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Cien años antes, cuarenta después

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Por: Alcides Castagno. Hubo que celebrar el centenario, no había manera de soslayar tal acontecimiento. Corría el año 1981 y también corrían Antonio y Adelina Terragni, sumados a las huestes oficiales, instituciones comerciales, industriales, educativas, religiosas y todos los que, aún sentados en sus sillones en la vereda viendo pasar la vida, querían que nada sea desapercibido. Clases alusivas, prácticas de desfile y una porción de presupuesto para pinturas, banderas y maquillajes, necesarios para una ciudad ordenada y limpia pero que debía brillar.
Eran tiempos de gobierno militar y a la marina se le había adjudicado la provincia de Santa Fe, por lo que el gobernador de ese momento era el Contralmirante Rodolfo Luchetta, que había sucedido al Vicealmirante Jorge Desimoni. En el caso de Rafaela, producido el golpe de 1976, había asumido el Contador Juan Carlos Borio en reemplazo de Virgilio Cordero.

Fiesta

El primer acto de la celebración centenaria fue la inauguración de una muestra industrial y comercial. Presidió el gobernador Luchetta, acompañado por su ministro de Hacienda José Candiotti, el intendente Borio y algunos caracterizados dirigentes como Eros Faraudello, Leonildo Alemandi, Domingo Trossero, Edmundo Marzioni, Simón Chicco, Homero Defagot, entre otros, además de los que esperaban su turno para el discurso alusivo: José Gariotti por la Cámara de Industriales Metalúrgicos, Osvaldo Accastello, director del Banco Provincial, Juan Basso como presidente del Centro Comercial y el padre Normando Corti para la bendición previa al corte de cintas, firma del libro de visitas y recorrida por la muestra.

Hermanos alemanes

Un colectivo de la empresa ETAR, fletado especialmente, depositó al contingente alemán presidido por el Burgomaestre Alois Henne, su esposa, su hijo y un grupo de pobladores de Sigmaringendorf, quienes fueron llevados hasta el Centro Cultural Municipal para la recepción. En el trayecto, rafaelinos y alemanes intentaban sin éxito hacer que sus palabras no queden flotando en el aire como meros sonidos vacíos; para darles contenido y comprensión se desvivían Gothard Zügel y Elsa Dellasanta, intérpretes oficiales. Después de las primeras formalidades, un grupo de niños cantores dieron la nota (musical), con un cartel a sus espaldas que decía «Herzlich Willkommen», una bienvenida potenciada.
Ya descansados, los alemanes fueron guiados por Jorgelina de Borio hasta el Instituto Argentino-Germano, donde estaba dispuesta una muestra de homenaje a Alemania. El periplo continuó en la fábrica de lácteos Ilolay. De allí, al acto oficial, donde los esperaban dos palcos, uno para autoridades y personalidades de género masculino y a su lado otro para acompañantes de género femenino. Cuando asomaron por San Martín y Lavalle, Sebastián Rainone sacudió su batuta para que la banda ejecute sones de saludo. Después de ubicados, Himno Nacional Argentino por la banda rafaelina y a continuación Himno Alemán por la banda de Sigmaringendorf. Ambos alcaldes subieron por la rampa del monumento a Lehmann para descubrir placas que recuerden el acontecimiento y volvieron para depositar una ofrenda floral, cosa que imitaron representantes de colectividades. Los abanderados escolares, almidonados y compuestos, sostenían su apostura y su bandera en una larga fila frente al palco principal. Desde un sector lateral, descendientes de Guillermo Lehmann se acercaron con una larga antorcha; con ella encendieron lo que llamaron una llama votiva, ubicada frente a la figura del formador. El encendido se produjo con el aporte de una garrafa de gas, oculta, con lo que se logró margen de seguridad y eficiencia. Ese espacio se convirtió por poco tiempo en un espejo de agua, que no logró el resultado esperado y volvió a ser jardín, sin espejo de agua ni llama de garrafa.
Vueltos al palco, tomó la palabra el intendente Borio para referirse al hermanamiento que estaba a punto de concretarse. Sobre una mesa frente al palco, los funcionarios Giorgetti Paganini y Nicolini abrieron un enorme libro donde constaba el acta de Rafaela y Sigmaringendorf como ciudades hermanas; firmaron Borio, Henne y se sumó el gobernador Luchetta. Aplausos, apretones de manos, abrazos y fotos sonrientes coronaron el acto. De allí, Adelina y Antonio Terragni guiaron a los visitantes hasta el Museo Histórico, donde se había preparado una muestra alusiva.

Templete

Al llegar la medianoche del 23, una multitud se trasladó hasta ese lugar del bulevar Roca donde se había levantado un templete (Templete: Construcción aislada o armazón pequeña constituida por columnas y un techo, similar a un templo, destinada a albergar algún objeto). La idea era ubicar allí una campana cuyos 100 tañidos dieran inicio al centenario de la ciudad. Recolección de bronce, adhesión de la ENET para la fundición y modelado, cuatro columnas elevándose hacia el centro, monolito central con placa «Rafaela – Nosotros el pueblo – 1881-1981», campana pendiente desde unos tres metros y cavidad en el piso con cierre hermético y una placa que anuncia el contenido: «Testimonio del Centenario de Rafaela-G.A.M.- Grupo de Apoyo Museológico». Allí se guardan objetos, publicaciones y testimonios de la ciudad de 1981, que serán extraídos en el 2031.
En el acto, el intendente Borio y el burgomaestre Henne quitaron la tela y la cinta que cubrían la campana, bendijo el obispo Cassaretto y luego en ese mismo orden accionaron el badajo que emitió un sonido opaco, pero igual continuaron Zügel por los alemanes, Cornaglia por los piamonteses, Vara por los españoles, De Micheli por los italianos y así tantos se fueron sumando, hasta que el intendente pronunció palabras alusivas lo mismo que Antonio Terragni por el Círculo de la Prensa y el acto cerró con un grupo de bailarinas en una danza circular que hizo asociar el movimiento con el vuelo de aves y sonidos.
Hoy, en bulevar Roca al 1000 poco queda del templete: la campana y las columnas desaparecieron, la base con el monolito resisten sin relevancia y el conjunto es un mensaje de abandono. Cien años fueron recordados, cuarenta después olvidados.

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Objetivo: la clase media

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13.31 Por Rogelio Alaniz. La prohibición de financiar en cuotas los viajes al exterior responde a varias causas pero a un exclusivo objetivo: agraviar, sancionar y humillar a las clases medias. Los señores del gobiernos se dan sus gustos. Los chetos no podrán viajar; los gorilas deberán quedarse en casa. Así lo piensan, así lo sienten, así lo disfrutan. Reitero en lo del ataque a la clase media. Porque a decir verdad, la disposición es a los únicos que afecta. Los pobres, esa sórdida y lastimosa fábrica de pobres en la que se ha transformado la Argentina peronista, no se les ocurre viajar ni al extranjero ni a la ciudad del lado. Por su parte, a los millonarios esta disposición por razones obvias no los afecta, y muy en particular a los millonarios K, que sino viajan recurriendo a sus rentas, viajan financiados por el estado nacional como pudimos verificarlo en la reciente gira presidencial a Europa, una verdadera invasión de vividores K paseando por el mundo con plata de los contribuyentes. A no llamarse a engaño: los disparos son contra la clase a media, la maldita clase media. El paisaje idílico de una Argentina transformada en un gigantesco y lastimosos Conurbano continua siendo la acuarela preferida del populismo.

Volvamos a los viajes al extranjero. A la prohibición de financiar viajes. El descalabro económico y financiero y la crisis del Banco Central explican estas disposiciones. Pero no solo ello. Hay que pagar los desbordes del “Plan Platita”. Los miles de millones despilfarrados para comprar votos. Pero insisto una vez más en la obsesión “cultural” del populismo contra las clases medias. Obsesión alentada por ese nacionalismo ramplón, reaccionario y resentido. La Argentina encerrada en si misma. El populismo de chiripá y mate cosido. El mundo es peligroso, el mundo corrompe las esencias nacionales, el mundo contamina. Alguna vez un pensador dijo que viajar por el mundo era el mejor aprendizaje nacional. Viajar nos permite comparar, evaluar, observar otros modos de vida, conocer la condición humana. Belgrano, Sarmiento y Alberdi reconocen que su decisiva escuela política fueron los viajes. Si algo distingue a las dictaduras y los regímenes totalitarios que han infectado el mundo es su decisión de encerrar a sus habitantes. El gobierno argentino no ha llegado a tanto, aunque habría que preguntarse si lo hicieron por convicción o simplemente porque la opinión pública no se lo permite. Mientras tanto, a joderse.

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Clase media empobrecida

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En Argentina la pobreza se calcula utilizando el método del ingreso. La metodología busca establecer si los hogares cuentan con dinero suficiente para cubrir una canasta de alimentos capaz de satisfacer un umbral mínimo de necesidades energéticas y proteicas. Los hogares que no superan esa línea son considerados indigentes. Asimismo, la línea de pobreza extiende el umbral para incluir no sólo los consumos alimenticios mínimos sino también otros consumos básicos. La suma de ambos conforma la línea de pobreza.
La valorización de esta canasta depende de los integrantes del hogar, pero también de sus características etarias y de su composición de género. Un hombre adulto necesita consumir más calorías que una mujer y ésta más que un niño. Cada hogar necesita cubrir una canasta distinta y por lo tanto, enfrenta una línea de pobreza propia. Para calcular el porcentaje de personas pobres el Indec contrasta la línea de cada hogar con su respectivo nivel de ingresos y, si estos superan el referido umbral, el hogar no se considera pobre. Si, por el contrario, los ingresos son inferiores a la línea de pobreza de ese hogar, todos sus integrantes sí lo serán.
Sabemos que durante el primer semestre del año el 41% de las personas eran pobres, pero en términos de su capacidad de consumo es relevante saber si su ingreso está cerca de la línea de pobreza o lejos. Para analizar cuál es la distancia entre ambas variables calculamos la distribución de personas de acuerdo al diferencial entre ingresos y línea de pobreza del hogar en el que habitan. De esta manera, sabemos que el 2.4% de las personas viven en hogares que apenas tienen un ingreso 5% superior a su línea de pobreza.
Observamos que un aumento de los precios de 10% aumentaría la pobreza en 6%. Por el contrario, un incremento de los ingresos 10 puntos superior al de los precios reduciría la pobreza en 6%. Los riesgos no son simétricos y, dada la cantidad de precios que mantienen hoy un valor artificial producto de imposiciones del Gobierno (productos de consumo masivo, bienes transables que siguen la evolución de un tipo de cambio apreciado, servicios privados cuyo precio está controlado por el gobierno, servicios públicos congelados, etc.), es probable que el diferencial entre ingresos y precios sea negativo una vez que estos controles se levanten.
Entender la situación de los hogares argentinos respecto a su cercanía con la línea de pobreza es importante porque habla de su capacidad de consumo, pero nada dice respecto a sus pautas y deseos. Un hogar puede no ser pobre y tener ingresos para consumir bienes no esenciales, pero en qué los gastará depende de su nivel socioeconómico (NSE).
La mirada que hace foco sobre la línea de pobreza y la que se concentra en los niveles socioeconómicos son complementarias. La primera habla de las capacidades materiales de un hogar, la otra de sus pautas de consumo y su capital humano. En el uso de ambos enfoques al mismo tiempo es que encontramos análisis que nos pueden ayudar en el proceso de toma de decisiones.
El NSE es un proxy del tipo de consumidor y una variable a seguir por parte de las empresas. Un hogar ABC1 es típicamente un hogar con un alto nivel educativo, cuyo principal sostén es un empleado en relación de dependencia en un puesto jerárquico que vive solo o en un hogar en el que hay un segundo individuo con ingresos y, en algunos casos, un menor. En el otro extremo del espectro aparecen los hogares D2E, cuyas características son diametralmente opuestas. Hogares con un solo aportante de ingresos, cuyo principal sostén tiene un bajo nivel educativo y su fuente de ingresos es informal e intermitente. Típicamente los hogares C2, C3 y D1 son considerados clase media alta, típica e inferior respectivamente.
Lo normal es que un hogar D2E sea pobre y uno ABC1 no lo sea, pero en la clase media es donde encontramos un mix interesante. Durante el cuarto trimestre de 2017, previo a la crisis del gobierno anterior, solo el 14% de los hogares de clase media era pobre. Ese número más que se duplicó con las crisis de 2018, la de 2019 y la cuarentena de 2020 y, para el primer trimestre, de 2021 (últimos datos disponibles), el 33% de hogares de clase media fueron pobres.

Conclusión

Hay una nueva tensión entre lo que una buena parte de la clase media quiere y está acostumbrada (enfoque NSE) y lo que puede (enfoque línea de pobreza). Los cambios en precios relativos (ingresos versus línea de pobreza) determinarán la dirección que tome la pobreza de las distintas clases sociales, pero el riesgo de que el 40% de pobreza de la población general, y el 33% de clase media, no sea el techo es alto. Una situación delicada como la expuesta sólo es reversible en la medida que se adopten las políticas económicas, sociales, demográficas y sanitarias de largo plazo necesarias para una reducción sostenida – y sostenible – de la pobreza. Ecolatina.

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Dorita y Elda

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Dorita

Por el extremo sur de la ciudad hay una avenida, como disimulando su importancia; mide sólo 155 metros de largo y su nombre evoca a una mujer que en su sencilla humildad fue luminosa: avenida Dorita Villarreal. Dora Araceli Pía Bautista, esposa del Dr. Villarreal, nació en 1917 en Rosario, obtuvo el título de maestra en 1935 y el de profesora de letras en 1943. Allí ejerció la docencia y tuvo una renovadora experiencia junto a Olga y Leticia Cossettini en la escuela Dr. Gabriel Carrasco. Llegó a Rafaela en 1947, donde ejerció su docencia hasta la jubilación en 1968. Elaboró una vida que superó al anonimato sin siquiera proponérselo, hasta una mañana de 1998 en que dejó que sus cuentos hablen por ella.
Los hijos de Dorita fueron todos los niños de la escuela; su voz algo cascada pero con un dejo de autoridad que fluía de sus convicciones, era la herramienta que la distinguió como contadora de cuentos en las escuelas de la ciudad y poblaciones vecinas. Un día se puso a escribir cuentos, relatos, poesía y canciones para que los grandes amen a los chicos como ella. Publicó trabajos en los diarios locales y tuvo su propio programa radial. Recuerdo la vez que conversamos en su casa sobre los juegos infantiles. Decía: «Me quedaba contemplando en el patio de la escuela para ver a qué jugaban los chicos; las nenas venían desde sus casas con muñecas y algunos otros juegos, como el dominó, en algunos casos armaban rondas con prendas para las que iban perdiendo; los varones -continuaba revisando apuntes- fabricaban pelotitas de papel u otros juegos que iban entrando y saliendo de su imaginación. Para mí era fascinante verlos inventar objetos y situaciones con el solo hecho de estar allí en grupo, en libertad».
Dorita escribió mucho más que lo publicado; aún así, su obra es recordada con respeto y admiración. En el 2015 la Municipalidad local publicó una selección de sus cuentos realizada por la profesora Claudia Manera en base a las obras «Dorita Cuenta Cuentos» (1981) y «Andando Andando Yo Te Voy Contando» (1983).

Elda

Cuando la encontraba frente a su máquina de escribir, el cabello largo fuertemente recogido hacia los costados, invariablemente levantaba la vista con una sonrisa, como si fuera un solo gesto. Nunca escuché de Elda Massoni una frase altisonante ni una palabra que sonara a agravio; el concepto vigoroso, favorable o adverso, surgía en el estilo sensible y elíptico de su poesía.
Elda nació en Ataliva en agosto de 1938; fue maestra egresada del Instituto Ntra. Sra. De la Misericordia en 1956 y profesora de piano en el Liceo de Bellas Artes de Rosario en 1957. Nunca la vi como maestra ni escuché interpretación alguna en el piano; acaso reservaba esas virtudes para sus amores cercanos: Higinio Beccaría, su esposo con quien tuvieron tres hijos: Alejandro, Renato y Sebastián. Más tarde supe que, antes de conocer a Higinio («mi amigo el gordo», como le decía en los entretenidos ensayos y funciones de teatro, porque llamándose Higinio no pudimos menos que llamarlo «el gordo»), había dado clases en Yorquincó, Río Negro. Compartí con ella, sí, actos culturales y educativos por la función periodística que abrazó con gusto y perseverancia durante dos décadas. Aunque hablaba muy bajo, su voz era escuchada; aunque no vestía con colores altisonantes, su presencia se notaba.
Cuando decidió que la literatura y la poesía eran algo más que una inclinación por gusto personal, empezó a producir. Así nació la delicada armonía de «La Piel del Siglo» en 1973, «Los Límites de la Memoria» 1981, «La Llanura tiene Dioses» 1987, «Señorita Magdalena» 1988, «Leyendas de la Llanura» 1992, «Frutita Verde» 1993, «Huellas en el Llano» 1995, «Susurros» 1997, «Señales… en la Tierra y en el Cielo» 2002.
Habiendo cultivado géneros como la poesía, el ensayo y la narración, Elda puso su nombre en el palmarés personal de la literatura regional y en algunos casos con alcance nacional. Tuvo su propio taller literario para compartir inquietudes y conocimientos; amó la naturaleza y prefirió la profundidad antes que la superficie, por eso planea en sus contenidos un aire bucólico que ella trasforma en palabras.
La vecinal de su barrio San Martín tiene una biblioteca con su nombre, que perdura entre páginas. Hacia el Oeste de la ciudad, en la Villa Los Álamos, una plaza redonda, sin aristas ni caras enfrentadas, con espacio abierto para la libertad de tiempos, lleva el nombre de Elda Massoni.
En mis manos, dedicado, «Los Límites de la Memoria» y en una de sus páginas dice: «Ah, la pulpa madura /de los duraznos de enero /revive un latido adormecido, /inunda los ojos un espejismo/ de cotorras abatiéndose sobre los sembrados. /La memoria dilata la llanura / y atraviesa el tiempo, estremecida /en su reinado perdurable. /Hay una caricia sutil /que anida entre el romerillo,/ para aguardar el alba que asoma /una y otra vez sobre el horizonte /uniforme de paraísos (…)».

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