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Culto Católico

«La verdadera libertad se expresa plenamente en la caridad»

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La libertad cristiana no es individualista, no acaba donde empieza la del otro, sino que tiene una dimensión comunitaria, explicó Francisco durante la audiencia general.

«Nuestra libertad nace del amor de Dios y crece en la caridad», dijo el Papa Francisco ayer a la mañana, durante la audiencia general, presidida en el Aula Pablo VI del Vaticano, centrando hoy su reflexión en el tema: La idea cristiana de libertad.
Continuando el ciclo de la Carta de Pablo a los Gálatas, el Papa habló, por tanto, de lo que en la Carta es «el corazón» de la libertad. «La libertad no es hacer lo que nos apetezca o nos guste», es decir, una libertad basada en el instinto. «Ese tipo de libertad, sin un fin o sin una referencia, sería una libertad vacía». Es una libertad que «deja un vacío dentro», explicó.

«Al servicio los unos de los otros»

El Papa explicó que con el Bautismo, los cristianos pasaron «de la esclavitud del miedo y del pecado a la libertad de hijos de Dios».
Es decir, «la libertad», continuó el Papa, «no significa vivir de forma libertina, según la carne o según el instinto, según las apetencias individuales y los propios impulsos egoístas». Mas bien, la libertad es lo contrario: «La libertad de Jesús nos lleva a estar al servicio los unos de los otros», como enseña el apóstol Pablo.
«En otras palabras, la verdadera libertad se expresa plenamente en la caridad. Una vez más nos encontramos ante la paradoja del Evangelio: somos libres en el servicio, nos encontramos de forma plena en la medida en que nos donamos, poseemos la vida si la perdemos».

«La libertad crece con el amor»

¿Cómo se explica esta paradoja?, planteó el Santo Padre. «La respuesta del apóstol es tan simple como comprometida: mediante el amor. Es el amor de Cristo lo que nos ha liberado y es el amor lo que todavía nos libera de la peor de las esclavitudes, la de nuestro propio yo. Por ello, la libertad crece con el amor».
«Pero, atención: no con el amor íntimo, de telenovela, no con la pasión que solo busca lo que nos apetece y nos gusta, sino con el amor que vemos en Cristo, la caridad: ese es el amor verdaderamente libre y liberalizador. Es el amor que brilla en el servicio gratuito, modelado por Jesús que lava los pies a sus discípulos y dice: ‘Les he dado un ejemplo para que también ustedes hagan lo que yo hago con ustedes’».
«La libertad, guiada por el amor, es la única que hace libre a los demás y a nosotros mismos».
Francisco destacó que «la libertad, guiada por el amor, es la única que hace libre a los demás y a nosotros mismos, que sabe escuchar sin imponer, que sabe querer bien sin forzar, que edifica y no destruye, que no explota a los demás para su comodidad y que hace a los demás el bien sin buscar su propio beneficio».
En definitiva, «si la libertad no está al servicio del bien, se arriesga a volverse estéril y no dar fruto. En cambio, la libertad animada por el amor conduce hacia los pobres, reconociendo en sus rostros el de Cristo».
Por otro lado, Francisco hizo también una enmienda a la idea de libertad más difundida en el mundo de hoy: «Mi libertad comienza donde termina la tuya». Sobre esa concepción de la libertad el Santo Padre planteó una importante objeción: «Ahí falta la relación».
«La pandemia nos ha enseñado que nos necesitamos los unos a los otros».
Es decir, según el Papa, esa visión de la libertad es «una visión individualista». En cambio, «quien ha recibido el don de la libertad obrada por Jesús no puede pensar que la libertad consista en estar lejos de los demás, sintiéndolos como un fastidio. No puede ver al ser humano enrocado en sí mismo, sino insertado en una comunidad».
En definitiva, «la dimensión social es fundamental para los cristianos y les permite mirar al bien común y no a los intereses privados».
«Sobre todo en este momento histórico, necesitamos redescubrir la dimensión comunitaria, no individualista, de la libertad: la pandemia nos enseñó que nos necesitamos los unos a los otros, pero no llega con saberlo, es necesario elegirlo cada día», concluyó la catequesis el Papa Francisco.

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Francisco reza por la misión y vocación de los catequistas

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En el último Video del Papa del 2021, Francisco centra su mensaje en el ministerio, misión y vocación de los catequistas, animándolos a anunciar el Evangelio con nuevos lenguajes y caminos.

El papa Francisco dedicó su intención de oración de diciembre a rezar por los catequistas, reconociendo su labor como una auténtica misión y ministerio al servicio de la misión de la Iglesia. El Santo Padre señala que se trata verdaderamente de una vocación, ya que «ser catequista significa que uno ‘es catequista’, no que ‘trabaja de catequista’».
En estos tiempos donde el mundo sufre muchos cambios, Francisco agradece el entusiasmo de los bautizados que con un continuado esfuerzo y alegría transmiten la fe, a la vez que los alienta a seguir anunciando el Evangelio «con su vida, con mansedumbre, con un lenguaje nuevo y abriendo caminos nuevos». 
El Video del Papa de este mes es un ejemplo de un nuevo lenguaje para la catequesis: muestra a catequistas y jóvenes trabajando en un mural. Con aerosoles y pinturas, decenas de niños y adolescentes -acompañados por sus catequistas- ayudan al artista italiano Paolo Colasanti (en arte Gojo) a reproducir una versión creativa de la escena del lavatorio de los pies, en una pared del oratorio de la parroquia romana de Nuestra Señora de Coromoto.
Ya en mayo de este año, Francisco había dado grandes señales hacia los catequistas al instituir su ministerio laical mediante el Motu Proprio Antiquum ministerium. Al terminar el 2021, el Santo Padre ratifica esta forma de servicio que se mantuvo a lo largo de la historia de la Iglesia, al afirmar que «el ministerio laical del catequista es una vocación, es una misión». 
Todavía hoy, explica en el Video del Papa, se puede ver cómo «en tantas diócesis, en tantos continentes, la evangelización fundamentalmente está en manos de un catequista», por eso «hacen falta buenos catequistas que sean a la vez acompañantes y pedagogos».
Ser catequista, enseña el Santo Padre, no es un trabajo, se trata más bien de enseñar con paciencia, de acompañar, de anunciar la alegría del Evangelio «pero no con bocina», sino con la propia vida, con mansedumbre, con valentía y creatividad. 

Nuevos caminos, nuevos lenguajes

Por su parte, el padre Frédéric Fornos SJ, director internacional de la Red Mundial de Oración del Papa comentó, a propósito de esta intención: «Es un gesto elocuente que Francisco dedique este último mensaje a los catequistas en el mismo año en que instituyó su ministerio laical y en que se inició el itinerario Sinodal ‘como Pueblo de Dios peregrino y misionero’». 
«Como lo indica el Documento preparatorio de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos el Espíritu Santo, hoy como ayer, continúa actuando en la historia: ‘en los surcos excavados por los sufrimientos de todo tipo padecidos por la familia humana y por el pueblo de Dios están floreciendo nuevos lenguajes de fe y nuevos caminos capaces (…) de encontrar en medio de las pruebas las razones para refundar el camino de la vida cristiana y eclesial. En esta misma línea se ha de considerar la reciente institución del ministerio laical de catequista» (n°7). Recemos pues ‘por los catequistas, llamados a proclamar la Palabra de Dios: para que sean testigos de ella con valentía, creatividad y con la fuerza del Espíritu Santo’», agregó.

Dónde ver el vídeo

Sitio web oficial de El Video del Papa Canal de YouTube de El Video del Papa Página de Facebook de El Video del Papa Twitter de El Video del Papa Instagram de El Video del Papa Twitter Oficial @Pontifex_es Instagram Oficial @Franciscus.

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Retos y esperanzas del itinerario pastoral en el continente

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En su mensaje final, la Asamblea Eclesial de la Iglesia en América Latina y el Caribe destacó que la sinodalidad «no es una moda pasajera», pertenece a «la esencia de la Iglesia».

Después de una semana de trabajo, la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe dio a conocer su Mensaje Final con una lista de doce puntos con los principales desafíos que enfrenta la Iglesia del continente.
El documento fue elaborado por dos grupos, el primero sintetizó y redactó las propuestas de los participantes y el segundo enfocó su análisis con mayor discernimiento.
Los participantes destacaron el deseo de reavivar el espíritu de Aparecida y en el horizonte del Jubileo Guadalupano en 2031 y el Jubileo de la Redención en el 2033.
La Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe se realizó del 21 al 28 de noviembre en la sede de la Conferencia del Episcopado Mexicano conocida como «Casa Lago» en Cuautitlán Izcalli, a unos 30 kilómetros al norte de Ciudad de México.
Monseñor Miguel Cabrejos, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), leyó el mensaje que comienza confesando que es «Jesucristo Resucitado quien nos ha convocado una vez más» para así «comunicar por desborde de alegría el gozo del encuentro con Él, para que todos tengamos en Él vida plena», como nos dice Aparecida.
Sintiendo la compañía de Jesús en «la tarea emprendida de repensar y relanzar la misión evangelizadora», el mensaje reconoce la necesidad de «un camino de conversión decididamente misionero», que tiene como presupuesto la necesidad «de mayor responsabilidad pastoral».

Una verdadera experiencia de sinodalidad

La Asamblea ha sido vivida, recoge el escrito, como «una verdadera experiencia de sinodalidad, en la escucha mutua y en el discernimiento comunitario de lo que el Espíritu quiere decir a su Iglesia». Desde la «poliédrica diversidad», los participantes de la Asamblea se han «vuelto hacia las realidades que vive el continente, en sus dolores y esperanzas».
El texto destaca la urgencia de «la promoción de la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural» y constata y denuncia dolores «de los más pobres y vulnerables que sufren el flagelo de la miseria y las injusticias»; también «el grito de la destrucción de la casa común» y la «’cultura del descarte’ que afecta sobre todo a las mujeres, los migrantes y refugiados, los ancianos, los pueblos originarios y afrodescendientes». 
A la Asamblea le duele «el impacto y las consecuencias de la pandemia que incrementa más las desigualdades sociales, comprometiendo incluso la seguridad alimentaria de gran parte de nuestra población».

Pecados y esperanzas

También duelen los pecados intraeclesiales, como «el clericalismo y el autoritarismo en las relaciones, que lleva a la exclusión de los laicos, de manera especial a las mujeres en las instancias de discernimiento y toma de decisiones sobre la misión de la Iglesia, constituyendo un gran obstáculo para la sinodalidad». Junto con ello, se muestra la preocupación ante «la falta de profetismo y la solidaridad efectiva con los más pobres y vulnerables».
Pero también hay esperanzas, nacidas de «la presencia de los signos del Reino de Dios, que llevan por caminos nuevos a la escucha y al discernimiento». 
El mensaje muestra el camino sinodal como «un significativo espacio de encuentro y apertura para la transformación de estructuras eclesiales y sociales que permitan renovar el impulso misionero y la cercanía con los más pobres y excluidos». 
También es motivo de esperanza la Vida Religiosa, «mujeres y hombres que viviendo contracorriente dan testimonio de la buena nueva del Evangelio», y la piedad popular.

Tiempo de kairós

Vivida como «un Kairós, un tiempo propicio para la escucha y el discernimiento» que conecta con el Magisterio e «impulsa a abrir nuevos caminos misioneros hacia las periferias geográficas y existenciales y lugares propios de una Iglesia en salida».
Desde ahí se pregunta por los desafíos y orientaciones pastorales a ser asumidos, diciendo que «la voz del Espíritu ha resonado en medio del diálogo y el discernimiento», llamando a una mayor encarnación, acompañamiento y promoción de los jóvenes, atención a las víctimas de los abusos, participación activa de las mujeres en los ministerios y en los espacios de discernimiento y decisión eclesial.

Formar en sinodalidad

También la promoción de la vida en su totalidad, formar en sinodalidad para erradicar el clericalismo, participación laical en espacios de transformación, escuchar y acompañar el clamor de los pobres, excluidos y descartados. Se ha señalado la necesidad de nuevos programas de formación en los seminarios, de dar valor a los pueblos originarios, de la inculturación e interculturalidad, abordar temas sociales y formar en sinodalidad.
En la larga lista de elementos a tener en cuenta, no es fácil resumir las aportaciones de tanta gente, se recordó la importancia de la experiencia de Pueblo de Dios, de vivir los sueños de Querida Amazonía, de acompañar a los pueblos originarios y afrodescendientes en la defensa de la vida, tierra y sus culturas.
La sinodalidad es el camino, algo que pertenece a la esencia de la Iglesia, por lo que se insiste en que «no es una moda pasajera o un lema vacío». Es algo que ha hecho aprender a caminar juntos, involucrando a todos.
Ahora se trata de llevarlo a las comunidades, a las bases, por lo que se muestra el compromiso a seguir el camino, aprendiendo y creando, en un itinerario pastoral que busca la conversión misionera y sinodal. Podemos decir que la ruta está marcada, ahora queda la valentía para enfrentarla, sin olvidar algo que es innegociable: tiene que ser juntos.

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«Rezar para que la vida espiritual no se ablande en la mediocridad»

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El Papa animó este primer domingo de Adviento a «estar en alerta», «en oración», porque no se puede ser un «cristiano dormido».

En el Ángelus del primer domingo de Adviento, el Papa invitó a los fieles a velar y rezar para proteger su corazón de la pereza espiritual, que extingue el entusiasmo misionero y la pasión por el Evangelio. 
Durante el Adviento, tiempo de preparación hacia la Navidad, en este tiempo de espera, «Jesús nos invita a no tener miedo – dijo el Papa Francisco, en sus palabras previas a la oración del Ángelus mariano, pronunciada desde la ventana del Palacio Apostólico – No temas porque Él vendrá, Jesús lo hará». Vuelve, él vendrá, lo prometió».

Esté atento para no volverse indiferente

Incluso «en los momentos en que todo parece haber terminado», añadió el pontífice, incluso «en las tribulaciones, en las crisis de la vida y en los dramas de la historia», el Señor «viene a salvarnos», indicando la vigilancia y la oración como los principales caminos para seguir, para «no dejarse absorber por las dificultades, sufrimientos, derrotas».
«Estar alerta significa ésto: no permitir que el corazón se vuelva perezoso y que la vida espiritual se ablande en la mediocridad. Tenga cuidado porque puede ser un «cristiano dormido». 
Francisco indicó que «sabemos que hay muchos, anestesiados por la mundanidad espiritual, sin ímpetu espiritual, sin ardor en la oración – rezan como loros – sin entusiasmo por la misión, sin pasión por el Evangelio. Cristianos que siempre miran hacia adentro, incapaces de mirar al horizonte. Y esto lleva al «adormecimiento»: a tirar de las cosas hacia adelante por inercia, a caer en la apatía, indiferente a todo menos a lo que nos conviene. Y esta es una vida triste.
Es triste ver «cristianos en un sillón», prosigue el Papa: la costumbre, la pereza, la mediocridad, el vicio «nos aplastan» y nos hacen «indiferentes» a las dificultades de nuestros hermanos. De ahí la exhortación a «guarda el corazón de la pereza, gran enemiga de la vida espiritual y también de la vida cristiana».
«La pereza es esa pereza que precipita, se desliza hacia la tristeza, que le quita el disfrute de la vida y las ganas de hacer. Es un espíritu maligno y negativo que clava el alma en el letargo, robando su alegría. El libro de los Proverbios dice: «Guarda tu corazón, porque de él mana la vida». Cuidar el corazón: ¡esto significa mirar!

No descuides la oración, lámpara del corazón

Pero la vigilancia de los cristianos, afirma Francisco, tiene «un ingrediente esencial», «un secreto» que es la oración.
«Es la oración -dijo el Papa- la que mantiene encendida la lámpara del corazón. Sobre todo, cuando sentimos que el entusiasmo se enfría, la oración lo reaviva, porque nos devuelve a Dios, al centro de las cosas. La oración despierta el alma del sueño y la enfoca en lo que importa, en el fin de la existencia.
La invitación del Papa a los fieles, por tanto, es no descuidar la oración incluso «en los días más ocupados»: rezar con el corazón, repitiendo a menudo breves invocaciones como «Ven, Señor Jesús», de hecho, ayudará al alma a permanecer alerta. 
Por último, el Santo Padre hizo una breve invocación que pidió repetir tres veces a los fieles reunidos en la plaza de San Pedro, invitándolos a mirar a Nuestra Señora, que «esperaba al Señor con corazón vigilante». 
La invitación a vivir el Adviento con esperanza: «Este Adviento nos ayude a transformar la esperanza» en la certeza de que Aquel que esperamos nos ama y nunca nos abandona».

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