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Deportes

El honor hace a la grandeza

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En el fútbol, lamentablemente, el tema central ya no es el juego sino el negocio. Se habla de dinero, principalmente. Y de política, como ocurrió en el frustrado clásico Brasil-Argentina. Deciden los hombres de saco y corbata. Y los jugadores acatan, hasta que el rodar de la pelota les da libertad.

Cuenta la historia que Abdon Porte se mató de un balazo en el final del verano de 1918. Ocurrió en Montevideo, de noche y no en lugar cualquiera: fue en la cancha de Nacional, el club en el que, hasta hacía poco tiempo, había brillado como futbolista. En los meses previos a la tragedia, el jugador se dolía con las heridas de la decadencia. Se sabe como es eso: los aplausos se evaporan para transformarse rápidamente en silbidos y la fama le deja su lugar a la indiferencia. Porte decidió que la vida y la pelota eran una sola cosa. Y que si ya no servía para la segunda, tampoco valía para la primera. Entonces hizo lo que hizo. Los diarios contaron lo ocurrido impregnados de una lógica que recorre fuertemente la historia del fútbol. Dijeron que era una cuestión de honor.
Ciento tres años después de la muerte de Porte, el honor da vuelta por las canchas con algunos sentidos contrapuestos y otros parecidos a los que signaban aquel tiempo. Ya nadie se mata solo porque se agotó su arte con la pelota, pero el fútbol ocupa una porción todavía más grande y más decisiva en la existencia de las personas. En este siglo XXI, el fútbol es el espectáculo dominante de una vida que, toda entera, también se ha vuelto espectáculo. Hay fútbol todo el tiempo, y todo el tiempo hay multitudes devorando fútbol. Y si de verdad transcurre la edad del vacío, de las sociedades fragmentadas hasta la atomización mínima, de la sobrevida rutinaria más que de la vida en esplendor, el fútbol cumple un papel determinante: es, seguramente, la identidad colectiva más fuerte de la época.
Para decirlo de otro modo: cuando el mundo parece una colección de decepciones, el fútbol crece como un espacio en el que se ponen en funcionamiento ilusiones y valores, se erigen héroes (a veces grandiosos, a veces precarios, pero siempre héroes) y se palpitan hazañas. En ese espacio resulta posible recordar que es esencialmente humano encontrar el honor en alguna parte. Exagerado y provocador, el inglés Bill Shankley construyó la mejor frase para explicarlo: “me dicen que se toma al fútbol como una cuestión de vida o muerte. No es verdad. El fútbol es más importante que todo eso”.
En ese contexto, el fútbol sigue actuando en el territorio del honor con muchos de los rasgos que lo volvieron masivo y convocante. Sucede con el público, millones de personas interpretan simultáneamente que están en juego honores personales y compartidos cuando juegan sus equipos, aún los menos convocantes. Sucede con los futbolistas: cuando un resultado es adverso o un rival es superior, vale como un imperativo que el vencido o inferior ponga toda la energía, a pesar de la derrota. Todo lo contrario sabe a traición.
Pero el campo del honor tiene en el fútbol del presente más de una zona de ficción. Hay que admitir que ya no es “el reino de la lealtad humana ejercida al aire libre”, como describía Antonio Gramsci. En el fútbol ultramercantil del tercer milenio, el principal jugador es el dinero. Bajo su imperio, los futbolistas son fieles a su propio destino y no al de las camisetas, por lo que cambian de club con un vértigo que destroza los afectos de los hinchas. En general, a los jugadores los tienta mucho más el verde del dólar que el color de la camiseta que lleva puesta. Y aunque esto último no sea una crítica descalificadora para la persona, marca una clara realidad. Da pena ver como estos hombres, que suelen emocionar dentro de una cancha, cambian su actitud fuera de ella. Se puede entender en infinidad de casos en donde sus clubes no les cumplen las promesas que les hicieron, o porque el desafío deportivo vale la pena o porque a determinada edad una transferencia puede asegurar su futuro. Pero cuando el futbolista o el entrenador ya tienen salvada su situación económica y solo existe el desafío futbolístico, sería bueno que recuerden que para tener verdadera grandeza deportiva se debe actuar con honor. Respetar contratos es una forma de hacerlo. O decir claramente lo que se piensa, para que el hincha, el único incondicional en el espectáculo de la pelota, elija a quién entregar su corazón.

El fútbol se juega hoy en la era del pragmatismo exacerbado, en la que los fines golean a los medios y cualquier cosa vale para obtener un resultado. Un ejemplo: en las concepciones tradicionales del honor en el fútbol, nunca un jugador pediría que amonesten o expulsen a un rival; esa era cosa de los árbitros. Ahora, en cambio, abundan los gestos para reclamar que los contrarios reciban tarjetas amarillas y rojas. Jorge Brown, mítico capitán del Alumni, el primer gran equipo del fútbol argentino, sostenía que: “el fútbol es un juego de caballeros cuando lo juegan caballeros”. Hoy se espantaría ante la abundancia de palabras provocativas, negocios dudosos, minucias disfrazadas de asuntos importantes, dirigentes sin escrúpulos y entrenadores a los que les molesta estimular la imaginación. Ocurre que “la historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber”, según la precisa definición de Eduardo Galeano. Está claro que en ese viaje cayó la espontaneidad y ascendieron rigores, murieron libertades y nacieron límites. Y también parece claro que el honor que germina en el placer no es idéntico al que se modela en el deber.
Sin embargo, a pesar de las decepciones de la modernidad, el fútbol exhibe una asombrosa capacidad para generar entusiasmos. De modo que, cuando se desdibuja el honor, aparece la esperanza del honor, que consiste en búsquedas muy sencillas: que se juegue bien, que se gane limpiamente, que la próxima gambeta sea la mejor, que los sueños grandes no se asocien a suciedades grandes. Suena elemental. Pero a la vez suena potente en un tiempo de la historia en el que, hasta en la cancha, es un esfuerzo grande luchar por lo evidente.
Acaso el desafío moral del fútbol globalizado sea invertir la marcha del viaje: volver del deber al placer o, al menos, construir un lugar para el placer en el escenario que hegemoniza el deber. Se trata de una pelea por el buen gusto, por la reivindicación de la creatividad y por la belleza de una pasión popular. Como se observa, es una pelea difícil. Y también una cuestión de honor.

Ben Hur

Marcos Figueroa es nuevo jugador de Ben Hur

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13:47 – El delantero rosarino, con extensa trayectoria en Primera División y B Nacional, se incorpora al plantel de la BH para disputar el Torneo Regional.

El Lobo inicia el proceso de armado del nuevo plantel que conducirá el entrenador Carlos Trullet. Como en las anteriores temporadas, el objetivo será lograr el ascenso al Torneo Federal “A”.

En cuanto al armado de la plantilla, la primera incorporación que tendrá Ben Hur será la del delantero Marcos Figueroa. El experimentado jugador de 31 años llega procedente de Trinidad de San Juan, se sumará a los entrenamientos el lunes 4 de octubre.

Surgido futbolísticamente en Rosario Central, Figueroa cuenta con pasos por, Central Córdoba de Rosario, Argentino Juniors, Atlético Rafaela, San Martín de San Juan, Temperley, San Martín de Tucumán, Cobresal de Chile y Mitre de Santiago del Estero.

Entre sus logros deportivos, se destacan el ascenso con Central Córdoba a la B Metropolitana y el ascenso a Primera División con San Martín de San Juan. En este último, compartió plantel con el actual Coordinador Deportivo de Ben Hur, Profesor Cesar Bessone, quien en esa temporada se desempeñaba como Preparador Físico del elenco sanjuanino.

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Atlético

Atlético visitará a Morón con cuatro cambios

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11.21 Luego de la práctica de esta mañana, Walter Otta definió el once titular que mañana desde las 15,00 completará el partido ante el «Gallo» de Lucas Bovaglio.

Esta mañana, en la cancha principal del predio del autódromo, el plantel profesional de Atlético afrontó el último entrenamiento antes de viajar a las 13,00 hacia Capital Federal, donde mañana a las 15,00 completará el partido con el Deportivo Morón y el sábado a la misma hora jugará frente a Tristán Suárez por la fecha 27 de la Zona «B» de la Primera Nacional.

Walter Otta realizará cuatro cambios para enfrentar al «Gallo», de los cuales tres son obligados. Brian Calderara ingresará por el lesionado Roque Ramírez, mientras que por los suspendidos Ayrton Portillo y Facundo Soloa irán Matías Valdivia y Gonzalo Alassia, respectivamente. La última variante tiene que ver con la presencia de Gastón Tellechea por Fernando Piñero, quien está amonestado ante Morón y será preservado para el sábado.

Es decir que Atlético formará con Agustín Grinovero; Cristian Chimino, Gastón Tellechea, Agustín Bravo y Brian Calderara; Guillermo Funes, Gonzalo Alassia, Federico Recalde y Matías Valdivia; Lautaro Parisi y Claudio Bieler.

Además viajan Pedro Bravo, Fernando Piñero, Cristian González, Bruno Riberi, Jorge Molina, Darío Rostagno, Enzo Avaro, Alex Luna y Franco Jominy.

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Ben Hur

Ben Hur realizará un Encuentro de Fútbol Femenino

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10.55 La actividad tendrá lugar el próximo sábado desde las 14 horas en el Campo de Deportes del club.

El próximo sábado, en el Campo de Deportes del Club Sportivo Ben Hur, se realizará un certamen recreativo con la participación de diferentes equipos de nuestra ciudad y la región. La actividad comenzará a las 14hs.

Además de las Lobitas, participarán, 9 de Julio de Rafaela, Deportivo Susana, Arietis Academia de Rafaela, Bochófilo Bochazo de San Vicente, Sunchales Cicles Club y Atlético Alianza de Santa Clara de Buena Vista.

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