a eso para después incorporarlo».
En relación con su mirada sobre los últimos datos de inflación oficiales y su repercusión en las góndolas, López expresó: «En este sentido, lo que puedo decir es que la cifra de inflación publicada por INDEC es un número que se compone por varios rubros, de los cuales consumo masivo es una parte y alimentos es otra. Más allá de las precisiones del número, nosotros manejamos listas de precios de fabricantes que responden más a una falta de demanda, es decir, una falta de venta; lo cual tampoco implica un traslado grande a precios. Todos los actores de la cadena están haciendo un trabajo muy fuerte para no pasar esta situación de baja demanda a precios; trabajando mucho en bajar los costos operativos, costos de flete y de almacenamiento. Desde el Pingüino, tratamos de sostener los esquemas de oferta, descuentos especiales y promociones bancarias, con el fin de generar los incentivos y novedades constantes para nuestros clientes. En nuestro rubro, donde suelen ser comunes las noticias de aumentos de precios, nosotros tratamos de llevar ofertas que generen alegría, que entusiasmen y que a su vez, se puedan adecuar al bolsillo de los rafaelinos. Por ello, nuestros clientes siempre van a encontrar cosas nuevas dentro de todos nuestros locales. Actualmente, hemos incorporado el rubro de electrodomésticos en todas nuestras sucursales, ampliando la oferta y las posibilidades para nuestros clientes».
En tiempos de cautela, la cercanía se vuelve la mejor estrategia
Como vemos a través del artículo, los cambios macroeconómicos (por más técnicos que parezcan) impactan en decisiones cotidianas: qué se lleva, qué se deja, qué se reemplaza. Como toda transformación social, los cambios van apareciendo de forma paulatina y sigilosa, dando cuenta que la principal diferencia de los contextos de alta inflación y el escenario actual, es el reemplazo de un consumo especulativo por un consumo cauteloso, medido. Lejos de hablar de una recuperación acelerada, lo que hoy se percibe es un cambio de actitud frente al consumo: ya no se trata de llenar el changuito como reacción al miedo, sino de elegir con conciencia, comparar, y priorizar. En ese terreno, empresas como Supermercados Pingüino; que saben leer con sensibilidad este nuevo clima no sólo se sostienen, sino que también logran proyectarse como aliadas reales de los consumidores. Porque en tiempos de cautela, el cuidado mutuo puede convertirse en la estrategia más sólida.



