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FMI: nada por aquí, nada por allá

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Por Vicente Massot. Es sabido desde siempre que, al menos entre nosotros, los grandes empresarios no son gente de armas llevar. En parte, por el poder que acredita un Estado tan ineficiente como intimidante y, en parte, por su forma de ser, los capitanes de la industria, el comercio y los servicios son proverbialmente mansos a la hora de tratar con los gobernantes de turno. Es en virtud de ello que, convocados a una audiencia o un almuerzo en la Casa Rosada, acuden a la cita sin levantar objeciones. Son, en general, personas educadas que conocen de memoria las reglas protocolares y actúan, llegado el momento, conforme a las mismas.
Era de esperar que los invitados a compartir manteles, la semana pasada, junto a Alberto Fernández, Wado de Pedro, Sergio Massa y Máximo Kirchner, acudieran presurosos a la cita donde —para variar— se hablarían generalidades y —por necesidad lógica— también se escucharían generalidades. En realidad, son eventos para sacarse una foto sonrientes, dando la impresión de que se hallan en el mejor de los mundos. Luego, algunos de los comensales dejaran trascender pormenores de la tenida con el propósito de llevar calma a los mercados. Nada que no hayamos visto antes. Pasó en todas las administraciones anteriores y es seguro que —más tarde o más temprano— un cónclave de similares características se repetirá.
Tampoco trajo novedades de bulto la convocatoria anual de IDEA, que se llevó a cabo con posterioridad a la comida ofrecida en Balcarce 50. Como su mecánica es la misma año tras año y nadie en la Argentina es proclive a hablar más de la cuenta en público, los funcionarios, políticos de la oposición, periodistas y empresarios allí reunidos aprovechan la oportunidad para hacer miniturismo y charlar a destajo, en petit comité, sobre las cuestiones que los ocupan y preocupan. Las ponencias abiertas resultan —en cambio— vaguedades resabidas, salvo honrosas excepciones. Las cosas verdaderamente importantes marchan por carriles diferentes.
Si los pocos y escogidos capitalistas que se tomaron el trabajo de departir con el Presidente y sus colaboradores en la Casa de Gobierno, y los asistentes al coloquio antes mencionado se dieron cuenta de que Alberto Fernández les estaba tomando el pelo, resulta asunto abierto a debate. Pero lo cierto es que, mientras aquel ponía cara de honesto componedor y repetía la cantilena de «cerrar la grieta», estaba en marcha el operativo que habría de anunciar el flamante secretario de Comercio, Roberto Feletti, y su mano derecha en la materia, Débora Giorgi, concerniente a un estricto control de precios seguido de la amenaza, extendida al mundo de la producción, de que se anduviese con cuidado porque no les temblaría la mano si debían desempolvar la ley de Abastecimiento.
Es probable que en otras latitudes, frente a semejante amenaza por parte de un Gobierno que no termina de asimilar su derrota en las PASO, los empresarios hubiesen reaccionado sin medias tintas. Seguramente hubieran redoblado la apuesta y elevado la dimensión del conflicto. Aquí eso no ocurre. Por supuesto, se levantaron distintas voces críticas y los damnificados dejaron trascender su malestar y anunciaron que podrían recurrir a la Justicia. Nada más… Desde la Secretaría de Comercio llegó la réplica de inmediato. La lista de 1.250 productos iniciales pasó ahora a 1.650 con precios congelados, retroactivos al 1º de octubre. Por supuesto que la medida terminará —como de costumbre— en un fracaso sonoro. Pero al elenco gubernamental parece tenerlo sin cuidado.
Por su lado, hacia los Estados Unidos marcharon el Jefe de Gabinete y el titular de la cartera de Hacienda para tratar de explicar, en el consulado de nuestro país en Washington, a los inversores allí sentados a la mesa, que la economía argentina es sustentable y que existe unanimidad en el gobierno y la oposición respecto de la conveniencia de llegar a un acuerdo con el FMI. Otra cosa no podían decir. Los nenes que los escuchaban, de Morgan Stanley, JP Morgan, Black Rock, Goldman Sachs Asset Management y tantos otros, no es la primera vez que le ponen la cara a Martín Guzmán y a sus acompañantes habituales. A esta altura, mucho no les creen. De zonzos, que se sepa, no tienen un pelo.
De todas maneras, la sorpresa en esta ocasión fue la presencia de Juan Manzur, un personaje que de economía sabe poco y nada y cuyas virtudes oratorias son desconocidas. Expresar —como lo hizo— que el Gobierno en pleno está encolumnado detrás del presidente y que Cristina Fernández es una convencida acerca de las virtudes de firmar con el Fondo, resultó para muchos de los presentes una fantasía. No se equivocan.
Los miembros del citado organismo de crédito internacional no le encuentran la vuelta al problema argentino. Sucede que entre diciembre y el primer trimestre del año próximo tenemos vencimientos con el Fondo por U$ 5.900 MM —y otros U$ 4.100 MM en el segundo— que ni por asomo estamos en condiciones de pagar. Al mismo tiempo, Kristalina Georgieva —que pasa su peor momento en la presidencia de la institución— al igual que sus laderos no perciben claridad ni coherencia en las autoridades de nuestro país. La mala fama de ser incumplidores seriales en la materia nos juega en contra. Aunque, por un lado, los burócratas del Fondo desean que la Argentina no se precipite al tan temido default, por el otro reaparece el fantasma de un país que se caracteriza por no honrar sus compromisos.
A diferencia de lo que aconteció durante la presidencia de Raúl Alfonsín, contemporánea al estallido de la crisis financiera de varios países latinoamericanos, hoy la Argentina se halla sola en el continente con una deuda a cuestas contraída, no con los principales bancos norteamericanos —como fue en l983— sino con el Fondo Monetario. Se encuentra, pues, en una posición mucho más débil que la de entonces, entre otras razones por la falta de interés de la primera potencia mundial en el tema. Basta leer el excelente libro de Juan Carlos Torre que acaba de publicarse —Diario de una temporada en el quinto piso— para tomar conciencia del grado de involucramiento del gobierno de Washington en la cuestión de la deuda soberana de la Argentina de aquellos años. Hoy, inversamente, qué le puede importar a la administración demócrata un default más del díscolo país del Plata. Nada.
No hay un estancamiento de las negociaciones con el Fondo, pero no existe ningún avance de consideración al respecto.
En apenas cuatro meses —de diciembre a marzo del año próximo— nuestro país deberá hacer frente a pagos por un total de U$ 9.600 MM, principalmente con el Fondo Monetario y con el Club de París. Un acuerdo de facilidades extendidas —que es lo que pretende conseguir Martín Guzmán— requerirá que la administración K realice un ajuste de proporciones. Nadie sabe —ni siquiera los propios kirchneristas, por raro que parezca— si el gobierno estará dispuesta a llevarlo adelante; o si podrá hacerlo, luego de perder girones enteros de su integridad en los comicios legislativos por venir. Pero aun, si en el primer trimestre del año que viene las negociaciones llegasen a buen puerto, los problemas de la economía argentina serían exactamente los mismos. La buena sintonía con el FMI es una condición necesaria para salir del pozo. Claro que si a esa sintonía no se la complementase con reformas de carácter estructural, resultaría harto insuficiente. Al fin y al cabo, ¿qué tanto cambió la economía luego de fumar la pipa de la Paz con los tenedores de deuda privados? Absolutamente nada.

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Octavio Zobboli, el hacedor

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Por Alcides Castagno. En mi adolescencia lo había encontrado en su casa de calle Maipú; sólo fue un saludo de circunstancia. Me había impresionado con un andar erguido, casi solemne. A pesar de frecuentar su casa por mi amistad teatral con Marta y Beatriz, dos de sus hijas, nunca más lo vi. Esa imagen se repitió en una filmación de 1926 cuando, en la inauguración de la capilla del Hospital, se lo veía unos segundos junto a Magdalena de De Lorenzi. Hablo de Octavio Zobboli, uno de los grandes constructores de una Rafaela en crecimiento, un hacedor lleno de iniciativas posibles que, en su medida, llevó a la práctica.
Nació el 19 de diciembre de 1985. Desde joven se interesó por la política y su ciudad. A los 26 años fue concejal y durante su mandato presentó un proyecto de pavimentación de la ciudad. Poco después, entre 1925 y 1926 fue secretario municipal y el 2 de agosto de 1926 asume como intendente en un primer periodo de dos años hasta el 6/8/28 continuado 10 años después, del 23/3/38 al 10/4/41. De inmediato asumió para un tercer periodo entre el 29/4/41 y el 11/10/43.
Desde el primer momento desplegó sus sueños e iniciativas; la pavimentación con adoquinado que proyectara como concejal, comenzó a realizarse en su intendencia y fue su obra más importante, lo mismo que el proyecto de proveer agua corriente para la ciudad en 1927, que fue inaugurado en 1937. Dispuso la pavimentación del tramo de la ruta 166 (hoy 70) que faltaba para hacerla llegar hasta el centro de la ciudad. Las plazas y paseos públicos fueron de su interés primordial, así nacieron la plaza Sarmiento en 1926, la plaza 1ro. de Mayo en 1927, la plaza Rivadavia (hoy Normando Corti) en 1942, comenzó con la plaza Colón, finalizada luego por su sucesor Raúl Dutruel. Le pareció que el cantero de bulevar Lehmann estaba demasiado vacío, de modo que hizo construir la pérgola que hoy vemos como centro de atención y referencia. Para abastecer a las plazas y paseos, creó el Parque Vivero Villa Podio, a fin de producir las especies vegetales para la ciudad y, además, parquizó el sector agregando un lago artificial para que sirva de marco para el esparcimiento controlado de ese sector. En 1942 inauguró otro parque de la ciudad, el Balneario (hoy Centro de Educación Física) y para los más chicos utilizó distintos espacios vacíos equipándolos con juegos. Su preocupación por los chicos no terminó allí ya que creó el Comedor Escolar. Durante su gestión se inauguró el Mercado Municipal (Hoy Centro Cultural Viejo Mercado), el Corralón Municipal de Maestranza, y creó la empresa Municipal de Transporte, adquiriendo tres unidades, organizó la oficina de Catastro y creó las Comisiones Vecinales.
La síntesis de obras oficiales de Octavio Zobboli no fue todo. Se mostró ligado a instituciones sociales y deportivas. Aquí también tuvo una actuación profusa. Relacionado con la educación, fue presidente de la Cooperadora de la Escuela Normal Nro. 4 y luego de la Cooperadora del Colegio Nacional. Fue presidente del Club Atlético de Rafaela de 1919 a 1921; presidió la primera comisión de carreras y propició la compra de dos manzanas de terreno para destinarlas a campo de deportes. Integró el grupo fundador del Jockey Club Rafaela y colaboró en subcomisiones internas y el tribunal de honor.
Una curiosidad que pinta la personalidad de Octavio Zobboli: fue en octubre de 1923. Debían jugar al fútbol Atlético contra San Cristóbal F.C. A la hora de comienzo, el árbitro no estaba, de modo que Zobboli tomó el silbato y dirigió el primer tiempo del encuentro, que terminó cero a cero. Antes del comienzo del segundo tiempo llegó el árbitro Rivas y Octavio le cedió el mando.
El deseo de conocerlo más íntimamente me hizo visitar a Beatriz, su hija mayor, jovial, lúcida, que muestra sus 95 años con chispas en la mirada. «Mi padre tenía un gran amor por las plantas y las flores. Ya en su primera intendencia, en 1926, iba todas las mañanas a la plaza, hablaba con los jardineros y les indicaba las plantas que debían plantar y cómo ubicarlas. A veces me llevaba con él y disfrutábamos mucho el recorrido. Otras veces íbamos a visitarlo a la Municipalidad, en avenida Santa Fe, adonde trabajaba con su secretario Bonvicini. Recuerdo que a mis 5 o 6 años me llevaba de la mano a la Escuela de las Hermanas adonde yo iba a clases. Era muy familiero, hijo único, vivió con su madre y trabajó desde muy joven. Su padre viajó a Buenos Aires para atenderse de una enfermedad y nunca se supo más de él; se supone que murió en Buenos Aires. Lo recuerdo como muy divertido; por ejemplo cuando venían para Navidad mis tías Zanetti las volvía locas con cohetes y todo tipo de bromas. Le hubiera gustado tener un hijo varón pero tuvo cuatro mujeres: yo, la mayor, Beatriz Elena; luego llegó Esther, casada con Edmundo Cismondi; después vino Elea, esposa del Dr. Laura, recientemente fallecida y Marta, la menor, una destacada docente de distintos niveles educativos. Con su esposa, Elena Zanetti, eran muy unidos y se complementaban en todo».
Tuvo una vida política muy interesante y activa. Cuando se retiró del último periodo como intendente se asoció con los Callegari en una empresa constructora.
Beatriz da por terminada la charla y me invita a conocer su patio, con el mismo orgullo de su padre. Allí, una población de plantas y flores transmiten alegría y color, desde el enorme chivato con sus pequeñas flores rojas, los agapantos, margaritas hasta tantas especies que hablan de su pasión y su herencia.
Octavio Zobboli murió en 1970; su paso por la historia de la ciudad dejó signos de vida y obras, de iniciativa, compromiso y realización. Ojalá en esta síntesis pueda verse la imagen de un gran hacedor.

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Un fallo escandalosamente obsceno

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11.20 El sobreseimiento de Cristina Kirchner, su familia y 19 de sus cómplices, que iban a ser sometidos a juicio oral por múltiples delitos, constituye probablemente uno de los mayores daños jamás infligidos a la reputación del Poder Judicial de la Nación. El voto disidente de la jueza Adriana Palliotti deja en evidencia la total improcedencia de la argucia procesal a la que acudieron los jueces Daniel Obligado y Adrián Grünberg para exculpar a los acusados suprimiendo el juicio que debía llevarse a cabo.

El fallo contradice la lógica, la experiencia, el sentido común, la jurisprudencia y la ley misma. Sostiene que el lavado de activos, base de una de las acusaciones, fue cometido en forma “permanente” por los imputados desde 2006 hasta 2016. Pero dado que solo en 2011 se consagró legislativamente como un delito aplicable a la conducta desplegada por sus autores, tratándose de un “delito continuado”, que debe ser juzgado como un hecho único, correspondía, por el principio de la ley más benigna, el sobreseimiento de los imputados habida cuenta de que en 2006, cuando comenzó, no era considerado delito.

El razonamiento del voto de la mayoría es un sofisma que lleva a conclusiones absurdas. El principio de la ley más benigna opera cuando una ley posterior al hecho introduce determinado beneficio antes inexistente, o establece, por las razones que sea, que la conducta antes reprochada deja de ser delito. En la causa Hotesur-Los Sauces, la nueva ley de 2011, lejos de beneficiar, agravó las consecuencias de la actividad delictiva que estaban llevando a cabo sus autores. Obligado y Grünberg pretenden sostener que el reconocido principio constitucional constituye un permiso para continuar con determinada actividad una vez que esta ha sido declarada delito por una nueva ley. De acuerdo con su disparatado razonamiento, todo aquel que lavara dinero a partir de 2011, aun cuando lo hiciera ocasionalmente, debería ser penado, a excepción de aquellos que lo venían haciendo desde antes en forma permanente.

El crimen probado en Hotesur-Los Sauces fue la entrega de dádivas que llevó al enriquecimiento ilícito de la familia presidencial. El sistema se reordenó para beneficio de sus miembros cuando el primer organizador falleció y su cónyuge debió asumir ese rol. En ningún momento las conductas desplegadas fueron atípicas o no constitutivas de delito.

El fallo contempla como precedente el caso “Muiña”, en el cual un condenado reclamaba la reducción de su pena a partir de una ley que estuvo vigente entre la fecha en que cometió el delito y la de la condena. Nos preguntamos qué similitud puede haber entre ambos casos para aludir al principio de igualdad ante la ley, cuando un sujeto, en ejercicio de la primera magistratura de la Nación, organizó junto a otros una actividad delictiva que lo beneficiaba y en determinado momento se sanciona una norma que agrava las consecuencias de lo que ya venían efectuando. El entonces Presidente y su familia, junto al grupo de laderos que integraban la asociación ilícita, decidieron ignorar la novedad normativa y optaron por prolongar su tarea delictiva durante la vigencia de la nueva ley. Surge con claridad que cualquier intento de equiparar o asemejar un caso con otro resulta una ofensa al sentido común.

Otro de los argumentos esgrimidos en el fallo plantea la inexistencia de una asociación ilícita porque el tipo penal que la consagra exigiría una repercusión “en el espíritu de la población y en el sentimiento de tranquilidad pública, produciendo alarma y temor por lo que puede suceder”, todo lo cual, aseguran, no se da en el caso.

La reforma constitucional de 1994 introdujo el artículo 36, que expresa que “atentará contra el sistema democrático quien incurriere en grave delito contra el Estado que conlleve enriquecimiento, quedando inhabilitado por el tiempo que las leyes determinen para ocupar empleos públicos”.

Una banda organizada y liderada por un matrimonio que accedió a la más alta investidura de la Nación de manera continuada y que, basándose en la millonaria facturación por obra pública y en otras contrataciones del Estado, diseñó un gigantesco sistema de recaudación a nivel nacional sin duda genera más inquietud en el espíritu del pueblo por lo que sucede y puede suceder que el ocasionado por cualquier banda de asaltantes o secuestradores. Máxime porque dentro de esa corrupta modalidad construyó, a su vez, un subsistema con el círculo de mayor confianza para asegurar la impunidad de los beneficiarios, simulando que el dinero mal habido tenía una fuente lícita. Una burda y total alteración del orden público cuya gravedad no puede en ningún caso soslayarse.

No existen argumentos serios válidos para justificar la supresión de un juicio oral cuyas pruebas están tan claramente a la vista de toda una sociedad, con imágenes incontrastables que dieron la vuelta al mundo, tras la investigación de valientes periodistas, jueces, fiscales y algunos políticos, corroboradas por las evidencias recogidas por funcionarios judiciales y confirmadas por numerosos cómplices arrepentidos.

Los jueces firmantes del fallo mayoritario han recibido ya pedidos de juicio político y denuncias penales por incumplimiento de sus deberes de funcionario público y prevaricato, el delito específico previsto para un juez que dicte sentencias contrarias a las leyes. La nueva exhibición en un juicio oral de todas aquellas evidencias públicamente difundidas en su momento hubiera resultado tan insoportable para los autores del delito como incontrastable para una ciudadanía que aguarda una cuota de cordura en quienes ejercen el delicado contralor del cumplimiento de las normas ante la comisión de un delito tan probado.

La defección de los jueces Obligado y Grünberg en un caso de tanta trascendencia institucional solo se explica por su falta de independencia y de honestidad intelectual. La afrenta para quienes exigimos el cumplimiento de la ley y la ejemplaridad en la condena de los actos de corrupción en el seno del poder político es proporcional al daño conferido a la República. (La Nación)

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Faltan dólares porque sobra populismo

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08.30 Las medidas restrictivas que dispuso el Banco Central van en contra de la Constitución Nacional.

Por Roberto Cachanosky. Por un lado, el gobierno está desesperado por la falta de dólares, tanto para hacer frente a los compromisos de deuda, como para entregarle a las empresas los que necesitan para comprar insumos en el resto del mundo para producir. Por el otro, cree que llegando a un acuerdo con el FMI puede solucionar sus problemas de falta de divisas.

En primer lugar, ningún acuerdo con el FMI le va a solucionar el problema de la falta de dólares. Es bastante dudoso que el Fondo vaya a llegar a un acuerdo light con el Gobierno y, en particular le otorgue capitales frescos para hacer frente a los vencimientos de deuda del año que viene.

Pero el punto principal es otro. Es la falta de dólares que tiene el BCRA y que lo llevó a, mediante una circular, violar la Constitución Nacional en su artículo 14 que establece que todo los habitantes gozan de los siguientes derechos, y dice textualmente: “de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender”.

Para que ningún distraído argumente que ese artículo dice: “conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio” conviene recordar el artículo 28 que establece: “Los principios, garantías y derechos reconocidos en los anteriores artículos, no podrán ser alterados por las leyes que reglamenten su ejercicio”. En otras palabras, cuando se reglamenten los derechos, no pueden anularse por ley. Sería un contrasentido que la Constitución Nacional reconozca los derechos mencionados y luego acepte que sean violados por una simple circular del BCRA, como en este caso.

Exceso de autoridad

La decisión del BCRA de prohibir la venta de pasajes en cuotas viola el derecho a trabajar, a ejercer toda industria lícita, de comerciar y de disponer de su propiedad.

¿Qué importancia tienen los párrafos anteriores con el tema económico? Que, si el gobierno viola la Constitución mediante una simple circular del BCRA, no existen reglas de juego estables. Nada es previsible en economía y, por lo tanto, no hay inversiones.

Ahora bien, hecha esta introducción que es fundamental para entender la relación entre crecimiento y calidad institucional, el otro punto a entender es que es el mismo gobierno el que cierra todas las canillas para que ingresen dólares al país. La escasez de dólares es culpa del gobierno y por eso faltan para que la gente pueda hacer turismo, para que las empresas puedan comprar insumos y demás usos que se hacen de las divisas extranjeras.

El primer problema fundamental es que el Estado se apropia de la propiedad de los que producen generando desestímulos para exportar, cerrando la canilla de ingresos de dólares vía las ventas al resto del mundo.

En efecto, cuando alguien produce trigo, soja, carne o lo que sea y lo exporta, esos productos son de su propiedad. Exporta el fruto de su trabajo. Supongamos que el mismo productor es el que exporta, entrega un producto de su propiedad, soja, por dólares. Los dólares deberían pasar a ser propiedad del exportador.

Sin embargo, este gobierno que se llena la boca hablando del peso como si fuera un símbolo patrio, le dice al que con su trabajo genera riqueza: esos dólares que te entregaron a cambio del trigo que produjiste “son míos”. Se los queda el BCRA y le entrega unos papeles pintados llamados pesos que nadie quiere porque son de mala calidad.

Pero no solo que va a quitarle la moneda buena para entregarle la moneda mala, sino que, además, le entrega menor cantidad de moneda mala de la que cotizaría en el mercado esa moneda de mala calidad, el peso versus los dólares, y aún así superan a las importaciones.

Y no conforme con estas dos confiscaciones, encima le cobra un impuesto diferencial al que produce para exportar con el cargo de retenciones.

Es decir, el Gobierno hace lo imposible para que no entren dólares por exportaciones, que deberían ser propiedad de los productores de los bienes vendidos fuera de las fronteras. Y si nos los trajeran a la Argentina, sería por desconfianza de un estado confiscador de la riqueza de los que producen en nombre de una falsa solidaridad y estímulo al crecimiento económico

El siguiente gráfico muestra las exportaciones argentinas en volumen (es un número índice de volumen con base 100 el nivel de 2004). Revela un claro estancamiento desde 2003 hasta 2020. Llevamos 17 años de estancamiento del volumen exportado y cuando subieron no respondió a ganancias de productividad sino alentadas por el viento de cola externo por suba de los precios internacionales de las materias primas.

No solo el gobierno tiene el consumo en caída libre, sino que, encima, hace lo imposible para cobren vigor las exportaciones.

Otras fuentes debilitadas

¿Qué otra puerta de ingreso de divisas cerró el gobierno? La de las inversiones extranjeras directas. La carga tributaria, el maltrato que le dispensan los políticos a los que invierten en Argentina, la legislación laboral, la falta de infraestructura y de insumos para producir por escasez de divisas hace que la inversión externa fluya hacia otros países.

En 2015, último año de la anterior etapa K, la Inversión Extranjera Directa (IED) que recibió Argentina fue de solo el 6,8% del total que recibió América Latina y el Caribe en ese año. Y en el período 2003/2019 fue aún menor, solo 6 por ciento.

La tercera opción de ingreso de divisas sería por el lado del endeudamiento externo, algo que ha hecho en forma sistemática Argentina y también en forma sistemática ha defaulteado su deuda. No paga y culpa al prestamista de usurero que quiere explotar al pueblo argentino.

De manera que, la falta de divisas en Argentina es una combinación de falta de seguridad jurídica (los mismos argentinos fugan sus ahorros al exterior para no ser confiscados por el gobierno) y gobiernos populistas que, para financiar su política, cierran las puertas al ingreso de divisas.

En síntesis, en la Argentina faltan dólares porque sobra populismo y pesos emitidos para financiar el déficit fiscal. Y todo eso no se corrige impidiendo, en forma inconstitucional, financiar en cuotas turismo al exterior.

La Argentina está famélica de calidad institucional y esa situación se manifiesta en la profunda crisis económica que está viviendo.

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