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Editorial

La casa de papelitos y errores

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20.41 Cuando Sergio, el Profesor de la serie La casa de Papel, explica a sus discípulos que van a atracar al Banco de España, las consecuencias nefastas que tendrían sobre la economía la noticia del robo del oro de la reserva nacional, hace mención del descalabro financiero que sufriría la nación. Además de la caída de la Bolsa, el riesgo país después de perder todas sus reservas «subiría a 800 puntos y España no tendría respaldo crediticio internacional. Entonces deberán negociar».
La Argentina casi no tiene reservas y el riesgo país haría empalidecer al profesor ya que asciende a 1.800 puntos, mucho más de lo imaginado como escenario catastrófico.
Lo singular del caso argentino es que esta situación de default no es la primera vez sino la novena vez que tropezamos con la misma piedra, sin que hayamos mostrado ni la astucia ni el aprendizaje ni la humildad de enmendar errores que se tiñen de parcialidad política y eslogans partidarios para justificar tal desatino. Esto demuestra que no hemos aprendido nada ni intentado modificar nuestras costumbres, al igual que un alcohólico o un adicto.
La decadencia nacional por esta contumaz costumbre inflacionaria, dilapidadora, y de miópica cortedad de miras es evidente e indiscutible (en realidad, acá todo es discutible…) y abarca todas las áreas sensibles desde la educación hasta la energética, desde la salud hasta la industrial. País de enormes recursos, Argentina ha tenido una capacidad de recuperación, a veces increíble, después de cada una de la docena de crisis sorteadas en los últimos años. Sin embargo, jamás dicha recuperación ha sido ad-integrum, siempre se vuelve un escalón más abajo, y la asiduidad de las crisis impide recuperar el aliento.
Justamente, esta supuesta capacidad de recuperación, esta falsa bonanza es la que crea tal percepción de riqueza inagotable y la consecuente dilapidación. La verdadera riqueza no está en tener sino en saber: saber administrar, saber programar, saber ahorrar y saber saber. Por lo visto nuestra conducción ha demostrado no estar a la altura de las circunstancias y continúa con políticas facilistas y prebendarias: migajas y promesas (incumplidas e incumplibles) a cambio de votos.
Tras cada crisis y dada la sucesión casi continuas de conflictos, el país se ha convertido en un plano inclinado que va arrojando a sus habitantes a un sumidero y desde la profundidad de dicho pozo se pierden las perspectivas. Lo que para algunas naciones es la peor pesadilla, en nuestro caso es lo cotidiano. La descripción apocalíptica del profesor en La Casa de Papel, es la realidad aumentada del país. Nos revolcamos en un merengue y pensamos que eso es lo normal. Creemos que por estar Dios de nuestro lado (¿lo está?) tendremos crédito ilimitado, aunque la etimología de esta palabra ya lo dice todo: creditabilidad. ¿Con 9 defaults? ¿Habiendo sacado 13 ceros a la moneda? ¿Alguien nos puede creer con estos antecedentes? ¿Por qué esta vez vamos a hacer bien los deberes si las mismas autoridades dicen que vamos a copiar conductas pretéritas, esquemas ancestrales de discursos populistas?
Y esta enorme deuda que nos preocupa es la externa, la exigible, la llaga que mostramos al mundo, de la que se lleva una cuenta minuciosa. Pero hay más deudas. Está la interna, de infinitos préstamos y recontra préstamos, con bonos, bonitos, leliqs y papelitos que suma casi como la deuda externa pero por la que pagamos un 40% anual, creando una enorme masa de papeles y papelitos fantásticos para la timba a la que somos tan afectos.
Y está la deuda invisible, la deuda enterrada la que está en los caños y conductos, oleductos y cableríos que no vemos. ¿Por qué los cortes de luz? Porque el sistema energético ha sufrido por años de desinversión, pero la peor parte son las distribuidoras de energía y cámaras transformadoras que han quedado obsoletas. ¿Quién dará la plata necesaria para esta transformación? No sé, quizás haya que preguntarle al profesor…
Lo mismo puede decirse de la salud pública (con equipos obsoletos o que no funcionan), o la salud privada que va en camino de la obsolescencia (aunque ésta no sólo sea un problema de las autoridades).
Las deudas se acumulan, los riesgos aumentan, los márgenes se acortan y la única solucion que ofrecen las autoridades, después de haber perdido nuestras reservas, es seguir imprimiendo papelitos de colores que salen de la casita sin oro. «Solo vemos las consecuencias cuando están delante de nuestras narices», afirma uno de los personajes de la serie que bien podría haber nacido en La Matanza, Balvanera o Palermo, aunque se llame Tokio.
Si no pudimos aprender de nuestros errores al menos aprendamos de una serie de televisión…
editorial@diariocastellanos.net

Editorial

Los agujeros negros de Cancillería

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Pese a que se victimiza de modo constante, el Gobierno Nacional asegura que es su deseo firmar lo antes posible un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y que en la intimidad de la coalición oficialista está todo dado para que ello suceda. Sin embargo, nada parece aún seguro porque la visión del organismo es primero ajustar y después crecer. El Gobierno esgrime la secuencia inversa.
Para salvar esta divergencia bien profunda, se decidió insistir para consumo interno en que la única misión del FMI es exprimir a los países ordenándoles apretones inviables. Seguramente para no continuar discutiendo temas económicos imposibles de consensuar, el presidente Alberto Fernández buscó el apoyo político de EE.UU., aunque lo hizo de un modo tan improvisado y tomando caminos diplomáticos contradictorios en nombre de una «tercera posición» pasada de moda, que termina alejándose cada vez más de su posible benefactor.
Un juego doble o triple de ese estilo, con China y/o Rusia como contrapeso, ya sea para mojarle la oreja a la gestión Biden o para justificarse internamente, sólo le traería más zozobra al país que, en términos prácticos de conteo de reservas, necesita como el agua no cerrarse más y comerciar con todo el mundo para recoger la mayor cantidad de divisas posible. La tardanza para negociar con el organismo, las supuestas banderas de unidad interna que se esgrimen y el montaje diplomático minan aún más la credibilidad del Gobierno, pues todo ello forma parte del habitual esquema que el kirchnerismo pone en práctica a la hora de disimular sus errores, aunque el país quede en una zona de mayor riesgo.
Dentro del oficialismo, los más radicalizados suponen que una ruptura con el FMI bien podría ser la gran excusa que se necesita para ratificar el alineamiento que pretende el kirchnerismo más duro en política exterior: un país aislado del mundo y condenado a «vivir con lo nuestro».
El repliegue ya se viene dando hacia rincones que en América latina ocupan las barriadas de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Justamente, todos ellos son países amigos de Irán y sus gobernantes acaban de recibir a funcionarios de ese origen con pedido de captura internacional por su participación en el atentado a la AMIA. Lo notable es que la situación se acaba de dar sin que la diplomacia argentina lo registre. Tarde y mal el país acompañó a los EE.UU. en la OEA para pedir que se reactiven las alertas rojas. Como frutilla del postre de tanta improvisación, el Gobierno confundió al buscado y le solicitó a Rusia el arresto de un supuesto homónimo.
A todos estos despropósitos, consentidos por impericia, estupidez o alguna maniobra interna para dejar in fraganti al Presidente, se le suma la titularidad del foro anti estadounidense de la CELAC, silla que la Argentina acaba de asumir prometiendo «contención» a los países no democráticos del continente. Más allá del cortocircuito que el país tiene con Brasil -su histórico y principal socio comercial- debido a Jair Bolsonaro, todos esos juegos han sido movidas demasiado arriesgadas, llevadas a cabo más por la ideología que por planes diplomáticamente elaborados. Tantos dislates han puesto a la Cancillería en un tobogán profesional casi irremontable.
Por ejemplo, la diplomacia debería saber que China no moverá un dedo hasta arreglar con el FMI. Pero, además, el canciller Santiago Cafiero debió haber reparado en que el próximo viaje de Fernández a Beijing, con una visita previa a Vladimir Putin, no sólo complica al presidente con Biden, sino también con la Unión Europea por Ucrania, y además con el presidente chino, Xi Jinping, pues sería la primera vez que un mandatario argentino viaja oficialmente a ese país y la escala en Moscú ensombrece la visita.
No debería descartarse que en este contexto se podría estar jugando la «malvinización» del tema FMI, epopeya que se intentaría como manotazo de ahogado para repudiar al organismo con la apelación a la soberanía como bandera.
editorial@diariocastellanos.net

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Editorial

Desmesura

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Es recurrente ver en cada encuentro de gobernadores, funcionarios nacionales o poderosos sindicalistas un enorme número de jets privados que las autoproclamadas «celebrities» de nuestra política y sus familiares utilizan para evitar mezclarse con el público en general, debidamente aislados de la realidad que vivimos y vemos todos.
Un claro ejemplo del despilfarro de fondos públicos tuvo lugar dos meses atrás en la ciudad de San Juan, sede de un partido de nuestra selección nacional de fútbol que, «casualmente», coincidió con un encuentro de gobernadores peronistas. Como si no se tratara de un país con más del 40% de su población en la pobreza, gobernadores y demás funcionarios llegaron en lujosos y modernos aviones jet que, cuando no están al servicio de los poderes ejecutivos provinciales, cumplen vuelos sanitarios. Casi todas las provincias tienen entre una y dos aeronaves de este tipo, más algún avión o utilitario y helicópteros que son usados sin límite, decoro ni vergüenza para trasladarse a cuanto evento tenga lugar en Buenos Aires o en alguna otra plaza del interior. Incluso, muchas veces despegan a la misma hora y con el mismo destino que un vuelo regular de empresa aerocomercial. Esos jets cuestan entre dos y tres mil dólares por hora. Para un congreso partidario en la ciudad de Buenos Aires, el viaje en jet de un gobernador le cuesta en promedio al erario provincial cerca de un millón de pesos, contra unos 40.000 que costaría un pasaje en la empresa estatal. Los favores aéreos son, además, moneda corriente en la política.
La Agrupación Aérea Presidencial, al servicio exclusivo del Presidente de la Nación, cuenta con tres helicópteros Sikorsky comprados por la administración Menem y un Boeing 737, a los que suman dos Learjet 60 de la Fuerza Aérea Argentina. Tanto el Presidente como la primera dama y su mascota Dylan son pasajeros frecuentes de la referida flota pública, que muchas veces incluye el último helicóptero adquirido por la Policía Federal. Las restricciones impuestas por la cuarentena no detuvieron a Fabiola Yañez, quien, en cuatro ocasiones de un total de 17, sorteó la prohibición para viajar a Misiones, en «visita oficial», según registros públicos.
A menos que la vicepresidente estuviera reemplazando temporariamente al Presidente, su investidura no la habilita a utilizar las aeronaves oficiales. Sin embargo, es usual que ella, reticente a viajar en helicóptero, disponga del Boeing presidencial que, por su gran tamaño, le garantiza mayor privacidad que los Learjet para trasladarse a Río Gallegos, con un costo de 12.000 dólares por tramo, unos cinco millones de pesos por fin de semana. La violación a la ley en la que incurre es doble: usa indebidamente las aeronaves y, además, lo hace por cuestiones particulares. Entre febrero y junio de 2021 se contabilizan 13 traslados entre Buenos Aires y Santa Cruz, además de un vuelo ad hoc desde la ciudad de Buenos Aires para transportarla de El Calafate a Río Gallegos, a unas tres horas de viaje en auto. Para las Fiestas, entre el 23 y el 30 de diciembre, seis fueron los viajes del Tango 11: iban con ella y regresaban vacíos, a casi 20.000 dólares por tramo.
Desde febrero habrían sido unos 30 vuelos. Solo 15 iban con ella a bordo. El resto, vacíos. Sumados los seis de lo que va del año, medio millón de dólares. Como si fuera poco, según surge de fuentes confiables, la vicepresidente recurre también al avión de YPF, otro Learjet 6.
En tiempos de campaña, Victoria Tolosa Paz también se benefició con el uso de un recurso público como un avión de la Policía Federal para presentarse en un acto proselitista. El récord lo tiene Sergio Massa en sus recorridas bonaerenses: 53 vuelos en naves de la fuerza policial. Solo entre 2014 y 2018, había totalizado 290 vuelos en jets privados.
Paradójicamente, nuestra Fuerza Aérea debe recurrir a aviones de museo para cumplir con sus obligaciones operativas, incluyendo aquellas relacionadas con la pandemia. En los últimos dos años recuperaron dos aeronaves Fokker 28 de unos 50 años de antigüedad que habían sido raleadas del servicio en 2017 y, al menos una, enviada al Museo Nacional de Aeronáutica junto con otra que ya se encuentra exhibida allí, aunque probablemente también sea vuelta al servicio luego de hacer las delicias de los visitantes.
Los funcionarios deben abstenerse de usar las instalaciones y servicios del Estado para su beneficio particular o el de sus familiares, allegados o personas ajenas a la función oficial, mucho más en momentos económicos críticos como los que atravesamos. El nivel de desmesura alcanzado confirma la incapacidad de estos dirigentes para interpretar el hartazgo de una ciudadanía que reclama actitudes a la altura de las circunstancias.
editorial@diariocastellanos.net

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Editorial

¿Combustible ecológico?

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En oportunidad de su viaje a Glasgow para participar en la reunión de la COP26, el Presidente anunció, junto con representantes de la empresa australiana Fortescue Future Industries (FFI), el desarrollo de un proyecto de producción de hidrógeno verde en Río Negro. Esta empresa es subsidiaria de Fortescue Metals Group, el cuarto productor de hierro del mundo y fue creada para incursionar en actividades de futuro respetuosas del ambiente, entre ellas, la producción de energías limpias. El objeto final es la producción mediante electrólisis del agua, de hidrógeno, un combustible no contaminante. Se trata de una tecnología libre de emisiones de CO2 y totalmente compatible con los condicionamientos acordados sobre calentamiento global. FFI ha iniciado trabajos de prospección en Río Negro con el propósito de avanzar en el estudio, el que comprendería, además de la planta, tres parques eólicos con una potencia total de 2000 MW. La inversión podría alcanzar 8.400 millones de dólares. Debemos decir que FFI todavía no ha concretado la construcción de ningún proyecto de los que tiene en análisis. Y la realidad es que aquello que se presentó al Gobierno es un plan en estado embrionario. Sin embargo, Fernández lo expuso como una oferta concreta de inversión.
La producción de hidrógeno se realiza hoy principalmente por la vía química, a partir de hidrocarburos. Al producto obtenido del carbón o del petróleo se lo refiere como «hidrógeno negro». Al que se obtiene del gas natural, «hidrógeno gris». Sólo un 5% se logra por electrólisis del agua, separando el oxígeno y el hidrógeno y, por no contaminar, se lo denomina «hidrógeno verde», que nada tiene que ver con su color real. El hidrógeno no es hoy usado como combustible, sino en la industria química, que es la que puede soportar costos y precios más elevados de ese insumo. Su empleo como combustible tendría enormes ventajas ecológicas. Su combustión deja como residuo solo vapor de agua, mientras que la de los fósiles libera carbono con efecto invernadero. Pero el hidrógeno verde aún no puede producirse a un costo competitivo frente al uso del gas natural.
El plazo en que el hidrógeno sustituya otros combustibles estará determinado por la evolución de la reducción de los costos de obtenerlo por electrólisis del agua, usando energía eléctrica limpia, no contaminante. Hoy esos costos son todavía muy elevados y demandan inversiones millonarias en dólares.
No cabe duda de que el hidrógeno sustituirá combustibles de origen fósil. La Argentina dispone de amplias posibilidades de generar electricidad limpia de origen eólico, solar o hidráulico. El agua es abundante, computando también la del mar. El avance de la tecnología deberá hacer el resto para que sea económicamente factible producirlo y usarlo. La prudencia en el anuncio de inversiones debe sobreponerse a la necesidad presidencial de mostrar un hecho como de inmediata concreción sin aclarar que aún falta. Este proyecto, como muchos otros, necesita de tiempo para lograr ser tecnológicamente competitivo. Además, requiere un marco de condiciones económicas e institucionales que no inhiban las inversiones. ¿Qué atractivo puede tener una inversión en energía si gran parte de los precios del sector están congelados y los productores dependen de los subsidios de un gobierno quebrado? ¿Quién financiará inversiones en un país gobernado por quienes consideran justo y patriótico no pagar las deudas? Para promover y favorecer anuncios de potenciales inversiones, nuestro presidente debería trabajar seriamente para crear las condiciones que ellas demandan.
editorial@diariocastellanos.net

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