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Enfoques

Juan Pablo Creativo

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Por Alcides Castagno. Llegó alguna vez a Rafaela, un 24 de octubre, con la idea de trascender. Para ese fin, buscó los medios. Juan Pablo González, para algunos «el negro», para otros «el gallego», para todos un publicista comprometido y omnipresente. Había nacido en Tostado, estudió y se recibió como Técnico Químico en Santa Fe, buscó un horizonte patagónico en Comodoro Rivadavia durante un tiempo breve, para recalar finalmente entre nosotros.
De su matrimonio con Carmela Josefina Cerruto (Muñeca), también tostadense, nacieron María Gabriela, hoy esposa de Atilio Pignoni, Rafael, arquitecto y artista plástico, y Mariano, periodista.
En este espacio solemos incluir historias de inmigrantes que debieron buscar nuevos sitios para su desarrollo personal y familiar; algunos cruzaban mares, otros extensiones de tierra, pero todos deseaban comenzar una nueva vida en el espacio que mejor se adapte a sus propósitos. En el caso de Juan Pablo podemos definirlo como un emigrante interno, que además de afirmarse con raíces, volcó su propia impronta. Su primer trabajo fue como docente en la Escuela Nacional de Educación Técnica Guillermo Lehmann; quienes fueron sus alumnos afirman que logró una buena relación con ellos, logrando aplicar una mezcla de recursos didácticos con ingenio.

Publicista

Podemos catalogar a González (siempre caemos en la tentación de las etiquetas) como un publicista empírico, observador de lo que ocurría en el mundo de las comunicaciones escritas y orales, para aplicarlas con su inventiva. Así hemos visto, por ejemplo, su desempeño en la comunicación política, donde logró resultados positivos asumiendo la campaña del ex intendente Rodolfo Muriel, con elementos que hacían relacionar sus actos con las campañas norteamericanas, llenas de banderas, símbolos, colores, canciones y estribillos, que hasta ese momento aparecían como una novedad ante los formatos más discursivos que se veían en general. También formó parte del gabinete de Muriel, aportando una dinámica de saludable innovación. Su inserción en la sociedad rafaelina tendría un capítulo trascendente al integrar el Club de Leones y transferir allí también su propio estilo.
Recuerdo con particular simpatía su invitación a integrar el equipo con el que realizamos una de sus ocurrencias: un suplemento de humor para el CASTELLANOS; dentro del grupo sorprendió la invitación al basquetbolista sunchalense Rodo Maretto en quien descubrió una faceta chispeante que trascendía las virtudes deportivas.

Radio

En el capítulo radial, fecundo y trascendente, podemos recordar la sociedad Beceyro-González-Paublan para el programa Radionoche («la hora de los gatos») por LT28, emisora que también lo tuvo como protagonista de un programa titulado «Sabatina»: ocupaba la tarde de los sábados y su contenido de estilo magazine recorría temas frívolos y profundos matizados con música.

Cartel

Uno de los «hijos» predilectos de Juan Pablo fue la revista Cartel, surgida también de su polifacética inventiva. En este sentido, me remito a la entrevista que le realizamos allá por el noventa y tantos, con motivo del número 150, en su casa llena de objetos personales, afiches de películas, caricaturas, tapas de revistas expuestas en un orden colorido y un sitial para la Underwood, una máquina de escribir que alguna vez sirvió para sus despliegues.
«Cartel nació -nos dice- como una de esas cosas impensadas. Siempre estuve metido en el mundo de la publicidad y el periodismo y ese tiempo era bueno para el cine; estaban el Belgrano, el Avenida y el Gran Rex, entonces se me ocurrió hacer una publicación quincenal con las películas que daban los tres cines: Cartelera, se llamaba. Era una plaqueta con tres columnas, una por cada cine, y al dorso 34 cuadraditos para publicidad, imitando los fotogramas de las películas. Y anduvo bien. Las distribuía gratuitamente en los cines y en las funciones de cine-club. Al poco tiempo, tuve necesidad de agrandarla pero no podía ser sólo publicidad así que le agregué humor, cuentos, notas, chascarrillos, en páginas que se abrochaban a la cartelera. Y llegó el momento en que se convirtió en una revistita, entonces me vino bien apocopar el nombre, de Cartelera pasó a llamarse Cartel, una revista de la que estoy orgulloso, de la que me ufano, porque es una hija mía y además tiene el mérito de su continuidad. La he logrado con mis allegados más directos: mi esposa, mi hijo Mariano, otros colaboradores cercanos y debo mencionar muy especialmente a Miguel Angel Williner, un pateador de la calle, gran productor publicitario».
«Mi mujer y yo somos una especie de ratones de biblioteca, guardamos todo. Entre las revistas valiosas tengo el número uno de la revista Humor, el número uno de la revista Gente y el de Primera Plana, además cientos de ejemplares de Leo Plan, Usted, y otras. Mi madre siempre compró la revista Para Ti, desde los primeros números, y mi padre se las hacía encuadernar en Buenos Aires, con tapas de cuero. Ella, antes de partir, me las dejó como legado».
«A algunos les parece que escribir es como un pecado que no quieren mostrar por vergüenza. Yo los animo a que me traigan sus obras. Un caso llamativo fue alguien que me mandaba poemas para publicar hasta que un día vino en persona, vestido como mecánico, con sus manos engrasadas y su ropa de trabajo; me dijo que a pesar de sus manos era él quien escribía, y no se daba a conocer por timidez. Mi alegría fue cuando supe que gracias a mi aliento se inscribió en un taller literario y es muy feliz escribiendo».
Es sólo una parte, no es ésta toda la historia de Juan Pablo González, el negro, el gallego, el publicista creativo que siempre tenía alguna ocurrencia al encontrarte por la calle o en cualquier otro lugar de la ciudad que adoptó como propia y a la que enriqueció con sus aportes.

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Impuestos y más impuestos, es la norma

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Por: Daniel Artana. El 2021 cerró con una recuperación importante de la economía del orden del 10%, lo que permitió volver a los niveles pre-pandemia. El empleo informal, que había caído fuertemente en 2020, muestra un patrón similar.
Por su parte, el empleo privado formal no tuvo grandes cambios por las restricciones y sobrecostos al despido (no cayó ni tampoco rebota) y el empleo público habría aumentado alrededor del 10%. La inflación también sería similar a la de 2019.
A pesar de la recuperación de la actividad económica, el déficit fiscal primario sería muy superior al de 2019, aun computando los ingresos extraordinarios (DEG y aporte solidario). Esto es consecuencia de un aumento en el gasto, en gran medida explicado por los mayores subsidios asociados a la politización de las tarifas de energía y transporte, y por la expansión de otros gastos para tratar de influir en el resultado de la elección de medio término.

En 2022, la economía enfrenta algunas restricciones

En primer lugar, no parece que vaya a repetirse la mejora notable en los términos del intercambio (precios de exportación aumentando al doble de los de importación) que aportó alrededor de USD 7.500 millones al superávit externo y que explicaría aproximadamente la mitad de la recuperación económica.
En segundo lugar, un acuerdo con el FMI seguramente incluirá una mejora fiscal mayor a la prevista por el Gobierno. El desborde de gasto del segundo semestre de 2021 debería ser corregido prontamente si se pretende que las finanzas públicas sean sostenibles. Si a eso se suma el requisito de que la tasa de interés real sea positiva, habrá un efecto algo contractivo sobre la actividad económica que difícilmente pueda ser compensado por una reducción en la incertidumbre por la firma del acuerdo.
La Argentina tiene una larga historia de incumplimientos con el FMI y el Gobierno carece de la convicción y la credibilidad para poder capitalizar una mejora en las cuentas públicas.
En tercer lugar, aparecen límites a la continuidad de la política de financiar parte del déficit con los depositantes por medio de las operaciones de esterilización del BCRA. Las entidades financieras tienen ya una elevada exposición al «riesgo sector público».
En cuarto lugar, hay mucha inflación reprimida durante 2021. Tarifas de electricidad y gas natural que aumentaron menos del 10% en un año con inflación del 50%, depreciación del tipo de cambio oficial a un tercio de la inflación desde mediados de año y controles de precios cada vez más intrusivos sólo pueden mantenerse por poco tiempo si el BCRA no tiene muchas reservas internacionales, como es el caso hoy.
Si se cumple con el anuncio de finales de diciembre de aumentos de tarifas para gran parte de los usuarios para 2022 muy por debajo de la inflación proyectada, no habrá un ahorro fiscal importante y habrá más presión sobre la emisión monetaria; si, en cambio, se opta por aumentos de tarifas mayores habrá un impacto puntual en el nivel de precios que afectará las mediciones del 2022.
En ese contexto, el Gobierno reveló su intención de aumentar impuestos que logró concretar parcialmente luego del rechazo del Presupuesto y la aprobación de los cambios en bienes personales y de la firma de un nuevo pacto fiscal con las provincias. En este último caso, se flexibilizan los topes para las alícuotas de ingreso brutos para la mayoría de las actividades.
Además, se propone a las provincias que introduzcan un impuesto a la herencia, a pesar de que muchos países desarrollados lo han abandonado, de que lo propio ha hecho la Provincia de Entre Ríos y de la escasa recaudación que genera en la única jurisdicción que lo mantiene, que es la Provincia de Buenos Aires. En el mismo sentido van las decisiones de acotar la competencia vía precios en los pasajes aéreos de cabotaje.
En otras palabras, no hay intento alguno por reducir ineficiencias en el gasto estatal y se sigue aumentando la presión tributaria, antes, durante y después del Covid-19. Si no se repite la suerte de 2021, el 2022 será de bajo crecimiento y alta inflación.

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Un norte que la política nunca comprendió

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Por: Juan Capozzolo. El gusto salobre de las lágrimas marca huellas en el rostro ennegrecido por la tierra y el hollín de aquel ganadero de edad indefinida por los rastros del tiempo, pero sin duda de muchas décadas de sacrificio. Ve el hombre morir su hacienda por falta de pasto y agua, mugiendo de desesperación a veces o desplomándose en silencio otras. De noche, cuando llena el tripero con mate amargo, pues la provista mensual no la pudo hacer por quedarse a cuidar sus animalitos, escucha por radio, con bronca ya incontenible, que el Gobierno reitera con exageración la ayuda que le otorga: le posterga el pago de aquellos impuestos exagerados y tan elevados que eran sólo posibles de pagar con parte de su capital, solamente le dan mas plazo para pagar aquello que le gravan con retenciones, lo que le prohíben exportar, lo que le cobran por el sólo hecho de tenerlo. Se le aceleran las lágrimas y se le cierra la garganta cuando piensa que por esa voracidad del Gobierno y la falta de contacto con la civilización sus hijos debieron rumbear para otros pagos en busca de conchavo.
Sólo quedó él, pues su compañía se la llevó el cielo por falta de asistencia médica hace muchos años, sólo el cuida sus animales y conversa con el cielo.
Ahora se fue, «quedó» el pasto, faltó el agua, se echó a perder el agua de las represas, vinieron las quemazones y con ellas una papeleta donde desde el Gobierno le dicen que de acuerdo a una ley el es el responsable. Dejó en ese momento sus pertenencias y salió a buscar alguien mas «léido» para que le explique que «uno o unas» políticos/as que residen en el poblado dicen que el arruina la naturaleza, justo él que convive con tantos animales silvestres con los que comparte su poca agua, sus pájaros que vuelan hacia el cuando de regreso con la provista trae algo de maíz molido para ellos, él, que con su última mirada antes de buscar el sueño que hoy la angustia espanta, se posa en ellos única compañía en su soledad. Justo a él lo acusan.
Este paisano ve y siente que la última «limosna» de la vida se la da la naturaleza ayudada por esos legisladores y burócratas que embebidos de soberbia y desprecio por el campo se creen poder disponer de la vida y obra de otros argentinos.
Se secarán las lágrimas en ese rostro de ojos enrojecidos y la bronca estallará en un grito agónico que espantará los pájaros y los novillos y nos alertará del principio del fin de la patria.

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El ego de la reina arrasa todo a su paso

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10.20 Por Jorge Fernández Díaz. En Isla Negra las arenas estaban permanentemente húmedas durante aquel otoño de 1994 y el océano Pacífico batía de manera inclemente esa costa gris y cansada. Así lo apunta en sus excepcionales memorias literarias Juan Cruz Ruíz, que en aquel año fungía como director global de Alfaguara y que llevaba de visita a la legendaria residencia de Pablo Neruda a dos grandes estrellas narrativas de su propia editorial: la chilena Marcela Serrano y el español Arturo Pérez-Reverte. En esa visita a los dominios del gran poeta, los acompañaba también Carlos Ossa, director de Santillana en Chile y chaperón de Serrano. Luego de examinar la abigarrada finca del autor de Los versos del capitán, el grupo decidió almorzar en el único restaurante de la zona, un local más bien modesto, con manteles de hule, servilletas de papel y un menú limitado. Marcela Serrano le preguntó al camarero por un plato de pescados frescos y de pronto pegó un grito de escándalo: “¡Carlos, no hay limones!”. Ossa, que quería consentir a su prima donna en todo, se quedó mudo. “¡No hay limones!”, insistió ella, en plan reproche, como si el editor fuera un mayordomo y el gran culpable de esa falta fundamental. Y entonces Pérez-Reverte lanzó una carcajada, y alguien dejó caer la frase decisiva: “Los escritores desayunan egos revueltos”. Hasta Marcela terminó riendo de la ocurrencia.

Este articulista ha lidiado durante décadas con el sumo narcisismo de algunos escritores, y sabe que suele ser más patético aun que la intensa vanidad de ciertos políticos. En la oposición muchos desayunan egos revueltos y así nos va, pero nada se compara con el culto y la adoración hacia sí misma que, a la manera de los sobrenaturales caudillos latinoamericanos, practica e impone ante su grey la monarca de la calle Juncal. Algunas de sus decisiones, rodeadas de secretismo y tomadas sin consultar a nadie, no responden únicamente a proteger su capital simbólico, que por lo demás funciona como una mera extensión de su personalidad, ni tampoco a su impostada identidad ideológica, sino a la irresistible pulsión por ocupar siempre el centro (ser la novia en la boda y el niño en el bautismo) y sabotear la estrategia de su propio gobierno y dislocar el sistema. Cristina Kirchner, asumiéndose como un mito viviente e inmune a las objeciones (un aspirante a autócrata carece de autocrítica) juega desaprensivamente al bowling con todo el arco político y derriba incluso los bolos de su mismísima escuadra.

La Pasionaria del Calafate regresó de su aristocrático descanso en el sur y cortó de raíz las conversaciones con la oposición; no solo dejó pedaleando en el aire al principal interlocutor del Presidente –Gerardo Morales–, sino que le ordenó al ministro de Interior que viajara a Jujuy y confortara públicamente a Milagro Sala, archienemiga del gobernador, y también invitó a varios lenguaraces a que salieran a denigrarlo por los medios: había que dinamitar todos los puentes. Alberto Fernández se quedó así sin su primera foto de la semana –el acompañamiento a regañadientes de los principales opositores y, sobre todo, del flamante titular de la Unión Cívica Radical–, y después asistió impotente a la operación mediante la cual su jefa borroneaba y le quitaba protagonismo a la segunda imagen: aquella en la que Santiago Cafiero departía amigablemente con el secretario del Estado Antony Blinken. Esa postal tan buscada por Balcarce 50 podía, en realidad, caerles muy mal a los susceptibles duques de la reina, mosqueados y predispuestos a entender que con ello su gobierno giraba a la derecha, le hacía el juego a la partidocracia vendepatria y gorila, y confraternizaba con el imperialismo norteamericano. El imperialismo ruso, en cambio, les parece más que interesante y los métodos y prerrogativas de su temible zar les resultan simpáticos y aspiracionales, y ojalá se zampen ahora de un bocado a Ucrania: se lo tienen bien merecido. Esta vez nuestra zarina utilizó una epístola para recordarle al “pueblo peronista” que el culpable de todos los males de la Tierra seguía siendo Mauricio Macri y para sugerir que el Fondo se empaca ciega y aviesamente contra el proyecto de los emancipadores. Un digestivo, suministrado ese día clave, para que su tropa procese mejor la “defección” de su canciller y los intentos del cuarto gobierno kirchnerista, que como Penélope teje de día y desteje de noche. Su boicot al jefe del Estado no se detuvo allí; su largo brazo frenó reproches presidenciales a Luana Volnovich –la revolucionaria de los tórridos mares del Caribe– y el eventual desplazamiento de su tierno novio, que además es un buen partido –al menos gana un salario jugoso gestionando la miseria de los jubilados–, castigo que pretendía ejecutar Alberto Fernández para atenuar un poco el bochorno y fortalecer su autoridad. Tampoco pudo ser.

Cuando ya había limado suficientemente la figura presidencial, Cristina Kirchner avanzó con asuntos personales; ordenó al viceministro de Justicia, uno de sus hombres de confianza, que apoyara una marcha golpista contra la Corte Suprema y aceptó gustosa la adhesión de notorios gangsters del sindicalismo, conocidos por sus extorsiones y sus abultadas fortunas. Progresismo y mafia es un tema apetitoso para futuros ensayistas, puesto que se trata de un fenómeno vincular de gran auge en nuestro país. Más tarde, ella habilitó que importaran remesas de Pfizer para vacunas pediátricas: parece que el demoníaco laboratorio multinacional ya no exige en canje los glaciares ni media Patagonia, algo que sin embargo consiguió para sí mismo el popular terrateniente Lázaro Báez. Después propició una campaña feroz contra la ministra de Educación porteña por atreverse a sugerir que muchos chicos pobres habían desertado para siempre de las aulas durante la cuarentena eterna, y logró que sus militantes se rasgaran las vestiduras y la acusaran de “estigmatizante”; militaron las escuelas cerradas, abandonaron así a los pibes más humildes a la calle y al negocio narco, y ahora mandan al Inadi y a psicopatear perejiles por las redes. Dominan a la perfección el género de la comedia patética.

Finalmente, la doctora le pidió al servicial senador Parrilli que anunciara una nueva versión de Fútbol para Todes, no solo porque cuando no hay pan al menos debe haber circo y porque se necesita proselitismo de manera urgente, sino también porque es imperioso recrear de cualquiera manera el perfume de la “era dorada”. Es central para la gran dama defender el mito de su última presidencia, que como todo el mundo sabe fue un paraíso terrenal. Necesita ser reivindicada por esa gestión lastimosa y crear un relato indiscutible. Pero los números no cierran y la memoria no es tan corta.

Cada vez que la arquitecta egipcia se va veinte días a su “lugar en el mundo” y se llama a silencio, el jefe del Estado se entusiasma y hace planes como si detentara realmente el poder. Y cada vez que ella retorna a la calle Juncal no puede evitar patearle los soldaditos. Lo hace como correctivo táctico, pero el ademán contiene también algo de impulso ególatra: yo soy la única que tiene la razón y la única que manda. La base de la praxis populista es el narcisismo de su líder carismático. Entre eso y el trastorno narcisista que describe la psiquiatría hay un paso muy breve. La doctora desayuna egos revueltos. Y la sociedad argentina, agotada de tanta incoherencia, sin cash ni expectativas (como pedía Néstor), y con el dólar incendiando las noticias, ya tiene los egos al plato. (La Nación)

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