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Aníbal Fernández, con el lenguaje de la mafia

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Por Joaquín Morales Solá. Conoció la retórica de la revolución cuando ya era un hombre grande y confundió la mística revolucionaria con los métodos mafiosos. Antes, Aníbal Fernández había sido un conservador dirigente del duro y arisco conurbano bonaerense. Suele usar un lenguaje barriobajero y maleducado para hacer política, tal vez porque esa es la escuela en la que aprendió en la indómita Buenos Aires. Las versiones lo vincularon con el tráfico de efedrina (una sustancia imprescindible para fabricar la metanfetamina, una droga poderosa) y la Iglesia argentina lo cruzó en 2015 hasta arruinarle su carrera hacia la gobernación bonaerense, que perdió. Nunca se llevó bien con Alberto Fernández, por quien sentía celos políticos por la cercanía de este con Néstor y Cristina Kirchner. El actual Presidente lo mandó en 2020 de penitencia como interventor de Yacimientos Carboníferos Fiscales, que era mucho si se lo compara con la perdidosa candidatura de Aníbal a concejal en Pinamar un año antes. Alberto Fernández sabía que su tocayo Aníbal le provocaría más problemas que los que resolvería, pero la derrota es la madre de las herejías, las rectificaciones y las paradojas.
El nombre de Aníbal Fernández volvió a cobrar vuelo (mal vuelo) el lunes último cuando en un tuit patotero amenazó a la familia de Nik, un dibujante y humorista con un olfato político más fino que el de muchos analistas políticos. El ministro de Seguridad no nombró a las hijas de Nik, pero sí nombró al colegio donde ellas estudian (la prestigiosa ORT) y, de paso, deslizó una mentira: que esa institución recibe subsidios del Estado. La ORT no recibe ningún subsidio estatal; es financiada mayormente por las contribuciones de la comunidad judía; admite el ingreso de niños y jóvenes de cualquier religión, y otorga becas a jóvenes pobres sin distinción de credos. Ayer, en un reportaje en Clarín Aníbal dijo que no sabía que las hijas de Nik cursan en el colegio ORT. ¿Por qué nombró a esa institución, entonces? ¿Cinismo puro o pura cobardía? Quién lo sabe. Ricardo López Murphy aseguró públicamente que en esa amenaza de Aníbal Fernández «sobrevuela el antisemitismo». Aníbal contestó que tiene amigos judíos. Cuándo no. El método (mostrar sin nombrar) es perfectamente mafioso. Recuerda al «caso Pentangeli» en la primera parte de la icónica película El Padrino. Francesco Pentageli (interpretado magistralmente por Michael Gazzo) es un mafioso arrestado por la policía de Nueva York que decide contar en un juicio público las andanzas de sus cómplices. Cuando ya estaba sentado en el estrado a punto de hablar, ve aparecer entre el público a un hombre vestido con el estilo de los campesinos sicilianos. Era su hermano, que la mafia había trasladado de Sicilia a Nueva York. Pentangeli calló para siempre; no habló nunca hasta que murió por un suicidio inducido. Aníbal Fernández le mostró a Nik qué sabe dónde estudian sus hijas, sin nombrar a sus hijas. Las cosas nunca son idénticas, pero muchas veces son dramáticamente parecidas.
¿Qué había hecho Nik para enfurecer al Ministro de Seguridad, que aprovechó para exhibir sus conocimientos de la vida privada y personal de las personas? El historietista escribió un tuit crítico sobre la política de despilfarro de dinero espurio por parte del Gobierno en la campaña electoral hacia el 14 de noviembre. Criticó desde el regalo de bicicletas y heladeras hasta los viajes gratis de egresados, que serán financiados por un Estado quebrado. Nada que no critique cualquier argentino con sentido común. Pero Nik, conocido y respetado, era un buen blanco para expandir el temor entre muchos argentinos. Nadie se asustó, es cierto; son leones sin dientes. Reaccionaron los periodistas, las entidades periodísticas, algunos empresarios (faltaron las entidades, salvo las del campo), menos el Presidente de la Nación. Alberto Fernández calla. Dicen que se conformó con el supuesto pedido de disculpas de Aníbal a Nik. Ese pedido concluye diciendo que el humorista «vive agraviándonos». Extraña disculpa y más extraña comparación: para Aníbal Fernández es lo mismo un ministro de Seguridad, con acceso, como se vio, a los datos personales de todos los argentinos, que una persona cuya única arma es dibujar a los trastornados que gobiernan. Mucho más porte tuvo el jefe de Gabinete, Juan Manzur, que calificó de «muy desafortunada» la frase de Aníbal Fernández, aunque él también se quedó con esas disculpas que no sirven para disculpar a nadie. El silencio del Presidente aturde.
Aníbal Fernández fue un operador todoterreno de Eduardo Duhalde cuando ni las hojas se movían en la provincia de Buenos Aires sin que este lo supiera. Duhalde, un peronista clásico al que le gusta promover la convivencia de sindicatos y empresarios, es ideológicamente lo más distinto que puede haber con las ideas de los Kirchner. Durante el reinado de Duhalde en territorio bonaerense, Aníbal Fernández fue intendente de Quilmes. Una leyenda dice que huyó de la Justica en el baúl del auto de su abogado Martín Ordoqui. Nunca se supo si esa historia fue cierta, pero Ordoqui terminó haciendo una veloz carrera judicial que lo convirtió en juez de la Cámara de Casación.
Mucho más graves fueron las denuncias posteriores que lo vincularon con el tráfico de efedrina y con el triple crimen de General Rodríguez. Uno de los prófugos detenidos por ese crimen, Martín Lanatta, contó luego que entre ellos, los delincuentes, hablaban de «La Morsa» y que se referían de ese modo al actual ministro de Seguridad. Otros testimonios señalaron que «La Morsa» era un policía o un agente de los servicios de inteligencia. Nunca se aclaró quién era «La Morsa», pero lo cierto es que durante la gestión de Aníbal Fernández como ministro de Justicia se triplicó en un año la importación de efedrina. La efedrina, una droga que se usa en muy pequeñas dosis para fabricar antihistamínicos, está prohibida en México, donde se produce la metanfetamina. Según investigaciones de la Justicia local, la efedrina que importaba la Argentina se contrabandeaba a México.
No puede extrañar lo que hizo con Nik si Aníbal es el mismo Aníbal que difamó a Alberto Nisman después de que este ya había sido asesinado. Asesinado es un término correcto porque fue un crimen según las conclusiones de la Justicia argentina, que no cambiaron aún. Dijo del Nisman ya muerto: «Es un sinvergüenza que usaba dinero de la AMIA para salir con minas y pagar ñoquis». Esa falta de respeto hacia una persona muerta, incapaz por lo tanto de defenderse, se respaldaba en carteles anónimos con la foto de Nisman rodeado de mujeres. No tenían nada de anónimos. Todos sabían que eran carteles financiados y distribuidos por el Gobierno al que pertenecía Aníbal Fernández. A Elisa Carrió la trató de «gorda y loca» y nadie en el mundo del kirchnerismo, tan sensible al feminismo y a la igualdad de género, se inmutó por semejante ultraje a una mujer. Se puede disentir con una dirigente política, pero ese trato es inadmisible cualquiera sea el nivel de la disputa. El kirchnerismo es así: lo políticamente correcto es aplicable a los enemigos; los amigos pueden hacer lo que quieran con el lenguaje, el maltrato y la calumnia.
La mafia no practica el lirismo de la revolución, sino el rugoso dialecto de la amenaza.

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La democracia liberal

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Por Diego Bertolucci. Tocqueville descubrió la democracia en América, en eso reside el origen de la extraordinaria perspicacia de su análisis, pero también la causa de sus limitaciones. La interpretación de su obra posee un cierto número de dificultades metodológicas, puestas en evidencia por RAYMOND ARON («Les étapes de la pensé sociologique». Gallumord. París. 1967).
En efecto, si combinamos ciertos capítulos de «La democracia en América», donde Tocqueville retrata la sociedad americana y los de «El antiguo Régimen y la Revolución», donde analiza una crisis histórica: la Revolución Francesa. Se percibe que el autor se dedica a construir un tipo de sociedad democrática a partir de lo cual se deduce las posibles tendencias de la sociedad futura. Pero, dado que ciertos trazos estructurales de la sociedad democrática pueden ser ligados a las particularidades de la sociedad americana como esencia de cualquier sociedad democrática, surge una duda o creencia de certeza en cuanto al grado de generalidad de las respuestas de Tocqueville, las cuales parecen ser del orden de una tendencia o de una alternativa. Así cuando Tocqueville opta nítidamente por la alternativa, resulta que la sociedad democrática será despótica o liberal, es el modelo americano el que lo inspira y le impide imaginar el frágil y original desenvolvimiento democrático que les es propio a las sociedades europeas.
De cualquier modo, la superioridad de Tocqueville sobre Benjamín Constant y sobre la visión del conjunto de los liberales de su tiempo, consiste en que él pone como ineludible e irreversible, el propio hecho democrático:
«Una gran revolución democrática se opera entre nosotros, todos lo ven, mas no todos la fuerzan del mismo modo. Unos la toman como cosa nueva y les parece un accidente y tienen esperanza aun de poder detenerla, otros la consideran como irreversible porque les parece ser un hecho continuo, más antiguo y permanente de la historia» (De la Democracia Americana).
Es preciso puntualizar que para Tocqueville y en eso reside su originalidad, ese hecho democrático es definido por la noción de igualdad:
«El desenvolvimiento gradual de la igualdad de condiciones es un hecho providencial cuyas principales características son: universalidad y derecho, escapando cada día del poder humano. Todos los eventos así como todos los hombres sirven al desenvolvimiento».
En los Estados Unidos, ese desenvolvimiento de la igualdad lo asocia con los mecanismos de la libertad política, y –dice- así por ejemplo, los americanos consiguieron establecer las instituciones concretas de la soberanía popular que ninguna aristocracia tentó frenar.
Con certeza, inicialmente -dice- se escogió la más de las veces, un Régimen Electoral Censitario, pero al contrario de Benjamín Constant, Tocqueville ve en tal régimen tan solo una etapa de la soberanía popular:
«Cuando un pueblo comienza a optar por el censo electoral, se puede prever que llegará en un plazo más o menos largo a eliminarlo completamente. Se trata de una de la Reglas más universales que regulan las sociedades».
Lo importante es que la Soberanía Popular opera como una institución concreta y no como en Europa, donde es tenida como una peligrosa ficción:
«La voluntad nacional es una de las palabras de la que los integrantes de todos los tiempos o los déspotas de todas las épocas, más ampliamente abusan. Unos cambian sus expresiones en los sufragios ante algunos oyentes del poder, otros por los votos de una minoría interesada y temerosa; también existen quien la descubra formulada en el silencio de los pueblos y piensa que del hecho de la desobediencia nace para ellos, el derecho del mando».
A las instituciones concretas de la soberanía popular, los americanos agregaban la ventaja de una Constitución Federal que permitía combinar los méritos de las grandes y pequeñas naciones: «La Unión es libre y feliz como una pequeña nación, gloriosa y fuerte como una grande».
Tocqueville insiste también en las consecuencias positivas de una libertad de asociación ilimitada, tanto política como civil:
«La primera vez que oí decir en los Estados Unidos, que cien mil hombres se habían comprometido públicamente a no beber licores fuertes, la cosa me pareció más divertida de lo que sería y no vi bien en un primer momento, por qué esos ciudadanos tan temperantes no se contentaban en beber agua en seno de sus familias. Terminé por comprender que ellos habían procedido como un gran señor que se viste muy humildemente, con el objeto de inspirar en los ciudadanos corrientes, el desprecio al lujo (…)».
Ahora, en los países democráticos, las asociaciones son particularmente capaces de reprimir los efectos funestos de la igualdad de condiciones, sin contradecir el desarrollo de esa igualdad:
«Sólo que las asociaciones que entre los pueblos democráticos deben asumir el lugar de los particulares poderosos es que la igualdad de condiciones tiende a desaparecer».
Tocqueville enumera y analiza varios trazos propios de las instituciones y las costumbres americanas, que le parecen estar todos orientados en un mismo sentido: asociar, combinar igualdad de condiciones con la libertad.
Si el desenvolvimiento de la democracia en Europa no alcanzó el mismo estado, no por eso deja de ser menos ineluctable. Tocqueville busca sus causas, principalmente para Francia, en la historia del Antiguo Régimen y en la Revolución.
Si el hecho democrático se desenvuelve en ese país de manera convulsionada y contradictoria, es preciso ver en ello principalmente el efecto de la centralización administrativa y la división de clases que conducían al establecimiento de instituciones incapaces de combinar libertad e igualdad.
Al estudiar el proceso de la Revolución en Europa, Tocqueville presenta un poco piadosa diatriba contra la monarquía del Antiguo Régimen, así la centralización que se cubre con el manto de la Revolución es en primer lugar una obra ya del Antiguo Régimen. Con extraordinaria agudeza describe los mecanismos de la tutela administrativa de la justicia del mismo jaez (administrativa), habiendo impuesto la garantía de los funcionarios gracias al poder de los Consejos del Rey, la centralización urbana e insiste en el nacimiento de la burocracia por medio de los Intendentes, en suma:
«Si la centralización no pereció con la Revolución fue porque era ella misma, el comienzo de la revolución o su signo».
La aristocracia europea no comprendió lo inevitable del hecho democrático o intentó oponerse al mismo. Constituyéndose en casta celosa de sus privilegios, aumentando la imitación de otras clases compuestas por grupos corporativos separados y cerrados en sí mismos. Se asistía -observa Tocqueville- a una suerte de individualismo colectivo que preparaba las almas para el verdadero individualismo que conocemos y finalmente, la división de clases fue un cierre del antiguo reinado y fue más tarde, su disculpa.
La revolución no hizo más que acentuar la combinación del Antiguo Régimen entre la democracia y la ausencia de libertad política generalizando en la costumbre, de modo tal que la democracia es en los Estados Unidos, un régimen de libertad y en Europa, un régimen de servidumbre.
A partir de esa constitución, Tocqueville evita combatir el hecho democrático europeo, dice por ser inatajable:
«Querer parar la democracia es algo semejante a luchar contra los propósitos de Dios».

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Luis Maggi institucional

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Por Alcides Castagno. En 1885 había llegado desde Las Tunas, donde comenzó su vida productiva en nuestro país, emigrado desde Pietra Marazzi, un pueblo recostado mansamente en una colina junto al río Tanaro, afluente del Po. Luis Maggi había participado en la guerra por la unificación de Italia a las órdenes de Giusseppe Garibaldi; sufrió una prematura viudez cuando su esposa, integrante de una familia de músicos, murió por tuberculosis a poco de casarse. A los 30 años decidió que su horizonte estaba muy lejos de allí, en Sudamérica. Se casó con su nuevo amor, una quinceañera llamada Lucía Conti, de Montecastello, una aldea vecina de origen romano. La familia de Lucía decidió emigrar hacia América del Norte, lo que la muchacha rechazaba por temor a la travesía por mar y, como solución, aceptó la propuesta de casamiento de Luis. Irónicamente, su nuevo esposo eligió emigrar a un destino aún más lejano y debió soportar el largo viaje de Génova a Buenos Aires. Así partieron hacia un futuro de nueva patria, de comida suficiente, de hijos y de paz, Luis, su esposa, su hermano Daniel y su madre Lucía Redda.
En nuestra nota anterior acompañamos los primeros pasos de Luis Maggi en la chacra de Las Tunas, el fallido primer comercio de ramos generales vendido luego a Ripamonti, su explotación agropecuaria, su crecimiento en base a capacitación y trabajo, y lo encontramos ahora inmerso en el floreciente pueblo de Rafaela, dispuesto a aportar ideas, proyectos y trabajo comunitario.

Instituciones

Luis Maggi, en su juventud, había adherido a los enunciados de una sociedad secreta, los Carbonarios, surgidos en el sur de Italia y difundidos en Piamonte y Lombardía. Era muy similar a la francmasonería, por eso no extraña que al afirmar su presencia en Rafaela se haya sumado al grupo fundador de la logia masónica La Antorcha, que desplazó a la Garibaldina y desde la cual participó en la creación de la Sociedad Rural. En el frente de su salón de industrias puede verse una gran imagen de mujer sosteniendo una antorcha.
En junio de 1890 un grupo de inmigrantes italianos se reunió para formar una asociación que los represente. Fue así como en un edificio de calle Belgrano facilitado por Faustino Ripamonti se realizó la asamblea con unos 400 asistentes. Votada la comisión provisoria se integró con el Dr. Nicolás Caciolo como presidente, César Molinari secretario, Luis Saya tesorero y Luis Maggi que fue elegido vicepresidente.

La epidemia

Una epidemia de cólera vino a modificar usos, costumbres y urgencias en la vida del pueblo de Rafaela. Luis Maggi estaba ejerciendo en ese momento como tesorero de la Comisión de Fomento que presidía Pedro Spahr. La escasa sanidad en el agua de consumo y la velocidad de contagios sumaba víctimas a cada día. Los reclamos de desinfectantes al Gobierno Provincial no tenían suficiente respuesta; recién consiguieron formol, escupideras, creolina, entre otros elementos, cuando las autoridades del pueblo anunciaron una renuncia masiva en caso de no ser atendidos. Maggi improvisó un lazareto en un rancho sin aberturas para 93 internados y colaboró personalmente en el traslado de enfermos. El pequeño cementerio cercano a la parroquia no fue suficiente, los muertos eran sepultados en los campos, hasta que Maggi consiguió convencer a Antonio Podio que ceda un terreno para destinarlo a cementerio, ya que los fallecidos sumaban 253, un número significativo en proporción a la población de Rafaela.
Cuando se produjo la independencia nacional, las autoridades se encontraron sin personal suficientemente preparado para ciertas funciones específicas; algunas de ellas fueron la atención de los hospitales, la asistencia a los huérfanos, a los abandonados y otras similares que la Iglesia católica estaba en condiciones de proporcionar a través de sus clérigos y organizaciones, los que asumieron esa misión como cosa propia. Con el tiempo, la misma Constitución reconoció esa importante colaboración dándole algunos privilegios, aún sin mencionar las causas. Una de las funciones que por costumbre competían a las parroquias era el control y administración de los cementerios. Todo se venía desenvolviendo normalmente en Rafaela hasta que la epidemia introdujo un estado de excepción y urgencia que las autoridades civiles asumieron por intervención personal de Luis Maggi, pero al gestionar el terreno para un cementerio comunal omitieron un acuerdo o negociación con el párroco, investidura que en ese momento tenía el padre Francisco Palmieri. El sacerdote tenía su carácter y el reclamo a Luis Maggi como gestor oficial, no terminó de buena manera. La comuna no retrocedió en su decisión, apoyada por la logia que no era precisamente pro-clerical, y así fue como don Luis se retiró de todo acuerdo, renunció al catolicismo y se adhirió al protestantismo. El padre Palmieri, por su parte, retiró de la iglesia el banco que había sido donado por la familia Maggi con la respectiva identificación impresa en una pequeña chapa; estos testimonios se estilaban entre los aportantes para sostenimiento del culto, lo que aún puede verse en algunas iglesias y capillas.
Aquel muchacho piamontés que dejó su impronta fuerte en la historia rafaelina, ha sido el protagonista de los aciertos y tropiezos que significaron el desarrollo de un pueblo por cuyas calles transitamos cada día; una de ellas, con el nombre del forjador, amplia e iluminada, conecta hoy varios barrios del norte de la ciudad. Luis Maggi murió en Rafaela en 1937 a los 94 años.
Cabe agradecer aquí los datos y documentos citados por Adelina Bianchi de Terragni en su Historia de Rafaela, y el testimonio fundamental de Elida Maggi, descendiente directa del personaje que tratamos.

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El día después

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Por María Herminia Grande. El 15 de noviembre debe comenzar otro camino en Argentina. La primera duda es si eso ocurrirá, con el Covid también creíamos que el mundo sería distinto…
Si la inteligencia del salvataje aún impera en la política argentina, la mesa tendida tendrá sentado a todos sus comensales. Los unos y los otros, oposición y oficialismo tienen la necesidad que en estos próximos dos años el camino sea un plan, cuya misión es evitar que la situación se agrave aún más, convirtiéndose en intolerable. El presidente del coloquio de IDEA, Roberto Murchison, en su discurso de cierre de la edición Nro 57, dejó la semilla de lo por nacer. Nada nuevo. Todos lo saben. Nadie lo intenta. Aunque el presidente Alberto Fernández, contestando a la pregunta de Infobae sobre si las reuniones de la semana pasada y su presencia con el Coloquio de Idea, terminarán en un acuerdo post 14 de noviembre, incluyendo a la oposición, contestó: «la idea del acuerdo siempre la explicité. Siempre busqué consensos. Impulsamos leyes con el consenso de empresarios, trabajadores y Estado. Se lo expresé a los empresarios la semana pasada al igual que en IDEA. A saber: ley de hidrocarburos, de desarrollo agroindustrial, promoción de la industria de la construcción, de compre argentino y de electro movilidad, son prueba de lo que digo y hago. Fueron producto de meses de trabajo y elevadas al Congreso post PASO». El Presidente sostiene que Sergio Massa se sumó a su lógica y puso un título en los diarios. Massa sostuvo que «ganemos o perdamos convocaremos a la oposición, a los empresarios, a los trabajadores, para diseñar diez políticas de Estado para la República Argentina».
Hace años el papa Francisco dijo en Aparecida que se escondían bajo la alfombra a los pobres y el problema social. Años después el presidente de IDEA rescató esa imagen «es momento de levantar la alfombra. Ahí están los problemas de Argentina, pero también las soluciones». Murchison marcó tres grandes disparadores de realidades absolutas: a) 40.6% de personas pobres = 18 M = 4 de cada de cada 10. b) Un mercado de capital que mueve menos que la quiniela: $ 216 mil millones versus $ 220 mil millones. Y c) 50% de jóvenes que comienzan la secundaria y no la terminan.
Sobre el primer ítem es imperioso generar trabajo para acotarlo y eso sólo es con planificación. El segundo ítem es interesante porque refleja una realidad cultural: la gente más humilde intenta «salvarse» aplicando la escuela, a su nivel, de la timba financiera utilizada por muchos poderosos. En cuanto al tercer ítem y no menos preocupante, denota que este alto porcentaje de jóvenes no cree en el futuro.
Otro hallazgo en el discurso es «salgamos de la dicotomía de quienes buscan la paz social a través del déficit inviable o los que buscan el equilibrio fiscal sin tener en cuenta la realidad social de los excluidos».
El empresario toma lo que la sociedad pide y no sólo a la política, cual es terminar con la dicotomía. Porque lo vive en primera persona, reclama consensos. Francisco hizo su aporte señalando «no se puede vivir de subsidios». El presidente Fernández recoge el guante diciendo «nadie es feliz con subsidios».
IDEA presentó una propuesta la cual estuvo a cargo del economista Santiago Bulat, quien expuso el Mapa Laboral Argentino junto a tres propuestas concretas para revertirlo.
La mesa está tendida. ¿Asistirán los comensales?
El jefe de Gabinete Juan Manzur se reunió en Nueva York con ejecutivos y operadores, muchos de ellos compatriotas integrantes de los fondos de inversión, con los que analizó el acuerdo con el FMI y la evolución de la economía argentina, pero el eje central fue la política. Manzur está tratando de darle ritmo de gestión y solución a temas especialmente vinculados a las cadenas de producción. Ha destrabado un acuerdo con ALUAR, muy esperado por la cadena productiva del aluminio. Esta semana avanzará con firmas sobre ARSAT en Catamarca y Río Negro, programas de intensificación de la conectividad. Pero su objetivo central es reconstruir un proyecto de gobierno normalizando la relación de Argentina con la economía internacional, no sólo por las posibles inversiones que arriben al país, sino especialmente por nuestras exportaciones.
A propósito del día posterior electoral, en Santa Fe, el ministro de Seguridad Jorge Lagna le dice a Infobae: «está hablado con la oposición encarar la reforma policial como política de Estado para sentar las bases de una nueva policía a 30 años». A las leyes presentadas por su antecesor Marcelo Saín, Lagna presentará dos proyectos complementarios: uno orientado a regular la Seguridad Privada, dado que es un «ejército» de más de 10 mil registrados y otro tanto informales, sobre los cuales el Estado no puede ni acceder a sus antecedentes. Y otro proyecto trata de aggiornar el servicio de videovigilacia pública, acomodándolo a las nuevas tecnologías.
El ministro hizo especial hincapié a Infobae en las nuevas tecnicaturas que se dictarán tras un convenio con la UNR, sobre investigación criminal y delitos económicos. A propósito de la inseguridad y el cambio de ministro a nivel nacional, se entusiasma el candidato a senador nacional Marcelo Lewandowski, sobre el trabajo que comenzó a realizarse y sus resultados: «Lo de estos días es lo que se viene -detención de Gustavo Shanahan empresario reconocido de la ciudad de Rosario- y tiene que ver con la triangulación del trabajo de un grupo especializado de gendarmes, con el ministerio de Seguridad provincial y fiscales nacionales y federales que en forma rápida autorizan los allanamientos». El candidato a senador nacional cree que este accionar contra el crimen organizado más una industria santafesina en plena actividad, será bien entendido a la hora de los votos.
Por su parte la oposición, en lo electoral, según el senador Felipe Michlig, considera que «retendrán los votos de las PASO dado que hay una total unidad de los candidatos que perdieron la interna, detrás de Carolina Losada y Dionisio Scarpin». Se lo escucha vaticinar al senador que pondrán 5 diputados nacionales de los 9 que renueva Santa Fe.

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