La primavera política viene malherida, hay que salvar su vida

Por María Herminia Grande- Nadie duda que somos protagonistas no tan conscientes, de un mundo cambiante, en transición. Con grandes potencias -las vimos en la ONU- con presidentes incapaces de ganar guerras, las que decían resultarían un trámite, esto no ocurriò, sí las consecuencias del padecimiento de millones de personas: Trump en Iràn, Putin en Ucrania. Con economías que no derraman bienestar hacia sus sociedades. Y rodeados de mucha corrupción. Presidentes autocráticos en países deseosos de vida democrática, aunque a la vez pongan en duda las virtudes de la democracia. ¿Asomará una primavera política en el mundo?.

¿Y por casa cómo andamos? Estrenando primavera calendario, mientras la política sigue presentando variaciones dentro del circulo vicioso del ajuste, remitirse al último Presupuesto, con motosierra para los más sensibles y necesitados de la sociedad. ¿Alguien propondrá mirando el 2027, la reconstrucción de los vestigios de desarrollo y bienestar de aquella Argentina con Premios Nobeles, hoy malherida por políticas de desguace?

Hasta ahora, la política desnuda sus deseos ante la gente, pero no escucha lo que la gente espera de ella.
Veamos. El presidente Milei es el responsable final del Presupuesto presentado, donde incluye más y más heridas cortantes para una sociedad doliente. No es Caputo, es Milei. Ahora embanderado con la causa Malvinas. Sin embargo parece ignorar que los únicos protagonistas de aquella gesta padecen sus políticas. Son quienes tienen sus pensiones y jubilaciones congeladas. Los que sufren discapacidades. Los que están endeudados junto a sus familias. Los que padecen  desocupación y/o uberización. La primera reivindicación de Malvinas debiera operarse en territorio.


Por otro lado, aparece Axel Kicillof. Al menos es el primero quien abiertamente ha dicho en el plenario de Avellaneda que está presto para protagonizar otra Argentina; sin odios, sin nostalgias por el pasado y sin control remoto. Señaló la necesidad de reconstruir el tejido productivo roto y las condiciones en la que vive la mayoría de la gente en Argentina. Señaló que la propuesta debe ir más allá del peronismo.

Aquí aparece terciando Patricia Bullrich, que en formato video le «canta las cuarenta» a lo Francisco Canaro, tocando como nadie lo ha hecho hasta hoy, al corazón del mileismo. Con Lali le habló a Javier Milei. Y con su apuesta anterior sobre Adorni y la corrupción: a Karina Milei. Patricia Bullrich no se irá del espacio, pero lo esmerila. Podríamos decir que apuesta al desgaste. Mientras esto acontece, prepara su terreno. Le dice al empresariado «superávit fiscal y metas de inflación no se negocian». Y con su costado dormido de aquel peronismo temprano, le habla a la sociedad sufriente oponiéndose en el Presupuesto a más recortes en discapacidad, AUH y universidad. A dicho: «si cometemos un error no forzado, ¿qué van a pensar?, ¿qué somos crueles?» .

Patricia Bullrich en el presupuesto, cual caballo de Troya, batalla con su tercera posición. Se desmarca de LLA. Se muestra como alternativa delante del círculo rojo y con respaldo y espalda, la de sus votos, que puso a disposición de Milei para que le ganase a Massa. Como alguien con menos violencia verbal y más institucionalidad. Con más equilibrio emocional. Es decir, juega a reemplazar a Milei desde adentro y por necesidad del espacio. Ya no habla de «Milei Presidente», sino de mantener el proyecto. Para el Presidente que no la contiene ni la desafía, es un panorama complejo y gelatinoso, ante una sociedad desintegrada, en parte, por sus propias políticas y actitudes.

A propósito de lo señalado anteriormente en cuanto a que la política desnuda sus deseos ante la gente, pero no escucha lo que la gente quiere,  los consultores Raúl Timerman/Juan Malagoli de «La Sastrería», a través de un sondeo nacional de 1.000 casos con 15 preguntas (14 cerradas y 1 abierta) relevaron: en todos los votantes (de Massa, Milei y Bullrich), la respuesta espontánea mayoritaria (más del 30%) ante la cualidad principal que debe tener el próximo presidente fue honestidad y transparencia. Segunda prioridad según identidad política, en los votantes de Sergio Massa: demandan empatía y cercanía con la gente. En los votantes de Javier Milei: buscan un voto rígido y personalista, exigiendo «que sea como Javier Milei». Y en los votantes de Patricia Bullrich: exigen capacidad e inteligencia. De allí surge la frase pública de Bullrich («no me tomen por tonta»), el cual es un mensaje codificado y directo hacia su propia base electoral.

Esta paralela que hoy existe entre los intereses de la política y los de la gente ¿tendrá algún punto de intersección?

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