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Enfoques

Las PASO marcaron un camino

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Por María Herminia Grande. Quedó claro que la gente va por delante de la política, de los encuestadores, de los consultores, de los periodistas. Nadie advirtió el resultado final de las PASO. Con excepción de Synopsis Consultora de Lucas Romero.
Queda claro que Argentina no es Venezuela, si por ello interpretamos la de Maduro.
Queda claro que los extremos no son opciones mayoritarias.
Cristina de Kirchner perdió en Buenos Aires y en Santa Cruz. Mauricio Macri perdió en Córdoba y en Santa Fe.
Queda claro que los planes sociales no condicionan el voto.
Queda claro que el «soberano» no da cheques en blanco a nadie.
Queda claro que sin planificación no se puede gobernar.
Queda claro que es urgente la concertación intra y extra coaliciones.
Queda claro que hay que reconstruir la política.
Queda claro que el voto no depende de la militancia cuando no hay qué explicar, qué militar, y sobre qué persuadir. Queda claro que la pobreza no se elimina con más y mejor militancia -eso viene después- después de generar trabajo. Después de generar oportunidades. No de obturarlas.
Queda claro que Argentina tiene con qué suturar sus heridas. Y es no entorpeciendo a la producción. A la industria y a sus cadenas de valores.
Queda claro que el interior existe. El domingo a la noche, una vez más el Presidente fue el del AMBA. La primera señal a emitir sería convocar a una reunión con los gobernadores.
Queda claro que no pueden 7 millones de asalariados, al igual que 10 años atrás, sostener el sistema previsional y el de obra sociales.
Queda claro que la sociedad pide humildad, comprensión, tolerancia, unión, pero exige políticas de Estado. Exige que se elaboren y se cumplan. Quiere trabajo, educación y futuro sin drogas ni violencia.
Queda claro que el Presidente debe recuperarse en su centralidad. En su moderación. Que las supo tener. Aquel Alberto Fernández 2019 no este Alberto Fernández 2021. Y la gente lo advirtió.
El Presidente debe reformular su gobierno. Y antes de pedir, debe dar y mostrar. Dar el rumbo sostenido a través de políticas y mostrar que tiene el bastón de mando.
El presidente Fernández debe dar una señal contundente a través de la economía. Debe atraer a los sectores que asustó con sus políticas. Santa Fe fue el epicentro de sus yerros en políticas productivas, el último fue el cepo a la carne, cuyo impacto pensó iba a contener los votos del conurbano y sectores más desposeídos, no ocurrió; y sí fue una pésima señal para un sector que genera divisas al país. Si la intención era que la carne esté en la mesa de los argentinos, pudo lograrse subsidiando algunos cortes.
Santa Fe tiene un enorme potencial palpable en lo agroindustrial y en lo agroalimentario, este año aporta U$S 36.400.000 millones por exportación. El Presidente debiera nacionalizarlo con políticas que lo profundicen, con planes a diez años. Pero el gobierno de Alberto Fernández lamentablemente en cambio de abrazar esto, profundizó lo negativo a través del desentendimiento que la ministra de Seguridad Frederic manifestó explícitamente sobre la narcocriminalidad, cuyo epicentro estuvo en los asesinatos sufridos en la ciudad de Rosario la semana pasada. Es en Rosario donde el sicariato está a la orden del día, donde se están llevando adelante juicios de enorme magnitud contra jefes narcos. El gobernador Perotti le ha dicho a Infobae «¡la Nación debe estar aquí, es un delito federal!». Esta cronista piensa en un ejemplo para que se entienda aún más: si un territorio de nuestra geografía fuese ocupado por un país extranjero ¿qué haría el Gobierno Nacional? ¿Le diría a la provincia afectada: defiéndase con sus fuerzas?
Los argentinos concentran su frustración principalmente en lo económico, seguramente por tantos golpes recibidos. El Gobierno Nacional esperaba una derrota, pero no en terrenos inexpugnables como el conurbano, Chaco, Santa Cruz. Elisa Carrió habla de la rebelión de los pobres. Sobre esto Ernesto Sanz reflexiona: «¿Murió un modelo? ¿El asistencialismo sin plan? ¿El populismo sin plata?. Habrá que ver. Como oposición tenemos dos desafíos: conservar y aumentar en noviembre lo logrado en las Paso, y formular un plan para el 2023».
Infobae consultó a Lucas Romero, titular de Synposis, por haber anticipado el resultado electoral en la provincia de Buenos Aires «La metodología es online acompañada con un trabajo coincidental: o sea encuestas face to face, en las estaciones de tren, Once, Constitución, Retiro a sectores medios/ medios bajos. El 20% que en el 2019 votó por el FdT contestaron que ya no lo harían». Advierte que desde hace un tiempo hay un 40% de votantes independientes, menos ideologizados y más pragmático. Romero concluye: «el domingo hubo un fenómeno de transferencia de votos del FdT a JxC».
Como dato interesante del domingo se debe destacar que crecieron tanto el voto de la izquierda como el de la derecha.
Decía que el oficialismo santafesino vivió en carne propia los yerros del Gobierno Nacional. Omar Perotti le dijo a Infobae: «la gente ordenó los protagonistas. La interna frenó la búsqueda del voto independiente, al que trataremos de atraer con los perfiles de nuestros candidatos». Prefirió no hablar de Agustín Rossi, cree que es una etapa superada para la política santafesina. Y sí le confirmó a Infobae que se reunirá con el presidente Alberto Fernández, para manifestarle la necesidad de ir por más políticas productivas generadoras de empleo, donde Santa Fe es una protagonista insoslayable. También por más políticas en seguridad claras y efectivas.
El ex ministro de Defensa Agustín Rossi, cree que hizo una elección razonable y que ese 10% de los votos que siente le pertenecen, le hacen aún soñar un futuro protagonismo.
Santa Fe fue una de las provincias en donde JxC se impuso. La fórmula Losada y Scarpin, siente haber ganado la interna, abrazando el caso Vicentín. La sorpresa fue la excelente performance de Maximiliano Pullaro, el radical que le devuelve a su partido las esperanzas de intentar ser gobierno el 2023, encolumnándose con Martín Lousteau en el orden nacional. El senador Felipe Michlig se ufana que sobre los casi 700 mil votos obtenidos por JxC, más de 500 mil le pertenecen al radicalismo. Al cierre de esta artículo no reconocía el triunfo de Losada esperando el escrutinio definitivo.
En el caso de la interna en el socialismo, el intendente rosarino Javkin no pudo en su intento de captar el liderazgo del progresismo. Pudo mantener Rosario, pero el resto de la provincia quedó en manos de Clara García y Mónica Fein.

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Argentina, agotada de malos gobiernos

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Por María Zaldívar. Tras las elecciones primarias del domingo 12 de septiembre llevadas a cabo en la Argentina, en las que el oficialismo sufrió un duro revés perdiendo en casi todos los distritos, el país quedó sumido en un terremoto político impulsado por la propia vicepresidente Cristina Kirchner.
Casi de inmediato, luego del reconocimiento de la derrota, la endeble coalición de gobierno que encabeza Alberto Fernández implosionó. No es un secreto que en 2019 él fue elegido por la ex presidente para encabezar la fórmula ante la certeza de que su figura tenía un nivel de rechazo tan alto que sería imposible de otra forma obtener los votos suficientes para volver a conducir el país. Así fue como Cristina Kirchner se avino a resignar el primer lugar en el binomio en favor de Fernández. El lugar pero no el poder.
El año y medio posterior se desarrolló en medio de una fricción permanente. Cristina Kirchner, lejos de colaborar en la gestión, fue siempre una crítica implacable. Su única preocupación es la compleja maraña judicial que la asfixia y que sigue sin resolverse. Le factura al Presidente no haber dedicado el esfuerzo necesario para cerrar las numerosas causas que la involucran, acusación injusta ya que no es facultad del poder ejecutivo ordenar medidas al judicial, por más permeable que sean los jueces argentinos a los vaivenes y recambios políticos. Además, todos los cargos ejecutivos que guardan relación con la delicada trama judicial que ella enfrenta fueron cubiertos por kirchneristas incondicionales, de modo que los guardianes de sus intereses no son de la rama «albertista».
A ella le obsesionan los procesos propios y los que involucran a su hija, la única de la familia sin fueros, a quien mantuvo a salvo del largo brazo de la justicia instalándola en Cuba durante casi dos años, un reducto absolutamente amigable para el kirchnerismo.
Desde la misma asunción de la dupla, en diciembre de 2019, se vivió una calma tensa. Cristina Kirchner no nació para estar callada y menos para ser segunda de quien ella considera un inferior que, además, se había cansado de denunciarla en público por corrupta y cómplice del vergonzoso acuerdo que la Argentina firmó con el terrorismo islámico. Fernández no ahorró adjetivos para describir lo que él consideraba una conducta patológica.
Hoy, Cristina Kirchner lo hace responsable del magro resultado de las recientes primarias y no reconoce que estos dos años son producto del vano intento del presidente de caminar entre la moderación que le hubiese gustado aplicar y la radicalización que pretenden los K. La receta fracasó. Para ella todo fue poco.
En el mientras tanto, justo es reconocerlo, Fernández hizo todo mal. El manejo de la pandemia fue espeluznante: paró y encerró al país por un año; se dejó arrastrar por su vicepresidente a cerrar un acuerdo con Rusia para la compra de vacunas que llegaron tarde y a cuenta gotas; permitió un sistema de vacunación privilegiada para elegidos del poder y le otorgó un negocio mega-millonario a empresarios amigos para la producción nacional de vacunas que siguen sin aparecer. Como resultado de semejante desastre, la Argentina registra más de 114.000 muertos por Covid y contando.
La economía, que ya venía averiada, se desplomó a niveles escandalosos; el registro de pobres escaló, en números redondos, al 50% de la población. Uno de cada cuatro niños no come lo necesario y al suspender la escolaridad que, en las últimas décadas se transformó en una red de contención del hambre, clausuró una herramienta de salvataje en tanto las escuelas mutaron de establecimientos educativos a comedores. Tal es la envergadura de la marginalidad, que cuando un alumno falta a clase, un familiar pasa por el colegio a retirar la ración de comida que le hubiese correspondido.
La Argentina de 2020 desnudó las enormes desigualdades que la política económica deficiente y populista de clientelismo aplicada alimentó por décadas. Quienes se pueden proveer de medicina y educación privados, comieron, mantuvieron la escolaridad y fueron atendidos de Covid y de otras dolencias. Los que dependían del Estado, no tuvieron tanta suerte. Los que contaron con medios económicos para viajar a los Estados Unidos a vacunarse, estuvieron protegidos; el resto, no tanto; padecieron demoras e incertidumbres varias.
Lo cierto es que ésta es la primera vez que el peronismo debe administrar escasez. Sin financiamiento externo, el plan económico es más impuestos y la máquina de hacer billetes trabajando a destajo, con una consecuencia previsible: tanto papel pintado en la calle genera una inflación solo comparable con la de Venezuela. La gente se empobrece a diario mientras Cristina se pelea con Alberto. La Argentina está en manos de una banda de psicópatas, sin rumbo y con una oposición timorata que no termina de mandar a la población un mensaje tranquilizador.
Faltan pocas semanas para las elecciones de medio término en las que el kirchnerismo está al borde de perder su hegemonía legislativa. Pero los días en Argentina se cuentan por minuto. Para llegar a esa bocanada de aire fresco habrá que transitar este tembladeral provocado por el kirchnerismo.
Es clave la posición que adopte el hijo de la ex presidente. Máximo Kirchner, que aprendió cinismo del padre y de la madre, es probable que no comparta el modo con que su madre pretende dinamitar la presente gestión. De ser así, sus soldaditos de La Cámpora no atizarán el fuego (de hecho hasta ahora están quietos).
Crisis auto infligida con final abierto para una Argentina agotada de malos gobiernos y de malas noticias.

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Argentina quedó al margen del mundo y sus políticos, al margen del pueblo

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17.56 La nueva solución aportada por Cristina Fernández busca un golpe de efecto electoral pero nos deja sin perspectiva de futuro y hundidos en la incertidumbre.

Por Eduardo Reina. Existe un dicho muy conocido en el poker del afamado jugador texano “Amarillo” Slim que al sentarse a jugar en una mesa dice: “mirá alrededor tuyo, si no detectás al novato, levántate porque el novato  sos vos”. Igual pasa en política, si no podés identificar a los que están sentados alrededor tuyo y ver claramente  a los que podés vencer, es mejor no sentarse a esa mesa y poner a prueba tu inteligencia, porque vas a salir perdiendo. 

En este caso quien no pudo identificar al novato fue Alberto Fernández, pero cuando logró darse cuenta de esto ya había perdido en pocas manos su gabinete y lo que restaba de su imagen presidencial.  Las fichas de Cristina crecieron estrepitosamente y mientras tanto, Sergio Massa, sobrevolando sin compromiso, a la sombra de la embestida kirchnerista, acumuló disimuladamente algunas pocas fichas que lo acercan en su paciente construcción egoísta  hacia la acumulación de poder

Pese a la cuota de humor con la que intentamos afrontar las sorpresas que nos da la vida en este país, lo sucedido esta semana no es algo menor ni una simple intriga palaciega alejada de la vida de las personas. Lo que sucedió no fue una disputa de poder entre Alberto y Cristina, lo que sucedió fue nada menos que un conflicto entre el presidente del país y su vicepresidente. Si no ponemos en estos términos los hechos de esta semana, no podremos dimensionar la gravedad institucional de lo que pasó ni darnos cuenta de que es parte de una severa interna dentro del Frente de Todos que no parece estar tan cerca de su solución definitiva.

Mientras Argentina  se preocupa una vez más por los conflictos de internas, el mundo se mueve, nos mira y nos juzga. Hasta el martes en que se desató el conflicto con las masivas renuncias de los funcionarios kirchenristas, estaba planeado en la agenda internacional que el presidente viajara junto con el ahora ex canciller Felipe Solá para ultimar los detalles y suceder al presidente de México, López Obrador, en la presidencia de la CELAC. Producto de estos conflictos no solo nos quedamos sin que se presentara el presidente, sino que el canciller que enviamos para tratar de conservar ese puesto, recibió en el viaje la noticia de que lo reemplazarían en sus funciones. Con este gesto Argentina se quedó sin la presidencia del organismo internacional: Este hubiera sido el logro más importante del oficialismo en relaciones internacionales del año, pero el ex canciller, tras renunciar por mail, decidió encerrarse en el hotel para disfrutar de su retiro anticipado en la piscina y por qué no de una siesta y dejar la cumbre en manos ajenas.

No importa tanto la situación en particular con la CELAC, sino que es una muestra de cómo estas disputas internas repercuten en nuestra vida y en la imagen que la Argentina da hacia el mundo. Una vez más nos quedamos sin poder salir, con un país preso de los  conflictos internos de la política.

 Lo sucedido en la cumbre de la CELAC muestra a las claras que el mundo no nos va a esperar a que resolvamos sin incertidumbres nuestros conflictos. El mundo sigue adelante y nos deja a un lado, lo mismo que la vida de los argentinos que deja de lado las actitudes inmaduras de los dirigentes para seguir ocupados en la vida diaria. 

La política nacional y sus internas empiezan a ser para los ciudadanos como las novelas que se ponen de fondo para evitar el silencio mientras hacemos alguna tarea del hogar. Los temas se suman como un ruido de fondo en el que ya no se pueden distinguir los escándalos: El vacunatorio vip, las malas contrataciones de vacunas, la fiesta presidencial en cuarentena, etc. Escándalos que ahora culminan con esta espantosa y ruidosa  puesta en escena de una interna de coalición en plena crisis económica y social que se hace evidente por el revés electoral. 

Todo esto deja a la Argentina al margen del mundo y a los políticos al margen de las personas que apenas tienen tiempo que dedicar para entender estas farsas de la política nacional.

El peronismo por su parte parece estar muy atrás en el ruido de fondo, casi indistinguible y en caída libre. Parece haberse roto la máxima de la política argentina que decía que el peronismo unido es invencible

El Partido Justicialista marcó los últimos tres cuartos de siglo de la historia argentina desde que  se recuperó la democracia en 1983. En esas ocasiones lo que determinó su victoria fue su capacidad de ir  reinventándose para imponerse en seis de las nueve elecciones presidenciales: Carlos Menem (1989 y 1995), Néstor Kirchner (2003), Cristina Fernández (2007 y 2011) y ahora con el triunfo del Frente de Todos en 2019. Al punto tal de que solo tres presidenciales quedaron en manos de un partido o coalición no peronista: Alfonsín (1983), De la Rúa (1999) y Mauricio Macri (2015)

El peronismo nació como representación política de una clase obrera incipiente que se había formado por el éxodo a las grandes ciudades de nuestro país. Perón (1946-1952), utilizó una política económica keynesiana con la que el país inició un proceso de creación de industria mediante la sustitución de importaciones y una fuerte presencia intervencionista del Estado. Ese peronismo también fue cuestionado  por no respetar valores republicanos además por tener actitudes y posiciones  autoritarias.

Una de las claves de por qué al peronismo le va cada día peor en el mundo moderno es porque esta época se rige con otros parámetros: la tolerancia, la justicia, la libertad, la igualdad, la ética, la innovación tecnológica, la libre competencia, y la búsqueda de cambios sociales, entre otros.  Las sociedades modernas aspiran a una  justicia y un bienestar claro e inmediato y no una promesa para dentro de años o un lugar en la historia.

La ética de la actualidad reafirma el bienestar individual de todos, sin excepciones ni exclusiones de ninguna clase. Las garantías de igualdad que antes se conseguían mediante las estructuras partidarias generando un sistema clientelar, hoy en día son reemplazadas en el mundo por los medios  tecnológicos que saltean las intermediaciones. Ahora resulta más fácil armar sistemas transparentes para ayudar a las personas necesitadas económica y socialmente para que puedan vivir con dignidad y sin tener que rendir cuentas a ningún puntero. 

No existen excusas ni justificaciones creíbles para no eliminar las intermediaciones en las políticas de planes que aún se mantienen en la Argentina y que todavía se sostienen porque de ellas dependen en gran parte los anticuados sistemas de los partidos del siglo pasado.

 El nuevo gabinete de Alberto, o mejor dicho de Cristina, pretende renovar el gobierno con fórmulas anticuadas y personas que parecen salidas del mismo molde que, en el pasado, le significó la hegemonía al Partido Justicialista en la política argentina, pero la realidad de hoy en día parece estar cada día más lejos de eso. Estos ex funcionarios convertidos en nuevos que tal vez sea lo mejor que consiguió Alberto Fernández para solucionar la crisis, en realidad representan un regreso de los muertos vivos. Los nuevos-viejos funcionarios, prometen generar temor y respeto, pero en realidad asustan por su repentina aparición, y después ya causan gracia por lo desgastados que están.  

El mismo problema que ahora se hace visible en Nación, sucede en la provincia con Kicillof. Ni el presidente pudo armar un pacto con los gobernadores para apoyarse sobre él ni el gobernador de la provincia de Buenos Aires logró hacerlo con los intendentes. Eso lo están pagando hoy ambos que se quedaron solamente con un puñado de oportunistas que apenas pueden generar un apoyo tibio al gobierno de Alberto Fernández y de Axel Kicillof. 

Los cambios en el gabinete de la provincia de Buenos Aires lejos de ser, como dice la versión oficial, unos cambios cosméticos que sirven para  acompañar las decisiones de nación, muestran la bronca de los intendentes. Estos lo llevaron al gobernador a que tenga que cambiar su gabinete, al punto tal de que (por indicación de su ¨jefa ¨) tuvo que deshacerse de su principal hombre de confianza, José Bianco, para cambiarlo por el intendente Insaurralde. Tuvo que ir a buscar a los que supuestamente ¨tienen los votos¨ ya que los intendentes con sus votos y una participación en el poder son la llave para mejorar su elección .Como el ex-ministro en su comienzo decidió quedarse con sus amigos pero sin los intendentes, hoy lo paga caro con la fuga de votos y lo va a seguir pagando porque esa avaricia en el reparto del poder no parece tener vuelta atrás. 

La nueva solución aportada por Cristina busca un golpe de efecto electoral pero nos deja sin perspectiva de futuro y hundidos en la incertidumbre. Seguiremos sin intentar ser un país serio porque no se nos propone un plan sino sumar parches de funcionarios que tienen un nombre resonante pero que están gastados porque han demostrado su incapacidad de gobernar y ahora parecen tomar el cargo no pensando en un futuro digno, sino solamente tratar de sacar alguna ventaja más.

¨La vida es una serie de colisiones con el futuro; no es una suma de lo que hemos sido, si no de lo que anhelamos ser ¨ José Ortega y Gasset. (Perfil)

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¿Nueva oportunidad?

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Por: María Herminia Grande. Los acontecimientos de la semana pasada terminaron hacia adentro con una unidad forzada, por lo tanto imposible de predecir su duración. Para afuera (para la sociedad argentina), generando una intranquilidad innecesaria sumada a la carencia de rumbo explícito, que viene manifestando el Gobierno.
La sensación es que las reacciones del Presidente llegan a destiempo es decir, tarde y mal. Los gobernadores fueron hasta ayer -salvo Axel Kicillof-, convidados de piedra del esquema político presidencial. Aclaración: en las provincias las políticas inconsultas para con los gobernadores impactaron debilitándolos en sus territorios. Ver resultados electorales del domingo 12. Un dato a reflejar: la provincia de Buenos Aires recibió un 34% de recursos de Nación en el 2019, en el 2020 el aporte ascendió al 45%. Debe leerse como una sobreactuación del Gobierno Nacional sobre el conurbano bonaerense donde el discurso y el accionar de la política nacional, impactan distinto que en el interior del país. Si se aplica la misma receta en el interior que en el conurbano, los resultados son distintos, aunque a juzgar por los del domingo, tampoco sirvió allí. Hace tiempo esta cronista analiza especialmente para la región Centro, que más radicalización significa menos votos para el oficialismo.
Hubo mala praxis política en dirigentes avezados. ¿Era necesario -mirando la proximidad del noviembre electoral y ante lo imperioso de señalar un rumbo-, hacer partícipe a toda una sociedad de un conflicto político interno? Indudablemente no. Lo que deja en evidencia (atención oposición), es que en Argentina las coaliciones son armadas para ganar elecciones pero no para gobernar. Triste papel de los principales actores que conmovidos por una realidad que no fue: ganar las PASO; no pudieron acordar un discurso y una reacción conjunta ante la adversidad.
¿Pudo el Presidente romper con, su vicepresidente especialmente tras los agravios de la diputada Fernanda Vallejos, indudablemente consentidos por el Instituto Patria, dado que nadie adjetivó en contrario?¿Tras la durísima carta de CFK marcándole la hoja de ruta al Presidente?¿Tras las innecesarias renuncias de funcionarios afines a Cristina que al no ser indeclinables, hoy siguen en sus cargos? Indudablemente aparecía como el momento oportuno para esa escisión, como señalaron a oídos de la prensa más de un gobernador. Queda en el Presidente las razones más profundas para que esto no se concretase.
En la seguridad de que no se puede propiciar un nuevo hecho de esta envergadura sin reacciones, que en esta ocasión no aparecieron; los protagonistas de esta disputa debieran suscribir un protocolo de entendimiento personal, para evitar nuevos incidentes públicos que profundicen aún más esta fractura expuesta, cuyo riesgo es que la sociedad toda que en esta oportunidad miró atónita y comparó el conflicto de poder con sus propias realidades lacerantes: pobreza extrema, violencia extrema, desocupación extrema, ¿desesperanza extrema?; no tolere pasivamente otro escándalo.
Hay una regla no escrita que dice: sólo se puede hacer lo que se puede explicar. Si esto es válido, aquella decisión política de CFK de elegir a quien durante diez años fuera uno de sus más importantes detractores, como candidato a Presidente en su espacio, sólo fue entendido y reconocido por la política, remarcando la astucia de tal jugada, con resultados electorales favorables. Las razones que dio y aplaudió la política en esa oportunidad, no son hoy entendidas por la ciudadanía en general que reflexiona «cómo pudo, qué arregló, por qué aceptó de ella semejante ofrecimiento», y rematan «si Alberto Fernández claudicó ayer, es lógico que lo haga hoy».
En el nuevo Gabinete conocido el viernes pasado, aparece claramente una esperanza encomendada al peronismo de aumentar su nivel de influencia, para desequilibrar la injerencia de La Cámpora. No deja de ser una jugada riesgosa para el futuro del propio peronismo. Pareciera que tendría el Presidente un Gabinete con más oficio, con más espalda, debería aprovechar para cambiar el chip porteño y consolidar la agenda federal.
El destrato prodigado al hoy ex canciller Felipe Solá, fue absolutamente innecesario. Solá caratula de falso el haberse enojado y encerrado en el hotel en Méjico. Es un hombre de la política, sabe manejar injusticias. El ex canciller se entrevistó con el canciller Ebrard en el aeropuerto y «convinimos que lo mejor era que me reemplazara –en la cumbre de la CELAC- el subsecretario de América Latina Juan Valle», un experto que viajaba junto a Solá. En ese momento el ex canciller Solá decidió que era mejor que Argentina estuviera representada por alguien en funciones, dado que sabía al igual que los presidentes y cancilleres de América Latina y el Caribe, que había quedado sin autoridad. La situación no impidió que «coordinemos juntos los detalles del discurso y la respuesta por si había agresiones de Nicaragua».
En el caso del alejamiento de Juan Pablo Biondi, exigido por la vicepresidente, su pecado reside, a criterio de esta cronista, en ser leal al Presidente.
En cuanto al nuevo Gabinete, hay provincias como la de Santa Fe, que esperan consensuar la agenda de lo urgente e importante con los nuevos actores: inseguridad, relación con el campo, cepo a la exportación de carne. Al cierre de este análisis el gobernador Perotti se reunía con el nuevo ministro de Seguridad.
En lo económico a hoy, no hay cambios sustantivos. La prueba de cómo funciona la coalición post debacle, estará dada en el debate del nuevo presupuesto. Presupuesto que prevé una inflación anual del 33%, poco creíble y que invalida cualquier otra proyección. También habilita una actualización tarifaria del orden del 33% para servicios públicos, ¿la mayoría de los legisladores del FdT acordarán con este ítem? Y en tercer lugar, se propone prorrogar el actual esquema de retenciones hasta diciembre del 2024. Ante esto ya alzó su voz el presidente del Interbloque Federal, diputado Alejandro Rodríguez, alertando que el Gobierno se quedó con $ 12 mil millones que debían reintegrarse a pequeños y medianos productores, desobedeciendo el programa de compensaciones aprobados por el Congreso, que alcanza a 38 mil pequeños productores de soja de todo el país. Remata diciendo el diputado Rodríguez a Infobae «entre enero y agosto del 2021 se destinaron $ 800 mil millones en pago de intereses por Leliqs y Pases (préstamos del Banco Central). ¿Cómo no van a tener $ 12 mil millones para destinarlo a la producción?»
En lo pertinente a la designación del nuevo ministro de Agricultura Julián Domínguez, el CAA espera que su proyecto avance y adquiera un nuevo impulso, dado que el flamante ministro conoce los puntos principales que hacen a la esencia del proyecto.

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