Alassia: “La lechería necesita el empuje que tuvo la ganadería”

El presidente de la Sociedad Rural de Rafaela analizó el escenario económico que atraviesa el campo y marcó diferencias entre las principales actividades productivas de la región. Mientras observa mejores condiciones para la ganadería de carne y reglas de juego más previsibles para la agricultura, advierte que los márgenes de los tambos son mínimos o negativos y plantea la necesidad de mejorar la eficiencia, modificar los criterios de pago de la leche y alcanzar acuerdos entre productores, industrias y gobiernos.

El campo argentino atraviesa un escenario complejo, condicionado por la situación económica nacional, los costos de producción y las particularidades de cada actividad. En ese contexto, la agricultura, la ganadería de carne y la lechería presentan realidades diferentes, con oportunidades en algunos segmentos y dificultades que ponen en discusión la continuidad de determinados sistemas productivos.

Así lo planteó Leonardo Alassia, presidente de la Sociedad Rural de Rafaela, en diálogo con Diario CASTELLANOS, al analizar la actualidad del sector y el trabajo que desarrolla la institución para representar a los productores y vincularse con otros actores de la comunidad. Desde su perspectiva, el escenario actual combina una mayor previsibilidad en determinadas reglas de juego con problemas estructurales que todavía requieren respuestas, especialmente en la actividad tambera. “La verdad que el presente de las sociedades rurales es un presente movido, interesante, en donde la institución trata de representar los intereses de los productores, pero también está abierta a interactuar con otros sectores, con el sector público, el privado industrial, el privado de servicios, con todos los sectores, con universidades y con la educación”, explicó.

Leonardo Alassia, presidente de la Sociedad Rural de Rafaela

En ese sentido, Alassia recordó que la Sociedad Rural de Rafaela cuenta con 120 años de historia y sostuvo que el objetivo de sus fundadores continúa vigente. “El anhelo de aquellos fundadores, entendemos nosotros, está bien representado, que era defender los intereses de los productores. Pero, transcurridos 120 años, el mundo ha sufrido, y Argentina misma, importantes cambios, y la Rural siempre trata de adaptarse. Creo que estos años venimos haciendo eso, y este año no fue la excepción”.


Agricultura y ganadería, con condiciones diferentes

Al describir el panorama económico, el dirigente reconoció que el sector agropecuario no está al margen de las dificultades que atraviesa el país. Sin embargo, destacó la importancia de contar con reglas de juego previsibles para organizar las decisiones productivas y planificar las campañas.

En el caso de la agricultura, hizo referencia a los anuncios realizados por el ministro de Economía en torno a las retenciones. Según recordó, se había comunicado una reducción y la posibilidad de avanzar, a partir de enero y dependiendo de la recaudación de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), con nuevas modificaciones graduales a la baja. “Con eso, el agricultor ya sabía con qué condiciones empieza a sembrar ahora, en octubre, noviembre, la soja, y con qué condiciones va a tener al momento de cosechar”, señaló.

Para Alassia, esa previsibilidad constituye un factor importante a la hora de tomar decisiones, porque permite que el productor tenga una referencia sobre las condiciones en las que deberá desarrollar su actividad durante el ciclo agrícola.

La situación de la ganadería de carne, en tanto, presenta otras características. El titular de la Sociedad Rural de Rafaela consideró que la apertura de mercados y el contexto internacional, con una mayor demanda de proteína animal, generaron condiciones favorables para el sector. “Argentina, al tener esta política de apertura de mercados, sumó dos factores que nunca en la historia había tenido. Por un lado, la apertura de mercados, en donde el productor ganadero, después de décadas, puede trabajar de manera tranquila, en donde lo único que regula su precio es la ley de oferta y demanda”, afirmó.

En su análisis, las restricciones y las políticas aplicadas durante décadas limitaron el desarrollo de la actividad. “Argentina, en las últimas décadas, lo que hizo fue prácticamente ahorcar a la ganadería. A fines de diciembre de 2023 y principios de 2024 empezó a trabajar de otra manera, a la que no estaba acostumbrada”, sostuvo.

A ese cambio, agregó, se suma una demanda internacional que vuelve a requerir carne y otras fuentes de proteína animal. “La suma de estas dos variables hace que la ganadería de carne esté transitando, en materia de precios, algo que nunca en la historia pudo lograr”, consideró.

Alassia también reconoció que las condiciones climáticas pueden provocar variaciones coyunturales en los valores. En particular, mencionó la situación de las regiones del Litoral y la Mesopotamia, donde las lluvias asociadas al fenómeno de El Niño podrían influir sobre la dinámica de la oferta. No obstante, sostuvo que observa fundamentos favorables para la actividad ganadera, más allá de esos movimientos temporales.

La lechería, entre los márgenes ajustados y la necesidad de cambios

El diagnóstico es diferente cuando se analiza la producción de leche, una actividad central para Rafaela y su zona de influencia. Alassia describió una realidad marcada por márgenes muy reducidos y, en determinados casos, directamente negativos, una situación que obliga a numerosos productores a revisar sus sistemas de trabajo y evaluar la continuidad de sus establecimientos.

“En nuestra zona, lo que es la lechería volvió a ser la tradicional lechería. Cuando digo la tradicional lechería, los márgenes son mínimos y, en algunos casos, negativos. Eso hace que el productor tambero hoy se esté replanteando continuar o no continuar con la actividad”, advirtió.

Según explicó, algunos establecimientos están modificando su forma de producir y organizar el trabajo para adaptarse a las condiciones actuales, mientras que otros no logran sostenerse. “Hay muchos tambos que están replanteando su forma de producir, su forma de trabajo, y hay otros que lamentablemente se están quedando en el camino”, señaló.

Frente a ese escenario, consideró necesario que la actividad reciba un impulso que permita evitar un deterioro más profundo. Para explicar su preocupación, trazó un paralelismo con la historia reciente de la ganadería argentina, que, según su mirada, atravesó décadas de restricciones y reducción de existencias.

“La lechería necesita ese empuje que por ahí tuvo la ganadería. Tampoco queremos que en la lechería pase exactamente lo que pasó en ganadería, donde durante décadas y décadas se fue exprimiendo al productor, la cantidad de cabezas disminuía de manera circunstancial y llegó un momento en que la oferta de cabezas es baja”, expresó.

Para Alassia, el riesgo es que las dificultades económicas de los tambos terminen afectando la capacidad productiva del sector y su posibilidad de responder a la demanda. Por eso, consideró necesario trabajar sobre distintas variables de manera coordinada, en lugar de buscar una solución aislada.

“La lechería es una actividad muy compleja. No es tocar una variable, restar otra y agregar una nueva para que se encamine, sino que es una serie de variables que se tienen que ir desencadenando”, explicó.

Eficiencia dentro del tambo y cambios en el sistema de pago

Entre los aspectos que considera centrales para mejorar la situación, Alassia mencionó la necesidad de revisar los sistemas de producción y gestión de los establecimientos. A su entender, el productor debe poder identificar ineficiencias y trabajar sobre ellas, tanto en el plano productivo como en el administrativo.

“Una vez que se quite parte de la presión impositiva que hoy soporta la economía, el productor tambero tiene que mirar tranquilo hacia adentro y dejar de trabajar como vino haciendo hasta el momento”, planteó, aclarando que existen casos particulares de establecimientos que desde hace años trabajan con buenos niveles de eficiencia y que, por esa razón, cuentan con mejores herramientas para atravesar situaciones adversas. “Encontrar una ineficiencia es importante. La eficiencia tiene que ser completa: no solamente a nivel productivo, sino también administrativo, entre una serie de cosas muy importantes”, remarcó.

Sin embargo, el dirigente considera que los cambios internos no alcanzan por sí solos. También puso el foco en el sistema de pago de la leche, al señalar que Argentina mantiene un criterio basado principalmente en los litros entregados, mientras que en otros países adquieren mayor relevancia los componentes sólidos de la materia prima.

“Tenemos que empezar a pensar una leche, o un pago de leche, como el resto del mundo paga. Somos uno de los pocos países en el mundo donde la leche se paga por litro, y hoy el productor tiene que cambiar ese chip y empezar a pensar en kilos de leche, en sólidos, que es lo que se viene buscando después de mucho tiempo”, afirmó.

La propuesta implica avanzar hacia un esquema que contemple con mayor importancia la composición de la leche, una transformación que requiere acuerdos entre los distintos eslabones de la cadena.

“Es por ahí donde tenemos que ponernos de acuerdo la industria, el sector primario y también tienen que colaborar los gobiernos, aplicando las normas necesarias para poder llegar a buen puerto”, sostuvo.

Alassia aclaró que no espera una modificación inmediata, sino un proceso planificado, con decisiones claras y plazos que permitan la adaptación de los productores. “No pido que esto se haga de hoy para mañana, pero tiene que haber una decisión”, enfatizó.

La experiencia de los tanques de frío como antecedente

Para explicar cómo podrían implementarse cambios graduales en la actividad, el presidente de la Sociedad Rural de Rafaela recordó la incorporación de los tanques de frío en los establecimientos lecheros, un proceso que se aceleró durante la década de 1990, en paralelo con la expansión de la electricidad hacia las zonas rurales.

Según relató, en aquel momento se establecieron disposiciones para que los productores incorporaran equipamiento capaz de mantener la leche refrigerada hasta el momento de su retiro por parte de los camiones recolectores. “El productor se tuvo que adaptar y la industria láctea, justamente con normas aplicadas en los gobiernos de ese entonces, había establecido que todos los productores tenían que empezar a tener su tanque de frío en el campo”, recordó.

La implementación no fue inmediata. Se establecieron plazos para que los establecimientos pudieran incorporar la tecnología necesaria y adecuar sus instalaciones. “Eso no fue de un día para el otro. Se le dio un año al productor, en algunos casos un poquito más, y de manera paulatina todo el mundo fue incorporando”, señaló.

Para Alassia, esa experiencia demuestra que las transformaciones estructurales requieren una decisión compartida, reglas definidas y tiempo para que los productores puedan adaptarse.

“En esto estamos pidiendo exactamente lo mismo: que el productor deje de pensar en volumen y empiece a pensar en sólidos. Es por ahí la clave, entendemos nosotros, aunque hasta el día de hoy no la estamos encontrando. Pero es donde estamos trabajando”, concluyó.

 

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