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Editorial

Hacer visible lo invisible

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El pasado 19 de noviembre se conmemoró Día Mundial para la Prevención del Abuso Infantil, en ese sentido UNICEF y el Programa las Víctimas contra las Violencias, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, presentaron el fascículo N° 9 de la serie «Violencia contra Niñas, Niños y Adolescentes: Un análisis de los datos del Programa las Víctimas contra las Violencias 2020- 2021» con un doble objetivo: por un lado, informar acerca de las violencias que padecen niñas, niños y adolescentes, y por otro, visibilizar el trabajo que viene llevando a cabo el Ministerio de Justicia de la Nación frente a esta problemática.
El Programa las Víctimas contra las Violencias, creado en el año 2006, es atendido por profesionales especializadas en la temática que brindan -en situaciones de emergencia y urgencia- contención, asesoramiento y asistencia a víctimas de violencia familiar y sexual. Específicamente, respecto a niñas, niños y adolescentes, aborda situaciones de Grooming, abuso sexual y explotación comercial.
El Programa funciona las 24 horas, los 365 días del año. Recibe las consultas a través de diversos canales de comunicación: la línea telefónica nacional 137, la página web institucional a través del formulario, y el WhatsApp 11 3133 1000. Este último fue implementado a fin de poder fortalecer el acceso de las víctimas al Programa en época de pandemia. Así, la incorporación del número de WhatsApp tuvo un impacto significativo ya que dinamizó y acrecentó el caudal de consultas por parte de Niñas, Niños y Adolescentes.
Los datos que se presentan surgen del análisis de la información recabada a través de las consultas atendidas por las y los profesionales especializados de la Línea nacional 137 del Programa las Víctimas Contra las Violencias. Durante el período analizado, octubre 2020 – septiembre 2021, las consultas aumentaron un 15% respecto al mismo período del año anterior, y se incrementaron considerablemente las realizadas directamente por niñas, niños y adolescentes. Se registraron 9.989 víctimas niñas, niños y adolescentes de violencia familiar y/o sexual.
Respecto al abuso sexual hacia niñas, niños y adolescentes, se registraron 3.219 víctimas. En todos los grupos etarios, el mayor porcentaje de niñas, niños y adolescentes víctimas de violencia sexual pertenece al género femenino, representando casi 4 veces más que el masculino. La diferencia según género se amplía a mayor edad de la víctima.
Así mismo, el 74,2% de las víctimas fueron violentadas por alguien de su entorno cercano o ámbito de confianza. El 44% de las violencias en entornos digitales fueron por el delito de Grooming.
Hace horas el país se vio conmovido por la muerte de Lucio Dupuy, de cinco años, quien murió internado en un hospital a causa de una serie de agresiones y golpes propiciados por su propia madre y su pareja. Según las primeras repercusiones, la familia del niño desde hace tiempo viene peleando con la Justicia por la tenencia del menor que a diario sufría de las agresiones. Ramón Dupuy, el abuelo del nene, habló con el medio local En Boca de Todos y contó que hace más de un año y medio, cuando le otorgaron la patria potestad de Lucio a su mamá, él les advirtió a los jueces que el destino de su nieto sería fatal. «A ese juez o jueza, que me mire a la cara, que le dije, esa criatura termina mal porque algo le van hacer, hoy se ven las consecuencias. Hace un año y pico se lo dije. Termina mal o vendiendo falopa o me lo matan. Y ayer me lo mataron. La propia madre y la propia pareja lo mataron», dijo el hombre entre lágrimas.
«Se lo dije a todo al mundo y nadie me quiso hacer caso. Hoy pagamos las consecuencias de perder a una criatura de cinco años, matada a golpes. ¿Por qué? Ellas cuando lo retaban y le pegaban, él se hacía pis encima. Pánico les tenía. Lo dejaron tirado en la casa, convulsionando y después al rato llevarlo al hospital. ¿Dónde está la Justicia?», agregó.
Si sabés o sospechas que un niño, niña o adolescente está siendo víctima de Grooming, abuso familiar, sexual y/o explotación comercial y sexual de niñas, niños y adolescentes, no dudes en comunicarte con la Línea 137.
editorial@diariocastellanos.net

Editorial

La violencia sin fin

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En septiembre próximo se cumplirán diez años del inicio de la llamada «guerra narco» en Rosario con la aparición en la escena pública del crimen por encargo. La ejecución de Martín Paz por parte de la banda Los Monos en pleno centro de la ciudad y a plena luz del día marcó lo que una década más tarde se impuso como un engranaje aceitado del negocio narco: la lucha entre bandas criminales montada sobre una violencia permanente, que provocó 2.104 asesinatos en todo ese período, según cifras oficiales. Esa imparable ola de crímenes, sin embargo, no se circunscribe a Rosario. Como en un dominó, la violencia extrema se ha ido desparramando por el país. El conurbano bonaerense es una muestra acabada de que no se está haciendo lo correcto para evitar males aún mayores. Basta la connivencia del Estado, a través de las fuerzas de seguridad, la Justicia y la política para que estos sectores del crimen organizado se cuelen por las grietas y ganen poder.
El presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Horacio Rosatti, planteó acertadamente que el narcotráfico será el «principal problema de la Justicia» en los próximos años. Y fue contundente al opinar que «la batalla se está perdiendo».
Desde que comenzó el corriente año 20 personas fueron asesinadas en un contexto de máxima tensión en Rosario. La principal sospecha es que esos crímenes fueron cometidos por sicarios tras fuertes amenazas a raíz de la detención de la viuda y de un hijo adolescente de Claudio Cantero, exlíder de la banda Los Monos. A madre e hijo les secuestraron 23 armas, autos, motos, joyas, droga y 4 millones de pesos.
La inusitada violencia que aterra a los santafesinos adquiere formas cada vez más sofisticadas, transformándola en un poder mafioso que afila sus métodos para generar pánico, con extorsiones a empresarios y comerciantes, inversiones económicas espurias y balas, muchas balas.
En la ciudad de Buenos Aires fue asesinado ayer por la espalda un joven de 27 años, en Barracas. Previamente, dos hombres incendiaron un local en Palermo en lo que se presume que fue un mensaje homofóbico y, en Villa Urquiza, varios ladrones intentaron robar en una empresa de logística, pero no pudieron concretar el atraco porque fueron reducidos por los propios trabajadores. Otros dos hombres asaltaron una heladería y amenazaron con matar a los empleados en San Justo y, en Lomas de Zamora, un grupo de delincuentes asaltó en pleno día a una familia para robarle el vehículo. Rapiñas, escruches, salideras y robos de celulares están a la orden del día. Resulta preocupante, también, que ante la inercia oficial, mucha gente esté tratando de hacer justicia por mano propia.
No son episodios aislados ni «una sensación de inseguridad», como le gustaba decir al verborrágico Aníbal Fernández, quien hoy conduce dudosamente nada menos que el Ministerio de Seguridad de la Nación.
El caso de Rosario, sin dudas, es dramático. Las últimas investigaciones sobre juego clandestino que encabezaron los valientes fiscales Luis Schiappa Pietra y Matías Edery pusieron luz sobre la connivencia política de sostén de esa estructura mafiosa, que, en gran parte, se gerencia desde las cárceles, otro fenómeno nuevo en el país. La vergonzosa e inadmisible reacción de sectores políticos cómplices, encabezada por el senador peronista provincial Armando Traferri, fue denunciar a los investigadores.
Recientemente, el fiscal Edery fue amenazado por la viuda de Cantero durante el desarrollo de una audiencia y, al día siguiente, fue atacada, una vez más, la sede de Asuntos Internos del Servicio Penitenciario de Santa Fe, lo que llevó a la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional a condenar los hechos y a alertar sobre su imparable escalada.
El Centro de Estudios sobre Seguridad Hemisférica, Terrorismo y Criminalidad Financiera de la UBA, que reunió recientemente a expertos en seguridad –en su mayoría exfuncionarios y fiscales federales y provinciales– para analizar el problema del crimen organizado en Rosario, describió una situación más que preocupante.
«El diagnóstico expone una situación crítica y de larga data, donde se constatan prácticas mafiosas que, amalgamando el narcotráfico con otras acciones del crimen organizado, como el juego clandestino, la extorsión, el sicariato, la corrupción y otros delitos graves, han alcanzado la capacidad de cooptar diversos estamentos estatales a efectos de garantizar no solo los beneficios económicos de sus negocios ilícitos, sino también la protección, estabilidad e impunidad de los beneficiarios últimos», señala un documento firmado, entre otros, por el director del centro de estudios, el abogado Juan Félix Marteau.
En el lapidario documento se llega a la conclusión de que «el encarcelamiento de los jefes de las organizaciones criminales más relevantes, así como la segmentación actual en grupos o bandas narcocriminales más pequeñas y autónomas, no ha conducido a la disminución de los altos índices de violencia en Santa Fe» (…) «Tampoco ha menoscabado su capacidad de sustituir al Estado en la prestación de servicios esenciales, lo que implica uno de los aspectos más graves a la hora de hacer un balance sobre los resultados alcanzados en las políticas de intervención estatal sobre este fenómeno».
Si la lucha contra el narcotráfico no se convierte, de una vez por todas, en una política de Estado, la tragedia que desde hace años vive Rosario y que se extiende aceleradamente por el resto del país comprometerá aún más gravemente el futuro. Para ese entonces, ya será demasiado tarde.
editorial@diariocastellanos.net

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Editorial

Lo que no quieren cambiar

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El tironeo con el FMI que ya dura dos años tiene diversas interpretaciones, pero la más obvia es que el Gobierno está agotado. Se encuentra en un callejón del que no puede salir por impotencia, falta de ideas y de poder.
No puede ofrecer al organismo una simple hoja de ruta sobre el futuro de la economía, porque carece de credibilidad. Pero eso no es algo nuevo. Se veía venir desde el 12 de agosto de 2019 el día después de la derrota de Mauricio Macri en las PASO; el día que el 48% de los votantes repuso en el gobierno a Cristina Kirchner a través Alberto Fernández.
El lunes siguiente el dólar y el riesgo país se dispararon, los bonos de la deuda se desplomaron y el mercado anticipó que se avecinaba un período turbulento. Un período en el que se repetiría el fracaso de Cristina Kirchner en sus últimos cuatro años de gestión, pero en condiciones de mayor deterioro.
A pesar de lo que dicen los economistas, el déficit más grave del Gobierno de Alberto Fernández no es fiscal, sino de confianza. El lunes, poco antes de recibir al nuevo embajador norteamericano, recitó las rituales diatribas contra el FMI para satisfacer a su frente interno. La derrota electoral de septiembre lo dejó tan débil que la vicepresidente no sólo le borró medio Gabinete, sino que lo dejó sin margen de decisión propio en las cuestiones centrales. Mientras espera que el Fondo le perdone los vencimientos por el resto de su mandato, el procurador Carlos Zannini decidió llevar a los funcionarios del organismo ante la justicia argentina. Es difícil discernir qué tiene menos el Presidente: si autoridad o coherencia.
Otra afirmación falsa que suele repetirse sobre el Gobierno de los Fernández es que no tiene un programa económico. Lo tiene y se niega a cambiarlo.
Es un plan con déficit financiado con emisión, 50% de inflación, 45% de pobres, caída del empleo privado productivo y alza del empleo público improductivo. Un programa que puede prescindir del crédito y de las reservas del BCRA.
Un plan en el que el ajuste se hace vía inflación y los que pierden son los que tienen ingresos fijos. No es el ajuste que pide el FMI, que en ese sentido es mucho más piadoso con los pobres que el peronismo, pero funciona desde tiempos del Rodrigazo.
Presenta, sin embargo, un problema. Al golpear a las clases populares es incompatible con el programa económico/electoral de la vice, que tiene como piedra angular el consumo. Ese factor clave para asegurar la influencia de Cristina Kirchner en el conurbano emite señales de alarma. En el tercer trimestre del año pasado el PBI volvió a niveles de 2019, pero el consumo privado cayó 4%.
Si se toma como referencia la recaudación del IVA, en el tercer trimestre de 2021 cayó 8% con relación al mismo período de de 2019 que fue un año recesivo (Ah, pero Macri). Pero si la comparación de la caída de la recaudación es entre los primeros nueve meses de los dos años la cifra es mucho peor: -14%.
Conclusión: si el Gobierno se niega a cambiar este «modelo», lo pida o no el FMI, es porque ya no tiene nada para ofrecer. Está agotado.
editorial@diariocastellanos.net

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Editorial

Una derrota al chavismo

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El triunfo de la unidad opositora en el Estado venezolano de Barinas, con Sergio Garrido como candidato, se irguió por sobre todo el aparato del Estado chavista. Como es su costumbre, el régimen no se detuvo en cuestiones éticas: no faltaron las amenazas de todo tipo, la censura a medios y periodistas o la reubicación de electores y mesas de votación a última hora. Puso en práctica todas las estrategias que le han servido en las pasadas elecciones para torcer resultados, pero que en esta ocasión no le resultaron favorables. En parte, fracasó el oficialismo porque esta vez los opositores se organizaron realmente para vigilar el voto, reclamar y denunciar.
Con esta derrota, el chavismo perdió uno de sus feudos emblemáticos, a pesar de haber movilizado masivamente a militares, ministros y dirigentes nacionales bajo el inocultable amparo del Palacio de Miraflores. Por más que los seguidores del régimen dictatorial de Nicolás Maduro intentaron minimizar la derrota por tratarse de una elección regional, la magnitud de la ventaja, su contundencia y significado no les permitieron alegar desconocimiento frente a sus rivales.
El resonante triunfo electoral ha terminado por consolidar la certeza de que, votando y manteniendo unida a la oposición, se obtienen resultados favorables. De haberse mantenido fragmentada, el régimen de Maduro hubiese cosechado una nueva victoria en detrimento de las atomizadas fuerzas opositoras. Barinas se convirtió en la principal referencia reciente de lo que pueden hacer las fuerzas opositoras cuando se agrupan en torno a un candidato, una plataforma organizada y un programa único.
El ejemplo del comportamiento de la oposición en las recientes elecciones de Barinas debería ser tenido en cuenta también por los principales referentes de la coalición opositora al gobierno de Alberto Fernández. Su triunfo en las elecciones legislativas del 14 de noviembre último, lejos estuvo de traducirse en una oposición efectiva y creativa. Lo primero que se observó fueron peleas por cargos, por despachos en el Congreso y otras cuestiones ajenas a las necesidades de un país en crisis.
Tanto desde el binomio Fernández-Fernández como desafortunadamente también desde la propia oposición intentan debilitar y enemistar a la coalición opositora. La responsabilidad de sus desencuentros y divisiones, sumada a la consiguiente falta de liderazgo, surge en muchos casos por anteponer ambiciones puramente personales a los graves y acuciantes problemas que padece la sociedad argentina.
Mientras la oposición no supere estas limitaciones y construya una unidad robusta, la ciudadanía que los acompañó con su voto se verá nuevamente frustrada y la necesaria alternancia en el poder estará, una vez más, amenazada. En la unidad de la oposición radica la única fuerza capaz de poner coto a los desmanes oficialistas.
editorial@diariocastellanos.net

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