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Deportes

La caldera del tenis

Oscar Martinez

Por Oscar Martinez

En las canchas de Melbourne Park ya se vive el primer torneo de Grand Slam del año. En un país que goza de temperaturas más lógicas que años anteriores, comienza la batalla final que le plantea la nueva generación a Nadal y Djokovic, dos de los tres grandes que marcaron la más extraordinaria época de este deporte.

Por Oscar Martínez. El recuerdo permanece imborrable para los argentinos que pasamos los sesenta y seguimos desde hace largo rato al tenis mundial. El viejo estadio Kooyong, con un césped que buscaba diferenciarse de Wimbledon, siempre fue propicio para Guillermo Vilas. Es que él, como en tantas otras áreas del tenis de nuestro país, también fue pionero en un sitio que la mayoría de los jugadores nacidos en estas tierras ignoraban. Allí Willie ganó un Máster (1974), dos Abiertos (1978 y 1979) y llegó a otra final en la que cayó derrotado por el mortífero saque de Roscoe Tanner. De eso ha pasado mucho tiempo, pero la atracción del primer Grand Slam de la temporada mantiene para nosotros su fuerza, a pesar de no tener hoy tenistas en condiciones de ganarlo.

En los primeros tiempos, el Abierto de Australia era considerado el menor de los cuatro o el cuarto grande, luego de Roland Garrós, Wimbledon y el U.S.Open. Pero su reubicación en el calendario, el aumento de los premios y su traslado a las canchas duras del complejo que entonces se llamaba Flinders Park, en Melbourne, lo convirtieron en otro verdadero Grand Slam. Fue creado en 1905 como "Campeonato de Australia". En la primera edición hubo solo 17 inscritos y comenzó como una excusa para darle rodaje al equipo de la Copa Davis de ese país. Ese sería el comienzo de lo que hoy es una empresa que convoca más de 500.000 personas durante dos semanas, factura millones de euros y ya es el certamen más importante de Oceanía y Asia. La primera final fue disputada en Warehousemen's Cricket Ground en Albert Park, una cancha de cricket, entre Rodney Heath, el campeón, y Arthur Curtis, y fue presenciada por 5.000 personas. Las sedes siempre rotaron, y así el torneo pasó por Sydney, Melbourne, Adelaida, Brisbane y Perth, y un par de veces (1906 y 1912) se mudó a Nueva Zelanda. Incluso, en 1909, la prueba se disputó en el zoológico de Perth. Después de la interrupción por la Primera Guerra Mundial, el torneo pasó a llamarse definitivamente Open de Australia. En 1927 se inició la competición femenina, justo un año antes de que se produjera la primera participación de un extranjero: el francés Jean Borotra. Hasta 1968, no se permitió la participación de jugadores profesionales. Los torneos se jugaban sobre hierba en Kooyong, en el sureste de Melbourne, pero en 1988, y ante la pérdida de notoriedad, se decidió trasladar la competición a su ubicación actual en Melbourne Park, un nuevo complejo con pistas de tenis de cemento. Mats Wilander ha sido el único jugador capaz de ganar el torneo sobre hierba y sobre cemento. Entre 1977 y 1985 se disputó en el mes de diciembre, volviendo a su ubicación original en enero de 1987. En 2008, y tras 20 años usando las pistas de Rebound Ace, se decidió cambiar el material del piso de juego por Plexicushion.

El año pasado Australia soportó temperaturas de hasta 50.7 grados. Y no se trató de un solo día. Aún así, disfrutamos de un Abierto sensacional coronado por la mágica final en donde Rafael Nadal ganó un partido digno de Hollywood tras perder los dos primeros sets ante Daniil Medvedev, diez años menor que él, consiguiendo su Grand Slam número 21. Entre las damas, Ashleigh Barty se convirtió en la primera local en ganar el título en 44 años, luego de vencer en la final a la estadounidense Danielle Collins en dos sets.

El trofeo individual femenino lleva el nombre "Daphne Akhurst Memorial Cup" en honor a la jugadora de Sidney que ganó cinco títulos. El masculino, "Norman Brookes Challenge Cup", por el primer jugador australiano que destacó fuera de Oceanía. El Grand Slam, organizado por la Federación Internacional de Tenis, se juega en veinticinco canchas, incluidas las tres principales: Rod Laver Arena, Hisense Arena y Margaret Court Arena. Estos estadios cuentan con techo retráctil empleado en casos de lluvia o calor extremo.

El armado del torneo tiene quince cuadros diferentes: individual masculino (128 jugadores), individual femenino (128), dobles masculino (64), dobles femenino (64), dobles mixto (64), junior individual masculino (64), junior individual femenino (64), junior dobles masculino (64), junior dobles femenino (64), leyendas masculinas (16), leyendas femeninas (16), silla de ruedas individual masculino (8), silla de ruedas individual femenino (8), silla de ruedas dobles masculino (8) y silla de ruedas dobles femenino (8).

La regla del calor extremo consiste en un conjunto de acciones para evitar que las elevadas temperaturas puedan causar cualquier tipo de daño físico a los tenistas. Se introdujo en el circuito en 1998 y es habitual en el Open de Australia. La aplicación de la misma depende del juez de silla que atiende a la temperatura, la radiación, el viento y la humedad para evaluar si debe o no continuar el juego. Esta regla supone que los partidos en juego se disputen hasta la finalización del set aún con descansos más largos y la suspensión momentánea en las pistas auxiliares.

Iga Swiatek parte como gran favorita al título femenino, pero tendrá un camino realmente complejo hasta la gloria, teniéndose que cruzar con tenistas de muchísimo nivel si se van cumpliendo los pronósticos. La bielorrusa Aryna Sabalenka, recientemente campeona del ATP 500 de Adelaida, Caroline García, Ons Jabeur, Jessica Pegula y Coco Gauff, serán quienes tratarán de arrebatarle la gloria. En cualquier caso, pronóstico incierto y espectáculo asegurado en un cuadro que merece la pena analizarse de forma exhaustiva atendiendo a los potenciales rivales de cada una de las principales cabezas de serie.

Entre los varones, Carlos Alcaraz, número uno del mundo, es el gran ausente, por la lesión que sufrió hace sólo unos días durante un entrenamiento. Su baja no implica necesariamente que pierda su posición de privilegio en el ranking, aunque hay tres jugadores que podrían destronarlo: Casper Ruud, tercero en la clasificación, Stefanos Tsitsipas, que es cuarto, y Novak Djokovic, que ocupa la quinta posición.

Antes del sorteo del cuadro de varones, todos esperábamos por ver a Nadal y Djokovic en llaves distintas. Y se dio. No se enfrentarían hasta una hipotética final, pero antes de reeditar el 60º capítulo del duelo más repetido de la historia del tenis, mucho antes, tendrán que resolver los interrogantes que envuelven a ambos. Rafa llega a Melbourne como cabeza de serie número uno y como vigente campeón. Las sensaciones no han sido buenas en lo poco que llevamos de año, ya que ha perdido seis de los últimos siete partidos jugados. Está claro que necesita reencontrarse. Pero es Rafa. Su primer rival será el peligroso, Jack Draper. Ese día sabremos si su leyenda tendrá continuidad.

El caso de Djokovic es muy diferente, porque el serbio sí viene de una inercia positiva, de su primer título del año en Adelaida 1 y de una racha de 22 victorias en sus últimos 23 encuentros. Su problema es el físico. La semana anterior debió retirarse de un entrenamiento con Daniil Medvedev por un dolor en la rodilla izquierda, que ha hecho saltar las alarmas a escasos días del arranque de Australia. El pasado sábado también tuvo que pedir los servicios médicos en plena semifinal del ATP 250, ante el mismo rival. Tiene margen de recuperación, pero las dudas son inevitables.

Es difícil presagiar quiénes pueden llegar a los días de definición. Las apuestas las encabeza Djokovic, seguido por Medvedev, Nadal, Nick Kyrgios, Jannik Sinner, Stefanos Tsitsipas, Félix Auger-Aliassime, Alexander Zverev, Holger Rune y Casper Ruud. Y, como se sabe, los que ponen en juego su dinero suelen estudiar todas las variantes. Pero aún en un Grand Slam sin la historia de Wimbledon, el encanto de Roland Garros y el glamour del U.S. Open, el calor de Australia suele verse potenciado por la magia de los jugadores distintos. Esos que rompen las reglas y tiran los pronósticos a la basura. Distintos como Nadal y Djokovic.

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