La vejez en la sociedad del descarte: los desafíos del envejecimiento poblacional

En artículos anteriores, hemos dado cuenta de los alcances que tiene el descenso sostenido de la natalidad en todo el territorio provincial y nacional. La otra cara de este proceso es el crecimiento del envejecimiento poblacional, en un contexto económico y social con múltiples adversidades. Desde CASTELLANOS, tuvimos la oportunidad de dialogar con Lucía Billoud, Licenciada en Sociología y especialista en temas de envejecimiento social; acerca de cómo repercute este fenómeno demográfico en el contexto económico actual, cuáles son sus alcances dentro de una sociedad cada vez más individualista; y que desafíos nos esperan en materia de Políticas Públicas.

Por Nicolás Bordón
Como planteamos en artículos anteriores, tanto el territorio nacional como el provincial, están entrando de lleno en una transformación demográfica silenciosa pero profunda: el descenso sostenido de la natalidad y su espejo inmediato, la aceleración del envejecimiento poblacional. Sólo en Argentina, actualmente viven siete millones de personas mayores de 60 años y más (según el último Censo del INDEC), y el 65% de los jubilados y pensionados perciben la jubilación mínima ($ 322.799 con bono, en noviembre), constituyendo un conjunto de más de 5 millones de personas. En este contexto económico adverso, con ciudades muchas veces hostiles para los cuerpos que envejecen y con vínculos sociales cada vez más frágiles, surgen interrogantes urgentes: ¿Qué tipo de vejez nos espera? ¿Estamos a tiempo de construir una sociedad que acoja dignamente a quienes envejecen? ¿Qué implica esta transformación demográfica en el contexto económico actual? ¿Qué Políticas Públicas necesitamos para afrontar los desafíos de esta nueva composición poblacional?

Para dar respuesta a estas preguntas, dialogamos con la socióloga Lucía Billoud, especialista en vejez y población de adultos mayores, a fin de reflexionar sobre los detalles de esta problemática y las deudas históricas que aún persisten.

La vejez en el centro de la escena

El envejecimiento poblacional, acelerado en nuestro país por el sostenido descenso de la natalidad, no es sólo un fenómeno demográfico: es también un espejo que devuelve la imagen de una sociedad tensionada entre sus discursos y sus prácticas. Mientras los avances en salud prolongan la vida, el entramado económico, cultural y político muchas veces deja a las personas mayores en los márgenes, como si su existencia prolongada fuera una carga y no un logro colectivo.


En relación con las causas de este fenómeno, Billoud sostuvo: «Si bien esta caída en la tasa de natalidad y su reflejo en el aumento del envejecimiento poblacional, es un fenómeno que se viene dando en las últimas décadas, en los últimos años es donde más observamos sus consecuencias. Esto tiene que ver con varias cuestiones. En primer lugar, aparecen los cambios en la configuración de las familias; los cuales no sólo refieren a transformaciones en su composición sino también, a su territorialidad en el mercado laboral y el acceso a servicios esenciales. Por otro lado, también aparecen las transformaciones en las expectativas de las biografías individuales, principalmente en las decisiones sobre la reproducción de la vida. El proceso histórico de inserción laboral de las mujeres nos muestra una salida del exclusivo lugar vinculado a las tareas de cuidado del hogar, para ingresar en el sector productivo de los mercados. A su vez, es importante destacar también que este fenómeno sociológico y demográfico, no es necesariamente negativo para el tejido social. Por el contrario, da cuenta de un aumento en la esperanza de vida dentro de nuestras sociedades, que refiere a grandes progresos en términos de salud pública. Por ello, es vital que el diseño y planificación de políticas públicas empiecen a estar orientados a una sociedad transformada, diferente. En este sentido, es clave que en los distintos niveles del Estado se deje de pensar una estructura de familia que ya no existe; principalmente al reproducir la noción de que los cuidados corresponden únicamente a esta estructura y principalmente, a las mujeres. Esto se observa también cuando muchos sectores del mercado de trabajo, aún continúan pensando a su PEA (Población Económicamente Activa) como asalariados; cuando en realidad, existen amplios sectores de trabajo informal y precarizado que no entran en esas lógicas pasadas. Esto implica que el sector público debe cambiar el lente para atender a las nuevas demandas sociales que emergen junto con el crecimiento de estos nuevos actores».

En este contexto, la especialista propone pensar la vejez no sólo como un estado biológico inevitable, sino como una construcción social profundamente atravesada por desigualdades. Con relación a ello, expresó: «Es necesario que desde el inicio de nuestras vidas podamos pensar que vamos a envejecer. Eso implica que desde ese momento inicial, las distintas estructuras estatales puedan garantizar el derecho a la vivienda, a la salud, al trabajo, a la recreación; ya que son las condiciones primarias para asegurar la calidad de la vejez. Algunos autores académicos e incluso distintos organismos que trabajan la temática, vienen sugiriendo la idea de envejecimiento activo. Este enfoque, consiste en la búsqueda por maximizar las oportunidades de bienestar físico, social y mental a lo largo de la vida, con el objetivo de mejorar la calidad de vida en la vejez. Se trata de un proceso continuo de optimización de oportunidades para mantener y mejorar la salud, la independencia y la participación social de los adultos mayores. A esta idea, es necesario adaptarla a nuestras latitudes y contextos sociales propios; debido a que nuestra composición social muestra muchas falencias en términos de sustentabilidad poblacional. Un ejemplo de ello, radica en tener al 50% de la población por debajo de la línea de pobreza. Por todo ello, es necesario seguir dando las discusiones que permitan acercarnos a mejores condiciones de vida, a pesar de esta realidad estructural tan dura».

«Hace pocos días (el 15 de Junio específicamente), se conmemoró el «Día del buen trato a las personas mayores». Allí, lo que se busca es visibilizar diferentes situaciones de abuso y maltrato sobre esta población. Una de las principales desigualdades tiene que ver con la posibilidad de acceso a un estipendio que les permita sostener su vida; otras tienen que ver con el acceso a la ciudad y a su tránsito (cuando muchas veces se excluye a quienes se corren de la norma); otras desigualdades tienen que ver con el acceso a un sistema de cuidados de calidad, la garantía a reducir la brecha digital, entre otras».

«A este escenario, se suman las complejidades de una forma de vida fuertemente individualizada. Esto implica que las problemáticas sociales demanden otro tipo de resoluciones por parte del Estado. Estudios recientes muestran que la promoción de nuevos vínculos intergeneracionales, contribuyen mucho a reconstruir redes familiares comunitarias, a mejorar la experiencia de la vejez y a habitar esa soledad no deseada. Esto no sólo tienen impacto positivo en las personas mayores sino también en otros grupos etarios que participan; sobre todo en lo vinculado a ampliar la proyección de la vida».

Por último, en relación con los sentidos que atribuimos a la vejez en un mundo que idolatra la productividad y la juventud; Billoud sostuvo: «En general las personas no deseamos envejecer. Esto se observa en la reproducción de una imagen negativa muy difundida en medios de comunicación, en el imaginario colectivo y en el debate público; donde se vincula a la vejez con la dependencia, con la fragilidad, con la quietud, con la soledad. Por otro lado, también existen otras imágenes vinculadas a un envejecimiento activo, donde se muestra la vitalidad, el deporte y la buena salud. Ambas miradas, tanto la positiva como la negativa, no contribuye mucho a que las personas mayores reales se identifiquen. Lo que marca una diferencia en este caso refiere a la posibilidad de participación en espacios del debate público. Allí se activa la escucha de estos sectores; lo que permite plantear un verdadero cambio de paradigma».

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