Tras días de incertidumbre y restricciones, el suministro de Gas Natural Comprimido (GNC) comenzó a normalizarse en todo el país durante la mañana de este viernes, poniendo fin a una medida que mantuvo en vilo a miles de automovilistas y transportistas. La decisión de levantar el corte total en la mayoría de las estaciones de servicio fue recibida con alivio, reflejado en las extensas filas que se formaron en las bocas de expendio de GNC, también en Rafaela, donde la demanda se disparó tras la confirmación de la habilitación.
La semana estuvo marcada por una crisis energética que obligó a la Secretaría de Energía a dictaminar la interrupción del servicio de GNC a Nivel Nacional para priorizar el abastecimiento a los usuarios esenciales, como hogares, hospitales y escuelas. Esta drástica medida se tomó en un contexto de demanda récord de gas por parte de los hogares, impulsada por la ola de frío polar que azota al país, con temperaturas que llegaron a registrar mínimas extremas.
La situación se vio agravada por problemas en la red troncal de gasoductos, que, a pesar de las inversiones realizadas en los últimos años (como la ampliación del gasoducto Néstor Kirchner), demostró no tener la flexibilidad ni la capacidad suficiente para afrontar picos de consumo tan elevados. Este déficit en la infraestructura de transporte del gas, sumado a una demanda residencial que superó en más de un 70% los niveles de mayo, generó una presión inédita sobre el sistema.
Las consecuencias no se limitaron al GNC. La elevada demanda hogareña también repercutió directamente en la reposición de garrafas de gas envasado, provocando faltantes y demoras en la entrega en diversas localidades, incluyendo Rafaela. Comerciantes locales, con décadas de experiencia en el rubro, manifestaron su preocupación por la dificultad para satisfacer la demanda de los usuarios, quienes dependen de este recurso para calefaccionarse y cocinar.
Con la confirmación del levantamiento de la restricción en el suministro de GNC, la escena se repitió en cada rincón del país. Cientos de vehículos, principalmente remises, que se vieron obligados a trabajar a nafta con costos mucho más elevados o incluso a suspender sus jornadas, acudieron masivamente a las estaciones de servicio. La paciencia fue la consigna, y a pesar de la bronca acumulada por la incertidumbre y el impacto económico, la posibilidad de volver a cargar GNC representó un respiro.
Si bien la normalización trae alivio, la crisis puso de manifiesto la vulnerabilidad del sistema energético argentino ante eventos climáticos extremos y el desafío de garantizar el abastecimiento en un contexto de creciente demanda.



