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Culto Católico

Cambiemos al mundo

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La venida inminente del Señor, precedida de momentos duros y difíciles puesto que dice: Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes, decir a los inquietos «sed fuertes, no temais».
En definitiva este pedido es para los pastores que deben preparar a los suyos porque Dios viene y viene en persona para salvarlos, está llegando pero mientras tanto muchos desesperan.
No ven la luz que pueda vencer tanta tiniebla, pareciera que el mal es interminable e invencible, y como todos estamos en esa espera, y que por todos lados nos aprieta el mal, se aplica esta profecía .
El mal va apretando cerrando el círculo hasta ahogar , ese mal que se suponía que no debería estar, pero está, y hasta los que habían recibido esa luz, están vacilando porque se sienten presionados por los suyos o los que tienen alguna autoridad, se sienten amenazados porque les dicen cosas como que: quien no hace lo que se les obliga abusivamente, ilegítimamente a hacer, porque nadie le puede invadir la conciencia de nadie para invadirle el cuerpo, que son un peligro para los demás, eso no sé en qué aciertos científicos cuando las opiniones son tan contrarias en la ciencia y hay profesionales serios y premios noveles que alertan sobre diversas peligrosidades.
El aspecto moral y el origen remoto de la experimentación y luego del inmediato.
El aspecto inmediato, moralmente inaceptable, obliga a alguien a prestarse a ensayos experimentales y son inciertos los efectos, además la experimentación atañe a la seguridad de lo que se está suministrando, por lo tanto no se debe obligar a nadie a someterse a algo que no se sabe si tendrá los efectos deseados u otros y si no será perjudicial para su salud y cuán perjudicial será.
Y ahora en el camino se está viendo que esos ensayos tienen como resultado muy graves efectos adversos, en tanto su eficacia es mínima o nula, entonces como es posible moralmente obligar a alguien a ir en contra de sí mismo, cuando nadie se hace responsable de la seguridad que ofrece el experimento, y quien ejerce poder por supuesto no se hace responsable de algo que no es que afecte temporalmente la físico-química del individuo, lo cual es muy serio, sino algo mucho peor, su misma genética, lo complejos mecanismos de la vida y los efectos sobre su reproducción, tampoco hay garantías sobre la eficacia sino no habría una serie de inoculaciones, como entonces, si algo como usar tu cuerpo como campo experimental, sabiendo que la sustancia no es segura y eficaz, te pueden obligar a inocularte, es el pretexto para conculcarte la libertad, ésto es lo más lamentable.
Presiones morales, porque nunca puede ser un bien aprovecharse de un cargo de una situación para obligar a alguien a hacer algo que va contra sus convicciones y contra su integridad no solo corporal sino como persona, a nadie les digo que no lo haga, no, sólo les advierto del peligro, pero los que han recibido luz y lo hacen vacilar, a esos les digo que resistan, no acepten lo que viene marcado con la muerte, lo que viene cargado de inmoralidad, de un fin que justifica los medios más atroces que torturan a los más inocentes de todos.
Es necesario que se oigan voces para poner las cosas en su lugar, en su justa perspectiva, a nadie se le debe obligar uno u otro camino, al que tomó el camino que juzgamos que es objetivamente incorrecto, podemos alertarlo, aconsejarlo, pero no obligarlo.
Pero por lo mismo a quien juzga que debe abstenerse debe ser respetado y no presionarlo moralmente porque eso va contra la moral.
Ya es grande la confusión para que se sigan turbando los ánimos, las personas que fueron iluminadas desde un comienzo para decir no, no pueden ahora ser arrastradas al abatimiento, porque eso es lo que provoca que una persona respetada le diga no, solo que está bien lo que ellos saben que no lo está, sino que además le digan que su decisión es egoísta .
A los inquietos os digo, ser fuertes, no temáis, no dejéis intimidar, confundir, todo esta mal, esta mal el origen y lo que quieren hacer de ti, y si no lo haces, enjaularte, nada de eso viene de Dios, resiste que Dios esta contigo.
Hoy ya no pueden darle muerte al mesías, pero sí a sus seguidores, a los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús, no saben que persiguiéndonos y hasta matándonos nos dan vida, el odio enceguece, ese dios nos anunció grandes calamidades antes de su retorno en gloria.
Pero también nos dijo que cuando viéramos lo que hoy ya estamos empezando a ver, no temiéramos, que nos alegráramos y alcemos las cabezas porque cerca estará nuestra liberación.
Pero los pequeños se dan cuenta, la gente sencilla sabe indagar, sabe donde está la mentira por más que no tenga grandes estudios. Jesús espera la respuesta de nuestra fe para poder obrar.
Queridos amigos que hoy nos queden dos grandes enseñanzas, no dejarse abatir, y no menospreciar, no dejar que se apague la luz sobre lo que DIOS nos da y lo que hoy estamos viviendo y lo que quieren hacer de nosotros, pero si estamos con la confianza de que DIOS está con nosotros, cultivemos la fe de los sencillos, que por esa fe DIOS obra milagros y salva como salvó al paralítico y le dijo tus pecados están perdonados.
Jesús es la sustancia del padre, luz de luz,
Dios verdadero. Alabado sea Jesucristo.

Culto Católico

«Que los padres imiten a San José: rezar, trabajar y amar»

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Durante la audiencia general de este miércoles 26 de enero, el Papa puso como ejemplo a San José para todos los padres y madres que enfrentan situaciones difíciles con sus hijos.

«Pienso en este momento en muchas personas que están aplastadas por el peso de la vida y ya no logran ni esperar ni rezar», dijo el Papa Francisco este miércoles 26 de enero de 2021 durante la tradicional audiencia general en el aula Pablo VI del Vaticano, continuando con su ciclo de catequesis sobre San José. En esta ocasión reflexionó sobre la figura de San José como hombre que sueña.
«Que San José pueda ayudarlos a abrirse al diálogo con Dios, para reencontrar luz, fuerza y ayuda», expresó el pontífice.
«En la vida todos nosotros experimentamos peligros que amenazan nuestra existencia o la de los que amamos. En estas situaciones, rezar quiere decir escuchar la voz que puede hacer nacer en nosotros la misma valentía de José, para afrontar las dificultades sin sucumbir», indicó el Santo Padre.
En esta línea, el Papa reconoció que «también el miedo forma parte de la vida y también este necesita de nuestra oración» y añadió que «Dios no nos promete que nunca tendremos miedo, sino que, con su ayuda, este no será el criterio de nuestras decisiones».
«José siente el miedo, pero Dios lo guía también a través de él. El poder de la oración hace entrar la luz en las situaciones de oscuridad», señaló.
Al dedicar su catequesis a la «figura del San José como hombre que sueña», Francisco recordó que «en la Biblia, como en las culturas de los pueblos antiguos, los sueños eran considerados un medio a través del cual Dios se revelaba». «El sueño simboliza la vida espiritual de cada uno de nosotros, ese espacio interior, que cada uno está llamado a cultivar y custodiar, donde Dios se manifiesta y a menudo nos habla».
Sin embargo, el Santo Padre advirtió que «dentro de cada uno de nosotros no está solo la voz de Dios», sino que hay muchas otras voces, como por ejemplo, «las voces de nuestros miedos, de las experiencias pasadas, las voces de las esperanzas; y está también la voz del maligno que quiere engañarnos y confundirnos».
Por ello, el Papa destacó la importancia de «lograr reconocer la voz de Dios en medio de las otras voces» y subrayó el testimonio de San José que «demuestra que sabe cultivar el silencio necesario y, sobre todo, tomar las decisiones justas delante de la Palabra que el Señor le dirige interiormente».
En este sentido, el Santo Padre reflexionó sobre los cuatro sueños de San José narrados en el Evangelio que ayudan a «entender cómo situarnos ante la revelación de Dios».
«Muchas veces la vida nos pone delante de situaciones que no comprendemos y parece que no tienen solución. Rezar, en esos momentos, significa dejar que el Señor nos indique cuál es la cosa justa para hacer. De hecho, muy a menudo es la oración la que hace nacer en nosotros la intuición de la salida, cómo resolver esa situación», afirmó.
Luego, el Papa explicó que «el Señor nunca permite un problema sin darnos también la ayuda necesaria para afrontarlo» y agregó improvisando que Dios «no nos arroja allí en el horno solos, no nos arroja entre las bestias. No. Cuando el Señor nos deja ver un problema nos da siempre la intuición, la ayuda, su presencia para salir, para resolverlo».
«Pienso en este momento en muchas personas que están aplastadas por el peso de la vida y ya no logran ni esperar ni rezar. Que San José pueda ayudarles a abrirse al diálogo con Dios, para reencontrar luz, fuerza y paz», y recordó también a los padres que padecen por los sufrimientos de los hijos.
El Papa también improvisó algunas palabras dirigidas a los padres con hijos enfermos, incluso que padecen daños permanentes. «¡Cuánto dolor ahí!», expresó.
Sucesivamente, reflexionó sobre diversas situaciones: «Padres que ven en los hijos orientaciones sexuales diversas. ¿Cómo enfrentar esto? Acompañar a los hijos y no esconderse en una actitud condenatoria», expresó mirando a los fieles y peregrinos presentes.
«Padres que ven partir a sus hijos debido a una enfermedad. Es más triste, lo vemos todos los días en el periódico, jóvenes que hacen locuras, y terminan en un accidente en auto. Los padres que ven a los hijos que no estudian».
«Pensemos a los tantos problemas de los padres, pensemos en cómo ayudarles. A estos padres, les digo no se asusten. Piensen en cómo San José ha solucionado los problemas». En definitiva, el Papa insistió a «jamás condenar a un hijo».
Antes de concluir su catequesis en italiano, el Santo Padre subrayó que San José «rezaba, trabajaba y amaba» y, para esto, «recibió siempre lo necesario para afrontar las pruebas de la vida» por lo que alentó a encomendarnos a él y su intercesión con esta oración: «San José, tú eres el hombre que sueña, enséñanos a recuperar la vida espiritual como el lugar interior en el que Dios se manifiesta y nos salva. Quita de nosotros el pensamiento de que rezar es inútil; ayuda a cada uno de nosotros a corresponder a lo que el Señor nos indica. Que nuestros razonamientos estén irradiados por la luz del Espíritu, nuestro corazón alentado por Su fuerza y nuestros miedos salvados por Su misericordia. Amén».

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Culto Católico

Clausuran la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

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«La unidad plena también para nosotros, en la misma casa, sólo puede venir a través de la adoración del Señor», aseveró el Papa Francisco en la tarde de este martes 25 de enero, solemnidad de la conversión de san Pablo, al presidir la clausura de la 55ª Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, en la basílica romana de San Pablo Extramuros.
«La etapa decisiva del camino hacia la plena comunión requiere una oración más intensa, la adoración de Dios».
En su homilía, Francisco comparó el camino de los Reyes Magos con el del diálogo ecuménico. Y exhortó a seguir la luz del Evangelio para acoger «el deseo vivo de Jesús, que sólo requiere una cosa».
El Papa explicó que la peregrinación de los Reyes Magos y el camino del ecumenismo son caminos separados por más de dos milenios de historia, pero están orientados por la misma estrella: la luz de Jesús.
Ante la presencia del metropolita Polykarpos, representante del Patriarcado Ecuménico, Ian Ernest, representante personal del arzobispo de Canterbury en Roma y representantes de las demás comunidades cristianas el Santo Padre recordó que el viaje de los Reyes Magos comienza en Oriente porque «desde allí ven aparecer la estrella». Luego pasa por Jerusalén, donde experimentan «la resistencia de las fuerzas oscuras del mundo», y termina en Belén: «Allí se postran y adoran al Niño».

Nosotros también seguimos la estrella de Jesús

Queridos hermanos y hermanas, ¡sigamos también nosotros la estrella de Jesús! No nos dejemos distraer por el resplandor del mundo, estrellas brillantes, pero estrellas fugaces. No seguimos las modas del momento, meteoros que se van; no persigamos la tentación de brillar con luz propia, es decir, de cerrarnos en nuestro grupo y preservarnos. Que nuestra mirada esté fija en Cristo, en el Cielo, en la estrella de Jesús, sigámoslo a él, a su Evangelio, a su invitación a la unidad, sin preocuparnos de lo largo y fatigoso que será el camino para llegar a ella plenamente. No olvidemos que, mirando a la luz, la Iglesia, nuestra Iglesia, en el camino de la unidad, sigue siendo el «mysterium lunae». Deseamos y caminamos juntos, apoyándonos unos a otros, como lo hicieron los Reyes Magos.
El pontífice destacó que «la tradición representa a los Reyes Magos a menudo con ropas abigarradas, para representar diferentes poblaciones».
En ellos podemos ver reflejada nuestra diversidad, las diversas tradiciones y experiencias cristianas, pero también nuestra unidad, que surge del mismo deseo: mirar al Cielo y caminar juntos por la tierra. Andar. Oriente también nos hace pensar en los cristianos que viven en diversas regiones asoladas por la guerra y la violencia. 
Esos hermanos y hermanas nuestros tienen muchos desafíos difíciles que afrontar, pero con su testimonio nos dan esperanza: nos recuerdan que la estrella de Cristo brilla en las tinieblas y no se pone; que el Señor desde lo alto acompañe y aliente nuestros pasos. A su alrededor, en el Cielo, resplandecen juntos muchos mártires, sin distinción de confesión: ¡nos muestran en la tierra un camino preciso, el de la unidad!

El disturbio de Jerusalén

Después de dejar Oriente, los Magos llevan en el corazón «el deseo de Dios» y llegan a Jerusalén diciendo: «Vimos salir su estrella y vinimos a adorarlo». «Al oír esto –dice el Evangelio– se turbó el rey Herodes y con él toda Jerusalén». 
«En la ciudad santa – explicó- los Reyes Magos experimentan la resistencia de las fuerzas oscuras del mundo». «No sólo está Herodes que se siente amenazado por la novedad de una realeza distinta a la corrompida por el poder mundano, está toda Jerusalén que está turbada por el anuncio de los Reyes Magos».
Incluso en nuestro camino hacia la unidad, puede suceder que nos detengamos por la misma razón que paralizó a aquellas personas: perturbación, miedo. Es el miedo a la novedad lo que hace temblar los hábitos y las certezas adquiridas; es el miedo a que el otro desestabilice mis tradiciones y mis esquemas consolidados. Pero, en su raíz, es el miedo que habita en el corazón del hombre, del que el Señor Resucitado quiere librarnos. 
Dejemos resonar en nuestro camino de comunión su exhortación pascual: «No tengan miedo». El Señor quiere que confiemos unos en otros y caminemos juntos, a pesar de nuestras debilidades y pecados, a pesar de los errores del pasado y las heridas mutuas.
«Hermanos y hermanas, exhortó el Papa, la unidad plena también para nosotros, en la misma casa, sólo puede venir a través de la adoración al Señor. Queridas hermanas y queridos hermanos, la etapa decisiva del camino hacia la plena comunión requiere una oración más intensa, requiere adoración, requiere adoración a Dios».

En el centro sólo el Señor

Los Reyes Magos nos recuerdan que para adorar «primero hay que postrarse». «Este es el camino», afirmó el Santo Padre, subrayando que hay que «dejar de lado las propias exigencias para dejar sólo al Señor en el centro».
¡Cuántas veces el orgullo ha sido el verdadero obstáculo para la comunión! Los Magos tuvieron el valor de dejar en casa el prestigio y la reputación, para rebajarse a la pobre casita de Belén; así descubrieron «una alegría muy grande». «Esta noche pidamos a Dios este coraje, el coraje de la humildad, el único camino para llegar a adorar a Dios en la misma casa, alrededor del mismo altar».

Regalos para compartir

En Belén, después de postrarse en adoración, los Reyes Magos abren sus cofres con oro, incienso y mirra en su interior. «Esto nos recuerda que, sólo después de haber rezado juntos, sólo ante Dios, en su luz -afirma finalmente el Papa- nos damos cuenta realmente de los tesoros que cada uno posee». «Pero son tesoros que son de todos, que hay que ofrecer y compartir. Son en realidad dones que el Espíritu destina al bien común».
Los regalos de los Reyes Magos simbolizan lo que el Señor desea recibir de nosotros. El oro, el elemento más preciado, hay que darle a Dios, porque Dios está en primer lugar. Es a él a quien debemos mirar, no a nosotros; a su voluntad, no a la nuestra; a sus caminos, no a los nuestros. 
Y luego está el incienso, para recordar la importancia de la oración, que se eleva a Dios como perfume aceptable. No nos cansemos de orar unos por otros y unos por otros. 
Finalmente, la mirra, que será utilizada para honrar el cuerpo de Jesús bajado de la cruz, nos remite al cuidado de la carne sufriente del Señor, desgarrada en los miembros de los pobres. ¡Sirvamos a los necesitados, sirvamos a Jesús que sufre junto a ellos!
El camino hacia la unidad plena, como el de los Reyes Magos, debe seguir la estrella de Jesús y pasar por los caminos «de la humildad, de la fraternidad, de la adoración».
«Danos, Señor – concluyó el Papa – la valentía de cambiar de rumbo, de convertirnos, de seguir tu voluntad y no nuestras oportunidades; para ir juntos hacia adelante, hacia Ti, que con tu Espíritu nos quieres hacer uno».

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Culto Católico

«Estamos perdiendo la capacidad de escuchar a los que tenemos delante»

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Mensaje del Papa Francisco para la 56ª Jornada Mundial de las Comunicaciones, publicado ayer, fiesta de San Francisco de Sales, con el tema: «Escuchar con el oído del corazón».

«No se puede comunicar si no se escuchó primero y no se hace buen periodismo sin saber escuchar», advirtió el Papa en su mensaje con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebrará el 29 de mayo con el tema: «Escuchar con el oído del corazón» y publicado ayer con motivo de la fiesta de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas. 
Francisco señala en su mensaje que «la escucha está experimentando un nuevo desarrollo importante en el campo de la comunicación y la información, a través de las diversas ofertas de podcasts y chats de audio, lo que confirma que la escucha sigue siendo esencial para la comunicación humana». 
A un ilustre médico, acostumbrado a curar las heridas del alma -escribe el Papa- le preguntaron cuál es la mayor necesidad del ser humano. Él respondió: «El deseo ilimitado de ser escuchado».
El pontífice inicia su mensaje recordando que el año pasado reflexionamos sobre la necesidad de «ir y ver» para descubrir la realidad y poder contarla a partir de la experiencia de los acontecimientos y del encuentro con las personas. Siguiendo en esta línea, deseo ahora centrar la atención sobre otro verbo, «escuchar», decisivo en la gramática de la comunicación y condición para un diálogo auténtico.
La mirada de Francisco en su Mensaje para la 56ª Jornada de las Comunicaciones Sociales es a las nuevas formas de la información actual, pero la invitación a los periodistas y comunicadores es a profundizar y captar la esencia de lo que se cuenta, se publica, o se graba.
La acción sólo es posible a través de la «escucha», que no significa «espiar» y mucho menos «hablar entre ellos» como suele ocurrir en el debate público, sino «escucharse a sí mismo, a las necesidades más verdaderas, las inscritas en cada persona». Una forma también de superar obstáculos y prejuicios, como los de los migrantes que no son «números» o «peligrosos invasores», o de interceptar el «malestar social» alimentado por la pandemia.

Cerrar el oído conduce a la agresión hacia el otro

Unas treinta veces en el documento Francisco repite el verbo «escuchar» que idealmente sigue al «ir y ver» y «ensucia las suelas de tus zapatos» del Mensaje del año pasado. La escucha, escribe el Papa, «interpela a todo aquel llamado a ser educador o formador, o en todo caso desempeña el papel de comunicador»: de padre a maestro, de comunicador a agente de pastoral o político.
Escuchar «sigue siendo esencial para la comunicación humana», sin embargo, la tendencia es a «dar la espalda y cerrar los oídos». «La negativa a escuchar a menudo termina convirtiéndose en agresión hacia los demás», enfatiza el Papa. El riesgo es grave: «Sólo prestando atención a quién escuchamos, qué escuchamos, cómo escuchamos, podemos crecer en el arte de comunicar, cuyo centro no es una teoría o una técnica, sino la capacidad del corazón que hace posible la proximidad».

Mirar a los ojos de «los descartados»

«Todos tenemos oídos, pero muchas veces incluso aquellos con un oído perfecto no pueden escucharse unos a otros. De hecho, hay una sordera interior, peor que la física», observó el pontífice. Con esto en mente, traslada la atención a la realidad de la migración forzada, un problema complejo «para el que nadie tiene una receta lista para resolverlo».
Para superar los prejuicios sobre los migrantes y derretir la dureza de nuestros corazones, debemos tratar de escuchar sus historias. Dale a cada uno de ellos un nombre y una historia. Muchos buenos periodistas ya lo hacen. Y a muchos otros les gustaría, si tan solo pudieran. ¡Alentémoslos! ¡Escuchemos estas historias! Todos serán entonces libres de apoyar las políticas migratorias que consideren más apropiadas para su país. Pero tendremos ante nuestros ojos, en todo caso, no números, no peligrosos invasores, sino rostros e historias de personas concretas, miradas, expectativas, sufrimientos de hombres y mujeres a los que escuchar.

La «infodemia» generada por la desconfianza

Con la misma aprensión, el Papa nos anima a derribar ese muro de desilusión y cinismo que se ha levantado entre la gente común, seguramente alimentado por la pandemia.
Tanta desconfianza acumulada anteriormente hacia la «información oficial» provocó también una «infodemia», dentro de la cual cada vez es más difícil hacer creíble y transparente el mundo de la información.

Hablar entre sí

Otra deriva de la escucha es la que «desgraciadamente aparece también en la vida pública, donde, en lugar de escucharnos, a menudo nos hablamos», añade el Papa. Es «un síntoma de que, más que verdad y bien, se busca el consentimiento; más que en escuchado, prestamos atención a la audiencia».
La buena comunicación, en cambio, «no trata de impresionar al público con el chiste, con el objetivo de ridiculizar al interlocutor, sino que presta atención a las razones del otro y trata de captar la complejidad de la realidad», subrayó el Papa. Y esto también se aplica a los debates en la Iglesia.

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