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Argentina quedó al margen del mundo y sus políticos, al margen del pueblo

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17.56 La nueva solución aportada por Cristina Fernández busca un golpe de efecto electoral pero nos deja sin perspectiva de futuro y hundidos en la incertidumbre.

Por Eduardo Reina. Existe un dicho muy conocido en el poker del afamado jugador texano “Amarillo” Slim que al sentarse a jugar en una mesa dice: “mirá alrededor tuyo, si no detectás al novato, levántate porque el novato  sos vos”. Igual pasa en política, si no podés identificar a los que están sentados alrededor tuyo y ver claramente  a los que podés vencer, es mejor no sentarse a esa mesa y poner a prueba tu inteligencia, porque vas a salir perdiendo. 

En este caso quien no pudo identificar al novato fue Alberto Fernández, pero cuando logró darse cuenta de esto ya había perdido en pocas manos su gabinete y lo que restaba de su imagen presidencial.  Las fichas de Cristina crecieron estrepitosamente y mientras tanto, Sergio Massa, sobrevolando sin compromiso, a la sombra de la embestida kirchnerista, acumuló disimuladamente algunas pocas fichas que lo acercan en su paciente construcción egoísta  hacia la acumulación de poder

Pese a la cuota de humor con la que intentamos afrontar las sorpresas que nos da la vida en este país, lo sucedido esta semana no es algo menor ni una simple intriga palaciega alejada de la vida de las personas. Lo que sucedió no fue una disputa de poder entre Alberto y Cristina, lo que sucedió fue nada menos que un conflicto entre el presidente del país y su vicepresidente. Si no ponemos en estos términos los hechos de esta semana, no podremos dimensionar la gravedad institucional de lo que pasó ni darnos cuenta de que es parte de una severa interna dentro del Frente de Todos que no parece estar tan cerca de su solución definitiva.

Mientras Argentina  se preocupa una vez más por los conflictos de internas, el mundo se mueve, nos mira y nos juzga. Hasta el martes en que se desató el conflicto con las masivas renuncias de los funcionarios kirchenristas, estaba planeado en la agenda internacional que el presidente viajara junto con el ahora ex canciller Felipe Solá para ultimar los detalles y suceder al presidente de México, López Obrador, en la presidencia de la CELAC. Producto de estos conflictos no solo nos quedamos sin que se presentara el presidente, sino que el canciller que enviamos para tratar de conservar ese puesto, recibió en el viaje la noticia de que lo reemplazarían en sus funciones. Con este gesto Argentina se quedó sin la presidencia del organismo internacional: Este hubiera sido el logro más importante del oficialismo en relaciones internacionales del año, pero el ex canciller, tras renunciar por mail, decidió encerrarse en el hotel para disfrutar de su retiro anticipado en la piscina y por qué no de una siesta y dejar la cumbre en manos ajenas.

No importa tanto la situación en particular con la CELAC, sino que es una muestra de cómo estas disputas internas repercuten en nuestra vida y en la imagen que la Argentina da hacia el mundo. Una vez más nos quedamos sin poder salir, con un país preso de los  conflictos internos de la política.

 Lo sucedido en la cumbre de la CELAC muestra a las claras que el mundo no nos va a esperar a que resolvamos sin incertidumbres nuestros conflictos. El mundo sigue adelante y nos deja a un lado, lo mismo que la vida de los argentinos que deja de lado las actitudes inmaduras de los dirigentes para seguir ocupados en la vida diaria. 

La política nacional y sus internas empiezan a ser para los ciudadanos como las novelas que se ponen de fondo para evitar el silencio mientras hacemos alguna tarea del hogar. Los temas se suman como un ruido de fondo en el que ya no se pueden distinguir los escándalos: El vacunatorio vip, las malas contrataciones de vacunas, la fiesta presidencial en cuarentena, etc. Escándalos que ahora culminan con esta espantosa y ruidosa  puesta en escena de una interna de coalición en plena crisis económica y social que se hace evidente por el revés electoral. 

Todo esto deja a la Argentina al margen del mundo y a los políticos al margen de las personas que apenas tienen tiempo que dedicar para entender estas farsas de la política nacional.

El peronismo por su parte parece estar muy atrás en el ruido de fondo, casi indistinguible y en caída libre. Parece haberse roto la máxima de la política argentina que decía que el peronismo unido es invencible

El Partido Justicialista marcó los últimos tres cuartos de siglo de la historia argentina desde que  se recuperó la democracia en 1983. En esas ocasiones lo que determinó su victoria fue su capacidad de ir  reinventándose para imponerse en seis de las nueve elecciones presidenciales: Carlos Menem (1989 y 1995), Néstor Kirchner (2003), Cristina Fernández (2007 y 2011) y ahora con el triunfo del Frente de Todos en 2019. Al punto tal de que solo tres presidenciales quedaron en manos de un partido o coalición no peronista: Alfonsín (1983), De la Rúa (1999) y Mauricio Macri (2015)

El peronismo nació como representación política de una clase obrera incipiente que se había formado por el éxodo a las grandes ciudades de nuestro país. Perón (1946-1952), utilizó una política económica keynesiana con la que el país inició un proceso de creación de industria mediante la sustitución de importaciones y una fuerte presencia intervencionista del Estado. Ese peronismo también fue cuestionado  por no respetar valores republicanos además por tener actitudes y posiciones  autoritarias.

Una de las claves de por qué al peronismo le va cada día peor en el mundo moderno es porque esta época se rige con otros parámetros: la tolerancia, la justicia, la libertad, la igualdad, la ética, la innovación tecnológica, la libre competencia, y la búsqueda de cambios sociales, entre otros.  Las sociedades modernas aspiran a una  justicia y un bienestar claro e inmediato y no una promesa para dentro de años o un lugar en la historia.

La ética de la actualidad reafirma el bienestar individual de todos, sin excepciones ni exclusiones de ninguna clase. Las garantías de igualdad que antes se conseguían mediante las estructuras partidarias generando un sistema clientelar, hoy en día son reemplazadas en el mundo por los medios  tecnológicos que saltean las intermediaciones. Ahora resulta más fácil armar sistemas transparentes para ayudar a las personas necesitadas económica y socialmente para que puedan vivir con dignidad y sin tener que rendir cuentas a ningún puntero. 

No existen excusas ni justificaciones creíbles para no eliminar las intermediaciones en las políticas de planes que aún se mantienen en la Argentina y que todavía se sostienen porque de ellas dependen en gran parte los anticuados sistemas de los partidos del siglo pasado.

 El nuevo gabinete de Alberto, o mejor dicho de Cristina, pretende renovar el gobierno con fórmulas anticuadas y personas que parecen salidas del mismo molde que, en el pasado, le significó la hegemonía al Partido Justicialista en la política argentina, pero la realidad de hoy en día parece estar cada día más lejos de eso. Estos ex funcionarios convertidos en nuevos que tal vez sea lo mejor que consiguió Alberto Fernández para solucionar la crisis, en realidad representan un regreso de los muertos vivos. Los nuevos-viejos funcionarios, prometen generar temor y respeto, pero en realidad asustan por su repentina aparición, y después ya causan gracia por lo desgastados que están.  

El mismo problema que ahora se hace visible en Nación, sucede en la provincia con Kicillof. Ni el presidente pudo armar un pacto con los gobernadores para apoyarse sobre él ni el gobernador de la provincia de Buenos Aires logró hacerlo con los intendentes. Eso lo están pagando hoy ambos que se quedaron solamente con un puñado de oportunistas que apenas pueden generar un apoyo tibio al gobierno de Alberto Fernández y de Axel Kicillof. 

Los cambios en el gabinete de la provincia de Buenos Aires lejos de ser, como dice la versión oficial, unos cambios cosméticos que sirven para  acompañar las decisiones de nación, muestran la bronca de los intendentes. Estos lo llevaron al gobernador a que tenga que cambiar su gabinete, al punto tal de que (por indicación de su ¨jefa ¨) tuvo que deshacerse de su principal hombre de confianza, José Bianco, para cambiarlo por el intendente Insaurralde. Tuvo que ir a buscar a los que supuestamente ¨tienen los votos¨ ya que los intendentes con sus votos y una participación en el poder son la llave para mejorar su elección .Como el ex-ministro en su comienzo decidió quedarse con sus amigos pero sin los intendentes, hoy lo paga caro con la fuga de votos y lo va a seguir pagando porque esa avaricia en el reparto del poder no parece tener vuelta atrás. 

La nueva solución aportada por Cristina busca un golpe de efecto electoral pero nos deja sin perspectiva de futuro y hundidos en la incertidumbre. Seguiremos sin intentar ser un país serio porque no se nos propone un plan sino sumar parches de funcionarios que tienen un nombre resonante pero que están gastados porque han demostrado su incapacidad de gobernar y ahora parecen tomar el cargo no pensando en un futuro digno, sino solamente tratar de sacar alguna ventaja más.

¨La vida es una serie de colisiones con el futuro; no es una suma de lo que hemos sido, si no de lo que anhelamos ser ¨ José Ortega y Gasset. (Perfil)

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El plan anti-inflacionario basado en «sarasa»

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Por Roberto Cachanosky. Mientras el BCRA sigue emitiendo a marcha forzada al punto que en lo que va del año el BCRA emitió $ 1,11 billones para financiar el rojo fiscal, siendo el tercer ingreso más importante del tesoro luego de Ganancias y el IVA DGI, Feletti quiere contener la inflación pasando de medir las góndolas a revisar las ganancias de las empresas.
Sobre el tema emisión, es importante resaltar que de esos $ 1,11 billones emitidos por el BCRA para financiar al tesoro, el 70% se concentra en los meses de julio, agosto, septiembre y los primeros 4 días de octubre, con lo cual cabe esperar una mayor expansión monetaria hasta noviembre con el consiguiente impacto inflacionario.
La inflación que hoy quiere domar el Gobierno es fruto de la fenomenal expansión monetaria de $ 2 billones que se produjo el año pasado para financiar el rojo fiscal.
Bajo este contexto de desorden monetario que llega al punto de no tener moneda, el nuevo secretario de Comercio, Roberto Feletti, pretende «hablar racionalmente de costos, de márgenes de ganancias; ese es el desafío más grande, lograr que el pueblo pueda ir a una góndola, elegir el producto que le gusta y consumirlo».
Agregando que «Hoy estamos en la etapa de iniciar la fase de expansión (del consumo). El empleo es una punta y la otra es que esa generación de mayores ingresos no sea absorbida por… Cristina lo definió como 4 o 5 vivos, yo no quiero caracterizarlos más allá de eso».
Rematando con: «ampliar la producción y que haya precios razonables».
O sea, un discurso de características de populismo político más que de técnica económica. ¿Quiénes son esos 4 o 5 vivos? Si la economía estuviese abierta, la oferta de alimentos, en variedad y precios, sería muy amplia para el consumidor sin necesidad de que Feletti esté con el garrote en la mano persiguiendo fantasmas.
Respecto a que están en la etapa de recuperar el consumo en una punta con el empleo, conviene recordarle al secretario de Comercio que, de acuerdo a datos del Ministerio de Trabajo, el empleo formal en el sector privado sigue cayendo. En julio había 161.000 menos puestos de trabajo en el sector privado formal respecto a febrero de 2020 y 165.800 puestos menos de trabajo comparado contra noviembre de 2019 y 238.600 puestos de trabajo menos que en enero de 2012. La economía argentina no crea nuevos puestos de trabajo porque las condiciones económicas e institucionales no lo permiten. Maltratan a cualquier que quiere invertir y generar trabajo.
Afirma también Feletti que hay que hablar racionalmente de costos y de márgenes de ganancia. Si de costos se trata, no hay nada más costoso e ineficiente que el Estado argentino por su tamaño y su ineficiencia. Con un gasto público consolidado que ronda el 48% del PBI, la gente carece de un buen sistema educativo, de seguridad, de salud y de una justicia eficiente. Y tampoco tenemos defensa nacional.
Con más del 60% del presupuesto dedicado a gasto social, cada vez tenemos más pobres, indigentes y desocupados. Si de costos de trata, no hay sector más caro e ineficiente que el sector público en Argentina.
Antes de revisar la planilla de costos del queso fresco, tal vez Feletti debería hablar con la presidente del senado y de diputados porque cada senador tiene un costo de US$ 156.000 mensuales de acuerdo al presupuesto 2021 y cada diputado tiene un costo de US$ 49.000 mensuales, todo eso para ocuparse de declarar el día nacional del Kimchi o la Capital del Salame Quintero, cuando no le salen más caros a la población sancionando una irracional ley de alquileres.
Pero si de rentabilidad se trata, la pregunta es: ¿cuál es la rentabilidad adecuada que considera Feletti que debe tener una empresa en Argentina? ¿Cómo define rentabilidad justa? ¿Qué son precios razonables para Feletti?.
Una economía que no tiene moneda no puede hablar de precios. No hay forma de hacer cálculo económico y, por lo tanto, determinar costos y márgenes de utilidad. Con lo cual, no hay inversiones.
Feletti pretende hacer desde la poltrona de la secretaria de Comercio lo que no puede hacer ningún empresario en Argentina: hacer cálculo económico. Es decir, determinar precios y costos en forma permanente porque el peso es un metro que cambia de tamaño todo el tiempo. Y ese metro móvil que es el peso, se achica día a día por efecto de la destrucción monetaria que hace el BCRA.
También, hablando de costos, tal vez Feletti debería revisar el costo cuasifiscal de absorber más de $ 4 billones vía LELIQs y Pases. ¿Cuál es el impacto sobre el financiamiento del sector privado tener a un BCRA que se lleva entre esos instrumentos y encajes bancarios, más del 70% de los depósitos del sector privado? ¿Cuál es la pérdida del BCRA por haber colocado más de $ 4 billones en LELIQs y PASES? ¿O esos costos no existen para Feletti?.
Por otro lado, nada más arbitrario que un funcionario defina qué es una rentabilidad razonable o un precio justo. Hablar de precio justo es desconocer la teoría subjetiva del valor y suponer que los precios se componen de suma de costos, cuando el proceso es exactamente inverso: son los precios que la gente está dispuesta a pagar por cada producto, de acuerdo a sus valoraciones subjetivas, los que determinan los costos en que pueden incurrir las empresas.
Si alguien piensa que puede limitarse a sumar costos sin mirar en qué gasta y a agregar la tasa de rentabilidad que se le da la gana, lo más probable es que quiebre.
El problema de Feletti, como el de muchos políticos que siempre han vivido del Estado, es que no saben ganarse el dinero obteniendo el favor del consumidor. Eso exige lograr una combinación de precio y calidad que satisfaga las necesidades del consumidor. Esa es la forma en que se gana dinero en el sector privado en una economía libre. En cambio, un funcionario como Feletti recibe su ingreso del cobro de impuestos que es una acción compulsiva del estado para tomar parte del ingreso del sector privado.
En el sector privado la gente se gana su ingreso satisfaciendo a los consumidores. En el sector público obtienen sus ingresos usando el monopolio de la fuerza que se les delegó. Los burócratas creen que todos actúan de forma compulsiva como como lo hace el estado para obtener sus ingresos.
En síntesis, Feletti pretende arreglar conversando, un problema que se resuelve dejando de hacer funcionar la maquinita de imprimir billetes y con calidad institucional. Calidad institucional que, si existiera, no existiría el cargo de secretario de Comercio y menos la función que pretende llevar a cabo el flamante secretario de Comercio.
Dicho en términos del ministro Guzmán, Feletti pretende resolver con sarasa un problema económico institucional y de destrucción monetaria. Ya no hay más margen para la sarasa. Se acaba el tiempo.

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Intendentes y presidentes comunales de la UCR reclaman igualdad en el reparto de fondos

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17.40 Bajo el título «Para el Gobernador Perotti, no todos somos santafesinos», el Foro que representa a los mandatarios del radicalismo emitieron un duro comunicado sobre cómo se distribuyen los fondos provinciales. El texto completo.

En la Provincia de Santa fe, el Gobernador Omar Perotti, distribuye los recursos de una forma muy particular; a los Municipios y Comunas que están gobernados por dirigentes afines a su partido, les cumple con los desembolsos y programas, mientras que al resto, no nos atiende, no nos envía fondos, y mucho menos nos incluye en los programas que son financiados con dinero de todos, como si nuestros vecinos fueran habitantes de otras Provincias.

Desde el Foro de Intendentes y Presidentes de Comunas Radicales, lamentamos y repudiamos enfáticamente que, estas prácticas tan nocivas para la democracia hayan regresado, cuando creíamos que el respeto y la igualdad por quienes piensan distinto había madurado en la dirigencia política.

El PLAN INCLUIR, se ha convertido en el PLAN EXCLUIR, pues solo el 35% de los Gobiernos Locales recibieron fondos de dicho plan, de los cuales 80% corresponden al partido del Gobernador, en esta misma línea se encuentran programas, como el de Obras Menores, Caminos de la Ruralidad, fondos COVID, entre otros.

Es necesario que, esta situación de discriminación hacia los Gobiernos Locales que no son afines a su pensamiento político, sea revertida de forma inmediata, y los fondos se distribuyan en forma equitativa entre todos los Santafesinos.

Asimismo, asignamos al dialogo el valor de ser la herramienta indispensable para consensuar y coordinar políticas públicas, en especial entre el Gobierno Provincial y los Gobiernos Locales, por ello instamos nuevamente, en forma pública, al Gobernador a tener un dialogo franco, abierto y fructífero con nuestros Gobiernos Locales.

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Mucho ruido y pocas nueces

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Por Vicente Massot. Era lógico que frente al descalabro sufrido en las PASO y al posterior estallido de la interna oficialista que —como nunca— puso frente a frente al Presidente de la Nación y a la jefa del kirchnerismo, el Gobierno obrase un cambio de figuritas y tratase de darle un impulso nuevo a la campaña electoral de cara a las elecciones generales de noviembre. Aún cuando la empresa no era fácil, producto de la dimensión de la derrota y de las tensiones indisimulables que existen entre los hombres de La Cámpora y del Instituto Patria respecto de los peronistas históricos —si corresponde llamarles así a buena parte de los gobernadores, intendentes y sindicalistas que pueblan el PJ— el aterrizaje de José Manzur, de Aníbal Fernández y de Julián Domínguez en el Gabinete, unido a la reaparición del consultor de origen catalán que ya había trabajado para la viuda de Kirchner y Sergio Massa en años anteriores, parecieron el principio de un viraje cuyos resultados no podían hacerse esperar demasiado en atención a los pocos días que faltan para que se reabran las urnas.
Sin embargo, lo que lograron es para olvidar. Resulta cierto que el frenesí del Gobernador tucumano convertido de la noche a la mañana en Jefe de Gabinete y la decisión de levantar —al menos en parte— el cepo a la carne, impulsada por el titular de la cartera de Agricultura y Ganadería, contrastaron con la inanidad del equipo que había acompañado a Alberto Fernández hasta el 17 de septiembre. También es verdad que por razones no del todo claras el siempre verborrágico y errático presidente de la República se llamó a silencio, dejando que Manzur ocupará el centro de la escena y le robara imagen. Pero era obvio que a los efectos de dar vuelta la elección o de acortar las distancias con Juntos por el Cambio eso no sólo no bastaba sino que ni siquiera movía el amperímetro.
La cuerda inicial que mostraron los recién llegados se agotó pronto y nada de lo que han hecho en la última semana pasó de un refrito de la sempiterna política asistencialista del peronismo. Con base en el reparto de electrodomésticos, materiales de construcción, aumentos salariales y la promesa del pago de los viajes de egresados de los alumnos que este año terminan el colegio secundario en la provincia de Buenos Aires, le dieron aire a un festival distribucionista que amenaza no detenerse en los próximos treinta días. Mientras la máquina de fabricar billetes no para de funcionar, las usinas gubernamentales y sus candidatos no se cansan de prometerle a la ciudadanía el oro y el moro a cambio de su voto. La estrategia quizá funcionaria si acaso pudiesen convertir al país en una fiesta que —aunque efímera— lograse un efecto rápido en términos de la víscera más sensible: el bolsillo. Pero eso requeriría un milagro que no está al alcance de esta administración que pisa tierra movediza.
Es difícil imaginar cómo sería capaz el kirchnerismo de recuperar los más de cuatro millones de votos que perdieron sus candidatos en las internas abiertas que se substanciaron a mediados del mes de septiembre apelando pura y exclusivamente a inundar el mercado de pesos inflacionarios. El popolo grosso puede que no sepa qué es el multiplicador cambiario o la teoría monetaria del balance de pagos, contra lo cual no se llama a engaño a la hora de ir de compras al almacén, pagar las expensas y hacer las cuentas para llegar a fin de mes. Repárese en este hecho, que pone al descubierto la insuficiencia de la táctica oficialista: en lo que va del año: 57 % de las transferencias discrecionales del Poder Ejecutivo Nacional a las provincias le fue girado a la provincia de Buenos Aires con el propósito indisimulado de que el Frente de Todos ganara las PASO. No se necesita decir que no le sirvió de mucho. Pues bien, ¿por qué resultaría distinto ahora?
Da la impresión de que por muchos y valiosos que puedan ser los consejos de González-Rubí —el experto que trajo el oficialismo de Cataluña— el problema reside en otro lado. Por de pronto, el pase de facturas entre sus actores estelares no cesa, más allá de los esfuerzos que hacen los publicistas oficiales por mostrarnos a los dos Fernández reconciliados. En realidad, no vuelven a las andadas post–electorales y se tiran platos por la cabeza en razón de que saben sin necesidad de que alguien se los recuerde que ello representaría un verdadero suicidio. La inquina que se profesan y no pueden disimular la nota cualquiera que preste un mínimo de atención.
Hay un segundo dato que a nadie le pasa desapercibido —de tanta o mayor gravedad que el primero— y es que el primer magistrado se ha sacado de encima —solo a medias— a Paula Español, reemplazada en su cargo por Roberto Feletti. El rebote del índice de inflación de septiembre colmó la paciencia de Alberto Fernández, con una doble particularidad: de un lado, la funcionaria kirchnerista que se negó a convalidar la política aperturista de Julián Domínguez sobre el cepo a la exportación de carne no se fue del ámbito económico a su casa, sino que recaló inmediatamente en el Ministerio del Interior, apañada por Waldo de Pedro. En una palabra, le hizo pito catalán al Presidente. Del otro lado, el flamante secretario de Comercio es un hombre del riñón de Cristina y crítico acérrimo de Martin Guzmán. Como se aprecia, de unidad ni hablar.
Por último, y como era de esperar, en virtud del espíritu confrontativo del personaje, apareció Aníbal Fernández para hacer una metida de pata descomunal, que en cualquier administración que no fuera la kirchnerista le costaría el cargo. Sin embargo, en el estado mayor de Juntos por el Cambio deben estar prendiéndoles velas a la Virgen para que no le pidan la renuncia. Si permanece al frente del Ministerio de Seguridad y polemiza como lo hizo con Nik, se convertirá en el mejor jefe de campaña de la oposición. De hecho, la velada amenaza que enderezó en contra del caricaturista pone al descubierto no sólo su desmesura sino también su irresponsabilidad. Los votos que perdió el oficialismo —fruto de la burda verborragia del funcionario— no son pocos.
Hay hechos sueltos que revelan el humor de la gente mejor que las encuestas de opinión. Ocurridos en los últimos días, los que pasamos a mencionar sirven para medir el termómetro social y plantean las dificultades insalvables del Gobierno a treinta días de las elecciones. La desaparecida Victoria Tolosa Paz llegó a la intendencia de Capitán Sarmiento con el fin de inaugurar una obra construida durante la gobernación macrista. Una multitud de vecinos la corrieron del lugar a bocinazos. No mejor parado salió el gobernador bonaerense en Villa Gesell. Fue abucheado por una parte del público tras un recital de Los Auténticos Decadentes, junto al intendente de esa localidad. Marcelo Tinelli —que no es funcionario K pero lo parece— resultó insultado por la parcialidad de San Lorenzo, que también se acordó del ministro de Turismo, Matías Lammens, presidente de la institución de Boedo durante dos períodos consecutivos.
El kirchnerismo se halla en serios problemas, lo cual no es novedad. Pero su drama recién empieza.

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