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El riesgo de perderlo todo

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18.03 Claves. El futuro electoral del gobierno nacional dependerá del precio de las cosas, tal como le ocurrió a Macri. En Rosario rige una preocupante naturalización de la violencia y la inseguridad.

Cuando perder el poder está cerca, el kirchnerismo siempre se reivindica como “peronista”. “Fuimos y seremos peronistas”, bramó ayer Cristina. No es casual que diga eso; el piso se mueve a sus pies.

Se puede ganar poniendo a los medios en contra, se puede ganar teniendo al campo en contra, se puede ganar teniendo a la Justicia en contra. Pero no se puede ganar teniendo a los precios en contra. Se escribió en esta columna varias veces durante el gobierno de Macri: su futuro dependerá del precio de las cosas. Y así le fue al gobierno de Cambiemos.

El gobierno del Frente de Todos vuelve a los viejos usos y costumbres, como si nada hubiera pasado. Intentar controlar los precios en este país es como pretender mantener mariposas en las jaulas. La inflación se come todo, incluso a los gobiernos. Para profundizar en este tema, siempre es bueno leer el último libro de Juan Carlos Torre, donde narra las peripecias del gobierno de Raúl Alfonsín.

Incomparable frente a este estado de las cosas, el gobierno alfonsinista supo hacer un culto de la hiperinflación, y esa devastación fue la que terminó con esa gestión. La estabilidad en los precios de las cosas durante los dos períodos de Carlos Menem y los números controlados con Néstor Kirchner, hicieron que una nueva generación de argentinos no supiera del infierno inflacionario. Ahora, nadie sale vivo de aquí.

Lo “nuestro” es carísimo

Es la economía del metro cuadrado la que está poniendo en aprietos al campeón del metro cuadrado, redundancia mediante: el peronismo. En el medio, aparece el intento adolescente de algunos viejos dirigentes de querer volver a Gelbard, a Aldo Ferrer. A vivir con lo nuestro. “Lo nuestro”, además, también está carísimo.

Ahora bien, hay que derribar mitos opositores, tan poco serios como ingenuos. En medio de la avanzada inflacionaria se quejan de que la Casa Rosada intente bosquejar un esquema de controles. Como si se tratara la historia de un dejar hacer, dejar pasar. Como si no gobernase el peronismo. Porque, se repite lo del inicio de la columna, Cristina ha hecho una nueva media Verónica hacia las verdades del general. No sirve para ganar las elecciones el progrefreapsismo kirchnerista. Aunque Alberto Fernández, enredado en las alturas —como canta Serrat— no se haya dado cuenta.

Hay que compadecerse del Frente de Todos. Tiene un presidente que no lidera, cuando faltan dos años para el fin de su mandato. Los gobernadores se le acercan como tanteando la nada. Y Cristina intenta rescatar el barco, pero dependiendo de un resultado: el de provincia de Buenos Aires.

Como se equivocó con Aníbal Fernández en 2015, al designarlo candidato a gobernador, erró con Alberto Fernández. Por eso, se convirtió al pragmatismo y cerró acuerdos extraños para ella en los últimos meses. Por ejemplo, con Omar Perotti, quien bajó a darle sustento en la Cámara de Senadores al pedido de la Justicia y la oposición para que se allane la vivienda de la hoy vicepresidenta. Ahí, CFK supo perdonar. En favor de Perotti, Cristina lo bajó al camporista Marcos Cleri, en 2019 y a Agustín Rossi, en 2021.

Ayer, en su discurso, Cristina fue más allá y abrazó al peronismo. Ya no hay tiempo para florituras progres con Juan Manzur en la primera línea. Por eso, hay quienes dicen que si Perotti logra dar vuelta el resultado de las Paso en Santa Fe podría tener destino nacional. Pero, para eso, debe hacer algo para evitar que se siga regodeando la inseguridad y la violencia en Rosario.

Tiene a su favor Perotti la inercia de los rosarinos, la naturalización de las muertes, las balaceras, el sicariato. Tal vez porque la inseguridad viene desde hace muchos años, y porque las marchas multitudinarias a favor de la paz y la seguridad en Rosario no tuvieron respuestas, el rosarino contempla la escalada de muertes como si se tratara, apenas, de un dato contable.

Para colmo, empezó la campaña para las generales y toda la clase política está pensando en cómo ganar las elecciones y no en frenar esta seguidilla de crímenes. Nadie parece tener muchas respuestas, sería injusto reclamarle todo a la Casa Gris.

En la campaña, a nadie se le cae una idea fuerza que cambie el destino de los hechos. Ni en Rosario ni en las candidaturas a diputado nacional y senador nacional. A veces parece que tenemos candidatos para estamentos suecos, no para la ciudad que tiene el mayor nivel de violencia del país. Los precios de las cosas y la inseguridad han logrado dejar a un costado los efectos sanitarios de la pandemia. Todos actúan como si se hubiese terminado.

Como se preveía, la campaña tiene tres temas de los que no se puede salir, y eso es el desafío mayor para toda la clase política. Por eso Cristina, vuelve a reivindicarse peronista. No es momento para hablar de la ley de medios ni de las necesidades estéticas del progresismo.

La continuidad en el tiempo del gobierno que vino a salvar al país de la recesión macrista, depende del precio de las cosas. Que están más caros que durante el macrismo. Por eso corre el riesgo de perderlo todo. (La Capital)

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Llegó carta de Madrid

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Por Vicente Massot. Derrocado en septiembre de 1955 por la así llamada Revolución Libertadora, Juan Domingo Perón, tras una estadía más o menos prolongada en Paraguay y distintos países de América Central, recaló en la España de Franco, donde —en condición de asilado político— residió hasta su vuelta definitiva a la Argentina en el año 1973. En el lapso que tuvo su casa en la capital española cumplió a rajatabla con las condiciones que le había impuesto el régimen del Generalísimo para no entorpecer las relaciones diplomáticas de la nación peninsular con la nuestra. Lo que no fue obstáculo para que —en un mundo sin celulares ni comunicaciones telefónicas seguras— el jefe indiscutido del justicialismo manejara estratégicamente a su movimiento con base en misivas y grabaciones que sus subordinados traían desde Madrid cada vez que lo visitaban en Puerta de Hierro. Aunque hoy parezca mentira y a las generaciones que entonces no habían nacido les suene incomprensible —asociada cómo está su vida a la galaxia de internet— esa relación del líder justicialista con sus tribus era, en aquellos tiempos, la única posible. Por ello se hizo famosa la frase que ilustra, a manera de título, la presente newsletter. Si se realiza sin prejuicios ideológicos un análisis acerca de la efectividad de los instrumentos comunicacionales utilizados, es claro que resultaron todo lo exitosos que podían serlo en atención a las limitaciones técnicas y políticas que se interponían en el camino de Perón.
Desde que fue conocido el resultado de las PASO —que la viuda de Kirchner, a diferencia de Alberto Fernández, daba por perdidas—, Cristina inauguró la modalidad epistolar para dirigirse a la sociedad en su conjunto. No lo hizo así para emular a Perón ni a instancias de una necesidad imperiosa —de la cual no pudo desentenderse, en su momento, el gurú de las masas argentinas— sino porque de un tiempo a esta parte prefiere no hablar en público de determinados temas ni está dispuesta a recibir a uno de los tantos periodistas afines, dispuestos a hacerle un reportaje a medida de sus deseos. Como lo que quiere es tomar distancias de una administración con la que cada día tiene menos afinidad, las cartas son un expediente inmejorable para lograrlo: se asegura la tapa de todos los diarios y su tratamiento en los más diversos medios y, al mismo tiempo, no corre el riesgo de irse de boca por efecto de la improvisación. Es cierto que carece del poder absoluto que sobre el peronismo acreditaba su fundador; que su carisma es infinitamente más pálido que el de aquel, y que nadie estaría dispuesto a dar la vida por ella. Sin embargo, y malogrado la estruendosa derrota sufrida por el Frente que todavía dirige —algo que ha reconocido sin tapujos—, su palabra no se halla devaluada como la del presidente. Basta que aparezca una carta suya para que no haya quién, en el mundillo político, se permita ignorarla.
A los efectos de revisitarla, hay que tener en cuenta el contexto en el que fue redactada y lanzada al público. En caso contrario sería imposible entender sus pormenores y descubrir aquello que sólo se comprende de manera acabada si somos capaces de leer entrelíneas. Por de pronto, no dejó lugar a dudas de cuál es su convicción respecto de las pasadas elecciones legislativas. Sobre el particular no se anduvo con vueltas de ninguna naturaleza y fue en extremo clara. Es evidente que la martingala presidencial de que perder significa no darse por vencido no la convenció en lo más mínimo. Para ella sufrieron una derrota indiscutible. El segundo dato fundamental es que no perdió de vista cuál resulta el tema de esta hora y acerca del mismo, a través del texto dado a conocer, puso de manifiesto la base de su estrategia actual: no quedar comprometida con las decisiones que el Poder Ejecutivo tome en la negociación con el Fondo Monetario Internacional; pero tampoco ponerle a Martín Guzmán un palo en la rueda, que sería algo así como romper lanzas y escalar hasta límites inauditos la crisis presente.
La situación de Cristina Fernández no es la más cómoda, aunque dista de ser desesperada. De momento, ha conseguido hacerse a un lado en la cuestión más ríspida que tiene entre manos el Gobierno —la lapicera es monopolio del Presidente de la Nación, escribió— tirándole el muerto, en una suerte de doble abrazo del oso, al hombre que ella eligió para ocupar el sillón de Rivadavia y a la principal fuerza opositora. Es como si les hubiese gritado en la cara: háganse cargo del fardo en razón de que los últimos nos endeudaron y el otro tiene la responsabilidad política derivada de su condición de jefe de Estado. Más allá de si sus argumentos resisten el análisis académico, está claro que ha abierto un compás de espera. Cuando haya acuerdo con el FMI —si acaso lo hay— volverá a alzar la voz para refrendarlo o condenarlo. Nadie podrá decir mientras tanto que le ha entorpecido el camino a la administración que ejerce el poder. A la par, nadie podrá decir tampoco que ha aceptado a libro cerrado cualquier arreglo respecto de la deuda soberana y el ajuste que se viene.

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Octavio Zobboli, el hacedor

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Por Alcides Castagno. En mi adolescencia lo había encontrado en su casa de calle Maipú; sólo fue un saludo de circunstancia. Me había impresionado con un andar erguido, casi solemne. A pesar de frecuentar su casa por mi amistad teatral con Marta y Beatriz, dos de sus hijas, nunca más lo vi. Esa imagen se repitió en una filmación de 1926 cuando, en la inauguración de la capilla del Hospital, se lo veía unos segundos junto a Magdalena de De Lorenzi. Hablo de Octavio Zobboli, uno de los grandes constructores de una Rafaela en crecimiento, un hacedor lleno de iniciativas posibles que, en su medida, llevó a la práctica.
Nació el 19 de diciembre de 1985. Desde joven se interesó por la política y su ciudad. A los 26 años fue concejal y durante su mandato presentó un proyecto de pavimentación de la ciudad. Poco después, entre 1925 y 1926 fue secretario municipal y el 2 de agosto de 1926 asume como intendente en un primer periodo de dos años hasta el 6/8/28 continuado 10 años después, del 23/3/38 al 10/4/41. De inmediato asumió para un tercer periodo entre el 29/4/41 y el 11/10/43.
Desde el primer momento desplegó sus sueños e iniciativas; la pavimentación con adoquinado que proyectara como concejal, comenzó a realizarse en su intendencia y fue su obra más importante, lo mismo que el proyecto de proveer agua corriente para la ciudad en 1927, que fue inaugurado en 1937. Dispuso la pavimentación del tramo de la ruta 166 (hoy 70) que faltaba para hacerla llegar hasta el centro de la ciudad. Las plazas y paseos públicos fueron de su interés primordial, así nacieron la plaza Sarmiento en 1926, la plaza 1ro. de Mayo en 1927, la plaza Rivadavia (hoy Normando Corti) en 1942, comenzó con la plaza Colón, finalizada luego por su sucesor Raúl Dutruel. Le pareció que el cantero de bulevar Lehmann estaba demasiado vacío, de modo que hizo construir la pérgola que hoy vemos como centro de atención y referencia. Para abastecer a las plazas y paseos, creó el Parque Vivero Villa Podio, a fin de producir las especies vegetales para la ciudad y, además, parquizó el sector agregando un lago artificial para que sirva de marco para el esparcimiento controlado de ese sector. En 1942 inauguró otro parque de la ciudad, el Balneario (hoy Centro de Educación Física) y para los más chicos utilizó distintos espacios vacíos equipándolos con juegos. Su preocupación por los chicos no terminó allí ya que creó el Comedor Escolar. Durante su gestión se inauguró el Mercado Municipal (Hoy Centro Cultural Viejo Mercado), el Corralón Municipal de Maestranza, y creó la empresa Municipal de Transporte, adquiriendo tres unidades, organizó la oficina de Catastro y creó las Comisiones Vecinales.
La síntesis de obras oficiales de Octavio Zobboli no fue todo. Se mostró ligado a instituciones sociales y deportivas. Aquí también tuvo una actuación profusa. Relacionado con la educación, fue presidente de la Cooperadora de la Escuela Normal Nro. 4 y luego de la Cooperadora del Colegio Nacional. Fue presidente del Club Atlético de Rafaela de 1919 a 1921; presidió la primera comisión de carreras y propició la compra de dos manzanas de terreno para destinarlas a campo de deportes. Integró el grupo fundador del Jockey Club Rafaela y colaboró en subcomisiones internas y el tribunal de honor.
Una curiosidad que pinta la personalidad de Octavio Zobboli: fue en octubre de 1923. Debían jugar al fútbol Atlético contra San Cristóbal F.C. A la hora de comienzo, el árbitro no estaba, de modo que Zobboli tomó el silbato y dirigió el primer tiempo del encuentro, que terminó cero a cero. Antes del comienzo del segundo tiempo llegó el árbitro Rivas y Octavio le cedió el mando.
El deseo de conocerlo más íntimamente me hizo visitar a Beatriz, su hija mayor, jovial, lúcida, que muestra sus 95 años con chispas en la mirada. «Mi padre tenía un gran amor por las plantas y las flores. Ya en su primera intendencia, en 1926, iba todas las mañanas a la plaza, hablaba con los jardineros y les indicaba las plantas que debían plantar y cómo ubicarlas. A veces me llevaba con él y disfrutábamos mucho el recorrido. Otras veces íbamos a visitarlo a la Municipalidad, en avenida Santa Fe, adonde trabajaba con su secretario Bonvicini. Recuerdo que a mis 5 o 6 años me llevaba de la mano a la Escuela de las Hermanas adonde yo iba a clases. Era muy familiero, hijo único, vivió con su madre y trabajó desde muy joven. Su padre viajó a Buenos Aires para atenderse de una enfermedad y nunca se supo más de él; se supone que murió en Buenos Aires. Lo recuerdo como muy divertido; por ejemplo cuando venían para Navidad mis tías Zanetti las volvía locas con cohetes y todo tipo de bromas. Le hubiera gustado tener un hijo varón pero tuvo cuatro mujeres: yo, la mayor, Beatriz Elena; luego llegó Esther, casada con Edmundo Cismondi; después vino Elea, esposa del Dr. Laura, recientemente fallecida y Marta, la menor, una destacada docente de distintos niveles educativos. Con su esposa, Elena Zanetti, eran muy unidos y se complementaban en todo».
Tuvo una vida política muy interesante y activa. Cuando se retiró del último periodo como intendente se asoció con los Callegari en una empresa constructora.
Beatriz da por terminada la charla y me invita a conocer su patio, con el mismo orgullo de su padre. Allí, una población de plantas y flores transmiten alegría y color, desde el enorme chivato con sus pequeñas flores rojas, los agapantos, margaritas hasta tantas especies que hablan de su pasión y su herencia.
Octavio Zobboli murió en 1970; su paso por la historia de la ciudad dejó signos de vida y obras, de iniciativa, compromiso y realización. Ojalá en esta síntesis pueda verse la imagen de un gran hacedor.

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Un fallo escandalosamente obsceno

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11.20 El sobreseimiento de Cristina Kirchner, su familia y 19 de sus cómplices, que iban a ser sometidos a juicio oral por múltiples delitos, constituye probablemente uno de los mayores daños jamás infligidos a la reputación del Poder Judicial de la Nación. El voto disidente de la jueza Adriana Palliotti deja en evidencia la total improcedencia de la argucia procesal a la que acudieron los jueces Daniel Obligado y Adrián Grünberg para exculpar a los acusados suprimiendo el juicio que debía llevarse a cabo.

El fallo contradice la lógica, la experiencia, el sentido común, la jurisprudencia y la ley misma. Sostiene que el lavado de activos, base de una de las acusaciones, fue cometido en forma “permanente” por los imputados desde 2006 hasta 2016. Pero dado que solo en 2011 se consagró legislativamente como un delito aplicable a la conducta desplegada por sus autores, tratándose de un “delito continuado”, que debe ser juzgado como un hecho único, correspondía, por el principio de la ley más benigna, el sobreseimiento de los imputados habida cuenta de que en 2006, cuando comenzó, no era considerado delito.

El razonamiento del voto de la mayoría es un sofisma que lleva a conclusiones absurdas. El principio de la ley más benigna opera cuando una ley posterior al hecho introduce determinado beneficio antes inexistente, o establece, por las razones que sea, que la conducta antes reprochada deja de ser delito. En la causa Hotesur-Los Sauces, la nueva ley de 2011, lejos de beneficiar, agravó las consecuencias de la actividad delictiva que estaban llevando a cabo sus autores. Obligado y Grünberg pretenden sostener que el reconocido principio constitucional constituye un permiso para continuar con determinada actividad una vez que esta ha sido declarada delito por una nueva ley. De acuerdo con su disparatado razonamiento, todo aquel que lavara dinero a partir de 2011, aun cuando lo hiciera ocasionalmente, debería ser penado, a excepción de aquellos que lo venían haciendo desde antes en forma permanente.

El crimen probado en Hotesur-Los Sauces fue la entrega de dádivas que llevó al enriquecimiento ilícito de la familia presidencial. El sistema se reordenó para beneficio de sus miembros cuando el primer organizador falleció y su cónyuge debió asumir ese rol. En ningún momento las conductas desplegadas fueron atípicas o no constitutivas de delito.

El fallo contempla como precedente el caso “Muiña”, en el cual un condenado reclamaba la reducción de su pena a partir de una ley que estuvo vigente entre la fecha en que cometió el delito y la de la condena. Nos preguntamos qué similitud puede haber entre ambos casos para aludir al principio de igualdad ante la ley, cuando un sujeto, en ejercicio de la primera magistratura de la Nación, organizó junto a otros una actividad delictiva que lo beneficiaba y en determinado momento se sanciona una norma que agrava las consecuencias de lo que ya venían efectuando. El entonces Presidente y su familia, junto al grupo de laderos que integraban la asociación ilícita, decidieron ignorar la novedad normativa y optaron por prolongar su tarea delictiva durante la vigencia de la nueva ley. Surge con claridad que cualquier intento de equiparar o asemejar un caso con otro resulta una ofensa al sentido común.

Otro de los argumentos esgrimidos en el fallo plantea la inexistencia de una asociación ilícita porque el tipo penal que la consagra exigiría una repercusión “en el espíritu de la población y en el sentimiento de tranquilidad pública, produciendo alarma y temor por lo que puede suceder”, todo lo cual, aseguran, no se da en el caso.

La reforma constitucional de 1994 introdujo el artículo 36, que expresa que “atentará contra el sistema democrático quien incurriere en grave delito contra el Estado que conlleve enriquecimiento, quedando inhabilitado por el tiempo que las leyes determinen para ocupar empleos públicos”.

Una banda organizada y liderada por un matrimonio que accedió a la más alta investidura de la Nación de manera continuada y que, basándose en la millonaria facturación por obra pública y en otras contrataciones del Estado, diseñó un gigantesco sistema de recaudación a nivel nacional sin duda genera más inquietud en el espíritu del pueblo por lo que sucede y puede suceder que el ocasionado por cualquier banda de asaltantes o secuestradores. Máxime porque dentro de esa corrupta modalidad construyó, a su vez, un subsistema con el círculo de mayor confianza para asegurar la impunidad de los beneficiarios, simulando que el dinero mal habido tenía una fuente lícita. Una burda y total alteración del orden público cuya gravedad no puede en ningún caso soslayarse.

No existen argumentos serios válidos para justificar la supresión de un juicio oral cuyas pruebas están tan claramente a la vista de toda una sociedad, con imágenes incontrastables que dieron la vuelta al mundo, tras la investigación de valientes periodistas, jueces, fiscales y algunos políticos, corroboradas por las evidencias recogidas por funcionarios judiciales y confirmadas por numerosos cómplices arrepentidos.

Los jueces firmantes del fallo mayoritario han recibido ya pedidos de juicio político y denuncias penales por incumplimiento de sus deberes de funcionario público y prevaricato, el delito específico previsto para un juez que dicte sentencias contrarias a las leyes. La nueva exhibición en un juicio oral de todas aquellas evidencias públicamente difundidas en su momento hubiera resultado tan insoportable para los autores del delito como incontrastable para una ciudadanía que aguarda una cuota de cordura en quienes ejercen el delicado contralor del cumplimiento de las normas ante la comisión de un delito tan probado.

La defección de los jueces Obligado y Grünberg en un caso de tanta trascendencia institucional solo se explica por su falta de independencia y de honestidad intelectual. La afrenta para quienes exigimos el cumplimiento de la ley y la ejemplaridad en la condena de los actos de corrupción en el seno del poder político es proporcional al daño conferido a la República. (La Nación)

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