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El plan anti-inflacionario basado en «sarasa»

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Por Roberto Cachanosky. Mientras el BCRA sigue emitiendo a marcha forzada al punto que en lo que va del año el BCRA emitió $ 1,11 billones para financiar el rojo fiscal, siendo el tercer ingreso más importante del tesoro luego de Ganancias y el IVA DGI, Feletti quiere contener la inflación pasando de medir las góndolas a revisar las ganancias de las empresas.
Sobre el tema emisión, es importante resaltar que de esos $ 1,11 billones emitidos por el BCRA para financiar al tesoro, el 70% se concentra en los meses de julio, agosto, septiembre y los primeros 4 días de octubre, con lo cual cabe esperar una mayor expansión monetaria hasta noviembre con el consiguiente impacto inflacionario.
La inflación que hoy quiere domar el Gobierno es fruto de la fenomenal expansión monetaria de $ 2 billones que se produjo el año pasado para financiar el rojo fiscal.
Bajo este contexto de desorden monetario que llega al punto de no tener moneda, el nuevo secretario de Comercio, Roberto Feletti, pretende «hablar racionalmente de costos, de márgenes de ganancias; ese es el desafío más grande, lograr que el pueblo pueda ir a una góndola, elegir el producto que le gusta y consumirlo».
Agregando que «Hoy estamos en la etapa de iniciar la fase de expansión (del consumo). El empleo es una punta y la otra es que esa generación de mayores ingresos no sea absorbida por… Cristina lo definió como 4 o 5 vivos, yo no quiero caracterizarlos más allá de eso».
Rematando con: «ampliar la producción y que haya precios razonables».
O sea, un discurso de características de populismo político más que de técnica económica. ¿Quiénes son esos 4 o 5 vivos? Si la economía estuviese abierta, la oferta de alimentos, en variedad y precios, sería muy amplia para el consumidor sin necesidad de que Feletti esté con el garrote en la mano persiguiendo fantasmas.
Respecto a que están en la etapa de recuperar el consumo en una punta con el empleo, conviene recordarle al secretario de Comercio que, de acuerdo a datos del Ministerio de Trabajo, el empleo formal en el sector privado sigue cayendo. En julio había 161.000 menos puestos de trabajo en el sector privado formal respecto a febrero de 2020 y 165.800 puestos menos de trabajo comparado contra noviembre de 2019 y 238.600 puestos de trabajo menos que en enero de 2012. La economía argentina no crea nuevos puestos de trabajo porque las condiciones económicas e institucionales no lo permiten. Maltratan a cualquier que quiere invertir y generar trabajo.
Afirma también Feletti que hay que hablar racionalmente de costos y de márgenes de ganancia. Si de costos se trata, no hay nada más costoso e ineficiente que el Estado argentino por su tamaño y su ineficiencia. Con un gasto público consolidado que ronda el 48% del PBI, la gente carece de un buen sistema educativo, de seguridad, de salud y de una justicia eficiente. Y tampoco tenemos defensa nacional.
Con más del 60% del presupuesto dedicado a gasto social, cada vez tenemos más pobres, indigentes y desocupados. Si de costos de trata, no hay sector más caro e ineficiente que el sector público en Argentina.
Antes de revisar la planilla de costos del queso fresco, tal vez Feletti debería hablar con la presidente del senado y de diputados porque cada senador tiene un costo de US$ 156.000 mensuales de acuerdo al presupuesto 2021 y cada diputado tiene un costo de US$ 49.000 mensuales, todo eso para ocuparse de declarar el día nacional del Kimchi o la Capital del Salame Quintero, cuando no le salen más caros a la población sancionando una irracional ley de alquileres.
Pero si de rentabilidad se trata, la pregunta es: ¿cuál es la rentabilidad adecuada que considera Feletti que debe tener una empresa en Argentina? ¿Cómo define rentabilidad justa? ¿Qué son precios razonables para Feletti?.
Una economía que no tiene moneda no puede hablar de precios. No hay forma de hacer cálculo económico y, por lo tanto, determinar costos y márgenes de utilidad. Con lo cual, no hay inversiones.
Feletti pretende hacer desde la poltrona de la secretaria de Comercio lo que no puede hacer ningún empresario en Argentina: hacer cálculo económico. Es decir, determinar precios y costos en forma permanente porque el peso es un metro que cambia de tamaño todo el tiempo. Y ese metro móvil que es el peso, se achica día a día por efecto de la destrucción monetaria que hace el BCRA.
También, hablando de costos, tal vez Feletti debería revisar el costo cuasifiscal de absorber más de $ 4 billones vía LELIQs y Pases. ¿Cuál es el impacto sobre el financiamiento del sector privado tener a un BCRA que se lleva entre esos instrumentos y encajes bancarios, más del 70% de los depósitos del sector privado? ¿Cuál es la pérdida del BCRA por haber colocado más de $ 4 billones en LELIQs y PASES? ¿O esos costos no existen para Feletti?.
Por otro lado, nada más arbitrario que un funcionario defina qué es una rentabilidad razonable o un precio justo. Hablar de precio justo es desconocer la teoría subjetiva del valor y suponer que los precios se componen de suma de costos, cuando el proceso es exactamente inverso: son los precios que la gente está dispuesta a pagar por cada producto, de acuerdo a sus valoraciones subjetivas, los que determinan los costos en que pueden incurrir las empresas.
Si alguien piensa que puede limitarse a sumar costos sin mirar en qué gasta y a agregar la tasa de rentabilidad que se le da la gana, lo más probable es que quiebre.
El problema de Feletti, como el de muchos políticos que siempre han vivido del Estado, es que no saben ganarse el dinero obteniendo el favor del consumidor. Eso exige lograr una combinación de precio y calidad que satisfaga las necesidades del consumidor. Esa es la forma en que se gana dinero en el sector privado en una economía libre. En cambio, un funcionario como Feletti recibe su ingreso del cobro de impuestos que es una acción compulsiva del estado para tomar parte del ingreso del sector privado.
En el sector privado la gente se gana su ingreso satisfaciendo a los consumidores. En el sector público obtienen sus ingresos usando el monopolio de la fuerza que se les delegó. Los burócratas creen que todos actúan de forma compulsiva como como lo hace el estado para obtener sus ingresos.
En síntesis, Feletti pretende arreglar conversando, un problema que se resuelve dejando de hacer funcionar la maquinita de imprimir billetes y con calidad institucional. Calidad institucional que, si existiera, no existiría el cargo de secretario de Comercio y menos la función que pretende llevar a cabo el flamante secretario de Comercio.
Dicho en términos del ministro Guzmán, Feletti pretende resolver con sarasa un problema económico institucional y de destrucción monetaria. Ya no hay más margen para la sarasa. Se acaba el tiempo.

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Objetivo: la clase media

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13.31 Por Rogelio Alaniz. La prohibición de financiar en cuotas los viajes al exterior responde a varias causas pero a un exclusivo objetivo: agraviar, sancionar y humillar a las clases medias. Los señores del gobiernos se dan sus gustos. Los chetos no podrán viajar; los gorilas deberán quedarse en casa. Así lo piensan, así lo sienten, así lo disfrutan. Reitero en lo del ataque a la clase media. Porque a decir verdad, la disposición es a los únicos que afecta. Los pobres, esa sórdida y lastimosa fábrica de pobres en la que se ha transformado la Argentina peronista, no se les ocurre viajar ni al extranjero ni a la ciudad del lado. Por su parte, a los millonarios esta disposición por razones obvias no los afecta, y muy en particular a los millonarios K, que sino viajan recurriendo a sus rentas, viajan financiados por el estado nacional como pudimos verificarlo en la reciente gira presidencial a Europa, una verdadera invasión de vividores K paseando por el mundo con plata de los contribuyentes. A no llamarse a engaño: los disparos son contra la clase a media, la maldita clase media. El paisaje idílico de una Argentina transformada en un gigantesco y lastimosos Conurbano continua siendo la acuarela preferida del populismo.

Volvamos a los viajes al extranjero. A la prohibición de financiar viajes. El descalabro económico y financiero y la crisis del Banco Central explican estas disposiciones. Pero no solo ello. Hay que pagar los desbordes del “Plan Platita”. Los miles de millones despilfarrados para comprar votos. Pero insisto una vez más en la obsesión “cultural” del populismo contra las clases medias. Obsesión alentada por ese nacionalismo ramplón, reaccionario y resentido. La Argentina encerrada en si misma. El populismo de chiripá y mate cosido. El mundo es peligroso, el mundo corrompe las esencias nacionales, el mundo contamina. Alguna vez un pensador dijo que viajar por el mundo era el mejor aprendizaje nacional. Viajar nos permite comparar, evaluar, observar otros modos de vida, conocer la condición humana. Belgrano, Sarmiento y Alberdi reconocen que su decisiva escuela política fueron los viajes. Si algo distingue a las dictaduras y los regímenes totalitarios que han infectado el mundo es su decisión de encerrar a sus habitantes. El gobierno argentino no ha llegado a tanto, aunque habría que preguntarse si lo hicieron por convicción o simplemente porque la opinión pública no se lo permite. Mientras tanto, a joderse.

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Clase media empobrecida

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En Argentina la pobreza se calcula utilizando el método del ingreso. La metodología busca establecer si los hogares cuentan con dinero suficiente para cubrir una canasta de alimentos capaz de satisfacer un umbral mínimo de necesidades energéticas y proteicas. Los hogares que no superan esa línea son considerados indigentes. Asimismo, la línea de pobreza extiende el umbral para incluir no sólo los consumos alimenticios mínimos sino también otros consumos básicos. La suma de ambos conforma la línea de pobreza.
La valorización de esta canasta depende de los integrantes del hogar, pero también de sus características etarias y de su composición de género. Un hombre adulto necesita consumir más calorías que una mujer y ésta más que un niño. Cada hogar necesita cubrir una canasta distinta y por lo tanto, enfrenta una línea de pobreza propia. Para calcular el porcentaje de personas pobres el Indec contrasta la línea de cada hogar con su respectivo nivel de ingresos y, si estos superan el referido umbral, el hogar no se considera pobre. Si, por el contrario, los ingresos son inferiores a la línea de pobreza de ese hogar, todos sus integrantes sí lo serán.
Sabemos que durante el primer semestre del año el 41% de las personas eran pobres, pero en términos de su capacidad de consumo es relevante saber si su ingreso está cerca de la línea de pobreza o lejos. Para analizar cuál es la distancia entre ambas variables calculamos la distribución de personas de acuerdo al diferencial entre ingresos y línea de pobreza del hogar en el que habitan. De esta manera, sabemos que el 2.4% de las personas viven en hogares que apenas tienen un ingreso 5% superior a su línea de pobreza.
Observamos que un aumento de los precios de 10% aumentaría la pobreza en 6%. Por el contrario, un incremento de los ingresos 10 puntos superior al de los precios reduciría la pobreza en 6%. Los riesgos no son simétricos y, dada la cantidad de precios que mantienen hoy un valor artificial producto de imposiciones del Gobierno (productos de consumo masivo, bienes transables que siguen la evolución de un tipo de cambio apreciado, servicios privados cuyo precio está controlado por el gobierno, servicios públicos congelados, etc.), es probable que el diferencial entre ingresos y precios sea negativo una vez que estos controles se levanten.
Entender la situación de los hogares argentinos respecto a su cercanía con la línea de pobreza es importante porque habla de su capacidad de consumo, pero nada dice respecto a sus pautas y deseos. Un hogar puede no ser pobre y tener ingresos para consumir bienes no esenciales, pero en qué los gastará depende de su nivel socioeconómico (NSE).
La mirada que hace foco sobre la línea de pobreza y la que se concentra en los niveles socioeconómicos son complementarias. La primera habla de las capacidades materiales de un hogar, la otra de sus pautas de consumo y su capital humano. En el uso de ambos enfoques al mismo tiempo es que encontramos análisis que nos pueden ayudar en el proceso de toma de decisiones.
El NSE es un proxy del tipo de consumidor y una variable a seguir por parte de las empresas. Un hogar ABC1 es típicamente un hogar con un alto nivel educativo, cuyo principal sostén es un empleado en relación de dependencia en un puesto jerárquico que vive solo o en un hogar en el que hay un segundo individuo con ingresos y, en algunos casos, un menor. En el otro extremo del espectro aparecen los hogares D2E, cuyas características son diametralmente opuestas. Hogares con un solo aportante de ingresos, cuyo principal sostén tiene un bajo nivel educativo y su fuente de ingresos es informal e intermitente. Típicamente los hogares C2, C3 y D1 son considerados clase media alta, típica e inferior respectivamente.
Lo normal es que un hogar D2E sea pobre y uno ABC1 no lo sea, pero en la clase media es donde encontramos un mix interesante. Durante el cuarto trimestre de 2017, previo a la crisis del gobierno anterior, solo el 14% de los hogares de clase media era pobre. Ese número más que se duplicó con las crisis de 2018, la de 2019 y la cuarentena de 2020 y, para el primer trimestre, de 2021 (últimos datos disponibles), el 33% de hogares de clase media fueron pobres.

Conclusión

Hay una nueva tensión entre lo que una buena parte de la clase media quiere y está acostumbrada (enfoque NSE) y lo que puede (enfoque línea de pobreza). Los cambios en precios relativos (ingresos versus línea de pobreza) determinarán la dirección que tome la pobreza de las distintas clases sociales, pero el riesgo de que el 40% de pobreza de la población general, y el 33% de clase media, no sea el techo es alto. Una situación delicada como la expuesta sólo es reversible en la medida que se adopten las políticas económicas, sociales, demográficas y sanitarias de largo plazo necesarias para una reducción sostenida – y sostenible – de la pobreza. Ecolatina.

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Dorita y Elda

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Dorita

Por el extremo sur de la ciudad hay una avenida, como disimulando su importancia; mide sólo 155 metros de largo y su nombre evoca a una mujer que en su sencilla humildad fue luminosa: avenida Dorita Villarreal. Dora Araceli Pía Bautista, esposa del Dr. Villarreal, nació en 1917 en Rosario, obtuvo el título de maestra en 1935 y el de profesora de letras en 1943. Allí ejerció la docencia y tuvo una renovadora experiencia junto a Olga y Leticia Cossettini en la escuela Dr. Gabriel Carrasco. Llegó a Rafaela en 1947, donde ejerció su docencia hasta la jubilación en 1968. Elaboró una vida que superó al anonimato sin siquiera proponérselo, hasta una mañana de 1998 en que dejó que sus cuentos hablen por ella.
Los hijos de Dorita fueron todos los niños de la escuela; su voz algo cascada pero con un dejo de autoridad que fluía de sus convicciones, era la herramienta que la distinguió como contadora de cuentos en las escuelas de la ciudad y poblaciones vecinas. Un día se puso a escribir cuentos, relatos, poesía y canciones para que los grandes amen a los chicos como ella. Publicó trabajos en los diarios locales y tuvo su propio programa radial. Recuerdo la vez que conversamos en su casa sobre los juegos infantiles. Decía: «Me quedaba contemplando en el patio de la escuela para ver a qué jugaban los chicos; las nenas venían desde sus casas con muñecas y algunos otros juegos, como el dominó, en algunos casos armaban rondas con prendas para las que iban perdiendo; los varones -continuaba revisando apuntes- fabricaban pelotitas de papel u otros juegos que iban entrando y saliendo de su imaginación. Para mí era fascinante verlos inventar objetos y situaciones con el solo hecho de estar allí en grupo, en libertad».
Dorita escribió mucho más que lo publicado; aún así, su obra es recordada con respeto y admiración. En el 2015 la Municipalidad local publicó una selección de sus cuentos realizada por la profesora Claudia Manera en base a las obras «Dorita Cuenta Cuentos» (1981) y «Andando Andando Yo Te Voy Contando» (1983).

Elda

Cuando la encontraba frente a su máquina de escribir, el cabello largo fuertemente recogido hacia los costados, invariablemente levantaba la vista con una sonrisa, como si fuera un solo gesto. Nunca escuché de Elda Massoni una frase altisonante ni una palabra que sonara a agravio; el concepto vigoroso, favorable o adverso, surgía en el estilo sensible y elíptico de su poesía.
Elda nació en Ataliva en agosto de 1938; fue maestra egresada del Instituto Ntra. Sra. De la Misericordia en 1956 y profesora de piano en el Liceo de Bellas Artes de Rosario en 1957. Nunca la vi como maestra ni escuché interpretación alguna en el piano; acaso reservaba esas virtudes para sus amores cercanos: Higinio Beccaría, su esposo con quien tuvieron tres hijos: Alejandro, Renato y Sebastián. Más tarde supe que, antes de conocer a Higinio («mi amigo el gordo», como le decía en los entretenidos ensayos y funciones de teatro, porque llamándose Higinio no pudimos menos que llamarlo «el gordo»), había dado clases en Yorquincó, Río Negro. Compartí con ella, sí, actos culturales y educativos por la función periodística que abrazó con gusto y perseverancia durante dos décadas. Aunque hablaba muy bajo, su voz era escuchada; aunque no vestía con colores altisonantes, su presencia se notaba.
Cuando decidió que la literatura y la poesía eran algo más que una inclinación por gusto personal, empezó a producir. Así nació la delicada armonía de «La Piel del Siglo» en 1973, «Los Límites de la Memoria» 1981, «La Llanura tiene Dioses» 1987, «Señorita Magdalena» 1988, «Leyendas de la Llanura» 1992, «Frutita Verde» 1993, «Huellas en el Llano» 1995, «Susurros» 1997, «Señales… en la Tierra y en el Cielo» 2002.
Habiendo cultivado géneros como la poesía, el ensayo y la narración, Elda puso su nombre en el palmarés personal de la literatura regional y en algunos casos con alcance nacional. Tuvo su propio taller literario para compartir inquietudes y conocimientos; amó la naturaleza y prefirió la profundidad antes que la superficie, por eso planea en sus contenidos un aire bucólico que ella trasforma en palabras.
La vecinal de su barrio San Martín tiene una biblioteca con su nombre, que perdura entre páginas. Hacia el Oeste de la ciudad, en la Villa Los Álamos, una plaza redonda, sin aristas ni caras enfrentadas, con espacio abierto para la libertad de tiempos, lleva el nombre de Elda Massoni.
En mis manos, dedicado, «Los Límites de la Memoria» y en una de sus páginas dice: «Ah, la pulpa madura /de los duraznos de enero /revive un latido adormecido, /inunda los ojos un espejismo/ de cotorras abatiéndose sobre los sembrados. /La memoria dilata la llanura / y atraviesa el tiempo, estremecida /en su reinado perdurable. /Hay una caricia sutil /que anida entre el romerillo,/ para aguardar el alba que asoma /una y otra vez sobre el horizonte /uniforme de paraísos (…)».

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