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Culto Católico

El Congreso Eucarístico Internacional, un encuentro de la humanidad

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Lo afirma el cardenal Gérald Cyprien Lacroix, arzobispo de Quebec (Canadá), desde Budapest (Hungría), donde se estima que 75.000 personas participarán de la misa de clausura presidida por el Papa.

El cardenal Gérald Cyprien Lacroix, arzobispo de Quebec (Canadá), destacó la riqueza del programa del 52° Congreso Eucarístico Internacional que, a raíz de la situación sanitaria por la pandemia, se desarrolla en 20 lugares distintos de esta capital húngara.
El momento culminante del Congreso será la misa de clausura presidida por el Papa Francisco en la Plaza de los Héroes de Budapest, pero cada día los participantes pueden sumergirse en encuentros de oración, catequesis, testimonios, seminarios, misas y actividades culturales.
El cardenal Lacroix, uno de los oradores invitados, aseguró que «un Congreso Eucarístico Internacional es un acontecimiento muy importante porque aborda todos los aspectos de la vida»,
«Por supuesto que hay momentos muy importantes de oración, de reflexión; un tiempo para rezar, un tiempo para encontrarse con otras personas también. Estará aquí gente de todo el mundo, así que experimentamos la Iglesia de una manera nueva, ya que celebramos en muchas lenguas, en muchas culturas y encontramos en el Señor Jesús la fuente; toda la vida viene de Él, así que es muy importante encontrarse. Todos estamos en sintonía con la vida de la Iglesia en nuestras propias regiones, en nuestros propios países, pero encontrar a otros cristianos, a otros creyentes de todo el mundo, es una experiencia muy edificante», sostuvo en declaraciones a Radio Vaticana.
El purpurado canadiense subrayó que el Congreso es «un encuentro de la humanidad; Jesús nos reúne y nos ayuda a construir una familia, construida en la unidad, en el amor, la caridad, y nos abre el corazón a los demás y a otras realidades también. Escucharemos conferencias, pero también testimonios, personas que vendrán a compartir sus experiencias, lo que viven en su propio país, eso es muy importante también para compartir».
El cardenal Lacroix participó en muchos congresos eucarísticos a lo largo de los años y recuerda con cariño la primera vez que lo hizo, con apenas 18 años. Memora que su padre y su madre decidieron que toda la familia iría al Congreso de Filadelfia en 1976, donde vivían entonces. «Soy el mayor de siete hijos y fuimos todos con mis padres en una pequeña tienda de campaña a pasar la semana en Filadelfia; esa fue mi primera experiencia. Fue sobrecogedor rezar con miles de personas y vivir todas esas liturgias y actos culturales y conocer a gente de todo el mundo», contó.
Asimismo, expresó su deseo de seguir participando en los congresos eucarísticos internacionales durante muchos años «porque es un lugar donde vamos a la Fuente, donde vamos al Señor como humanidad, como Iglesia y le permitimos que nos renueve; que nos dé más fuerza para poder seguir viviendo en medio de este mundo tan convulso y encontrar la esperanza».
«Vengo porque lo necesito personalmente, pero también vengo a compartir esta alegría con los demás», agregó.
En su exposición «La Eucaristía, fuente inagotable de paz y reconciliación», señaló a los participantes del congreso que la Eucaristía ha sido una fuente inagotable de paz y reconciliación en su vida personal.
«Compartiendo la Palabra de Dios, compartiendo la oración y compartiendo la Eucaristía, ha encontrado nuevas fuerzas, nuevas esperanzas para levantarme y continuar mi misión de seguir sirviendo al Señor y a su pueblo fiel, y servir a la humanidad», subrayó.
A la pregunta si la celebración de un Congreso Eucarístico Internacional es más importante que nunca en un momento de pandemia global y de conflicto en muchos países del mundo, el cardenal Lacroix responde: «En todas las épocas de la historia es importante reunirse como creyentes bautizados… pero por supuesto, en tiempos más difíciles como los que estamos viviendo ahora, es tan útil, y es un regalo poder recibir esta inyección de esperanza en nuestras venas y en nuestros corazones, en nuestras almas, ver a otros hermanos y hermanas».

Esperan más de 75.000 personas en la misa del Papa

Más de 75.000 personas, a las que no se someterá a medidas de control o restricciones por Covid, recibirán el domingo al Papa Francisco en la Plaza de los Héroes de Budapest, donde celebrará la misa de clausura del 52° Congreso Eucarístico Internacional.
Antes de la misa, durante las pocas horas que pasará en Budapest, Francisco se reunirá con el presidente de Hungría, János Áder, y con el primer ministro Viktor Orbán.
Tras esta breve estancia, que el Vaticano no considera una vista oficial al país, el Papa iniciará su visita de tres días a Eslovaquia.
El escenario desde donde hablará Francisco está justo en el mismo lugar que ocupó en 1938, cuando Budapest también fue sede del Congreso Eucarístico.
El color dominante del escenario será el blanco y los participantes ocuparán toda la plaza, así como tramos de las avenidas que desembocan en ella.
Antes de la misa habrá un programa cultural de dos horas con la participación de destacados cantantes y actores, donde se espera la actuación de un coro de 2.100 personas, que fue formado para esta ocasión con miembros de 82 grupos del país.
El Coro de la Ópera Nacional presentará el «Te Deum» de uno de los compositores húngaros más conocidos, Zoltán Kodály, y también subirán al escenario dos cantantes húngaras de música pop, Sena Dagadu y Gabi Tóth. Asimismo, estarán presentes, dos deportistas paralímpicos: la atleta Luca Ekler y la esgrimista Gyöngyi Dani.

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Campaña para impulsar acciones que promuevan el empleo

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Con la consigna «Con trabajo, podemos soñar», promoverá y difundirá iniciativas tendientes a impulsar la inserción laboral genuina de personas en todas las diócesis del país.

Cáritas Argentina lanzó este martes su campaña anual para impulsar en la sociedad iniciativas que promuevan el trabajo, como herramienta central para combatir la pobreza y la exclusión.
Durante un mes, la institución de la Iglesia Católica Argentina promoverá y difundirá iniciativas tendientes a impulsar la inserción laboral genuina de personas en todas las diócesis del país.
«Nos encontramos hoy inmersos en un sano debate acerca de cómo propiciamos una transición de la ayuda social al trabajo genuino», destacó Nicolás Meyer, director ejecutivo de Cáritas Argentina.
«Nuestra experiencia cotidiana entre las personas que más necesitan ayuda material y espiritual, nos demuestra que debemos buscar múltiples maneras de pasar de la asistencia, necesaria pero transitoria, al trabajo seguro, registrado, con derechos sociales y a la salud. Estamos convencidos de que este es el camino que moviliza cambios profundos y duraderos en las comunidades más vulnerables», agregó.
Según datos del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), la crisis económica-sanitaria generó pérdidas de empleo, disminución del nivel de actividad laboral y una mayor desocupación, que alcanzó al 14% de la población económicamente activa.
«Esto da solo una idea de la magnitud del problema en Argentina y la necesidad de encontrar soluciones de manera urgente», destacó Meyer.
En tanto, el presidente de Cáritas Argentina, monseñor Carlos José Tissera, obispo de Quilmes, señaló: «La Iglesia ha dado siempre un mensaje claro acerca del respeto a la dignidad de la persona humana y el trabajo».
En tal sentido, el prelado recordó las palabras del Papa Francisco, quien en ocasión de su mensaje a los movimientos populares en Bolivia en 2015 señaló: «No basta con dejar caer algunas gotas cuando los pobres agitan esa copa que nunca derrama por sí sola. Los planes asistenciales que atienden ciertas urgencias sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras, coyunturales. Nunca podrían sustituir la verdadera inclusión: esa que da el trabajo digno, libre, creativo, participativo y solidario».
«Conocemos en Cáritas el profundo malestar psicológico y emocional que genera el desempleo o el trabajo precario. Nuestros voluntarios todos los días acompañan procesos de promoción, brindan ayuda material y contención espiritual en los barrios, pero el reclamo es por la pérdida de puestos de trabajo», destacó Meyer.
«Encontrar la fórmula para multiplicar trabajos calificados, con capacitación y mejor remunerados es quizás el principal desafío que enfrenta nuestro país en su futuro inmediato; porque el trabajo decente devuelve la esperanza y renueva la fe en desplegar un proyecto de vida para las personas y sus familias», concluyó Tissera.

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«La primavera, una esperanza grande para sus vidas»

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El presidente de la Comisión Episcopal de Educación Católica, monseñor Eduardo Eliseo Martín, arzobispo de Rosario, saludó a la juventud que celebró ayer el Día del Estudiante y el Día de la Primavera.
El arzobispo rosarino les auguró «no sólo un feliz día, sino que puedan percibir en lo que significa la primavera: una esperanza grande para sus vidas».
«La primavera nos habla de eso, de esperanza; de esperanza y de alegría, de que un día puedan venir frutos abundantes en la vida de cada uno de ustedes».
Monseñor Martín pidió que «Jesús los ampare, los acompañe siempre, en la certeza de que Él es el joven por excelencia y Él es aquel que puede satisfacer todas las inquietudes de su corazón».
«Feliz Día de la Primavera, feliz Día del Estudiante, el señor los bendiga a todos», concluyó.

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«Muchos políticos estaban en otro mundo»

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El obispo de Río Gallegos consideró que ese fue el motivo por el que la dirigencia política se sorprendió de los resultados y llamó a escuchar más al pueblo y reaccionar con humildad y sin enojarse.

El obispo de Río Gallegos, monseñor Jorge García Cuerva, afirmó que después del «cachetazo» de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), lo que debería hacer la dirigencia política es tener humildad, escuchar, no enojarse por el resultado electoral, y opinó que «los políticos no sufrieron las restricciones de la pandemia y por eso no entendieron lo que le pasaba a la gente».
El prelado consideró que en las recientes elecciones primarias «la gente expresó lo que le pasa en realidad, y muchos políticos se sorprendieron porque estaban en otro mundo».
«Cuando no podíamos reunirnos, ni vacunar a nuestros abuelos, ellos estaban vacunados y se encontraban», cuestionó en una entrevista a FM del Rosario (103.9 Mhz) realizada por Virginia Bonard y Denis Cardozo durante el programa Onda de Radio.
«Cuando uno recibe un cachetazo como pudo haber significado –si me permiten decirlo– el resultado de las PASO, creo que habrá que utilizar el hisopo de la humildad: qué escuchamos, qué podemos aprender de esto y cómo podemos salir adelante. Bien o mal, más allá de las peleas entre dirigentes políticos, en el medio está la gente. Y a la gente hay que cuidarla. Por otro lado, estas son las reglas de la democracia donde se gana y se pierde. No podemos caer en una postura pseudo infantil o caprichosa en la que, como no salieron las cosas como yo quería, entonces me enojo. Me parece que no corresponde», sostuvo.
– Nos siguen impactando las ondas expansivas de los resultados de las PASO del domingo pasado… ¿Qué nos pasa a los argentinos?
– Hace dos semanas leímos el Evangelio de Marcos 7, cuando Jesús cura al sordomudo. Lo primero que recordé es que una persona sordomuda primero es sorda y por serlo no puede hablar y no aprende a hablar. Pensé en ponerle mucha atención a la escucha. Y en el caso nuestro, como sociedad argentina, así como a veces tenemos problemas para escuchar y utilizamos un hisopo para sacarnos un tapón de cera y limpiarnos el oído, también creo que tenemos tapones de cera ligados a la intolerancia, la falta de respeto por la opinión del distinto, el tapón de cera del relato: yo hago las preguntas, doy las respuestas y todo pasa por un análisis personal e individual. Distintos tapones de cera que como sociedad tenemos, que no nos permiten escucharnos. Como no nos escuchamos, tampoco sabemos dialogar. Por eso ejercemos mucho maltrato a la hora de decir algo, y si está el otro hablando estoy esperando que termine e inmediatamente darle mi respuesta, o nos comunicamos a los gritos, o ignorando al otro haciendo profundo silencio.
Por no tener esta capacidad de escucha -ligada a estos simbólicos tapones de cera- no hemos aprendido lo que es el diálogo. En esta línea es que tenía un hisopo como recurso pastoral, que hizo mi secretaria del obispado de Río Gallegos, y allí lo presenté en misa. ¿Qué nombre le pondríamos a estos hisopos hoy? El hisopo de la humildad, aceptar que no tengo toda la razón y toda la verdad; el hisopo del respeto por la opinión del distinto; el hisopo de la apertura a la diversidad; el hisopo de escuchar la realidad que es verbal y nos habla, como decía Romano Guardini. ¡Cuántos hisopos tenemos que usar para sacarnos estos tapones de cera que nos han hecho una sociedad intolerante y que se comunica a los gritos!
– Reflexionemos sobre este acto eleccionario y las consecuencias que han traído los resultados, las peleas, relacionándolo con la falta de escucha de lo que estaba demandando el pueblo, el gran dolor de la gente, las enormes necesidades, la distancia con la agenda de los más vulnerables. ¿Cómo vivió usted estos días?
– Justamente, acompañando este recurso pastoral del hisopo y los tapones de cera de los argentinos, recordaba una frase de Albert Camus, quien escribió la novela «La peste» a mediados del siglo XX: «Esa enfermedad de porquería que aún a los que no contagió terminó enfermando». Yo creo que todos, aún los que no contrajeron Covid-19, nos terminamos enfermando con lo que significó la pandemia. Y hablo de dos pandemias: la de Covid-19 y otra pandemia de emociones ligadas al miedo, la incertidumbre, la angustia, a la pérdida de un ser querido. Creo que muchos políticos, muchos dirigentes, no vivieron esta segunda pandemia porque cuando nosotros teníamos muchas ganas de ver seres queridos y no podíamos, ellos viajaban; cuando nosotros no podíamos vacunar a nuestros abuelos, ellos ya estaban vacunados; cuando nosotros no podíamos encontrarnos, ellos se encontraban; incluso ya no solamente inventando el concepto de personal «esencial» sino también el de «estratégico» con lo cual siempre quedaban cubiertos. Por no haber vivido esta segunda pandemia, no entendieron lo que le pasaba a la gente. Y eso fue lo que se expresó en las elecciones. La gente expresó lo que le pasa de verdad y por eso algunos quedaron sorprendidos porque vivían en otro mundo y porque no escuchaban.
– Usted marca la incapacidad para hacer un buen diagnóstico y seguir planificando hacia el futuro. Esto sigue siendo una deuda. Sin embargo, veo una deuda aún mayor: la intolerancia hacia la incomprensión de la realidad. ¿Hisopo para los políticos? ¿Cómo evalúa estas reacciones tan intemperantes frente al mensaje de las urnas?
– Justamente, lo que sucedió y lo expresaba muy bien monseñor Víctor Fernández, el arzobispo de La Plata: estuvieron durante un tiempo muy entretenidos con otros temas que a la gente, y especialmente a los sectores más pobres y vulnerables, no les importaban y que no tenían nada que ver con ellos, ligado a que si el Documento podía tener la identidad binaria, ligado al tema del aborto, a la legalización de la marihuana, e incluso a la eutanasia, mientras a la gente le pasaba otra cosa. Creo que lo que sucedió es que, de manera impactante, recibieron la noticia de que precisamente a la gente le pasaba otra cosa, que la realidad de los sectores más pobres, de la clase media laburante que trata de salir adelante y ve que no le alcanza, toda esa realidad tan compleja los dejó impactados. Cuando uno recibe un cachetazo como pudo haber significado –si me permiten decirlo– el resultado de las PASO, creo que habrá que utilizar el hisopo de la humildad: qué escuchamos, qué podemos aprender de esto y cómo podemos salir adelante. Bien o mal, más allá de las peleas entre dirigentes políticos, en el medio está la gente. Y a la gente hay que cuidarla. Por otro lado, estas son las reglas de la democracia donde se gana y se pierde. No podemos caer en una postura pseudo infantil o caprichosa en la que, como no salieron las cosas como yo quería, entonces me enojo. Me parece que no corresponde.

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